
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. La historia está basada en Kimikiss Pure Rouge, pero no todo es igual, sólo la idea.
El Experimento
.
Edward miraba a través de la ventana de su salón. En su propia burbuja. Sus pensamientos eran tan confusos, una paradoja de sentimientos. Tan metido estaba, que no había notado la mirada inquietante de su rubio amigo, Jasper.
Desde días atrás, él había estado así. Incluso, aún más distante.
Alice, Rosalie, Jasper y Emmett se habían comenzado a preocupar. Cuando le preguntaban al respecto, él sólo sonreía y les decía que eran cosas sin importancia, nada de qué preocuparse. Pero, sí era así, ¿por qué siempre estaba perdido en sus pensamientos?
Jasper que era su amigo de toda la vida, se daba cuenta que no eran cosas sin importancia. Por eso lo miraba así, de lejos. Buscando, que él, en algún gesto, dijera que era lo que le pasaba. Edward siempre se mantenía neutro.
Suspiró.
Las primeras clases se las pasaron así. Edward mirando a través de la ventana, al nublado cielo, y Jasper mirándolo a él, discretamente.
Hora del almuerzo.
El chico de cabellos cobrizos salió corriendo a toda velocidad.
¿Qué pasaba?
Usualmente, Edward almorzaba con todos.
Jasper se acercó a Jessica, que veía atentamente el pizarrón, concentrada.
- ¿Jessica? –Ésta respingó. Se giró a verlo y él le regaló una sonrisa de disculpa-. ¿Sabes a donde fue Edward?
La chica frunció el ceño.
- ¡Y yo que voy a saber! –Gruñó-. Se suponía que íbamos a entrenar juntos…
- ¡Stanley! –Llamó el profesor.
Ella se levantó rápidamente. El rubio se quedo pensativo, de nuevo. ¿A dónde había ido su amigo? Suspiró de nuevo. Comería con Alice.
Edward estaba sentado en un banquillo. Sonrojado, y con los labios entreabiertos de la sorpresa. Bella lo miraba fijamente. Sonrió nerviosamente. Guiñó los ojos. La mirada de la castaña era muy… Lo ponía nervioso. No podía soportarla.
Aunque parecía que con ella no había ningún problema. Sus ojos no pestañaban y lo miraba directamente a sus ojos.
- Eh, ¿cuánto…?
- Silencio –Dijo, ella. Se acercó más a su rostro.
Lo continuó viendo unos segundos más. Él se alejó y ella hizo lo mismo por instinto.
- Es suficiente –Murmuró.
Edward suspiró, aliviado. No sabía cuánto más podía soportar su fría mirada sobre sus ojos. Ella se giró al escritorio. Recargó sus codos en éste y entrecruzó sus manos, para poner ahí su barbilla. Miró a la nada.
- Esto no está bien… -Dijo-. Mi ritmo cardiaco no se acelera.
- ¿Enserio?
Al contrario de ella, Edward sentía que su corazón se saldría de su pecho en cualquier momento. Sus mejillas aún seguían sonrojadas, y el ritmo parecía que nunca iba a desacelerar. Suspiró.
- Pensé que el contacto visual haría que el beso se esterilizaría –Se rascó la barbilla y observó el escritorio, pensativa-. Me pregunto qué falló… -Abrió los ojos un poco-. Quizá deberíamos intentar besarnos de nuevo…
- ¿Eh?
Ok. No esperaba que fuera tan directa. Y que, además, lo hiciera sonar como algo tan insensible, en lugar de algo más dulce y mágico.
- No, no es así –Edward suspiró aliviado. Su rostro estaba más que rojo-. Pensaré en otra cosa… -Se giró al chico y lo miró fijamente-. Quizás deberíamos descansar del experimento… Los estudiantes no deben estar aquí mientras hay exámenes… -Edward respingó-. ¿No lo sabías?
Negó con la cabeza.
Bella se giró y empezó a servir un líquido café en dos vasos transparente de experimentación.
- ¿Qué harás respecto a los exámenes? –Preguntó, Edward
- ¿Eso qué significa?
- Este… -Suspiró-. ¿Los dejarás en blanco, otra vez?
Le acercó un vaso y miró a Edward.
- Quién sabe… Depende de mi estado de humor ese día…
Edward la miró, confundido. Se encogió de hombros y cogió el vaso, lo acercó a sus labios y bebió un poco de ese líquido café. Hizo una mueca. Giró su cuerpo a un contenedor de basura y escupió. Observó a la castaña que bebía como si nada.
- Swan… ¿Qué es esta cosa? –Preguntó con asco.
- Café –Respondió, como si fuera algo normal. Acercó el vaso a su boca y bebió como si nada. Incluso, su rostro demostraba que lo disfrutaba.
Los orbes esmeraldas la miraron. Ella era… Diferente.
El momento más anhelado por todos los estudiantes: la salida. Edward corrió por los pasillos, hasta llegar a su casillero. Cogió algunos libros, mientras dejaba otros. Agarró su chaqueta y corrió de nuevo, en dirección otro pasillo de casilleros.
Jessica se encontraba ahí. Tomando algunos libros.
- ¿Irás a la práctica hay? –Preguntó, jadeante, Edward.
La dio un brinquito. Miró a Edward y luego desvió la vista. Sus ojos estaban apagados y su rostro se mostraba triste. Algo mal había en ella.
- Lo siento, hoy no puedo.
Edward hizo una mueca.
- Sí es por lo que dije el otro día… Lo siento –Se disculpó-. No estaba de humor y me desquité contigo…
- No. No ha sido por eso… -Contestó-. No importa…
- La verdad, no era mi intención decirte que no intentarás jugar –Murmuró-. Fue muy machista de mi parte.
- ¡Ya te dije que no es por eso! –Gritó. Edward la miró, sorprendido. Jessica salió corriendo-. ¡Lo siento!
Edward suspiró. ¿A ella qué mosca le había picado?
En cuanto llegó a su casa, lo primero que hizo, fue abrir su libro de Biología. Era semana de exámenes y no podía darse el lujo de reprobar. Sus calificaciones estaban bien. No eran las de un nerd, pero sí las de lo que le seguían a uno.
La miníma que él había obtenido era una C.
Suspiró.
Leyó una y otra vez el primer párrafo, pero no se podía sacar de la cabeza el extraño comportamiento de Jessica. Ya tendría tiempo para preguntarle.
Al día siguiente, Jasper y él estaban conversando sobre algunas películas.
- ¿Sabes? –Comentó, Jasper-. Mi hermana se ha descontrolado.
- ¿Eh? ¿Por qué dices eso?
Jasper bufó.
- Le importa un comino los exámenes…
- Yo no creo que sea eso –Replicó, Edward-. Más bien, carece de motivos para estudiar.
El rubio soltó una carcajada. ¿Motivos? A Rosalie le sobraban.
- Es el tercer día de la semana… ¡Lo único que hace es estar jugando videojuegos! –Gruñó. Edward rió entre dientes. Al contrario de Rosalie, Alice estudiaba seriamente todas las tardes después de la escuela.
- Va estar bien…
- ¡Hey!
Levantaron la vista.
Se toparon con el rostro apenado de Jessica. Entre sus brazos tenía un libro que aferraba a su pecho.
- Lamento haber interrumpido su conversación, pero, ¿podrían ayudarme con esto?
Les mostró el libro que con tanta fuerza aferraba a su pecho. Un libro de Matemáticas.
Edward sonrió, avergonzado.
- Le preguntaste a la persona equivocada –Dijo, nervioso-. Soy muy malo explicando y dudo que me entiendas bien…
Jessica miró esperanzada a Jasper.
- Igual yo –Respondió.
La chica soltó un suspiro. Su mirada y rostro estaban como el día anterior: tristes. Los chicos se miraron entre sí, y luego la miraron, preocupados.
- ¿Qué pasa? –Preguntó, Jasper.
Jessica miró al piso.
- Dejaré el soccer –Anunció.
Edward se movió incómodo. Ella ya había dicho que no era por lo que había dicho, pero esas palabras le decían otra cosa. Jasper lo miró de reojo.
- ¿Por qué? –Inquirió, de nuevo el rubio-. No creo que sea por voluntad.
Ella los miró.
- El profesor dijo que si repruebo un examen… -Desvió la vista y sus ojos se cristalizaron-. No podré jugar de nuevo soccer hasta que me regule.
- ¿Qué? –Preguntaron al mismo tiempo los chicos.
Jessica suspiró.
- He estado estudiando por tres días sin dormir, pero la presión, el estrés, hacen que nada se me quede grabado en la cabeza…
- Tenemos que hacer algo –Murmuró, Edward.
Jasper asintió, de acuerdo. Estuvieron unos minutos pensando. Nada se les pasaba por la mente. Pero al menos, Edward estaba aliviado de que el no fuera el causante de la tristeza de la Stanley. Suspiraron.
Algo se cruzó por la cabeza de Jasper y les sonrió.
Le dejaron una nota a Rosalie, citándola en la biblioteca. ¿Rosalie? Antes de que ella entrara al High School, era la número uno de todas sus clases. La estudiosa, la modelo a seguir.
Ella llegó puntual.
¿Qué encontró?
A todos sus amigos, Edward, Emmett y Alice; a su hermano y a Jessica. Todos sonreían nerviosamente.
- Pensé que sólo ibas a estar tú, Jasper.
El aludido rió.
- Si te decía la verdad… No ibas a venir…
- Pues tenía razón –Se giró sobre sus talones.
Una mano la detuvo. Una delicada mano. Volteó un poco su cabeza y se encontró con Jessica. Ella le sonreía avergonzada.
- ¡Por favor, Rosalie! ¡No sé a quién más acudir! –Rogó.
- Jessica…
- ¡No quiero dejar de jugar soccer! –Musitó. Unas lagrimillas se encontraban ya en sus ojos.
Rosalie suspiró.
- No sé si yo sea de gran ayuda…
Y así comenzaron a estudiar.
Matemáticas.
Luego de que la corrigiera acerca de lo que hacía mal, ella comenzó a entender. Pronto, Jessica estaba resolviendo los problemas con más facilidad. Rosalie de verdad era buena explicando.
- Terminamos… Sigue historia –Anunció, Rosalie.
Jessica hizo círculos en una hoja de su cuaderno. Pensativa. Esa era su peor materia. Le entraba por un oído y le salía por el otro. No podía recordar fechas.
- Es la materia más difícil para mí –Murmuro-. No puedo… Me es imposible recordar tantas fechas.
- Jessica –Llamó, Alice-. Tal vez, si relacionaras al soccer con algunas fechas, podrías recordarlas con facilidad –Sugirió, con una sonrisa de oreja a oreja.
Jessica asintió energéticamente. Empezó a leer algunas líneas y a murmurar cosas sobre el soccer. Sonrió. Esto era sencillo. Tanto como las matemáticas.
De repente, la mirada de Edward se debió hacía la chica que acababa de entrar. Bella Swan.
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