Disclaimer: Los personajes no me pertenecen ¡Lo saben! Pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes, moviendolos a mi gusto.I Will Make You a Woman
BPOV
Edward estacionó la camioneta en un costado de la carretera. Apagó el motor.
- ¿Edward?
Sus ojos verdes me miraron. Lucían arrepentidos. Sus brazos me rodearon en un abrazo posesivo. Recargó su barbilla en mi hombro y suspiró.
La actitud de Edward había sido distante desde la muerte de Tanya. Tal vez no me había dado cuenta de lo importante que era ella en su vida. Tanya muchas veces se encontraba con él en el pasillo e intentaba acaparar su atención. A ella le gustaba.
Todos pensaban que no me daba cuenta de eso, pero era imposible no hacerlo. Además de que ella era muy obvia, yo la conocía desde hace mucho tiempo.
Por eso su muerte había sido muy dolorosa para mí. Que ella dejara este mundo para ir al de los muertos había resultado un gran shock para mí y para su familia. Incluso para Forks.
Derramé unas lágrimas ante su recuerdo. Pero no fui la única. Edward había comenzado a llorar y sus lágrimas caían en mi blusa. Acaricié su espalda en círculos, esperando que se relajara. Sus lágrimas aumentaron.
- ¿Qué sucede? –Pregunté en un susurro.
La atmósfera se había vuelto más pesada. Él sollozó y me abrazó con más fuerza. A Edward le sucedía algo. Había entrado en un estado de ¿histeria? No tenía idea de cómo definir l actitud de él. Dejé de hacer círculos en su espalda, porque parecía que eso sólo lo ponía peor. Solté un suspiro de frustración. Deseaba saber que sucedía con Edward, calmar sus lágrimas.
Él había estado para mí. Siempre. Desde mi separación con Rosalie hasta la trágica muerte de Tanya. Nunca se apartaba de mi lado.
- Vamos, Edward -Farfullé-. Si no me dices que es, cómo lo voy a saber…
Él balbuceó unas palabras ininteligibles y sollozó. Se aferró con fuerza a mi blusa. Siguió diciendo cosas sin sentido, cosas que no comprendía… Hasta que una palabra que salió de sus labios fue totalmente ilegible.
- Culpa...
- ¿Cómo?
Sorbió los mocos de su nariz. Sus manos dejaron de apretar con fuerza mi blusa; sus brazos dejaron su posesivo abrazo. Se separó de mi barbilla para mirarme con sus ojos verdes. La primera vez que los había visto, los vi resplandecer con inocencia, una inocencia muy infantil. En ese momento, se había teñido de una enorme culpa y agonía. ¿Qué causaba eso?
- Lo siento –Secó los restos de lágrimas. Hice lo mismo.
- No te preocupes –Besé sus labios, pero él se tensó-. ¿Ocurre algo?
- No me siento merecedor de tus besos ni de tus caricias, Bella –Sus palabras me confundieron.
Si él no se sentía merecedor de estos, ¿a quién se los daría?
- Te contaré todo… Pero antes… -Suspiró con fuerza-. ¿Me amas?
- Totalmente –Dije firme y sin tartamudear.
Estaba segura de mis sentimientos tanto como de Edward. Él suspiro, de nuevo.
- Verás, todo comienza la primera vez que te vi. Estabas tan hermosa que me gustaste, es más, pensaba conocerte a fondo para acostarme contigo –Iba a decir algo, pero el levantó una mano-. ¿No crees que si sólo hubiera sido una aventura, no estaría en este momento contigo? –Tenía razón. Asentí-. Pero cuando me enteré que Rosalie y tú eran novias, bueno, me puse celoso… -Se sonrojó. Sonreí. Me parecía muy dulce-. No fui desde el principio sincero. Pero te lo juro, mis sentimientos por ti son genuinos. Si no es así, que me caiga un rayo y me parta en dos –Reí.
- También te amo, Edward –Dije con una sonrisa.
Me sonrió, pero su sonrisa fue muy apagada. Demasiado. La sonrisa no llegó a sus ojos.
- Que Emmett se acostara con Rosalie fue planeado –Abrí los ojos con sorpresa-. Pero te lo aclaro, nadie le puso una pistola en la cabeza para que tuviera relaciones con mi hermano –Eso lo sabía de antemano. Si Emmett la hubiera forzado no habría dicho las cosas que me dijo en el pasillo. Me estremecí-. Y lo de Tanya…
Esta vez estaba sorprendida. ¿Edward era un asesino? ¿Mi Edward? ¿El dulce chico que me mostraba siempre su amor? ¿Él? Me había quedado en shock. No podía asimilarlo completamente. Debía haber otra explicación. La muerte de Tanya había sido un accidente, o eso nos habían dicho.
- D-dime que tú no la mataste… -Rogué. Las lágrimas que estaba reteniendo, encontraron la manera de escaparse y caer en mi regazo. Miré mis manos cruzadas sobre mis piernas.
- No fue a propósito…
- ¡¿Cómo matas sin intención?! –Exploté.
Mis ojos se encontraron con los suyos. Él se encogió. Lo miraba furibunda, pero, ¿de qué otra manera lo podía mirar? Una cosa es que me separara de Rosalie, aunque a ésta nadie la hubiera obligado a engañarme, y otra muy distinta, era matar a alguien, a Tanya.
- ¿Te diste cuenta? –Susurró-. ¿Te diste cuenta que yo le gustaba? –Continuó hablando en susurros-. Ella me quería separar de ti… No podía permitir eso…
- ¿Y por eso la mataste?
- No, no. Entiendes todo mal, amor –Sus ojos se volvieron cálidos-. Yo no la maté. Alice ideó un plan para que dejara de molestarnos… Sólo era descomponer su coche, nada más… -Su voz tenía un tono desquiciado, casi maniático. Temí por mi seguridad-. ¿Cómo iban a saber que los cables que habían cortado y las tuercas que habían aflojado eran los frenos?
- Edward, para –Pedí con la voz rota.
- Yo te quiero para mí… Sólo para mí…
- Edward, por favor, detente –Rogué. Lloraba sin poder contenerme. Estaba muy asustada.
El chico que creía conocer, el chico al cual amo, estaba teniendo una especie de crisis, parecía un loco.
- Eres mía, ¿recuerdas? Te hice mía… No quiero compartirte –Sus manos agarraron mi cabello y lo acarició con cuidado. Temblé.
- M-me estás asustando. Deja esto ya.
Él se acerco hasta mí. Sus labios se entreabrieron y buscaron los míos para unirse en un beso frenético. La lengua de él se metió a la fuerza a mi boca. Intenté alejarlo de mí, pero su cuerpo se apretaba más al mío. Sollocé.
- Shh, shh –Se separó unos milímetros de mi boca y sus ojos se encontraron de nuevo con los míos-. No te asustes… No voy hacerte daño.
Miedo.
- Te quiero –Murmuró contra mi cuello-. Es una excusa muy pobre para todo lo que te hago pasar… -Lamió mi cuello y suspiró-. Pero es la pura verdad.
Sollocé de nuevo. Mi lloriqueó se convirtió en un lamento. Él no era el mismo chico dulce que había conocido. Es más, en ese momento, no estaba segura si este era el Edward real.
Una parte de mí quería creer, que el Edward que tenía ante mí, era sólo un nuevo Edward, y que el otro, era el real, el que siempre estuvo a mí lado. Pero sabía que desear eso era en vano. Él tenía una seria enfermedad mental. Nadie se había dado cuenta, ni siquiera yo, que había pasado mucho tiempo con él. Edward había encontrado la manera de ocultarla, o quizás, simplemente no sabía de ella.
Sus manos se fueron a mis caderas.
- Vamos a hacer el amor, ¿sí?
- Edward… -Susurré-. ¿Me quieres?
- Con toda mi alma.
- Entonces, por favor, déjame ir…
Suspiró. Se separó de mí. Golpeó con fuerza el volante. Respingué y me pegué más a la puerta del copiloto. Agarró sus cabellos y tiró de ellos con fuerzo, desprendiendo algunos. Edward estaba enloqueciendo, literalmente.
- Cálmate –Pedí.
Recargó su cabeza en mis piernas y lloró.
Un par de horas después, se había quedado completamente dormido en mi regazo. Acaricié sus cabellos mientras suspiraba.
Me había enamorado de alguien que me amaba con locura, literalmente. Su amor por mi había sobre pasado los límites de la cordura. Edward haría lo que fuera por estar junto a mí, costase lo que costase. Incluso matar. Me estremecí. Lo amaba. Había llegado en un momento en que creía que lo que yo sentía por Rosalie era amor.
Él me había enseñado lo que realmente era amor. Me había abierto los ojos. Me había mostrado un mundo diferente teñido de rosa. Un mundo aparentemente perfecto, que él había construido con mentiras y trucos. Había disfrazado algo malo en algo hermoso.
Él tenía muchas facetas. Yo, hasta hace poco, sólo conocía una: El lado perfecto de Edward.
Porque para mí, él era la perfección andante. El modelo perfecto de estudiante, hijo, hermano, amigo y novio. Me había enamorado de él. Loca e irremediablemente. Me era imposible creer que ese sentimiento que sentía por Rosalie, no se acercaba ni un poco al que tenía con Edward.
Edward Cullen era mi novio, lo amaba hasta donde ni yo misma me creía capaz y no deseaba separarme de él.
Pero por el momento, era mejor dejar las cosas así.
Separarnos por un tiempo… Sería lo mejor.
FIN
me encanto este fic ya kiero ver la continuacion!
ResponderEliminar