martes, 1 de marzo de 2011

Lágrimas De Ángel: Santuario

LAGRIMAS DE ANGEL
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SUMMARY: Y mi última esperanza había muerto. Ser aceptado era un sueño, un sueño muy lejano para mí. La realidad era que me discriminaban por mi dinero... AH ExB EPOV
DISCLAIMER: Personajes obra de Stephenie Meyer, la trama es propiedad de AnNeLiCe' y Gely. Prohibido el plagio; evítate problemas.

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SANTUARIO

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Corría por los pasillos de la escuela. Muchos alumnos se me quedaban viendo y susurraban entre ellos. No sabía exactamente de qué o quién huía, sólo tenía esa inmensa ansiedad de salir de ahí, combinado con el miedo. Escuché risillas descaradas por todos lados.


Mi visión se comenzaba a nublar por las lágrimas que urgían escapar de mi rostro. Mi cuerpo entero temblaba y por si fuera poco, había llegado a un pasillo sin salida. Los pasos de algunas personas resonaron en el pasillo desierto.


Ya no había nadie… Solamente yo y mis agresores. Me di la vuelta para encararlo. Pero el alma se me fue. No eran Dimitri y Alec… Eran Emmett y Jasper. Sus rostros tenían una mueca burlona que daba miedo. Sonreían entre ellos, cómplices. Retrocedí lo más que pude hasta que mi espalda tocó la fría pared.


Ellos caminaron con pasos seguros hasta mí. Temblé más hasta que mis dientes castañearon. Mis manos se hicieron puños, y mis nudillos blancos por el esfuerzo. Jasper le dio un codazo a su amigo e hizo un gesto con la cabeza en mi dirección; Emmett sonrió y tronó los dedos de su mano.


—No te fíes de nadie, Edward.


Su mano se convirtió en puño. Tomó impulso para poder propinarme un buen golpe en el rostro. Por los músculos, podía decirse que él era una persona muy fuerte y que me dolería demasiado. Movió su otra mano hasta sujetarme la camiseta y acercarme. Pero, entonces… Al momento en que me golpeaba, vi por el rabillo del ojo a una chica castaña que veía horrorizada la escena, y el golpe pasó a segundo plano. Ahora sólo la veía a ella. Ella...Anteriormente la había visto, ¿pero en qué lugar había sido? Esforcé mi cabeza por distraerme en algo tan sencillo para que el dolor no sea tan fuerte.


La había visto, de eso estaba seguro, pero tan solo recordaba que estaba preocupada por mí, por haber sido golpeado por Demetri y que yo lo había herido a él. Espera, yo jamás he herido a Demetri. Nunca me he podido defender. ¿En un sueño? ¿No había sido en la vida real? Había perdido la noción de cuantas cosas eran verdaderas y cuales sólo un sueño. Aunque, la había visto anteriormente, no recordaba si de verdad lo había hecho o era un producto de mi imaginación. Emmett tiró con más fuerza de mí, listo para darme otro golpe. Yo quería irme de ahí, sacar a la chica de cabellos castaños y huir a donde no pudieran encontrarnos. Tironeé de su mano, intentando quitarla de mi camisa, pero su agarre era firme. Moví mi cuerpo con más fuerza, pero mis pies se enredaron y lentamente sentí como caía al suelo. Ante la mirada de Jasper y Emmett… Y la mirada de ella.


Desperté aún lado de mi cama, en el suelo, jadeando por aire y con el sudor bañando mi rostro. Toqué la parte donde se suponía había recibido el golpe, sólo para comprobar que en realidad no había sido nada más que un espantoso sueño. Suspiré, aliviado. Me senté en mi cama. La cabeza me dolía por el golpe y estaba seguro que más tarde me dolería más.


La chica castaña. Últimamente aparecía constantemente en mis sueños. ¿Una señal? No sabía lo que era, pero cada vez que pensaba en ella o aparecía en mis sueños, mi corazón se aceleraba y parecía que en cualquier momento se saldría de mi pecho y correría por toda la casa. ¿Así de loco? A pesar de no conocerla, algo me decía que sabía más de ella, de lo que me conocía a mí mismo. Reí de mis extraños pensamientos. Me recosté en la cama, dispuesto a dormir. Estaba sorprendido de lo cansado que estaba, en el momento en que había puesto mi cabeza en la almohada, sólo había tenido que esperar unos segundos antes de que el sueño me embargara.


Mañana sería otro día. Posiblemente uno que marcaría mi vida el resto de mis días.


La segunda vez, no soñé nada. Fue inmediato y una negrura era todo lo que podía apreciar. Tal vez se debía a que mi subconsciente se encontraba lo suficientemente cansado como para trabajar, o que ya no quería tener otra pesadilla como la anterior.


Cuando abrí mis ojos por la mañana, lo primero que vi fue el techo. Blanco y con algunos puntos que parecían estrellas. Mi espalda dolía por haber dormido en una posición incómoda. Bostecé. La noche anterior me había despertado una vez, pero después de eso, dormí plácidamente como un bebé.


Esperaba que con la ducha se me quitara el dolor muscular de la espalda, y así fue. El agua caliente se encargó de relajar mis músculos y des-engarrotarlos. Escogí la ropa más cómoda que pude encontrar. Y ese día decidí dejar mi cabello al natural, es decir, más despeinado de lo usual. Mi mochila estaba lista desde el día anterior por lo que ahora sólo me debía preocupar por desayunar bien.


Bajé las escaleras de dos en dos hasta llegar al comedor, donde me sorprendí de ver a mi padre, su vuelo a casa estaba planeado para la otra semana. Saludé a mis padres con efusivos abrazos y un beso a mi mamá; ella me miró de forma extraña, pero no hizo ningún comentario. Subí a mi Volvo luego de despedirme y salí rápidamente a la escuela.


Me sentía libre y renovado. Llegué a la escuela y como siempre, las burlas no se hicieron esperar y los golpes mal disimulados. Pero, extrañamente, no importó. Me concentré en llegar a mi próxima clase y ponerme a estudiar. Los maestros me miraban orgullosos, en especial el profesor Black. Ese día, por más que me hubieran insultado y golpeado, seguía sonriendo. Porque vida sólo había una y no me iba a dejar nunca más.


Entre pasillos me encontré con Jasper, Emmett y las otras dos chicas que me habían saludado y presentado como Rosalie y Alice, respectivamente. Todos se habían portado de manera estupenda que me sentía en confianza.


El día entero, estuve pensando en cómo sería el entrenamiento con Emmett, y no podía evitar sonreír ante la nueva esperanza que surgía en mi corazón. Los golpes habían disminuido al ver que casi no me afectaban, y los ojos de mis compañeros eran envidiosos. Demetri no pisó la escuela en todo el día, pero no podía evitar encogerme ante a alguien con algún parecido a él. En el descanso, fue mejor, nadie me arrojó comida y Emmett me invitó a comer en su mesa junto con Jasper; las chicas habían tenido que resolver algún problema y por eso no se presentaron.


Durante la última hora, no pude ocultar la emoción que sentía y todo mi cuerpo temblaba por la anticipación de lo que ocurriría después. No entendí la mayoría de las cosas que el maestro había dicho, pero encargaría tarea que sería como un repaso a lo que habíamos visto en la clase, por lo que no me preocupé tanto. Así que prácticamente, al sonido del timbre, ya me encontraba en la puerta.


Emmett rió al ver mi rostro entusiasmado. Rodeó mis hombros con su enorme brazo y con aire soñador, dijo:


— ¿Sabes a dónde iremos hoy? —Negué con la cabeza y su sonrisa se amplió—. Hoy, querido Edward, tienes la suerte de entrar a nuestro santuario.


Abrí los ojos. ¿Santuario? Me sentí nervioso. Ellos me estaban invitando a su lugar de reuniones. Me estaban aceptando dentro de su grupo… Iba a ser uno de ellos. Luego de oír esas palabras, no podía esperar para ver el lugar…


… Que resultó ser una fábrica abandonada. Pero eso no le quitó lo cool al lugar, sino que lo hizo parecer como una guarida secreta como en las películas. Como la casa del árbol que nunca pude tener y al club al que nunca me había unido. Todo se concentró en ese lugar.


Había mucha basura por afuera, y el lugar no era muy grande seguramente por eso habían caído en la banca rota y la cerraron. Por dentro estaba recién pintada de color aguamarina y con unos cuantos muebles, incluso un refrigerador viejo. Nada que ver con la apariencia de afuera, llena de grafiti.


— ¿Qué haremos primero? —Inquirí, saltando por todo el lugar, intentando memorizar cada rincón del lugar donde pasaría muchas tardes.


— Wow, wow, wow —Me detuvo, sosteniendo mis hombros. Él, por lo menos, me sacaba una cabeza y media—. Primero, ¿qué es lo que sabes?


Lo pensé unos segundos—. He visto Naruto…


Soltó una carcajada. Lo miré confundido. Repasé lo que había dicho, una y otra vez, hasta que me di cuenta de que era lo que Emmett se reía. Eso había sido tan… ñoño. Mis mejillas se colorearon rápidamente y miré al piso.


—Lo primero: Ten confianza —Agarró mi cabello y levantó mi cara. No me lastimó, pero me hizo sentir patético—. Cuando la sientas… Entonces comenzaremos.


— ¡La tengo! —Exclamé—. Es sólo que no la sacó a relucir mucho…


Volvió a soltar esa carcajada gutural.


—Claro que sí, amiguito. Esperaba esa respuesta de tu parte.


Me sonrió. Entonces, sentí que mi arranque de valentía había válido para algo. Emmett empezó con unos movimientos básicos y fáciles para mí. No parecían muy difíciles, pero al momento de practicarlos, me era imposible realizarlos correctamente.


Mi instructor me puso a saltar la cuerda para ejercitarme. He de confesar que hacía mucho tiempo que no saltaba una cuerda, por lo que se me complicó un poco y tuve unos traspiés. Luego, del refrigerador sacó un trozo enorme de carne. Yo imaginaba que dentro había bocadillos y bebidas, nunca imaginé que habría un enorme pedazo de carne de res.


—Tus bracitos se ven muy flacuchos, así que se me ocurrió traer este pedazo de res que me regaló el carnicero; pude habérmela comido, pero dudo mucho que estuviera en buen estado la vaca para regalármela. Así que… veamos lo que tienes.


Lo colgó de un gancho que sacó de no sé dónde y me puso a golpearlo. A penas si lo moví algunos centímetros. Era muy pesada y me hacía falta ejercitar más. Miré cansadamente a Emmett.


Ya no aguantaba más y le supliqué con la mirada que terminara al fin esta tortura.


—Ok, comenzaremos con un entrenamiento para ponerte en forma —Suspiró y continuó evaluándome—. Eres delgado, por lo que deduzco que comes balanceadamente, ahí no habrá problema. Solo será… Trabajar los músculos, el día de mañana traeré algunas pesas de mi casa, ¿está bien?


Asentí, de acuerdo. Ese día había sido muy cansado y mi progreso muy nulo.


—Ah —Se detuvo, Emmett cuando caminábamos a la salida—. Por mi ayuda el día de hoy, me llevaras a cenar —sonrió de oreja a oreja.


Fue mi turno de reír abiertamente, aunque sabía que sus palabras eran ciertas. Nos subimos a mi Volvo y conduje a la única cafetería en Forks. Emmett pidió varias cosas del menú, que me sorprendió. Él no era gordo, pero tenía una complexión robusta por sus músculos. Levanté una ceja cuando lo vi devorar una alita de pollo.


— ¿Qué? —Dijo con la boca llena—. Quemo calorías en los entrenamientos y me dejan muy hambriento.


Sonreí. Comencé con mi hamburguesa. Debí suponer que con Emmett nunca estaría en silencio. Hizo preguntas sobre mis gustos y lo que no me gustaba. Yo intentaba responder concretamente, pero él lo hacía difícil preguntando el por qué. En vez de enojarme, me divertía su curiosidad, que era como la de un niño de cinco años.


Nunca hubo silencio en la mesa ni momentos incómodos. Continuamos cenando, y al fijarnos en la hora, se habían ido dos horas en la cafetería. Me encargué de pagar la cuenta, advirtiéndole en broma que a la otra le tocaba a él, pero al parecer, se lo había tomado muy enserio.


Volvimos a mi Volvo de camino a casa de Emmett. Alice ya me había guiado una vez ahí y el camino no era muy complicado, con un poco de esfuerzo, logré acertar en la casa de Emmett. Me bajé junto con él para entrar. Tenía una enorme curiosidad por conocer el interior.


Era justo lo que me imaginaba: muy modesto y hogareño. Aspiré fuertemente. Su casa olía a bosque. Mi casa olía a aromatizante de menta.


El teléfono sonó en el momento en que Emmett dejaba su chamarra en el mueble.


— ¿Hola? —Hubo una respuesta por el otro lado del teléfono que lo hizo sonreír—. ¡Bella! Hace muchos días que no sé de ti… ¿Cómo has estado? —Su rostro se volvió angustiado—. ¿Recogerte? No sé. Me encuentro con un amigo… —Otra vez se calló, para escuchar la respuesta—. Sí, ése. Ok, déjame preguntarle —Me miró con ojos suplicantes. Suspiré y asentí cansadamente con la cabeza.


Volvió a coger su chamarra y a colocársela. Salimos de prisa sin saber por qué. Emmett me estuvo diciendo algunas direcciones para tomar. No estaba muy familiarizado con las calles, ya que no salía mucho. Sólo me sabía las básicas. Tras unos minutos, llegamos a nuestro destino.


La casa era como la de Emmett pero en color naranja por fuera, al pie de la puerta había una chica. Emmett se bajó del auto a gran velocidad y corrió a abrazarla. Se quitó la chamarra para colocársela encima. No me había dado cuenta que estaba sin nada con que cubrirse y el clima era helado.


Busqué en el asiento trasero una bufanda que había dejado ahí hace mucho tiempo y una vez que la encontré, abrí la puerta y me bajé para dársela. Me acerqué a ellos. Cuando le extendí la bufanda, la chica levantó la vista.


Era ella.


Literalmente, estaba viendo a la chica de mis sueños.


¡Hola!

Espero que les encante la idea del santuario, en el prox cap habrá mucho misterio y se verá aún más sobre la banda. Anne ha hecho un gran trabajo con esto, disfrútenlo; yo sentí el cap color de rosa. Fue algo que se me hizo muy rápido. Y… ¡Bella apareció! Sí, apuesto a que no lo esperaban… O tal vez sí.

PREGUNTAS EN COMÚN:

¿Por qué Bella se veía tan mal?

¿Qué paso con Emmett?

¿Emmett invitará la cena la próxima vez? xD

¿Cómo reaccionara Bella ante Edward?

Gracias por leer.

1 comentario:

  1. Me encanta tu historiaa..!!! ♥

    Porfis siguela.!!
    Que dias publicas.?
    Cuidate.. Saludoss. ☻

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