
LAGRIMAS DE ANGEL
.
SUMMARY: Y mi última esperanza había muerto. Ser aceptado era un sueño, un sueño muy lejano para mí. La realidad era que me discriminaban por mi dinero... AH ExB EPOV
DISCLAIMER: Personajes obra de Stephenie Meyer, la trama es propiedad de AnNeLiCe' y Gely. Prohibido el plagio; evítate problemas.
.
DETENCIÓN
.
'Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño.' Decía Edgar Allan Poe. Ja, ¿un sueño dentro de un sueño? ¿No será, una pesadilla dentro de otra pesadilla? Sí, así describía lo que veía y mi vida.
Había terminado mi tarea, y lo único que quería hacer era perderme por un momento, pensar que todo esto es un mal sueño; deseaba desconectarme ¿pero cómo hacerlo? ¿Se puede pensar en nada? Si me dormía, tendría una pesadilla con Demetri, o tal vez un buen sueño como el de anoche, pero no me quería arriesgar; vería la televisión.
La prendí y empecé a buscar canales donde encontrara un anime, hasta que al fin lo hallé: Naruto. Me gustaba mucho, y se me hacía divertido, y además, como estaba en temporada avanzada, lo vería en japonés y aprendería un poco de ese idioma.
Después de unos momentos, mamá entró a mi habitación sin tocar, tal vez a otro chico le molestara por interrumpirlo, pero a mí no; la quería, o mejor dicho: la quiero.
—Cielo, ya está servida la cena. Vamos —Animó.
Pienso que después de todo, soy como el niño de mami, pero no podía hacer nada. No era ni su culpa ni la mía, todo era culpa de la sociedad.
.
—Profesor, Black —Llamé después de que sonara la campana; varios de mis compañeros soltaron risitas y no sé exactamente por qué.
— ¿Si? —Respondió mientras metía sus papeles en su portafolio.
—Aquí tiene el trabajo de ayer —Alcé la libreta para que la viera.
—Tráelas, de favor —Dijo apresurado.
Me paré de mi pupitre, y me dirigí a su escritorio para tenderle mi libreta.
—Espero que sea la última vez que olvides tú libreta —Asentí en silencio, y en cuanto me dirigía a la puerta, volvió llamarme —. Oye, espero que pronto tus problemas terminen —Voltee confundido y ceñudo. No era sorprendente que los profesores supieran de lo abusivo que es Demetri, pero… ¿me estaba deseando lo mejor el profesor pervertido que tenía en historia? Bueno, al menos, no me odia.
Caminé por los pasillos hacia mi siguiente clase pero algo me detuvo, y no era Demetri. Un centavo en el piso. Normalmente camino con la mirada gacha para que no me reconozca Demetri tan fácil.
Lo levanté del piso. Brillaba como si fuera nueva. Dicen que cuando te encuentras un centavo en el suelo te da buena suerte. Me la guardé y deseé con todas mis fuerzas que la suerte existiera; sí lo hacía, me vendría bien mucha.
—Masen —Escuché la voz de Demetri. Sí, la suerte existe, pensé irónicamente.
Caminé de prisa, intentando esquivarlo. Mi caminar era torpe cuando caminaba de manera normal, cuando lo hacía apresuradamente, parecía que me estaba aguantando las ganas de ir al baño.
—No huyas, cobarde —Prefiero ser un cobarde a terminar otra vez en la enfermería.
La campana sonó llamando la atención de todos.
Demonios, otra vez tarde.
Caminé de prisa, sin mirar atrás y rezando que hoy Demetri me dejase en paz.
— ¿Listo para la función? —Preguntó con una risa diabólica, y sus compinches le siguieron.
Cerré los ojos y empecé a correr. Tenía que ser hoy, un día diferente, no como el de ayer ni mucho menos.
No me fijé qué había en el piso, y me resbalé con un yogurt. Mi trasero sonó muy estruendoso cuando chocó contra el piso.
Alguien salió de un aula. 'Alguien' era un maestro. El maestro era el señor Black.
— ¿Qué ocurre aquí? —Vociferó con voz grave.
—Nada —Dijo con algo de temor Alec. Casi podía jurar que vi miedo en sus ojos y sudor en su frente.
—Deberían estar en clases en vez de ambular por los pasillos —hasta ese momento no se había dado cuenta de mi presencia, pero giró su cabeza en mi dirección y me encontró embarrado de yogurt. Su cara demostró una ira que nunca lo había visto, en especial sus ojos, que lucían coléricos.
— ¡Suficiente! —Ladró —. Estoy harto de que hagan ese tipo de tonterías y no reciban castigos, pero como ahora los he atrapado con las manos en la masa, los llevaré a detención.
—Genial —Farfulló molesto Demetri.
— ¡Cállate o tendrás más que tus amigos! —El señor Black tenía el ceño totalmente fruncido. Demetri apretó sus labios fuertemente.
El profesor nos llevó a la sala de detención, donde no se encontraba nadie. Ninguna persona nos vigilaría, eso sería igual a masacrando a Edward.
—Tienen una hora, y cuidado con que los oiga hacer algo —Entrecerró los ojos Jacob.
—No se preocupe —Espetó inocente Demetri.
—No te hagas el graciosito, y entra —ordenó molesto.
Entramos en silencio; me senté en la última banca, una que estaba en el rincón y los demás hasta el frente del aula. Jacob se alejó del aula, dejando mi ejecución sin público.
No había hecho nada en mi vida. Había sufrido demasiado por estos mediocres.
Intenté de recordar cosas buenas: Puros sueños.
Si salgo vivo de esto, escribiría un libro, al menos así mis sueños se plasmarían en algún lugar y alguien tendrá una parte de mí. La parte en la que soy la mejor persona del mundo por mis intensiones y sentimientos. Nada de dolor y sufrimiento, la cara buena de todo el mal… Sería como mi perfecta realidad.
—Muy bien —Canturreó Demetri, sonaba como si tuviera algo en la nariz.
—Nos pueden escuchar —Susurró Félix, tenso. Miró hacia las esquinas de la habitación como si hubiera cámaras escondidas. Maravilloso, no era el único paranoico.
—Cállate, imbécil. No hay testigos ni nada de eso, podremos hacer lo que queramos —Dijo excitado por la idea Demetri.
—Vamos. Sería como si no tuviera dignidad —Intentó de nuevo Félix.
—Él no tiene dignidad —Demetri me señaló.
—No hablo de él —Continuó Félix, dándome una mirada extraña—. Además, sería muy sucio lo que haríamos.
—Siempre somos sucios en esto, Félix. No sé cual es tú maldito problema —Gritó exaltado Demetri. Su rostro se había puesto rojo.
En ese mismo instante la puerta se abrió. Gracias, gracias. Tal vez sería un profesor. O tal vez alguien como el idiota de Mike que dejaría que me den una paliza y no hacer nada más que mirar.
Pero no eran ninguno de los dos. No. Era el tipo alto y fortachón que se juntaba con Jasper ¿Cómo era su nombre? ¿Emmanuel? No… Era algo como… ¡Emmett! Si, Emmett.
Tal vez él me ayudaría; mis ojos brillaron de esperanza. Él podría ser mi salvador. Esos músculos servirían de algo. Casi sonreí.
—Maestra, ya le dije que no fue una nalgada que le tiré a Rose. Es solo que mi mano se movió sola —Intentaba excusarse con la maestra de Lengua.
—Entra —Pidió la maestra, cerrando los ojos.
—Ya —Chilló como niño chiquito y haciendo un puchero.
Emmett entró y empezó a checar quienes estábamos ahí.
— ¿Por qué están aquí? —Preguntó, ceñudo.
—Por el marica de Masen —Respondió Demetri, fulminándome con la mirada.
— ¿Qué hizo? —preguntó escéptico Emmett.
—Se cayó con un yogurt —Alec soltó una risita. Bueno, incluso yo me hubiera reído si no estuvieran ellos presentes.
—Oh —Emmett se quedó en silencio y se dirigió a la otra esquina del aula, al otro polo de mí.
— ¿En qué estábamos? —Preguntó Demetri, tronándose los dedos —. Oh, ya recordé; estábamos a punto de darle una paliza a Masen —soltó de nuevo su risa diabólica.
Emmett se le quedó viendo a Demetri, analizándolo.
Alec rápidamente se me acercó. —Lindos tennis —Señaló los nuevos que me habían comprado —. Es una lástima que yo no los tenga —Dijo con fingido tono de pesar—. Quítatelos —ordenó.
— ¡No! —chillé, cabreado. Esos tennis eran los que más me gustaban y no quería dárselos.
—Parece que alguien aquí no obedece; necesita un castigo —Sonrió cínicamente Demetri.
Félix seguía sentado en su lugar, temblando.
— ¿No te nos unirás? —Preguntó divertido Alec.
—Esta vez no. Creo que es suficiente para él por éste día —Respondió, tranquilo.
—Pareces una nena hablando de esa forma —Gritó Demetri —. Pero como quieras; no te rogaré como la puta de tu madre —Félix no respondió nada, pero noté que apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos.
Ni si quiera a sus amigos trataba bien Demetri, eso no es ser amigo. Lo he leído cientos de veces y lo viví en Chicago; ser un amigo es que te apoye en las buenas y en las malas, que te escuche, que te aconseje, que te regañe cuando no haces lo correcto. No entiendo por qué están con él si los trata como la basura, pero creo que me doy cuenta de algo: Prefieren ser sus perros a que los golpeé. Sí, debía ser eso. Nadie podía querer ser amigo de un ser tan despreciable como él.
— ¿Cómo lo castigaremos? —Preguntó emocionado Alec.
—Creo que o patadas o nalgadas; no me decido, ¿Lo dejamos a la suerte? —Era como si preguntara algo banal, normal para él.
Alec sacó una moneda de su chaqueta, se la tendió a Demetri.
—Cara, patadas; cruz, nalgadas —arrojó la moneda al aire, ésta dio varios giros y la volvió a tomar —Uh, es cruz.
—Entonces, nalgadas serán —Alec dio un grito de guerra.
Demetri le dio un empujón a mi silla, tirándome de ésta. Iba a escabullirme, pero me tomó de la chaqueta y me atrajo hacia él. Mis ojos se llenaron de lágrimas, tenía miedo.
Demetri me colocó en el piso acostado, yo no me podía mover; estaba totalmente paralizado. Tomó impulso con la mano. Cerré los ojos. Empecé a contar para tranquilizarme.
...13.15…
Me quedé confuso, no sentía nada y ya había pasado mucho tiempo.
Abrí los ojos, temeroso por lo que estuviera pasando. No estaba Alec delante de mí, como estaba hace tan solo unos segundos. Volteé para checar si Demetri seguía detrás de mí. No estaba. Me levanté del suelo con cuido, y escuché gruñidos al otro lado del aula. Revisé que ocurría y todo lo que vi, me sorprendió.
Félix y Emmett estaban dándole una paliza a Demetri y a Alec, pero… ¿Lo hacían por mí? ¡¿Por mí? Tal vez la suerte si existía después de todo…
—Huye, chico —gritó por sobre su hombro Emmett. Tenía que correr, pero se suponía que estaba en detención, no debía salir del aula pero… ¡Al diablo con las reglas! Tenía que salvar mi vida y punto.
Me dirigí a la puerta con cuidado y lo más rápido que pude. Antes de salir, revisé bien la escena: Alec estaba contra el pizarrón, recibiendo el enojo de Félix. Emmett y Demetri estaban rodando en el suelo, en una lucha donde no sabía quién ganaría. Quería ayudar, se los debía.
Emmett me sostuvo la mirada durante unos segundos y gesticuló un: —Vete.
Y eso fue lo que hice. Corrí hacia la enfermería, intentando refugiarme ahí. Le dije a la enfermera que no me sentía muy bien del estomago, y me dejó quedarme por el sudor y mi pulso.
Me recosté en una camilla y esperé a relajarme, pero no podía. Estaba ansioso por saber qué había ocurrido con Emmett y Félix y lo más importante, ¿Por qué se habían enfrentado a Demetri solo por mí?
Lo único que podía hacer era esperar, esperar a que todo saliera bien. Sin esperarlo, me quedé dormido.
Ya era la hora del descanso cuando desperté, ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué estaba en la enfermería? ¿Me habían dado otra paliza después de historia? En mi mente recorrieron dos imágenes: Detención, y Emmett y Demetri rodando en el suelo.
Ahí fue cuando recordé. Tenía que ir a hablar con Emmett, saber qué había pasado. Volteé a mí alrededor, y no había nadie más que yo, así que nadie terminó en la enfermería. No sabía si eso era bueno o malo.
Me levanté de la camilla para dirigirme a la cafetería deprisa. Para ser honestos, sería como la tercera que entraría ahí; normalmente siempre termino en la enfermería antes del almuerzo.
Entré en aquel lugar, y al parecer nadie se dio cuenta de mi presencia. Todos estaban enfrascados en sus propias conversaciones. Nadie se burló o cotilleó mientras yo entraba al aula.
Busqué entre todos dónde estaba Emmett. Encontré a su grupo, Jasper y sus demás amigos, pero él no estaba allí. Me dirigí hacia Jasper, tal vez él sabía dónde estaba el quién me salvó.
—Hey —Saludó Jasper cuando se dio cuenta que me dirigía hacia su mesa —. ¿Hoy no estás en la enfermería? —Preguntó, extrañado.
— ¿Sabes dónde está Emmett? —Ignoré su pregunta.
—Se lo llevaron a su casa, tiene una suspensión por el resto del día, ¿para qué lo necesitas?
—Tengo que ir a por él —respondí, rápidamente.
— ¿Sabes dónde vive? —Preguntó cortésmente la chica rubia que estaba sentada junto a Jasper.
—En realidad… —Tenía que admitirlo —: No sé dónde vive.
—Te llevaré —Se ofreció una chica que estaba abrazada de Jasper; tenía un aspecto de duende. Menudita y con facciones graciosas.
— ¿Segura? —Pregunté, esperanzado.
—Claro. Ven —Se levantó de su silla, tomó mi brazo y me llevó a rastras hasta el estacionamiento—. Tú coche es el Volvo, ¿cierto? —Buscó con la mirada a mi auto, y yo sólo asentí; su confianza me cohibía.
Nos dirigimos hacia él, ella tomó de piloto; yo no protesté. El camino fue muy corto, y cuando me di cuenta, estábamos frente a una humilde casa blanca.
—Aquí es —Anunció con voz alegre.
—Gracias —Susurré —. Todos ustedes han sido muy amables conmigo —dije agradecido.
—No hay problema —Me regaló una tierna sonrisa. —Bueno, iré a mi casa; no tengo ningún problema con saltarme el resto de las clases. Vivo cerca —Quería decirle que mejor la dejaba al Instituto, pero ella anticipó mis pensamientos —. Estaré bien —y con eso, se fue.
Toqué el timbre, nervioso. No sabía quién me abriría la puerta y agradecí cuando fue Emmett al quien vi.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó, sorprendido, abriendo sus ojos desmesuradamente.
—Sólo quería… —Titubeé—. Agradecerte por tú ayuda.
—Bueno, no hay problema. Además, me alegro haber sido yo quien le diera una paliza a Demetri —Me enseñó una sonrisa muy blanca con unos hoyuelos.
—También quería… —Dudé unos instantes, pero me animé en cuanto vi su mirada agradable—. Saber por qué lo hiciste.
—Porque no te merecías lo que te haría Demetri. Ni lo que te hace. Sabes, deberías de defenderte —Dijo despacio.
—No sé cómo —Respondí, sumiso, mirando fijamente sus simpáticos rasgos.
— ¿Ni si quiera soltar rasguños? —Preguntó sorprendido. Yo negué la cabeza—. Te enseñaré algo de Tae Kwando, ¿está bien? —Abrí los ojos lo más que pude, estaba totalmente atónito.
—Eso sería… —Busqué la palabra correcta—. Genial.
—Estupendo. Y otra cosa, puedes volver tranquilo al Instituto, también han llevado a Demetri suspendido —Volvió a enseñar sus dientes de forma amistosa.
—Increíble —Pardeé unos instantes—. Nos vemos, Emmett —Me despedí; tenía ganas de abrazarlo y él se dio cuenta, así que me envolvió en un abrazo de oso. En esos instantes, me sentí querido.
—Creo que la suerte está viéndote —Dijo Emmett mientras soltaba el abrazo. La moneda. Así que sí me había dado suerte. Sonreí abiertamente.
Un sueño, en un sueño. Esperaba que fuera así.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario