Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer. Y la historia es mía. Prohibido la copia de esta historia.Dale Suave
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El Primer Vistazo
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BPOV
Suspiré.
Me encontraba tras un escritorio abundado de papeles. Mis ojos revoloteaban de un papel a otro, tratando de comprender que decía.
Tenía un enorme dolor de cabeza, que palpitaba mi frente. Con ese día, sería una semana que no dormía. ¿Y cómo hacerlo? Me ocupaba de la vicepresidencia de una importante compañía.
Agarré la taza que estaba frente a mí. Humeando. Aspiré con fuerza el olor. Nada como un café para continuar con un arduo trabajo.
Sorbí un poco.
- ¡Bella! –La puerta se abrió con un enorme estruendo.
Escupí el café sobre algunos papeles y mi ropa. ¡Maldita sea!
Levanté la vista para ver al responsable de esto.
Me levanté de la silla rápidamente y corrí a su lado.
¿Mi nombre?
Isabella Swan.
¿Apodo?
Bella o Bells.
¿Mi ocupación?
Secretaria del Jefe de la Compañía Denali CORP y vicepresidenta.
Suspiré. Mi cabeza dolió aún más.
- ¿Estás bien? –Preguntó con amabilidad.
Asentí débilmente. Levantó mi barbilla y rozó con sus dedos las bolsas bajo mis ojos.
- ¿Desde cuándo no duermes, Bella?
¿Dormir?
La verdad es que no recordaba cuando había sido la última vez que había dormido las ocho horas o más. Mi rutina era de la oficina a mi casa; ahí permanecía una hora y algo, en lo que me bañaba y cambiaba de ropa. Luego era de nuevo a la oficina.
Le sonreí un poco.
- No se preocupe, jefe –Repliqué-. Yo todavía sopor… -La cabeza me dio vueltas y la oficina se me hizo borrosa. Sentí como un brazo me sujetaba por la cintura.
- ¡Isabella!
Arrastró mi cuerpo débil hasta el pequeño sillón que había. Su cálido aliento me llegó al rostro.
- ¡Estás ardiendo…!
Iba a replicar algo, pero todo se volvió oscuro.
EPOV
- Edward –Me abrazó por los hombros un señor de entrados años.
Eleazar, el padre de mi actual novia y la que presumo que llevo ya dos años con ella. No es que fuera una modelo, ni mucho menos, pero ella nadaba en oro. Enserio lo hacía.
Respondí el abrazo con menos entusiasmo que él, y no es que hubiera sido muy efusivo.
Tanya sonreía de oreja a oreja, colgada de mi brazo.
- Edward estudió… ¿Qué me dijiste? –Preguntó.
Suspiré.
Más de cinco veces le había dicho que había estudiado.
- Licenciatura en derechos y contaduría –Respondí, con otro suspiro de cansancio. Eleazar me sonrió.
- ¿Vienes aquí en busca de empleo?
Con que… ¿Una pregunta con maña? Había estudia licenciatura en derecho, es decir, también podría ser abogado. Conocía también la psicología inversa. Había aprendido lo que las personas querían escuchar antes de darle empleo a alguien.
Sonreí con socarronería.
- La verdad es que no –Contesté-. Vine aquí porque Tanya quería que conociera a su adoración –Continué-. No vine con la intención de pedirle un empleo.
Levantó una ceja y Tanya abrió la boca como pez un par de veces.
Tanya era una mujer, en todo el sentido de la palabra, pero era… Estúpida.
Sí, una total y completa estúpida.
Yo no lo era y tenía una paciencia enorme para soportarla. La quería, como quería a mi perrito muerto –que se había muerto porque no le había dado de comer- pero no la amaba.
En cuanto ella me había dicho su apellido, había hecho hasta lo imposible para conquistarla, incluso llevarle rosas rojas.
Eleazar sonrió con aprobación.
- Eres listo –Comentó, casualmente, mientras se metía las manos a los bolsillos del saco-. Serías muy útil para las juntas con otros empresarios. ¿Te interesaría el puesto de vicepresidente?
Sonreí más.
Por eso me había hecho novio de Tanya. Denali era un apellido mundialmente conocido y eso me traería buenos colegas para mi buffet. No planeaba estar tras un escritorio encargándome de estadísticas empresariales. Mi sueño desde pequeño era ser abogado.
Sólo estaría medio año, aprendiendo a moverme entre ellos y sacar a adelante mi sueño.
Extendí mi mano y Eleazar la sacudió. Sentí como si cerrara un pacto con el diablo, porque un escalofrío me recorrió la columna vertebral.
- Quiero que conozcas a tu colaboradora –Anunció.
La sonrisa se me borró. Mis labios se tensaron en una línea recta mientras intentaba descifrar el significado oculto tras esas palabras.
- ¿Mi qué?
Eleazar rió y empezó a caminar hacia los elevadores. Tanya tiró de mi brazo para que avanzara. Pero, sin embargo, mis pies se habían quedado pegados al piso.
Tanya tiró con más fuerza y me arrastró hasta dentro del elevador. Eleazar se estaba arreglando la corbata mientras sonreía con socarronería, al igual que yo había hecho minutos atrás.
- Cuando dice 'colaboradora' se refiere a que… -Tragué en seco.
- Me refiero a que ya tengo vicepresidente… Su nombre es Bella –Prosiguió como si nada-. Tú trabajaras en conjunto con ella.
Me quedé callado. En momentos como esos, era mejor callar y no hablar. Subimos veinticinco pisos hasta detenernos en el último.
Las puertas se abrieron y salimos. Un amplio corredor nos daba la bienvenida a una enorme puerta de roble.
Eleazar caminó con seguridad y abrió las puertas. Íbamos a entrar, pero cerró la puerta tras su espalda. Suspiré mientras masajeaba mis sienes.
Tanya comenzó a parlotear acerca de no sé qué cosas. Cerré mis ojos y aspiré con fuerza. Era un embustero, y eso lo sabía de sobra. Muchos me lo habían dicho. No les hacía caso.
Ella continuó hablando de cosas sin importancia, hasta que la puerta se abrió. Pudo haber pasado media hora o quizás más.
Eleazar asomó medio cuerpo y me miró fijamente.
- ¿Cuándo puedes empezar a trabajar?
Alcé una ceja.
- Desde cuando quiera, señor.
Él sonrió, y suspiró.
- ¿Puedes hacerme un pequeño favor?
No tenía que haber duda en mi respuesta, pero la hubo. ¿Un favor? Asentí, cauteloso. Se hubiera visto mal que le preguntara que clase de favor. Muy, muy mal.
- Mira, seré breve, ¿ok? –Murmuró entre dientes-. Bella acaba de recaer.
Ah, la simplona con la que iba a compartir mi puesto. Resistí la tentación de sonreír engreídamente.
- ¿Me harías el enorme favor de llevarla a su casa?
Asentí.
Saco un papel de su saco y un bolígrafo de punta fina del bolsillo de su pantalón. Anotó algo rápidamente y luego me lo entregó.
Avenida principal, calle diamantes #389, piso 6 depto. 96.
Eleazar me indicó que entrará.
Busqué con la mirada a la mujer con la que iba a compartir mi puesto de vicepresidente.
La ubiqué en el sillón. Entreabrí la boca, sorprendido.
Una hermosa castaña. Tenía curvas donde las tenía que tener y unos senos que te invitaban a tocarlos. Delicadas facciones, parecía una muñeca de porcelana, con las mejillas coloradas y los labios de un suave rosa.
Sentí que mi entrepierna comenzaba a ponerse incomoda.
Me removí, incómodo, mientras me acercaba a ella.
Su respiración era un poco agitada, y su pecho subía y bajaba de manera desigual. Suspiré. ¿Éste pedazo de tentación iba a ser mi colaboradora?
Puse mi brazo izquierdo bajo sus rodillas y el otro a través de su espalda. La levanté con cuidado. Parecía tan frágil entre mis brazos, pero a su vez, tenía un aura de fortaleza. Era una mujer llena de paradojas. Eso me gustaba.
Eleazar enarcó una ceja, y negó con la cabeza.
Desde esa altura, tenía una buena vista de su escote. Sonreí y salí al enorme corredor.
Las puertas del elevador se abrieron, entré con la castaña entre mis brazos.
Con mucho esfuerzo, presioné el botón que me llevaría directo al estacionamiento. Di un rápido vistazo a la chica que estaba entre mis brazos.
En sí, ella le ganaba a Tanya y por mucho. Su falda se subió un poco, dejándome ver más de esas deliciosas piernas.
Solté un bufido. ¿De verdad tenía que trabajar con ella? Sería un peligro para mis planes.
A fin de cuentas, era un hombre.
Las puertas se abrieron. Avancé hasta mi Volvo. El dilema era como meter a la mujer en el auto. La mano que tenía bajo sus rodillas, la usé para abrir la puerta mientras usaba también mi pie. Introduje a Bella dentro, y con cuidado la senté. Las puntas de sus cabellos se habían acomodado en su escote. Cuando me acerqué a intentar ponerle el cinturón de seguridad, su cabello me trajo el aroma de fresias y fresas.
Tuve que usar todo lo que quedaba de mi autocontrol para no despertarla de una embestida con mi miembro.
Arranqué y salí del edificio.
Evité mirarla mientras conducía, pero por alguna razón, mis ojos parecían querer contemplarla todo el tiempo.
- ¿Quién eres? –Preguntó una suave y femenina voz.
BPOV
Mis párpados se me hicieron pesados, pero ya había recobrado la conciencia. Intenté abrirlos. Al principio, todo era borroso y las cosas me daban vueltas…
¡Vueltas!
Me incorporé, cuidadosamente, mientras veía como avanzaba en una calle casi desierta. Me giré para ver al conductor.
- ¿Quién eres?
Mi voz había salido un poco más aguda, a causa del pánico y de la sorpresa.
Él en sí, era muy atractivo.
Orbes verdes, que resplandecían con la luz de los autos de enfrente. Cabellos perfectamente despeinados y de un extraño color castaño dorado. De complexión delgada, pero a su vez, musculosa, sin exagerar. Espalda ancha como de un kilómetro y hombros fuertes.
Me miraba como ido.
- Soy Edward Cullen –Se presentó.
Sonreí.
- Me llamo Bella Swan –Él asintió, como si esa información ya la supiera.
Entonces, me aterré.
¡Es un violador-secuestrador!
Pensé con pánico, mientras veía como su sonrisa era traviesa y juguetona.
- ¿A dónde vamos? –Pregunté, cautelosa.
- Vamos a tu casa –Respondió-. Nuestro jefe, Eleazar, me pidió de favor que te llevará. No pensé que te ibas a despertar durante el camino.
Sonreí. Con que el bueno de Eleazar le había pedido de favor que me llevara a mi casa. Suspiré, aliviada.
- ¿Y en qué área trabajas?
Sonrió de manera engreída.
- Vicepresidencia.
Abrí los ojos sorprendida. Mi sonrisa se borró. Fruncí el ceño. ¿Ese hombre –atractivo- me había robado mi puesto en la compañía que tanto tiempo me había costado conseguir?
Solté un bufido.
- Es una broma, ¿verdad?
Él negó con la cabeza.
El pánico me entró de nuevo.
- ¿Quiere decir que estoy despedida? ¿Qué significa que también estés en vicepresidencia?
Se estacionó frente al edificio donde vivía. Salió del auto para abrirme la puerta. Lo miré de manera desafiante, esperando la respuesta.
Puso una mano en mi cintura y me guió al interior del edificio.
- Responde –Urgí.
Él rió.
Se acercó a mi oído.
- Eso significa que... -Lamió el lóbulo de mi oreja-. Trabajaremos juntos, compañera.
- Eso significa que... -Lamió el lóbulo de mi oreja-. Trabajaremos juntos, compañera.
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