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martes, 1 de marzo de 2011

Lágrimas De Ángel: Santuario

LAGRIMAS DE ANGEL
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SUMMARY: Y mi última esperanza había muerto. Ser aceptado era un sueño, un sueño muy lejano para mí. La realidad era que me discriminaban por mi dinero... AH ExB EPOV
DISCLAIMER: Personajes obra de Stephenie Meyer, la trama es propiedad de AnNeLiCe' y Gely. Prohibido el plagio; evítate problemas.

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SANTUARIO

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Corría por los pasillos de la escuela. Muchos alumnos se me quedaban viendo y susurraban entre ellos. No sabía exactamente de qué o quién huía, sólo tenía esa inmensa ansiedad de salir de ahí, combinado con el miedo. Escuché risillas descaradas por todos lados.


Mi visión se comenzaba a nublar por las lágrimas que urgían escapar de mi rostro. Mi cuerpo entero temblaba y por si fuera poco, había llegado a un pasillo sin salida. Los pasos de algunas personas resonaron en el pasillo desierto.


Ya no había nadie… Solamente yo y mis agresores. Me di la vuelta para encararlo. Pero el alma se me fue. No eran Dimitri y Alec… Eran Emmett y Jasper. Sus rostros tenían una mueca burlona que daba miedo. Sonreían entre ellos, cómplices. Retrocedí lo más que pude hasta que mi espalda tocó la fría pared.


Ellos caminaron con pasos seguros hasta mí. Temblé más hasta que mis dientes castañearon. Mis manos se hicieron puños, y mis nudillos blancos por el esfuerzo. Jasper le dio un codazo a su amigo e hizo un gesto con la cabeza en mi dirección; Emmett sonrió y tronó los dedos de su mano.


—No te fíes de nadie, Edward.


Su mano se convirtió en puño. Tomó impulso para poder propinarme un buen golpe en el rostro. Por los músculos, podía decirse que él era una persona muy fuerte y que me dolería demasiado. Movió su otra mano hasta sujetarme la camiseta y acercarme. Pero, entonces… Al momento en que me golpeaba, vi por el rabillo del ojo a una chica castaña que veía horrorizada la escena, y el golpe pasó a segundo plano. Ahora sólo la veía a ella. Ella...Anteriormente la había visto, ¿pero en qué lugar había sido? Esforcé mi cabeza por distraerme en algo tan sencillo para que el dolor no sea tan fuerte.


La había visto, de eso estaba seguro, pero tan solo recordaba que estaba preocupada por mí, por haber sido golpeado por Demetri y que yo lo había herido a él. Espera, yo jamás he herido a Demetri. Nunca me he podido defender. ¿En un sueño? ¿No había sido en la vida real? Había perdido la noción de cuantas cosas eran verdaderas y cuales sólo un sueño. Aunque, la había visto anteriormente, no recordaba si de verdad lo había hecho o era un producto de mi imaginación. Emmett tiró con más fuerza de mí, listo para darme otro golpe. Yo quería irme de ahí, sacar a la chica de cabellos castaños y huir a donde no pudieran encontrarnos. Tironeé de su mano, intentando quitarla de mi camisa, pero su agarre era firme. Moví mi cuerpo con más fuerza, pero mis pies se enredaron y lentamente sentí como caía al suelo. Ante la mirada de Jasper y Emmett… Y la mirada de ella.


Desperté aún lado de mi cama, en el suelo, jadeando por aire y con el sudor bañando mi rostro. Toqué la parte donde se suponía había recibido el golpe, sólo para comprobar que en realidad no había sido nada más que un espantoso sueño. Suspiré, aliviado. Me senté en mi cama. La cabeza me dolía por el golpe y estaba seguro que más tarde me dolería más.


La chica castaña. Últimamente aparecía constantemente en mis sueños. ¿Una señal? No sabía lo que era, pero cada vez que pensaba en ella o aparecía en mis sueños, mi corazón se aceleraba y parecía que en cualquier momento se saldría de mi pecho y correría por toda la casa. ¿Así de loco? A pesar de no conocerla, algo me decía que sabía más de ella, de lo que me conocía a mí mismo. Reí de mis extraños pensamientos. Me recosté en la cama, dispuesto a dormir. Estaba sorprendido de lo cansado que estaba, en el momento en que había puesto mi cabeza en la almohada, sólo había tenido que esperar unos segundos antes de que el sueño me embargara.


Mañana sería otro día. Posiblemente uno que marcaría mi vida el resto de mis días.


La segunda vez, no soñé nada. Fue inmediato y una negrura era todo lo que podía apreciar. Tal vez se debía a que mi subconsciente se encontraba lo suficientemente cansado como para trabajar, o que ya no quería tener otra pesadilla como la anterior.


Cuando abrí mis ojos por la mañana, lo primero que vi fue el techo. Blanco y con algunos puntos que parecían estrellas. Mi espalda dolía por haber dormido en una posición incómoda. Bostecé. La noche anterior me había despertado una vez, pero después de eso, dormí plácidamente como un bebé.


Esperaba que con la ducha se me quitara el dolor muscular de la espalda, y así fue. El agua caliente se encargó de relajar mis músculos y des-engarrotarlos. Escogí la ropa más cómoda que pude encontrar. Y ese día decidí dejar mi cabello al natural, es decir, más despeinado de lo usual. Mi mochila estaba lista desde el día anterior por lo que ahora sólo me debía preocupar por desayunar bien.


Bajé las escaleras de dos en dos hasta llegar al comedor, donde me sorprendí de ver a mi padre, su vuelo a casa estaba planeado para la otra semana. Saludé a mis padres con efusivos abrazos y un beso a mi mamá; ella me miró de forma extraña, pero no hizo ningún comentario. Subí a mi Volvo luego de despedirme y salí rápidamente a la escuela.


Me sentía libre y renovado. Llegué a la escuela y como siempre, las burlas no se hicieron esperar y los golpes mal disimulados. Pero, extrañamente, no importó. Me concentré en llegar a mi próxima clase y ponerme a estudiar. Los maestros me miraban orgullosos, en especial el profesor Black. Ese día, por más que me hubieran insultado y golpeado, seguía sonriendo. Porque vida sólo había una y no me iba a dejar nunca más.


Entre pasillos me encontré con Jasper, Emmett y las otras dos chicas que me habían saludado y presentado como Rosalie y Alice, respectivamente. Todos se habían portado de manera estupenda que me sentía en confianza.


El día entero, estuve pensando en cómo sería el entrenamiento con Emmett, y no podía evitar sonreír ante la nueva esperanza que surgía en mi corazón. Los golpes habían disminuido al ver que casi no me afectaban, y los ojos de mis compañeros eran envidiosos. Demetri no pisó la escuela en todo el día, pero no podía evitar encogerme ante a alguien con algún parecido a él. En el descanso, fue mejor, nadie me arrojó comida y Emmett me invitó a comer en su mesa junto con Jasper; las chicas habían tenido que resolver algún problema y por eso no se presentaron.


Durante la última hora, no pude ocultar la emoción que sentía y todo mi cuerpo temblaba por la anticipación de lo que ocurriría después. No entendí la mayoría de las cosas que el maestro había dicho, pero encargaría tarea que sería como un repaso a lo que habíamos visto en la clase, por lo que no me preocupé tanto. Así que prácticamente, al sonido del timbre, ya me encontraba en la puerta.


Emmett rió al ver mi rostro entusiasmado. Rodeó mis hombros con su enorme brazo y con aire soñador, dijo:


— ¿Sabes a dónde iremos hoy? —Negué con la cabeza y su sonrisa se amplió—. Hoy, querido Edward, tienes la suerte de entrar a nuestro santuario.


Abrí los ojos. ¿Santuario? Me sentí nervioso. Ellos me estaban invitando a su lugar de reuniones. Me estaban aceptando dentro de su grupo… Iba a ser uno de ellos. Luego de oír esas palabras, no podía esperar para ver el lugar…


… Que resultó ser una fábrica abandonada. Pero eso no le quitó lo cool al lugar, sino que lo hizo parecer como una guarida secreta como en las películas. Como la casa del árbol que nunca pude tener y al club al que nunca me había unido. Todo se concentró en ese lugar.


Había mucha basura por afuera, y el lugar no era muy grande seguramente por eso habían caído en la banca rota y la cerraron. Por dentro estaba recién pintada de color aguamarina y con unos cuantos muebles, incluso un refrigerador viejo. Nada que ver con la apariencia de afuera, llena de grafiti.


— ¿Qué haremos primero? —Inquirí, saltando por todo el lugar, intentando memorizar cada rincón del lugar donde pasaría muchas tardes.


— Wow, wow, wow —Me detuvo, sosteniendo mis hombros. Él, por lo menos, me sacaba una cabeza y media—. Primero, ¿qué es lo que sabes?


Lo pensé unos segundos—. He visto Naruto…


Soltó una carcajada. Lo miré confundido. Repasé lo que había dicho, una y otra vez, hasta que me di cuenta de que era lo que Emmett se reía. Eso había sido tan… ñoño. Mis mejillas se colorearon rápidamente y miré al piso.


—Lo primero: Ten confianza —Agarró mi cabello y levantó mi cara. No me lastimó, pero me hizo sentir patético—. Cuando la sientas… Entonces comenzaremos.


— ¡La tengo! —Exclamé—. Es sólo que no la sacó a relucir mucho…


Volvió a soltar esa carcajada gutural.


—Claro que sí, amiguito. Esperaba esa respuesta de tu parte.


Me sonrió. Entonces, sentí que mi arranque de valentía había válido para algo. Emmett empezó con unos movimientos básicos y fáciles para mí. No parecían muy difíciles, pero al momento de practicarlos, me era imposible realizarlos correctamente.


Mi instructor me puso a saltar la cuerda para ejercitarme. He de confesar que hacía mucho tiempo que no saltaba una cuerda, por lo que se me complicó un poco y tuve unos traspiés. Luego, del refrigerador sacó un trozo enorme de carne. Yo imaginaba que dentro había bocadillos y bebidas, nunca imaginé que habría un enorme pedazo de carne de res.


—Tus bracitos se ven muy flacuchos, así que se me ocurrió traer este pedazo de res que me regaló el carnicero; pude habérmela comido, pero dudo mucho que estuviera en buen estado la vaca para regalármela. Así que… veamos lo que tienes.


Lo colgó de un gancho que sacó de no sé dónde y me puso a golpearlo. A penas si lo moví algunos centímetros. Era muy pesada y me hacía falta ejercitar más. Miré cansadamente a Emmett.


Ya no aguantaba más y le supliqué con la mirada que terminara al fin esta tortura.


—Ok, comenzaremos con un entrenamiento para ponerte en forma —Suspiró y continuó evaluándome—. Eres delgado, por lo que deduzco que comes balanceadamente, ahí no habrá problema. Solo será… Trabajar los músculos, el día de mañana traeré algunas pesas de mi casa, ¿está bien?


Asentí, de acuerdo. Ese día había sido muy cansado y mi progreso muy nulo.


—Ah —Se detuvo, Emmett cuando caminábamos a la salida—. Por mi ayuda el día de hoy, me llevaras a cenar —sonrió de oreja a oreja.


Fue mi turno de reír abiertamente, aunque sabía que sus palabras eran ciertas. Nos subimos a mi Volvo y conduje a la única cafetería en Forks. Emmett pidió varias cosas del menú, que me sorprendió. Él no era gordo, pero tenía una complexión robusta por sus músculos. Levanté una ceja cuando lo vi devorar una alita de pollo.


— ¿Qué? —Dijo con la boca llena—. Quemo calorías en los entrenamientos y me dejan muy hambriento.


Sonreí. Comencé con mi hamburguesa. Debí suponer que con Emmett nunca estaría en silencio. Hizo preguntas sobre mis gustos y lo que no me gustaba. Yo intentaba responder concretamente, pero él lo hacía difícil preguntando el por qué. En vez de enojarme, me divertía su curiosidad, que era como la de un niño de cinco años.


Nunca hubo silencio en la mesa ni momentos incómodos. Continuamos cenando, y al fijarnos en la hora, se habían ido dos horas en la cafetería. Me encargué de pagar la cuenta, advirtiéndole en broma que a la otra le tocaba a él, pero al parecer, se lo había tomado muy enserio.


Volvimos a mi Volvo de camino a casa de Emmett. Alice ya me había guiado una vez ahí y el camino no era muy complicado, con un poco de esfuerzo, logré acertar en la casa de Emmett. Me bajé junto con él para entrar. Tenía una enorme curiosidad por conocer el interior.


Era justo lo que me imaginaba: muy modesto y hogareño. Aspiré fuertemente. Su casa olía a bosque. Mi casa olía a aromatizante de menta.


El teléfono sonó en el momento en que Emmett dejaba su chamarra en el mueble.


— ¿Hola? —Hubo una respuesta por el otro lado del teléfono que lo hizo sonreír—. ¡Bella! Hace muchos días que no sé de ti… ¿Cómo has estado? —Su rostro se volvió angustiado—. ¿Recogerte? No sé. Me encuentro con un amigo… —Otra vez se calló, para escuchar la respuesta—. Sí, ése. Ok, déjame preguntarle —Me miró con ojos suplicantes. Suspiré y asentí cansadamente con la cabeza.


Volvió a coger su chamarra y a colocársela. Salimos de prisa sin saber por qué. Emmett me estuvo diciendo algunas direcciones para tomar. No estaba muy familiarizado con las calles, ya que no salía mucho. Sólo me sabía las básicas. Tras unos minutos, llegamos a nuestro destino.


La casa era como la de Emmett pero en color naranja por fuera, al pie de la puerta había una chica. Emmett se bajó del auto a gran velocidad y corrió a abrazarla. Se quitó la chamarra para colocársela encima. No me había dado cuenta que estaba sin nada con que cubrirse y el clima era helado.


Busqué en el asiento trasero una bufanda que había dejado ahí hace mucho tiempo y una vez que la encontré, abrí la puerta y me bajé para dársela. Me acerqué a ellos. Cuando le extendí la bufanda, la chica levantó la vista.


Era ella.


Literalmente, estaba viendo a la chica de mis sueños.


¡Hola!

Espero que les encante la idea del santuario, en el prox cap habrá mucho misterio y se verá aún más sobre la banda. Anne ha hecho un gran trabajo con esto, disfrútenlo; yo sentí el cap color de rosa. Fue algo que se me hizo muy rápido. Y… ¡Bella apareció! Sí, apuesto a que no lo esperaban… O tal vez sí.

PREGUNTAS EN COMÚN:

¿Por qué Bella se veía tan mal?

¿Qué paso con Emmett?

¿Emmett invitará la cena la próxima vez? xD

¿Cómo reaccionara Bella ante Edward?

Gracias por leer.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Lágrimas de Ángel: Detención


LAGRIMAS DE ANGEL

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SUMMARY: Y mi última esperanza había muerto. Ser aceptado era un sueño, un sueño muy lejano para mí. La realidad era que me discriminaban por mi dinero... AH ExB EPOV
DISCLAIMER: Personajes obra de Stephenie Meyer, la trama es propiedad de
AnNeLiCe' y Gely. Prohibido el plagio; evítate problemas.

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DETENCIÓN

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'Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño.' Decía Edgar Allan Poe. Ja, ¿un sueño dentro de un sueño? ¿No será, una pesadilla dentro de otra pesadilla? Sí, así describía lo que veía y mi vida.

Había terminado mi tarea, y lo único que quería hacer era perderme por un momento, pensar que todo esto es un mal sueño; deseaba desconectarme ¿pero cómo hacerlo? ¿Se puede pensar en nada? Si me dormía, tendría una pesadilla con Demetri, o tal vez un buen sueño como el de anoche, pero no me quería arriesgar; vería la televisión.

La prendí y empecé a buscar canales donde encontrara un anime, hasta que al fin lo hallé: Naruto. Me gustaba mucho, y se me hacía divertido, y además, como estaba en temporada avanzada, lo vería en japonés y aprendería un poco de ese idioma.

Después de unos momentos, mamá entró a mi habitación sin tocar, tal vez a otro chico le molestara por interrumpirlo, pero a mí no; la quería, o mejor dicho: la quiero.

—Cielo, ya está servida la cena. Vamos —Animó.

Pienso que después de todo, soy como el niño de mami, pero no podía hacer nada. No era ni su culpa ni la mía, todo era culpa de la sociedad.

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—Profesor, Black —Llamé después de que sonara la campana; varios de mis compañeros soltaron risitas y no sé exactamente por qué.

— ¿Si? —Respondió mientras metía sus papeles en su portafolio.

—Aquí tiene el trabajo de ayer —Alcé la libreta para que la viera.

—Tráelas, de favor —Dijo apresurado.

Me paré de mi pupitre, y me dirigí a su escritorio para tenderle mi libreta.

—Espero que sea la última vez que olvides tú libreta —Asentí en silencio, y en cuanto me dirigía a la puerta, volvió llamarme —. Oye, espero que pronto tus problemas terminen —Voltee confundido y ceñudo. No era sorprendente que los profesores supieran de lo abusivo que es Demetri, pero… ¿me estaba deseando lo mejor el profesor pervertido que tenía en historia? Bueno, al menos, no me odia.

Caminé por los pasillos hacia mi siguiente clase pero algo me detuvo, y no era Demetri. Un centavo en el piso. Normalmente camino con la mirada gacha para que no me reconozca Demetri tan fácil.

Lo levanté del piso. Brillaba como si fuera nueva. Dicen que cuando te encuentras un centavo en el suelo te da buena suerte. Me la guardé y deseé con todas mis fuerzas que la suerte existiera; sí lo hacía, me vendría bien mucha.

—Masen —Escuché la voz de Demetri. Sí, la suerte existe, pensé irónicamente.

Caminé de prisa, intentando esquivarlo. Mi caminar era torpe cuando caminaba de manera normal, cuando lo hacía apresuradamente, parecía que me estaba aguantando las ganas de ir al baño.

—No huyas, cobarde —Prefiero ser un cobarde a terminar otra vez en la enfermería.

La campana sonó llamando la atención de todos.

Demonios, otra vez tarde.

Caminé de prisa, sin mirar atrás y rezando que hoy Demetri me dejase en paz.

— ¿Listo para la función? —Preguntó con una risa diabólica, y sus compinches le siguieron.

Cerré los ojos y empecé a correr. Tenía que ser hoy, un día diferente, no como el de ayer ni mucho menos.

No me fijé qué había en el piso, y me resbalé con un yogurt. Mi trasero sonó muy estruendoso cuando chocó contra el piso.

Alguien salió de un aula. 'Alguien' era un maestro. El maestro era el señor Black.

— ¿Qué ocurre aquí? —Vociferó con voz grave.

—Nada —Dijo con algo de temor Alec. Casi podía jurar que vi miedo en sus ojos y sudor en su frente.

—Deberían estar en clases en vez de ambular por los pasillos —hasta ese momento no se había dado cuenta de mi presencia, pero giró su cabeza en mi dirección y me encontró embarrado de yogurt. Su cara demostró una ira que nunca lo había visto, en especial sus ojos, que lucían coléricos.

— ¡Suficiente! —Ladró —. Estoy harto de que hagan ese tipo de tonterías y no reciban castigos, pero como ahora los he atrapado con las manos en la masa, los llevaré a detención.

—Genial —Farfulló molesto Demetri.

— ¡Cállate o tendrás más que tus amigos! —El señor Black tenía el ceño totalmente fruncido. Demetri apretó sus labios fuertemente.

El profesor nos llevó a la sala de detención, donde no se encontraba nadie. Ninguna persona nos vigilaría, eso sería igual a masacrando a Edward.

—Tienen una hora, y cuidado con que los oiga hacer algo —Entrecerró los ojos Jacob.

—No se preocupe —Espetó inocente Demetri.

—No te hagas el graciosito, y entra —ordenó molesto.

Entramos en silencio; me senté en la última banca, una que estaba en el rincón y los demás hasta el frente del aula. Jacob se alejó del aula, dejando mi ejecución sin público.

No había hecho nada en mi vida. Había sufrido demasiado por estos mediocres.

Intenté de recordar cosas buenas: Puros sueños.

Si salgo vivo de esto, escribiría un libro, al menos así mis sueños se plasmarían en algún lugar y alguien tendrá una parte de mí. La parte en la que soy la mejor persona del mundo por mis intensiones y sentimientos. Nada de dolor y sufrimiento, la cara buena de todo el mal… Sería como mi perfecta realidad.

—Muy bien —Canturreó Demetri, sonaba como si tuviera algo en la nariz.

—Nos pueden escuchar —Susurró Félix, tenso. Miró hacia las esquinas de la habitación como si hubiera cámaras escondidas. Maravilloso, no era el único paranoico.

—Cállate, imbécil. No hay testigos ni nada de eso, podremos hacer lo que queramos —Dijo excitado por la idea Demetri.

—Vamos. Sería como si no tuviera dignidad —Intentó de nuevo Félix.

—Él no tiene dignidad —Demetri me señaló.

—No hablo de él —Continuó Félix, dándome una mirada extraña—. Además, sería muy sucio lo que haríamos.

—Siempre somos sucios en esto, Félix. No sé cual es tú maldito problema —Gritó exaltado Demetri. Su rostro se había puesto rojo.

En ese mismo instante la puerta se abrió. Gracias, gracias. Tal vez sería un profesor. O tal vez alguien como el idiota de Mike que dejaría que me den una paliza y no hacer nada más que mirar.

Pero no eran ninguno de los dos. No. Era el tipo alto y fortachón que se juntaba con Jasper ¿Cómo era su nombre? ¿Emmanuel? No… Era algo como… ¡Emmett! Si, Emmett.

Tal vez él me ayudaría; mis ojos brillaron de esperanza. Él podría ser mi salvador. Esos músculos servirían de algo. Casi sonreí.

—Maestra, ya le dije que no fue una nalgada que le tiré a Rose. Es solo que mi mano se movió sola —Intentaba excusarse con la maestra de Lengua.

—Entra —Pidió la maestra, cerrando los ojos.

—Ya —Chilló como niño chiquito y haciendo un puchero.

Emmett entró y empezó a checar quienes estábamos ahí.

— ¿Por qué están aquí? —Preguntó, ceñudo.

—Por el marica de Masen —Respondió Demetri, fulminándome con la mirada.

— ¿Qué hizo? —preguntó escéptico Emmett.

—Se cayó con un yogurt —Alec soltó una risita. Bueno, incluso yo me hubiera reído si no estuvieran ellos presentes.

—Oh —Emmett se quedó en silencio y se dirigió a la otra esquina del aula, al otro polo de mí.

— ¿En qué estábamos? —Preguntó Demetri, tronándose los dedos —. Oh, ya recordé; estábamos a punto de darle una paliza a Masen —soltó de nuevo su risa diabólica.

Emmett se le quedó viendo a Demetri, analizándolo.

Alec rápidamente se me acercó. —Lindos tennis —Señaló los nuevos que me habían comprado —. Es una lástima que yo no los tenga —Dijo con fingido tono de pesar—. Quítatelos —ordenó.

— ¡No! —chillé, cabreado. Esos tennis eran los que más me gustaban y no quería dárselos.

—Parece que alguien aquí no obedece; necesita un castigo —Sonrió cínicamente Demetri.

Félix seguía sentado en su lugar, temblando.

— ¿No te nos unirás? —Preguntó divertido Alec.

—Esta vez no. Creo que es suficiente para él por éste día —Respondió, tranquilo.

—Pareces una nena hablando de esa forma —Gritó Demetri —. Pero como quieras; no te rogaré como la puta de tu madre —Félix no respondió nada, pero noté que apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos.

Ni si quiera a sus amigos trataba bien Demetri, eso no es ser amigo. Lo he leído cientos de veces y lo viví en Chicago; ser un amigo es que te apoye en las buenas y en las malas, que te escuche, que te aconseje, que te regañe cuando no haces lo correcto. No entiendo por qué están con él si los trata como la basura, pero creo que me doy cuenta de algo: Prefieren ser sus perros a que los golpeé. Sí, debía ser eso. Nadie podía querer ser amigo de un ser tan despreciable como él.

— ¿Cómo lo castigaremos? —Preguntó emocionado Alec.

—Creo que o patadas o nalgadas; no me decido, ¿Lo dejamos a la suerte? —Era como si preguntara algo banal, normal para él.

Alec sacó una moneda de su chaqueta, se la tendió a Demetri.

—Cara, patadas; cruz, nalgadas —arrojó la moneda al aire, ésta dio varios giros y la volvió a tomar —Uh, es cruz.

—Entonces, nalgadas serán —Alec dio un grito de guerra.

Demetri le dio un empujón a mi silla, tirándome de ésta. Iba a escabullirme, pero me tomó de la chaqueta y me atrajo hacia él. Mis ojos se llenaron de lágrimas, tenía miedo.

Demetri me colocó en el piso acostado, yo no me podía mover; estaba totalmente paralizado. Tomó impulso con la mano. Cerré los ojos. Empecé a contar para tranquilizarme.

...13.15…

Me quedé confuso, no sentía nada y ya había pasado mucho tiempo.

Abrí los ojos, temeroso por lo que estuviera pasando. No estaba Alec delante de mí, como estaba hace tan solo unos segundos. Volteé para checar si Demetri seguía detrás de mí. No estaba. Me levanté del suelo con cuido, y escuché gruñidos al otro lado del aula. Revisé que ocurría y todo lo que vi, me sorprendió.

Félix y Emmett estaban dándole una paliza a Demetri y a Alec, pero… ¿Lo hacían por mí? ¡¿Por mí? Tal vez la suerte si existía después de todo…

—Huye, chico —gritó por sobre su hombro Emmett. Tenía que correr, pero se suponía que estaba en detención, no debía salir del aula pero… ¡Al diablo con las reglas! Tenía que salvar mi vida y punto.

Me dirigí a la puerta con cuidado y lo más rápido que pude. Antes de salir, revisé bien la escena: Alec estaba contra el pizarrón, recibiendo el enojo de Félix. Emmett y Demetri estaban rodando en el suelo, en una lucha donde no sabía quién ganaría. Quería ayudar, se los debía.

Emmett me sostuvo la mirada durante unos segundos y gesticuló un: —Vete.

Y eso fue lo que hice. Corrí hacia la enfermería, intentando refugiarme ahí. Le dije a la enfermera que no me sentía muy bien del estomago, y me dejó quedarme por el sudor y mi pulso.

Me recosté en una camilla y esperé a relajarme, pero no podía. Estaba ansioso por saber qué había ocurrido con Emmett y Félix y lo más importante, ¿Por qué se habían enfrentado a Demetri solo por mí?

Lo único que podía hacer era esperar, esperar a que todo saliera bien. Sin esperarlo, me quedé dormido.

Ya era la hora del descanso cuando desperté, ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué estaba en la enfermería? ¿Me habían dado otra paliza después de historia? En mi mente recorrieron dos imágenes: Detención, y Emmett y Demetri rodando en el suelo.

Ahí fue cuando recordé. Tenía que ir a hablar con Emmett, saber qué había pasado. Volteé a mí alrededor, y no había nadie más que yo, así que nadie terminó en la enfermería. No sabía si eso era bueno o malo.

Me levanté de la camilla para dirigirme a la cafetería deprisa. Para ser honestos, sería como la tercera que entraría ahí; normalmente siempre termino en la enfermería antes del almuerzo.

Entré en aquel lugar, y al parecer nadie se dio cuenta de mi presencia. Todos estaban enfrascados en sus propias conversaciones. Nadie se burló o cotilleó mientras yo entraba al aula.

Busqué entre todos dónde estaba Emmett. Encontré a su grupo, Jasper y sus demás amigos, pero él no estaba allí. Me dirigí hacia Jasper, tal vez él sabía dónde estaba el quién me salvó.

—Hey —Saludó Jasper cuando se dio cuenta que me dirigía hacia su mesa —. ¿Hoy no estás en la enfermería? —Preguntó, extrañado.

— ¿Sabes dónde está Emmett? —Ignoré su pregunta.

—Se lo llevaron a su casa, tiene una suspensión por el resto del día, ¿para qué lo necesitas?

—Tengo que ir a por él —respondí, rápidamente.

— ¿Sabes dónde vive? —Preguntó cortésmente la chica rubia que estaba sentada junto a Jasper.

—En realidad… —Tenía que admitirlo —: No sé dónde vive.

—Te llevaré —Se ofreció una chica que estaba abrazada de Jasper; tenía un aspecto de duende. Menudita y con facciones graciosas.

— ¿Segura? —Pregunté, esperanzado.

—Claro. Ven —Se levantó de su silla, tomó mi brazo y me llevó a rastras hasta el estacionamiento—. Tú coche es el Volvo, ¿cierto? —Buscó con la mirada a mi auto, y yo sólo asentí; su confianza me cohibía.

Nos dirigimos hacia él, ella tomó de piloto; yo no protesté. El camino fue muy corto, y cuando me di cuenta, estábamos frente a una humilde casa blanca.

—Aquí es —Anunció con voz alegre.

—Gracias —Susurré —. Todos ustedes han sido muy amables conmigo —dije agradecido.

—No hay problema —Me regaló una tierna sonrisa. —Bueno, iré a mi casa; no tengo ningún problema con saltarme el resto de las clases. Vivo cerca —Quería decirle que mejor la dejaba al Instituto, pero ella anticipó mis pensamientos —. Estaré bien —y con eso, se fue.

Toqué el timbre, nervioso. No sabía quién me abriría la puerta y agradecí cuando fue Emmett al quien vi.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó, sorprendido, abriendo sus ojos desmesuradamente.

—Sólo quería… —Titubeé—. Agradecerte por tú ayuda.

—Bueno, no hay problema. Además, me alegro haber sido yo quien le diera una paliza a Demetri —Me enseñó una sonrisa muy blanca con unos hoyuelos.

—También quería… —Dudé unos instantes, pero me animé en cuanto vi su mirada agradable—. Saber por qué lo hiciste.

—Porque no te merecías lo que te haría Demetri. Ni lo que te hace. Sabes, deberías de defenderte —Dijo despacio.

—No sé cómo —Respondí, sumiso, mirando fijamente sus simpáticos rasgos.

— ¿Ni si quiera soltar rasguños? —Preguntó sorprendido. Yo negué la cabeza—. Te enseñaré algo de Tae Kwando, ¿está bien? —Abrí los ojos lo más que pude, estaba totalmente atónito.

—Eso sería… —Busqué la palabra correcta—. Genial.

—Estupendo. Y otra cosa, puedes volver tranquilo al Instituto, también han llevado a Demetri suspendido —Volvió a enseñar sus dientes de forma amistosa.

—Increíble —Pardeé unos instantes—. Nos vemos, Emmett —Me despedí; tenía ganas de abrazarlo y él se dio cuenta, así que me envolvió en un abrazo de oso. En esos instantes, me sentí querido.

—Creo que la suerte está viéndote —Dijo Emmett mientras soltaba el abrazo. La moneda. Así que sí me había dado suerte. Sonreí abiertamente.

Un sueño, en un sueño. Esperaba que fuera así.

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viernes, 26 de noviembre de 2010

Lágrimas De Ángel: El Día a Día

LAGRIMAS DE ANGEL

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SUMMARY: Y mi última esperanza había muerto. Ser aceptado era un sueño, un sueño muy lejano para mí. La realidad era que me discriminaban por mi dinero... AH ExB EPOV
DISCLAIMER: Personajes obra de Stephenie Meyer, la trama es propiedad de
AnNeLiCe' y Gely. Prohibido el plagio; evítate problemas.

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EL DÍA A DÍA

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Toqué mi ojo derecho que estaba moreteado. Gemí por el dolor que provocó mi tacto.


Decidí dejar de recordar por unos minutos en lo sucedido desde que llegué a Forks, y darme unos minutos para relajarme con la regadera.


Esos minutos me la pasé divagando, imaginando un mundo de fantasías, casi como los cuentos de hadas. Claro que no existen, pero no se puede evitar soñar con algo así.


Esos pequeños sueños que estaba teniendo despierto, se terminaron en cuanto bajé a desayunar…


Suspiré. Mi madre estaba haciendo un desayuno muy elaborado como para acabármelo en quince minutos. Le dio una mirada de obviedad, pero ella me ignoró. Sirvió un par de panqueques con chispas de chocolate, junto con un vaso de leche tibia, huevos estrellados y tocino. ¿Esperaba que me acabara todo eso antes de quince minutos? Por su mirada deducía que sí.


Mordisqueé una orilla del panqueque. Estaba bueno, como todo lo que mi mamá cocinaba. No es por ser hijo de mami; todos opinaban lo mismo, hasta mi padre.


Bebí de mi leche hasta terminármela toda. Observé el reloj de la pared, habían pasado cinco minutos. Tenía menos de diez minutos para terminarme todo y llegar a la escuela a tiempo.


Di una gran mordida a mi segundo panqueque hasta terminarlo. Me terminé rápido el huevo estrellado y los tocinos.


Abrí la puerta del baño y me cepillé los dientes, esperando que no quedaran restos de comida ni mal aliento; no quería otra razón para que se burlaran.


Regresé a la cocina y me despedí con un beso en la mejilla de mi mamá. Salí al garaje, para irme en mi Volvo. Me lo acaban de regresar el día anterior. Lo había llevado a un mecánico que me había cobrado demasiado y todo porque mi auto le destruyeron la cajuela y le cofre.


Maldito Demetri y sus ovejas…


Bufé.


Ese día no llevaba ropa llamativa de niño rico, nunca lo hacía. No les presumía de mi dinero. Ni siquiera llevaba un Porsche o un auto de lujo. Tenía un sencillo Volvo plateado, que amaba como a un hijo.


Encendí la calefacción y la radio. Solté un gemido. Lo menos que deseaba era conducir hasta la escuela. Deseaba perderme en mi prado, el único lugar donde no me podían molestar, mi santuario. Pero, desafortunadamente, había faltado ya mucho a la escuela, y pensarían que era un cobarde, y aunque lo era no quería que se enterasen.


Es malo que los abusivos sepan que les temes…


Conduje con cuidado hasta que por fin pude llegar al Instituto; cuando baje del Volvo me di cuenta que el estacionamiento estaba lleno, así que de seguro, Demetri y sus borregos ya habrían llegado. Suspiré profundamente y me coloqué el gorro de la chamarra antes de salir del auto.


Dejé la alarma del auto que habían instalado esa última vez; no quería que volvieran a dañar a mi auto… me había costado mucho tenerlo.


Me fui alejando del auto, alejándome del refugio que podía ofrecerme mi auto; comenzaron a lanzarme piedrecillas a la espalda en cuanto estuve cerca de la entrada del Instituto, pero solo los ignoré, impotente de no poder decirles nada.


―Maricón ―Masculló Demetri, seguido de un escupitajo en mi dirección.


Reprimí el gruñido y caminé más deprisa. El timbre sonó. Me tocaba Historia, con el profesor Jacob Black. No era el peor maestro que tenía, ni nada parecido, pero… había algo en él que no me gustaba; lo había pillado observando las piernas de las chicas y también sus senos. Con esa mirada lujuriosa. Nunca le había dicho nada de eso a nadie, ni a mis padres, pero estaba seguro que muchas chicas se habrían dado cuenta ya.


A muchas chicas huecas las había pasado con ochos y nueves, tal vez hasta dieces, cuando lo único que hacían era llegar y hablar sobre ropa. Algo sumamente injusto.


Por la puerta entró el profesor y pidió orden. Todos se callaron de inmediato. Podía ser un profesor buena onda ―no pasaba de los treinta años―, pero cuando se molestaba, llegaba a ser tu peor infierno.


―Saquen su tarea y déjenla sobre el escritorio ―ordenó, cruzándose de brazos y apoyándose contra el pizarrón.


Abrí mi mochila y… No traía el cuaderno. Levanté la mano. El profesor me miró levantando la ceja.


―Se me ha olvidado el cuaderno ―dije, pero me di cuenta que varios de la clase comenzaron a cuchichear un: "es un nerdo". Intenté ignorarlas y proseguí: ―. ¿Puedo traerlo el día de mañana?


Sonrió mostrando todos sus dientes. Su sonrisa parece la de un perro, pensé.


―No —respondió —. Te quedaras al final de la clase a hacer planas y harás ese trabajo en el descanso, ¿entendiste, Masen? —básicamente me ladró. Todos los de la clase asintieron de forma afirmativa, como si fuera lo mejor que pudiera ocurrir; solo una chica no lo hizo. Quise decirlo algo a aquella chica, pero era demasiado cobarde en estos días. Me enfadaba conmigo mismo.


Asentí. Agaché mi cabeza para ver el libro de texto. ¡Era una injusticia! Lauren y Tanya de vez en cuando no traían sus cuadernos, y ellas no se quedaban al final de la hora para hacer planas. Fulminé con la mirada el libro.


Busqué le capítulo en el que íbamos y lo leí. Hablaba casi sobre el tema anterior "El Universo según Nicolás Copérnico" y "El Universo según Galileo Galilei", solo que cambiaban en lo que era el centro del universo; la Tierra o el Sol. Suspiré, ¿para qué me serviría eso?, tal vez solo era por cultura general, pero era demasiado aburrido.


Deseaba que la hora se pasara rápido. Aunque, lo único que me gustaba de esta clase, es que no la compartía con ninguno de mis abusivos personales. Estaba solo con las zorras de la escuela, mejor conocidas como animadoras. Ellas, a comparación de ellos, eran inofensivas; sólo se dedicaban a criticar mi ropa, aunque sabían que vestía bien.


El resto de la clase me la pasé fingiendo que leía el libro y subrayaba partes importantes. No contesté el cuestionario que se suponía debía hacer, pero lo dejé para después; lo haría en casa.


El timbre me alertó que la hora al fin había terminado.


Me paré cauteloso, intentando mostrar desinterés en lo que las chicas decían de mí y me dirigí hacía la puerta dispuesto a salir pero recordé que debía quedarme para hacer una ridículas planas, ¿Qué se creía? ¿Qué estaba en preescolar?


El profesor Black me miró, le regresé la mirada sin mostrar miedo. Asintió y me dejó ir. Suspiré, me había salvado de una estúpida tarea. Sonreí y corrí a mi siguiente clase.


Pero ahí estaban: Demetri, Alec y Félix; la hermana de Alec, Jane, estaba junto a ellos, pero parecía más concentrada en el libro que tenía entre sus manos que en lo que sucedía a su alrededor. Tragué saliva.


Hicieron un círculo alrededor, impidiéndome el paso.


—Apártense del camino —Pedí, con la voz grave.


Ellos rieron y chocaron puños. Hice una mueca y bufé. Llegaría de nuevo tarde a clase; eso ya se les estaba haciendo una costumbre. Siempre a la segunda hora, me esperaban para ir a mi próxima clase. Estaba considerando seriamente cambiar de ruta, pero lo había olvidado como de costumbre.


Apártense del camino —imitó, Alec con voz chillona —. ¿No podrías ser más patético? —su sarcasmo era demasiado acido.


Ahí los únicos patéticos eran ellos. ¿Por qué no molestaban a alguien que supiera defenderse? Porque sabían que no tenían posibilidad de ganar, y a ellos les gustaba tener el control de la situación. Gemí en señal de frustración.


—Se nos hace tarde a todos —Intenté de nuevo. Ellos negaron con la cabeza y rodaron los ojos.


— ¿Acaso crees que nos interese llegar a tiempo? —preguntó Félix, sarcástico y frunciéndome el ceño. Al parecer, otra vez me ocurriría algo malo por aquí...


Cerré mis ojos fuertemente, esperando el primer golpe; sentí como el puño de alguien golpeaba mi estómago, haciendo que cayera sobre mis rodillas y tosiera un poco. Comenzaron a patearme en las piernas, esperando a que me tirara al suelo, hasta que lo consiguieron. Me coloqué en posición fetal. Sus pies pateaban todo mi ser, incluso en la cara. Me dolía todo.


Gemía de dolor y hasta creo que llegué a pedir clemencia, pero no hacían caso.


No sabía cuánto tiempo había estado recibiendo golpes e insultos de su parte. Sólo fui consciente cuando Jane le dijo a su hermano que se detuviera, que se le hacía tarde para su clase. No sentía ninguna parte de mi cuerpo…


No sentía nada.


Desperté en la enfermería. La señorita Cope me miró con lástima. Me incorporé en la camilla.


― ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ―Pregunté, seguido de una mueca.


Dolía demasiado hablar. Moví mis manos hacia mi rostro y me di cuenta que tenía algunos lugares curitas.


―Deberías preguntar donde estas lastimado —corrigió —. Llevas aquí cuatro horas. Pasaste el almuerzo y ésta es hora de tu última clase.


Suspiré. Mi espalda ardió.


—Tienes dos enormes cardenales por toda tu espalda, en tus brazos, piernas y pecho —informó con voz neutral, mientras revisaba entre sus papeles —. Algunos golpes en la cabeza y en el rostro. Te mordiste la lengua tan fuerte que comenzó a sangrar. Un compañero tuyo te trajo.


La miré extrañado, pero no pregunté nada más. Me acosté de nuevo en la camilla y cerré los ojos. El celular de la señorita Cope comenzó a sonar, y salió de la enfermería para atenderlo. Respiré profundamente.


Ya estaba acostumbrado a esa clase de abusos, pero se estaba volviendo algo cansado y muy doloroso. Tenía que desahogarme con alguien, antes de que estallara y cometiera alguna locura; no quería llegar a ese extremo.


Y no lo entiendo, no les hago nada, sólo dicen que soy un raro y un blando. Pero, que mis gustos fueran muy diferentes a los suyos, no les otorgaba el derecho de golpearme. De hecho, ningún motivo les daba derecho a golpear a otra persona. Era inhumano.


Odiaba Forks. Pero más que nada, odiaba vivir. No le encontraba motivo a mi vida. Sólo era vivir para sufrir desprecios y maltratos. ¿Qué sentido tenía todo?


Respiré profundamente, en el momento en que el timbre sonó. Con cuidado me levanté y agarré mi mochila que estaba junto al estante de medicinas escolares. Medicinas que ya había probado y eran tan artificiales que realmente no calmaban tu dolor, ni mucho menos sabían bien.


Asomé mi cabeza, observando a todos mis 'compañeros' avanzar en dirección a la salida principal. Apreté mis labios cuando vi pasar a los tres chicos que me habían golpeado y dejado sangrando a mitad del pasillo. Inmediatamente pensé en la persona bondadosa que me había ayudado al traerme hasta la enfermería.


Aguardé unos momentos, hasta que el pasillo estuvo casi vacío.


Corrí hasta mi casillero. Encontré una desagradable nota pegada a mi casillero en donde me insultaban; era un estúpido dibujo en donde pusieron mi cara en una rata y al pie de la pagina decía "Apesta peor que la mierda" Por instinto, alcé mi brazo derecho para olisquearlo un poco, y me pareció más estúpido lo que estaba haciendo que el dibujo.


Aunque tenía que admitirlo, eso era nuevo y un poco ingenioso.


Quité la hoja y la hice bolita; busqué un bote y la lancé, acertando de lleno. Abrí mi casillero y metí todos mis libros, más tarde le pediría la tarea a Mike Newton o a alguien más. Cerré mi casillero y retrocedí, chocando con alguien. Me giré, temeroso, con los ojos entrecerrados. Unos ojos celestes me devolvieron la mirada.


— ¿Edward Masen? —Asentí—. Hombre, pensé que seguías en la enfermería.


Lo miré sin entender. Jasper Hale. Compartíamos diversas clases, pero nunca habíamos intercambiado palabras. Había escuchado su voz: grave y con un tono sabio que te hacía querer confiar en él. Me encogí de hombros; eso ocasionó que mi cuerpo doliera. Hice una mueca.


— ¿Te encuentras bien? —Preguntó con amabilidad. Me sonrió como cuando mi mamá me veía golpeado: con preocupación e impotencia —. ¿Puedo acompañarte hasta tu auto?


Alcé una ceja—. ¿Lo dices enserio, Jasper? —Inquirí, incrédulo.


Él asintió y cogió mi mochila de mis manos, para después colgársela en su otro hombro. Era, por lo menos una cabeza más alto que yo. Siempre estaba con las mismas personas: una chica rubia que se parecía bastante a él, un tipo alto y fortachón que alguna vez escuché que lo nombraron como Emmett. También se juntaba con una chica demasiado bajita que no se le despegaba ni un instante.


Me abrió la puerta de la entrada como un caballero a su dama. Le sonreí, agradecido. Por primera vez alguien que no fuera mi familia y los maestros, estaba siendo considerado conmigo, y además, sin ser forzado. Pero, toda esa repentina felicidad se fue por el caño cuando vi mi auto. No era un chico muy material, de los que quieren más y más, pero eso era pasarse. Mi única adoración había sido dañada de nuevo. El esmalte plateado había sido tallado hasta formar un montón de insultos donde me llamaban "maricón". Gruñí.


Jasper me dio una mirada de advertencia. Recogí aire en mis pulmones y sin previo aviso, le di las gracias y tomé de nuevo mi mochila. Caminé a mi auto, abriendo la puerta de un tirón. Me senté y golpeé el volante con mis puños –con los nudillos blancos-. Dolió, pero no más de lo que tenía que estar aguantando todos los días.


Así había sido desde mi llegada. Un blanco nuevo, uno fácil. Pero todo tenía un límite y el mío estaba llegando, aunque suponía que para personas normales, ya los habrían colmado.


Arranqué y conduje lentamente por la carretera, intentando retrasar lo más posible la llegada a mi casa. Aunque tarde o temprano tendría que enfrentar las preguntas de mi mamá. Ideaba alguna excusa creíble, como que me caí por las escaleras o algo similar.


Como era de suponer, ella no me creyó. Tampoco replicó ni nada por el estilo. Me informó que mi padre llegaría tarde a casa y que sólo cenaríamos nosotras dos. Subí las escaleras y cogí el teléfono. El timbre sonó una, dos… Hasta seis veces, antes que la voz de Newton me respondiera.


— ¿Hola?


Suspiré—Hola, Mike. Soy Edward. ¿Podrías decirme qué tenemos de tarea?


Silencio.


Más de cinco minutos pasaron. Sólo escuchaba el sonido de su entrecortada respiración. Me asusté.


— ¿Estás bien?


—Sí, claro —Escuché como bajaba la voz y una puerta se cerraba —. Mira, Edward, no puedo…


—No tardaras más de diez minutos…


—Ya lo sé —musitó —. Demetri y su banda tienen a toda la escuela amenazada. No quiero ser su nuevo blanco, ¿entiendes? Adiós.


Gruñí segundos después que me cortara la llamada. Masajeé mis sienes, pensando en alguien que me pasara la tarea y que además, tuviera los apuntes. Agarré mi directorio, escasamente, sólo contaba con unos cuantos números telefónicos de algunos compañeros. Escogí uno al azar.


Ángela Weber.


—Residencia Weber —contestó una mujer.


—Eh, hola, ¿se encuentra Ángela? Soy Edward Masen.


—Permítame.


Hubo un par de sonidos. Voces discutiendo. Y al final, la dulce voz de Ángela sonó.


— ¿Edward Masen? ¿Qué quieres? —preguntó, al parecer ansiosa.


Genial. Tenía el mismo tono de miedo que Mike.


—Necesito que me digas que hay de tarea.


Suspiró, cansadamente —. No quiero meterme en problemas…


— ¡Oh, vamos! No creo que Demetri y los otros consulten las llamadas recibidas y hechas —suavicé mi voz: —Por favor, Ángela, eres mi último recurso.


Cuando me dio su respuesta afirmativa, casi salto de felicidad. Noté que cuando me decía las cosas, su tono era frío, distante, marcando un gran abismo entre nosotros. ¡Claro! ¿Quién querría hablarle al más marginado de la escuela? Ella hablaba con prisa, intentando terminar lo más rápido posible. Mis manos se movían a gran velocidad, tomando nota de todo lo que decía. Era mucha tarea. Al final, cuando estaba por agradecerle, me sorprendió el sonido del teléfono indicando que me había colgado.


Gruñí.


— ¡Carajo! —grité aun con el auricular en la mano.


— ¿Pasa algo Edward? —preguntó preocupada mi madre. De seguro, mi grito la alertó.


Las cosas debían cambiar. No soportaba más esta situación.


Subo después de FanFiction. O: Gely me dijo que le pusiera título... Y había una gran variedad, pero analizando el capítulo, me encantó el título ¬¬ Espero que te guste Gely, eh.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Lágrimas De Ángel: Prólogo





LAGRIMAS DE ANGEL

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SUMMARY: Y mi última esperanza había muerto. Ser aceptado era un sueño, un sueño muy lejano para mí. La realidad era que me discriminaban por mi dinero... AH ExB EPOV

DISCLAIMER: Personajes obra de Stephenie Meyer, la trama es propiedad de AnNeLiCe' y Gely. Prohibido el plagio; evítate problemas.

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PROLOGO

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Cerré los ojos con fuerza. Solo tenía que soportar unos minutos más.


El profesor de matemáticas se encontraba explicando los procedimientos para hacer ecuaciones; ya lo había visto, pero quería distraerme en algo para no gritar.


—Es un marica —masculló Demetri hacia sus amigos. Apreté los puños, haciendo que mis uñas lastimaran mi mano.


Sentí como un piquete en mi cuello. Por instinto, mi mano fue directo tocando lo que había ahí; una bola de papel con saliva. Esto era infantil, pero a pesar de todo sabía que no era nada bueno ser odiado por toda la escuela.


Así pasaron dos minutos, escuchando y recibiendo insultos de Demetri, y yo sin hacer nada. Hasta que el profesor salió del aula, decidí hablar.


—¿Cuál es tu maldito problema? —rugí entre dientes. Era hora de enfrentarlo. Desde hace días que seguía con la misma situación, sin tener avances.


—¡Tu! —respondió Demetri, acercándose rápidamente para tomar con fuerza mi brazo derecho y arrastrarme fuera del aula. Mis compañeros en vez de ayudarme, siguieron a Demetri. Creían que esto era un espectáculo.


Algunas lágrimas salieron de mis ojos, sintiéndome avergonzado y por el dolor que me causaba el agarre de Demetri. Me enderezó un poco para que su puño golpeara mi quijada, jugando sucio. Veía todo borroso. Él continuaba golpeándome. Me pateó en la pierna; ésta se dobló y caí al piso. La gente se había reunido en un círculo alrededor de nosotros. La víctima y el victimario. Quería decirle que parara, pero de mis labios salían gemidos de dolor. Mi boca estaba sangrando. Agarró el cuello de mi camisa y me levantó como si fuera un muñeco de trapo...


Estrelló mi cuerpo contra la pared. Mi cabeza rebotó y solté un alarido. Él disfrutaba verme sufrir. Escupió en mi cara.


—Deja de joderme, puto —gruñí.


Estiré mi brazo derecho para colocarlo entre sus dos brazos. Su brazo derecho quedo bajo mi axila. Giré haciendo que soltara su agarre. Agarré su mano derecha y la giré, haciendo que callera al suelo, herido.


Soltó un quejido ronco.


—No vuelvas a meterte con un Cullen —mascullé. Estaba a punto de escupirle como tantas veces él había hecho conmigo, pero no lo hice. No me bajaría a su nivel.


La escuela quedó como tumba por un momento, nadie decía nada. Hasta que una chica castaña se acercó hasta a mí. Sus ojos relucían preocupados. Rozó con sus dedos la zona donde me había golpeado.


—¿Estás bien?


Asentí, lentamente.


—Estás malherido —contradijo.


La miré, anonado. Era hermosa. Demasiado.


Me sonrió cálidamente.


Ella acarició mis cabellos, se paró de puntillas levemente y sus labios tocaron suavemente mi mejilla. Sentí cosquilleos recorrer esa parte e ir pasando por mi cuerpo, haciendo que la sensación se volviera mágica.


Sonreí tontamente mientras ella se evaporaba como si de una ilusión se tratara. Entonces…


Me di cuenta que mi despertador sonaba. Con ese irritante sonido, supe que solo era un sueño... Un sueño que anhelaba tanto que fuera real para ya no vivir en toda la mierda que estoy metido. Un sueño que es solo eso, una ilusión.


Gruñí fuertemente y golpeé al maldito despertador, tirándolo al piso. Pero de todos modos no dejó de sonar.


Abrí un ojo. Algo de luz se filtraba por mi ventana. Guiñé los ojos con fuerza y bostecé.


Empecé a estirarme aun en la cama, haciendo que varias heridas dolieran. Cerré los ojos al recordar los golpes.


No quería ir a la escuela como cada mañana. Quería estar seguro en la casa; pero no tenía otra salida.


Con pasos torpes por el sueño que cargaba, me dirigí al baño y me miré en el espejo del tocador. Tenía un par de moretones en mi rostro. Suspiré. Días atrás me habían golpeado tres brabucones detrás de la escuela. Nadie estuvo enterado. Mi madre me preguntó qué me había pasado; le dije que me había caído. No me creyó. Pero, ¿cómo decirle que sufro del bullying?


Nadie me ha ayudado con esto. Desde que me mudé todo ha sido complicado por mi economía.


Todo es difícil. Allá en Chicago solía tener amigos como James Witherdale, Victoria y Emily Young, pero desde que nos mudamos, había perdido todo contacto con todos ellos. Maldije mentalmente a Forks.


Pueblo de pacotilla.


Me sentía más solo que nunca en este lugar. De pasar a ser el chico más popular a ser al que le buscan pleitos todo el tiempo, hay una diferencia bastante grande…


Papá mintió cuando dijo que en Forks todo saldría bien, que sería fácil adaptarme y tal vez hasta encontrar novia.


Se equivoca.


Alguna vez escuche que "el dinero no lo es todo". No lo había pensado hasta que llegué aquí; siendo discriminado por ser un junior.


¿Creían que me gustaba tener dinero? ¡Daría todo por tener una vida normal! Mi padre constantemente sale de viaje y mi mamá es muy sobreprotectora por mi problema de alergias a los cítricos. A pesar de que no había motivo, porque desde que tengo diez años no he vuelto a comer ni uno solo.


Toqué mi ojo derecho que estaba moreteado. Gemí por el dolor que provocó mi tacto.


Todo esto era complicado, esperaba que pronto se arreglara.


Aquí, miss Kisslemon reportándose. Gely hizo una grandiosa portada, pero tiene planeado cambiarla por un gif. El Prólogo UP! Estoy trabajando en el primer chap, espero no demorar demasiado.