miércoles, 10 de noviembre de 2010

El Experimento -Capítulo 8


Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. La historia está basada en Kimikiss Pure Rouge, pero no todo es igual, sólo la idea.


El Experimento

.


La puerta se cerró.


Jessica había abandonado el restaurante.


Edward veía con repugnancia como Bella comía la cosa extraña servida en su plato. Un enorme bistec semi cocinado, rodeado de moras azules, y moras rojas, salsa de soya y un poco de caldo agrio.


La mayoría de la gente volteaba sobre su hombro para verla comer eso sin hacer muecas.


Era rara –escasa- las personas que ordenaban ese platillo, pero ninguna como Bella. Ella prácticamente se estaba comiendo el enorme plato. Edward bebió un gran trago de agua, bebiéndose todo el vaso.


La castaña terminó de comer y se limpió con una servilleta hasta que su rostro estuvo libre de manchas. Sacó una pequeña cartera de color púrpura.


- Detente –Dijo, Edward-. Yo pagó.


Ella lo miró con curiosidad, pero guardó su cartera. Edward se apresuró a pagar la cuenta. Estaba muy nervioso. Salieron del restaurante.


- ¿Cómo estuvo? –Preguntó, cortésmente, el chico.


Ella frunció el ceño. Se llevó una mano a su mentón y meditó. No había probado nunca, algo como eso, pero no fue un sabor desagradable, no le provocó ganas de devolver la comida en una masa irreconocible conocida como vómito. Negó con la cabeza.


- Excelente.


Edward la miró horrorizado. El pestilente plato se podía oler desde la entrada del local. Una aroma nauseabundo, lleno de… Le daban ganas de vomitar, tan sólo con recordarlo. Se encogió de hombros. Miró su reloj. Aún era temprano como para ir a dejarla a su casa. Suspiró.


Quería pasar más tiempo con ella.


- ¿Qué te parece ir a otro restaurante? –Inquirió-. Ya sabes, para probar llegar a una conclusión hay que hacer varias veces el experimento… -Prosiguió-. Mis amigos y yo fuimos a un restaurante de muy buena calidad.


Bella continuó pensando. Tenía razón. Tenía que comprobar que su gusto fuera el correcto, y a juzgar por cómo la miraban las personas del restaurante, dudaba que fuera… Normal.


Asintió.


Edward sonrió de oreja a oreja y tomaron el camino hacia el norte. A unas calles más lejos de ahí, se encontraba el '360' un restaurante un poco lujoso, pero accesible. Las mejillas de Bella se habían sonrosado por caminar. Su frente estaba empapada de sudor y los músculos de sus piernas se habían tensado. Después de todo, pensó Edward, ella era un ser humano. Sentía y transmitía.


Llegaron al restaurante. Bella lo examinó. Tenía una agradable pinta, por fuera. Edward le abrió la puerta y ella entró.


Era aún más pequeño que el restaurante anterior, pero no por eso menos agradable, sino por el contrario, era más cálido y el olor de la comida se filtraba por su nariz.


El chico abrió los ojos, muy sorprendido, cuando descubrió frente a ellos a sus amigos.


- ¡Hermano! –Exclamó, sorprendida, Alice.


Emmett sonrió pícaramente―. Edward, ¿qué estás haciendo?


El color se subió a sus mejillas. Había quedado en evidencia.


Sus amigos desviaron la vista a su derecha, donde estaba Bella. Miraron de nuevo hacia Edward, esperando una respuesta de su parte. Él miró sus zapatos atentamente y aún con las mejillas coloradas. Bella pasó a su lado y se fue a sentar a una mesa cerca de la puerta.


Edward se sentó a su lado, ante las miradas quisquillosas de sus amigos, y ordenó dos especialidades del restaurante. El hambre por fin le había despertado.


No tardaron nada en darle sus pedidos y Bella comenzó a comer sin decir nada. EL chico hizo lo mismo. El lugar, en sí, se había sumido en un sepulcral silencio. Los hombros de Edward se habían tensado, pero parecía que su acompañante no notaba la atmósfera.


Al igual que el otro platillo, Bella se terminó el suyo, poco después que Edward.


- ¿Qué tal?


Ella se tomó su tiempo para contestar.


- Está bien –Respondió-. Como el de antes.


Todos estaban al tanto del extraño –y asqueroso- platillo que había comido con anterioridad. Miraron raro a la chica, pero a su vez, le regalaron sonrisas amistosas.


- Me siento honrado de hablar contigo –Alabó, Emmett, con una sonrisita.


- Vine aquí sólo para comer –Dijo, rápidamente.


Alice que se había mantenido al margen de toda la conversación, se acercó a ella. Sus manos sudaban de los nervios y por lo que estaba a punto de decir…


- Sé que es tarde para las presentaciones –Murmuró-. Pero, gusto en conocerte. Soy Alice Cullen, hermana de Edward –Pasó saliva-. ¿Qué clase de relación tienes con mi hermano?


Edward se levantó a una gran velocidad, y miró con reproche a su hermana. Alice retrocedió un paso, pero no aparto la mirada de Edward y Bella.


- ¡Alice! ¿Qué tonterías estás diciendo?


- ¡Estoy preocupada! –Soltó, furiosa-. Ustedes salieron a comer… ¿Eso no es una cita?


- No es así –Intervino, Isabella.


Alice agachó la mirada, dándose por vencida.


- E-entonces, ¿qué clase de…? –Negó con la cabeza-. ¿Amiga?


Bella la miró de manera extraña.


- No tengo ningún amigo.


Todos se quedaron callados ante su confesión. Seguido de eso, agarró su mochila, dejó un billete de cinco dólares y salió del restaurante sin despedirse de nadie.


Se quedaron mirando la puerta. El rostro de Edward se entristeció, ella no se había despedido de él. Sus amigos comenzaron a hablar acerca del extraño gusto por la comida de Bella, de su actitud… De todo.


Edward ignoró todo.


Pensó un poco en su salida. La había conocido aún más que en la escuela. Sabía más de ella. Sonrió. Bella Swan era un misterio que se moría por resolver.


Al día siguiente se volvieron a ver. Parecía todo normal entre ellos, la neutralidad de Bella y el nerviosismo de Edward. A pesar de que ambos sabían que ya no era lo mismo. El día anterior habían tenido una especie de 'cita', porque viéndolo por cualquier lado, era así.


Luego estaba Alice, que veía constantemente a Edward mirar en la dirección donde se encontraba la chica genio. No es que tuviera algo en contra de ella, simplemente que o se imaginaba a su hermano a lado de alguien tan fría como Bella. Era imposible. Su hermano era tan dulce y hogareño. No había manera.


Unas semanas más tarde, se convocaron un festival de atletismo, donde todos tenían que asistir obligatoriamente.


Jessica estaba entusiasmada por la idea. Era buena corriendo tras un balón, por lo que sería aún mejor corriendo sin un objeto en frente.


Cuando el día llegó, todos se encontraban reunidos en las canchas exteriores de la escuela. Los alumnos lucían pantalones deportivos y camisas de mangas cortas. Forks había decidido sonreír ese día, y mostrarles unos rayos de sol. Se encontraban eufóricos.


Los estudiantes se dividían en dos equipos: el blanco y el rojo. Ambos conformados por chicas y chicos de diferentes años. A Edward le había tocado estar en el rojo, por lo que en su muñeca izquierda lucía un listón de ese color.


Edward traía su cámara de vídeo, porque a petición de su madre, quería que grabara cuando Alice corriera y cuando el corriera. Suspiró. Movió su cámara al cielo, luego la bajo, la movió entra algunas estudiantes, y…


- ¿Qué pasa? –Preguntó, Bella. El lente de la cámara estaba enfocado en ella.


Vestía como cualquier otro estudiante; con los pantalones de deporte color azul marino y la blusa de manga corta de color blanco, además del listón en su mano derecha de color rojo.


Edward abrió la boca sorprendido. Quitó la cámara y la miró bien.


- Creí que no asistías a esta clase de eventos –Dijo, avergonzado.


- Me dieron ganas de venir –Replicó-. No te preocupes por ello.


Él sonrió. Era la misma chica de siempre, pero vestida de una forma diferente.


Las competencias comenzaron. Como era de esperarse, realmente Jessica tenía el don. Alice gritaba a todo pulmón junto con Rosalie, apoyándola. Su club de fans. Era casi imposible que ella las escuchara, pero continuaban gritando, cual par de locas.


Bella observaba a la distancia, sin mirar realmente a los participantes, sino la forma en que coordinaban sus brazos y piernas para correr de forma más rápida.


- Cincuenta metros, femenil… Ganadora: Jessica Stanley –Anunció, Emmett, que, para librarse de correr, había decidido ser el locutor oficial del día.


Su club de fans sonrió y gritó. Jessica se acercó a ellas y les sonrió, mientras las abrazaba. Se sentía muy bien estar con las personas que habían creído en ella.


Un pequeño descanso para llenarse de nutrimentos llegó. Se reunieron en algunas de las bancas de afuera. Sacaron algunos bocadillos y bebidas energéticas.


- Estuviste genial –Alabó, de nuevo, Alice.


- Sí, sí –Apoyó, Rosalie-. Conseguiste casi todos los puntos para tu equipo.


Jessica se sonrojó.


- Gracias.


Alice le sonrió de vuelta.


- Por haber conseguido esto… -Rió-. He cocinado un pastel. Yo sabía que ganarías.


Stanley le sonrió, conmovida.


Partieron algunos pedazos del pastel de chocolate casero. Edward fue el primero en probarlo.


- ¡Delicioso!


Giró su cabeza a la izquierda. Observó a Bella sentada en el pasto, comiendo galletas. Sonrió.


- ¡Swan! –La llamó. La chica levantó su cabeza para mirarlo-. ¡Ven, debes probar esto! Estoy seguro que pensaras que esta bueno.


Bella se acercó. El chico le sirvió una considerable porción en un plato y se lo entregó.


- ¿Otro experimento sobre el mal gusto? –Preguntó.


Edward asintió. Agarró una cuchara y partió un pedacito. Examinó la cuchara un poco y luego se la metió a la boca. Cinco segundos después, sacó la cuchara.


- ¿Y? –Preguntó, Alice, esperando.


Ella era una excelente repostera. Así que esperaba que alguien con mal gusto, supiera diferenciar entre un pastel se buena calidad y un Bistec Berry-Berry.


- Está bien… -Contestó-. Tan bueno como el Berry-Berry.


Alice hizo una exclamación de horror. ¿Tan bueno como el Berry-Berry?


Jasper miró nervioso.


- Swan, ¿participarás en alguna carrera? –Inquirió, para desviar el tema del pastel.


- No participaré en ninguna competencia.


Jessica sonrió.


- Ella no parece de las chicas que practican algún deporte…


- Te equivocas –Interrumpió, la castaña-. He leído libros sobre los diferentes deportes. He memorizado sus reglas, sus tácticas de juego… Todo.


- Pero, entender el concepto, es muy diferente a practicarlo.


- ¿Eso crees?


- Sí… Es decir, puedes aprenderte todo lo que quieras –Dijo-. Pero no sentirás como tu cuerpo suda y tus músculos se tensan… El latido acelerado de tu corazón por el esfuerzo…


- Eso sólo se trata de leyes de física –Corrigió-. No es nada más que eso. No se necesita hacer experimentos.


- ¿Experimentos? Esto no tiene nada que ver con física o ciencia…


- Lo tiene –Se levantó bruscamente-. ¿No has oído hablar de la 'ciencia del deporte'?


Jessica la miró confundida. ¿Ciencia del deporte? ¡Ella sólo hablaba de cómo la hacía sentir! Bella era un ser humano muy extraño.


El descaso se terminó, y tuvieron que empezar de nuevo a correr. Jessica como siempre llevaba la delantera por unos cuantos metros. Siempre que parecía que alguien la iba a alcanzar, aceleraba su velocidad y llegaba a la meta. Era admirable.


Pero, cuando parecía que en la carrera de relevos, el equipo de Jessica iba a ganar, su pie se dobló. No pudo levantarse, por más que hizo el esfuerzo. Edward se acercó a ella. Rodeo sus hombros con el brazo de ella y salió hacia la enfermería.


¿Y la enfermera? ¡Ni sus luces!


La dejó en una camilla.


Buscó entre los estantes unas vendas. Con cuidado, tomó su pie.


- Será mejor que dejes de correr –Musitó, mientras vendaba su tobillo-. Por hoy.


- Pero, no puedo… Me necesita…


Edward le sonrió.


- Yo haré tu parte, ¿sí?


Stanley parpadeó, deslumbrada y le sonrió de regreso.


Ese día, parecía que la suerte no estaba de su lado. Poco antes de que Edward comenzara correr, pasó una chica por detrás, empujándolo accidentalmente; sus pies avanzaron unos cinco centímetros de la línea de partida, lo que ocasionó su descalificación de todas las carreras.


Después de algunos minutos, pensando que podían hacer para no perder, Jessica se presentó, argumentando que ella aún podía correr, que no necesitaba mucho sus tobillos… Pero apareció Bella.


- Si vas a perder… No tiene caso que participes –Argumentó—. No tiene sentido.


Jessica se colocó frente a ella.


- No puedes saber si vas a ganar o perder hasta que lo intentes.


- Lo sé sin tener que intentarlo –Replicó, Bella.


¿Es que esas dos nunca dejarían de pelear?


- ¡No, no lo sabes! –Repuso, Jessica, frunciendo el ceño―. Te lo demostraré.


Comenzó a avanzar hasta la línea de partida. Su pantalón deportivo no dejaba ver como estaba s herida, pero podían ver la forma como caminaba.


Todos estaban ansiosos, excepto Bella, que creía que ella, definitivamente iba a perder. La carrera comenzó, Jessica dio unos traspiés, pero se mantuvo a la cabeza ante la mirada atónita de los alumnos. De verdad, muy admirable.


Bella observaba, impresionada. No tenía palabras, y en lo único que pensaba era: 'No puede ser'. ¡Jessica Stanley había ganado!


Lesionada y todo, había conseguido el primer lugar y los puntos para su equipo, resultando vencedor.


Stanley sostenía entre sus manos el enorme trofeo del primer lugar, que todos le habían cedido, mientras sonreía victoriosa.


Alice y Rosalie no paraban de alabarla y decirle lo inspiradora que era. Edward volteó y vio a Bella, observando cómo festejaban el logro. Los nervios lo invadieron. Caminó hasta a ella, con una sonrisa curiosa.


- Eh… A veces cosas como estas suceden –Habló. Todos miraron en su dirección-. A mí también me sorprendió…


- Extraordinario –Dijo, Bella.


- ¿Cómo?


- Es extraordinario –Giró sobre sus talones y caminó a los vestidores.


Todos sonrieron. Ella parecía más normal, que antes.

1 comentario:

  1. mini yoooooo

    aki

    maxi tuuu jejeje

    como siempre
    tu muy bien bien !!!
    wiiii*
    k bueno k lo terminastes t kedo divis divis
    como siempre >o<
    sugoiii
    sigue asi y no t distraigas y k este ammmm
    no t distraigan
    hahahahaha adios

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