SUMMARY: “¿Quién habría pensado que Bella era una completa zorra a los dieciséis años?” Insinuó Sam ojeando el diario de la mamá de su amiga. “Deja de burlarte, Sam, aquí lo importante es saber quién es mi padre.” TH/AH.
DISCLAIMER: Personajes obra de SM, la trama mía, y si hay fics parecidos es mera coincidencia (XD)
…
ACTIVIDADES PECAMINOSAS
EL DIARIO DE BELLA SWAN
RETIRO LO DICHO…
Si no te hubieras ido – Maná.
—Vamos a dar un po
co de repaso. ¿Qué es un átomo, Weber? —llamó el profesor.
—Es la unidad más pequeña de un elemento químico —me sorprende que no se duerma en su clase.
—Si, correcto. Leeré una explicación sobre los átomos:
“El concepto de átomo como bloque básico e indivisible que compone la materia del universo fue postulado por la escuela atomista en la Antigua Grecia. Sin embargo… —y ahí fue cuando dejé de escuchar al profesor de química. Su materia me dormía.
Comencé a divagar un poco dentro de mi cabeza.
Bueno, esta semana ha cambiado demasiado.
En primera, Sam y yo ya no nos sentamos solas en el almuerzo pues Alec nos ha estado invitando a acompañarlo con sus amigos.
Y por ultimo, Riley desapareció de nuestras vidas. Al fin.
Los sueños con el extraño joven y la melodía siguen, principalmente con la canción de Antes de Obie Bermúdez.
Estoy demasiado ansiosa, tal vez al fin aparezca mi padre en el diario de mi mamá. Lo que no sé es lo que haré cuando sepa lo que ocurrió: ¿Lo buscaré como a las demás victimas? ¿O simplemente me olvidaré de él? Aun no lo sé… pero dentro de poco lo descubriré.
Sentí un leve toque en mi hombro. Volteé a ver y era el profesor con cara de pocos amigos, por suerte su mirada estaba dirigida a Sam.
—Le hice una pregunta, McCarthy.
—¿En serio? —no tengo idea por que le contestó así, pero dio bastante risa su expresión.
—Sí, contéstela, me hace el favor —se veía como el profesor no aguantaba tanto a Sam.
—Si me la repite tal vez la contestaría —replicó; tenía que decir que Sam es graciosa sin querer.
—¿Qué son los protones? —masculló el profesor rojo de coraje.
—Partícula de carga positiva —contestó con despreocupación Sam.
—Eso es… —por un momento el profesor iba a decir incorrecto, pero no fue así—… correcto —sin más, el maestro regresó a su escritorio arrastrando los pies y con una expresión de sorpresa.
El resto de la clase fue totalmente aburrida hasta que sonó la campana para que saliéramos al almuerzo.
—Sam, ¿Cómo sabes algo de química? —seguía sin saber como supo contestar.
—Weber, que se sienta atrás, me sopló; al parecer le caigo bien —sonrió satisfecha.
Seguimos caminando para dirigirnos al comedor. En cuanto entramos al lugar, logramos ver como Alec hacía señas muy poco discretas para que viéramos donde estaba sentado. El rojo inundó mis mejillas y me acerqué con una tremenda vergüenza.
— ¿No comerán? —preguntó Alec mirándonos despectivamente a Sam y a mí.
—Yo no tengo hambre, ¿y tú, Nessie? —me preguntó Sam.
No sé por qué pero ahora estaba mucho más roja y me sentía muy tímida. Sólo negué con la cabeza.
El comedor se llenó de ruido y de a poco todos los amigos de Alec se enfrascaron en sus propias conversaciones.
—Oye, ¿tienes ese juego? —preguntó de pasada Alec.
—¿Qué juego? —pregunté por inercia.
—Este —y de nuevo, tomo su verga sobre su pantalón.
—Eres un pervertido —por más que me esforcé, me salió una pequeña risa contenida.
—Pero me sigues queriendo —hizo una sonrisa adorable mirándome a los ojos.
—Esa de rojo, me la cojo —escuché como uno de los amigos de Alec hacia un comentario morboso mirándome. Si, desgraciadamente el albur estaba dirigido a mí; tenía una blusa de manga larga roja.
—Aprende a respetar, Aftón —rugió entre dientes Alec, estaba furioso.
—Creí que tu amiga se llevaba —rezongó Aftón.
—No, no se lleva —no estoy segura si seguían hablando de mí.
—Pues lo siento —contestó Aftón.
—No lo vuelvas a hacer —le advirtió Alec.
Pareciera como si Alec me estuviera defendiendo de otra cosa en vez de una broma. Todo se calmó hasta que el tal Aftón dijo más que una grosería a Alec y ni si quiera sé la razón.
—Eres un hijo de puta —sin previo aviso Alec se le aventó. Empezaron a lanzarse puñetazos a todas partes, creo que Alec estaba muy furioso pero, aún así, estaba perdiendo. Todos en la cafetería se empezaron a juntar en círculo cerca de donde estaban, gritaban una y otra vez “pelea, pelea”. Aftón logró cargar a Alec y lo azotó en una mesa llena de comida, entonces él también se encimó en la mesa y aplastó a Alec. Poco a poco se vio que Alec recuperó fuerza y logró tomarle del cuello a Aftón.
—Con mi madre no te metas, cabrón —y le dio un puñetazo en la cara.
— ¡¿Qué sucede aquí?! —era el grito de nuestro director.
Todos callaron, pero aún así Alec y Aftón seguían peleando encima de la mesa. El director se acercó a ellos y los tomó por los brazos.
—Acompáñenme a recibir su castigo —me habría gustado detenerlo, pero no sabía que decirle para que no se llevara a Alec.
Fue hasta después de clases cuando volví a ver a Alec.
— ¿Estas bien? —le pregunté ansiosa. Después que pregunté me di cuenta que la pregunta era demasiado estúpida viendo en lo que se acababa de meter.
—He estado peor, no me quejo del todo —hasta ese momento no me había dado cuenta que tenía un ojo terriblemente hinchado.
—Por Dios, te ves muy mal —le dije sin pensar.
—Oh, que gran halago —dijo sarcástico.
—Lo siento, es solo que… no sé qué decir después de verte pelear con Aftón.
—Lo sé, ¿y sabes?, no te preocupes, Aftón y yo… somos muy conflictivos, no nos llevamos del todo bien —sonaba demasiado calmado.
— ¿Te golpeaste muy fuerte la cabeza? —le pregunté mirándolo como si estuviera loco.
—Ness, estoy bien. El director no fue tan duro y solo nos dijo que dos sábados ayudaremos a hacer trabajo comunitario en la escuela.
—Me alegro —dije sinceramente.
—Bueno, antes de que iniciara la pelea con Aftón y que el director nos llamara la atención, planeaba decirles a Sam y a ti… ¿que si querían salir hoy? —preguntó nervioso, supongo para ver si lo rechazaba.
—Claro, no tenemos nada que hacer… bueno, sólo leer un diario, pero eso lo podemos hacer mañana, ¿A dónde quieres ir?
—Algunos amigos querían ir hoy a una discoteca a bailar y a tomar unos tragos, ¿te parece?
—Claro, solo le preguntó a Sam. ¿Pasas por nosotras?
—Si, le pediré el auto a Félix; a las ocho estoy en tu puerta. Bueno, nos vemos más tarde. Adiós —me dio un beso en la mejilla de despedida.
En cuanto pasó aquello vi a Sam corriendo a toda velocidad hacia mí.
— ¿Ya nos vamos? —preguntó emocionada.
— ¿Por qué la prisa, qué ocurre?
—Es que los amigos de Alec nos invitaron a una discoteca en la noche, y pues tengo unas ganas de bailar —empezó a dar vueltas a lo estúpido haciéndome reír mucho.
—Si, Alec ya me dijo, pasa por nosotras a las ocho, ¿ya nos vamos? —le pregunté divertida.
—Claro.
En cuanto llegamos a mi casa comimos lo más rápido que pudimos para que nos diera tiempo de arreglarnos.
Yo me planché el cabello para que se viera diferente, y Sam hizo lo mismo.
Me puse un vestido lila sin tirantes y con terminación en globito, también usé unos accesorios plateados y me maquillé ligeramente.
Sam usó un vestido rojo sin tirantes y algo bombeado con accesorios discretos.
Lo que nos sorprendió es que eran apenas las 5 de la tarde cuando ya estábamos listas.
—Oye, ¿y si leemos el diario para no aburrirnos? Nos da tiempo —me propuso Sam.
—Vale.
Sam sacó el diario de su mochila ahora ordenada y empezó a leer.
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ACTIVIDADES PECAMINOSAS
25 de Diciembre de 2005
Querida Carlie:
Hoy ha sido un día extremadamente raro.
Es medianoche y como no puedo dormir, decidí escribir lo que me ha pasado en el día en el libro donde se supone escribo sobre mis victimas.
Acompañé a Rosalie y a Emmett al ultrasonido para ver que sexo es su bebé. Fue muy emocionante para ellos saberlo, te lo explico con detalle:
Carlisle le colocó ese frío gel a Rosalie en la panza y fue recorriendo poco a poco con algo para ver en la pantalla a su bebé.
“Tienen una niña”, anunció el doctor.
“¡Cielos!” gritó emocionada Rosalie. Emmett le dio un beso en la mejilla a su novia.
“Será una hermosa niña” dijo tiernamente Emmett.
“Por cierto, feliz navidad, muchachos”, nos felicitó Carlisle.
“Igualmente”, contestamos al unísono.
“¿Qué hará en año nuevo, Carlisle?”, preguntó curioso Emmett.
“Bueno, estoy de vacaciones con mi ahijado. Pero no tenemos nada planeado”
“¿Te gustaría pasar la cena de año nuevo en mi casa, Carlisle?”, pregunté amablemente.
“Claro; gracias, Bella. Bueno, tengo que hablar con la pareja sobre los cuidados y las fechas próximas del parto, así que ya te puedes ir,” sabía que esas pláticas eran solo para la pareja y como no quería sobrar, mejor me fui.
Ya en el estacionamiento vi a mi camioneta a unos pasos de mí, me acerqué lentamente a ella, caminando feliz de la vida pero, de repente, algo muy desafortunado pasó: un Volvo a toda velocidad chocó con mi monovolumen, haciéndolo puré.
“¡Maldición!”, escuché como el conductor gritaba y se bajaba de su carrocería, me estaba dando la espalda y no lo pude ver del todo bien.
“¿Por qué demonios lo hiciste?”. Le grité desesperada.
“Tranquila… yo…lo siento”, ¿Cómo quería que me calmara después de que destruyeran mi auto?
“¡Hiciste pedazos a mi troca!”, le eché en cara.
“Pero si ya lo estaba” dijo irónicamente dándose la vuelta y dejándome algo deslumbrado. Si lo pudiera describir con una sola palabra sería perfecto. Cabello cobrizo profundamente desordenado que daban ganas de pasar los dedos entre él para ver qué tan suave era, de aspecto fuerte pero sin llegar a los extremos, su camisa, como era estrecha, dejaba ver que tenía un pecho muy bien trabajado; y con unos ojos verde esmeralda que me hacían flotar. Lastima que fuera el estúpido que arruinó mi troca.
“Cállate”, fue lo único que se me ocurrió después de salir del trance que me había dejado su físico.
“Lo siento, se me fue el comentario”. Dijo nervioso al ver que estaba bastante molesta “Yo… puedo llevarte si quieres, luego hablamos a la aseguradora”, se ofreció.
Bueno, no me iba a pasar toda la tarde esperando por unos papeles. Además, quería cenar en casa de los Hale.
“Ok, pero solo lo hago por que me debes un auto”.
El chico sonrió satisfecho.
Estúpido propietario de un Volvo, que no sabe conducir y chocó con mi camioneta. Se formó un profundo silencio en cuanto me subí a su auto, excepto cuando le indiqué cómo llegar a mi casa.
“Gracias”, mascullé mientras abría la puerta del auto.
“Espera” volteé a encararlo. “Ten mi numero del seguro”; me tendió una tarjetita que sólo tenía números; “y, por cierto, Feliz Navidad, desconocida” y lo que me tomó por sorpresa fue el casto beso que me robó. Sus labios se sentían demasiado suaves, deseé ganas de que no parara. Sentí un fuerte cosquilleo entre nosotros, lo cual me sorprende, por que nunca he sentido eso ni con los que he llegado más allá de los fajes. “Adiós”, sonrió de lado. Cuando salí del auto, no pude evitar el sonrojo ni mucho menos la sonrisa de boba enamorada.
No he podido dormir por que sigo recordando al adonis que hizo polvo a mi camioneta. Sus labios me daban ganas de acariciarlos, sus dientes, sus ojos… en fin, es hasta ahora el más guapo que he visto, y dudo que encuentre a alguien más.
Lo que me tiene mal es que no sé ni como se llama, de donde viene, por que nunca lo he visto… y no sé si lo volveré a ver; sólo espero que si.
Adiós, Carlie.
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Pelo cobrizo. Mi corazón se paró al recordar eso.
Ojos verde esmeralda. Y de repente volvió a cobrar vida mi corazón, pero esta vez al mil.
Empecé a gritar como loca. Mi corazón y mi respiración eran erráticos. Salté en la cama una y otra vez, sin importar si me despeinaba o se arrugaba el vestido. Él tenía que serlo, él lo era. ¡Por dios! Hizo que mi madre se sonrojase con solamente robarle un beso.
¡Ese era mi papá! Estaba segura. Una lágrima se derramó por mi ojo sin saber muy bien su significado.
—¡Él es! —grité emocionada.
—¿Qué? —preguntó sorprendida Sam.
—Es mi papá el que destruyó la camioneta de mi madre —dije apresuradamente.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó escéptica Sam.
—Bueno, dijo que su cabello es cobrizo y sus ojos son verdes; no hay nadie más en Forks o en el diario con características parecidas.
—Puede ser, ¿seguimos leyendo? Todavía tenemos tiempo para la disco.
—Si, continua Sam —le dije emocionada y con el corazón a mil.
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ACTIVIDADES PECAMINOSAS
1 de enero de 2006
Querida Carlie:
Acaba de terminar la fiesta de año nuevo en mi casa y estoy totalmente sorprendida.
Yo no sabía que el ahijado de Carlisle era quien hizo papilla a mi troca.
Quiero gritar todo lo que me pasó.
La cena se suponía que iba a ser muy sencilla pero cuando me di cuenta Rosalie, Emmett, James, Victoria, Félix y el ahijado de mi doctor estaban ahí junto con mi padre, y, por supuesto, Carlisle.
Todos, menos Rosalie y Emmett, me sorprendieron, no me había acordado que le pedí a Rose que invitara a algunos amigos.
Cuando vi al ahijado de Carlisle me puse muy ansiosa sin saber la razón.
“¡Eres tú!”, nos gritamos contentos en cuanto estuvimos de frente.
El chico me tendió la mano para besarla tiernamente diciendo: “Me llamo Edward Masen, nunca te pregunté ni como te llamabas en el estacionamiento”
“Soy Isabella Swan, pero prefiero Bella”. Por alguna razón no podía dejar de sonreír y deleitarme con sus hermosos ojos y tampoco podía estar molesta con él por lo de mi camioneta.
“Siento haberte robado el beso… es solo que me nació hacerlo por que pensaba que no te volvería a ver. No vayas a pensar que eso hago con cualquier chica que se me cruza, solo que… sentí como si hubiera sido una necesidad”, a pesar de que lo decía bastante nervioso, fue como si hubiera escuchado las mejores palabras del mundo.
“La verdad, me habría gustado que el beso no se terminara”, las palabras salieron de mi boca sin saber la razón y haciéndome sonrojar como tomate por la vergüenza.
“Te ves muy tierna cuando te sonrojas”, y mi color rojo aumentó de volumen.
“¿Tu también vienes de Chicago?, ¿Igual que Carlisle?”
“Si, vine a pasar la temporada navideña con él, ya que lo vi bastante solo”.
“Que lindo eres al acompañar a tu tío”.
“Lo sé”, dijo con arrogancia fingida, haciéndome soltar una risita.
“En mis vacaciones nunca te había visto en Forks, debo suponer que vienes de otro lado, ¿no es así?”
“Sí, de Phoenix”.
“Bueno, ¿y por qué decidiste venir al pueblo más lluvioso de todo Washington?”, me daba vergüenza tener que decirle: —es solo que en Phoenix los chicos con los que me acostaba siempre planeaban casarse conmigo e intenté probar suerte en Forks, lo cual no salió del todo bien.
“Por razones personales”, dije desviando la mirada.
“¿Tan malo es?”, preguntó intentando mirar mis ojos, yo solo asentí.
Félix se nos acercó en ese instante.
“Hola, ¿qué tal?” saludó alegremente dándole la mano a Edward, “Bella, ¿quieres bailar un momento?”; sin esperar mi respuesta me jaló para poder bailar un poco más apartados.
“¿Quién es él?”, preguntó sin parar de sonreír.
“Edward, el que hizo chatarra a mi troca”, Félix sacó una carcajada estruendosa.
“Bueno, parece que te gusta y mucho”, dijo con picardía.
“¿Qué intentas decir?”
“Sólo que… si quieres algo más con él, no se te acurra meterte en sus pantalones”, me guiñó el ojo.
“Por Dios, no seas ridículo, ni si quiera lo había pensado”.
“Parece un tipo… muy recatado”, dijo mientras miraba algo a mis espaldas muy fijamente, supongo que a Edward.
“No lo creo, te dije que me robó un beso sin conocerme”.
“Pero eso no hace que sea demasiado extrovertido. Puedo apostar que si te quieres meter con él, saldrán mucho”.
“No creo que importe eso…”
“¿Recuerdas que te molestaste con Mike que pasó mucho tiempo para que él quisiera acostarse contigo y que eso te fastidió?”
“Sí… pero, no creo que él sea igual”.
“Bueno, creo que el tal Edwin busca algo más serio contigo, no busca jueguitos”, gruñí entre dientes.
“Se llama Edward… pero creo que yo también quiero algo más serio con él”.
“Bueno, no le rompas el corazón, Bella”, pareciera como si Félix me hablara como si fuera una verdadera zorra, aunque creo que tenía razón… también pareciera que me hablaba por que ya había enamorado a Edward, una parte de mí sabía que era cierto.
En cuanto terminó la canción, Félix me tomó de la mano y caminó decidido hacía donde estaba Edward. “Te la devuelvo” dijo alegremente.
Sonaba Look After You de The Fray. Edward me tomó suavemente de la cintura y yo envolví mis brazos en su cuello. Sentí mis manos sudar y mis piernas temblar mucho, pero a pesar de eso no paraba de sonreír.
“Sabes, eres muy linda”, dijo viendo mis ojos y haciendo que me perdiera en ese color esmeralda.
“Gracias”, susurré.
“Me gustaría… salir contigo”, me invitó en un tono nervioso.
“A mí también”, respondí emocionada.
“¿Qué te parece el jueves? Los demás días voy a ayudar a mi tío en el hospital”.
“Sí, solo que… tendrías que pasar por mí, recuerda que hiciste pedazos a mi camioneta”, él rió divertido.
“De todos modos lo planeaba hacer. Bueno, vamos a cenar, ¿no? Ya son las once y media, y la verdad, es que no he comido desde la una de la tarde”, solté una risita.
Primero fuimos con Rose para decirle que ya casi era media noche y que teníamos que cenar, que se lo anunciara a todos.
Edward se sentó a un lado de mí para la cena. Encendimos la radio para ver la cuenta regresiva. Todos empezamos a contar emocionas los diez segundos que quedaban.
Cuando fue el número uno, Edward me abrazó fuertemente por detrás, “Deseo que nos ocurra lo mejor en este año” me había susurrado en el oído. Me habría gustado besar sus labios suaves y sonrojados, pero recordé las palabras de Félix.
Bueno, hasta las tres de la mañana me la pasé con Edward, bailando, platicando y mucho más, pero como su tío se fue temprano, él también se marchó.
Estoy ansiosa por que ya sea jueves, Edward en verdad me gustó.
Adiós, Carlie.
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Edward. Se llamaba Edward.
Grité como loca.
—Nessie, no te emociones, ¿Qué tal si no es él? —dijo Sam haciendo que me calmara y me enojara.
—Sam, yo estoy segura que es él. Aparte, creo que fue muy lindo.
—Está bien. Oye, aún son las seis, ¿seguimos leyendo?
— ¡Si! —grité emocionada.
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ACTIVIDADES PECAMINOSAS
5 de enero de 2006
Querida Carlie:
Sí, otra noche con insomnio. Creo que le hecho la culpa a Edward por eso.
Ha sido un día bastante divertido. En serio, no me había divertido tanto desde que llegué a Forks.
Edward me invitó al cine a ver una película que se llama Zathura, es como Juman ji, solo que futurista.
Fue un completo caballero, no como mis demás citas. Me abría la puerta del auto, era puntual, él era quien pagaba, me dejo elegir la película… creo que se me hizo bastante tierno.
Mientras esperábamos a que terminaran los cortos de la película empecé a lanzarle palomitas a Edward, comenzando una guerra, hasta que las demás personas nos callaron; fueron unos verdaderos aguafiestas.
En la película, me daba total ternura el chico más pequeño, creo que se llamaba Daniel y Edward me fastidiaba por ello… pero es que se veía bien lindo ese niño.
Cuando salió la hermana “adolescente” de los chicos, creo que Liza, Edward se me quedaba viendo raro. Y pues le pregunté, y me dijo:
“La verdad, siento que te pareces mucho a ella”, me enojé porque yo no era tan payasa, él rodó los ojos; “Me refiero al físico, las dos son muy… guapas”, me sonrojé por el cumplido, pero me sentí celosa de la actriz…
En la escena que salió un lagarto, todos en el cine saltaron y… Edward regó su refresco en sus pantalones.
“Son nuevos”, se quejó mientras intentaba limpiarse.
“Déjame ayudarte”, él se tensó en cuanto dije eso.
“No. Yo puedo solo”, creo que dejó de respirar.
“Vamos, no te violaré”, me reí en mis adentros cuando dije eso.
“No… es solo que… Mira Bella, no quiero tener un problema en mis pantalones el resto de la película y tampoco planeo hacer cosas contigo… en este momento”, creo que muy dentro de él, me estaba llamando pervertida.
“Como quieras”. Sí, estaba ofendida pero de todos modos no pude dejar de pensar como regó el refresco en sus pantalones.
La verdad, aunque no nos hayamos besado ni nada parecido, me gustó salir con Edward, quiero volver a hacerlo.
Adiós, Carlie.
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Terminé soltando un largo suspiro como si estuviera enamorada.
—Sigamos leyendo, por fis —le dije con un puchero a Sam.
—Si, falta mucho para las ocho. Sigamos.
ACTIVIDADES PECAMINOSAS
8 de enero de 2006
Querida Carlie:
Son las tres de la mañana y sigo sin poder dormir.
Si, creo que en tu cabeza ronda que salí con Edward… y tienes razón.
Esta vez me invitó al concierto de un grupo mexicano llamado Maná. La verdad no lo conocía y acepté sólo por que Edward me invitó. Tocan… increíble. Aunque varias letras Edward me tuvo que decir que significaban pues no entendía bien su idioma.
El camino hacia Seattle —que era el lugar del concierto— nos la pasamos platicando, y bueno… la verdad, no sé por qué demonios le dije a Edward la razón del por qué vine a Forks.
“Ya, deja el misterio, y dime porque viniste a Forks”.
“Bueno… es algo vergonzoso… pero te lo diré. En Phoenix cada vez que me acostaba con un muchacho… ellos casi, casi me estaban pidiendo matrimonio al día siguiente, y bueno… tenía dieciséis, y daba terror pensar en una boda. Créeme”. Se lo dije bastante nerviosa, y hasta me estremecí al recordar la primera vez que me pidieron matrimonio.
“Creí que las chicas les gustaba eso… que se acostaran con alguien especial”, comentó distraídamente.
“No me mal interpretes, sólo que… perdí mi virginidad con mi mejor amigo y que digamos fue por curiosidad y no otra cosa”, Edward soltó una carcajada.
“¿Y los demás era por placer?”, cielos, lo decía de una manera que no me sentía tan zorra.
“Esto da vergüenza, ¿sabes?”, soltó otra carcajada.
“Ok. Yo perdí mi virginidad con una prostituta”, no estaba segura si lo decía en broma y lo miré como si estuviera loco, al ver mi expresión se aclaró “Ok, era una broma. La perdí en una fiesta con una desconocida, no quiero recordarlo”, dijo desviando la mirada.
Hubo un momento de silencio hasta que él lo rompió.
“Bueno, dices que escapaste de Phoenix por que te pedían matrimonio al día siguiente, pero… ¿quieres decir que viniste a Forks a conseguir sexo?”
“Si lo dices de esa forma suena cruel. Pero digamos que vine para probar suerte”.
“¿Y la has tenido?”, me atraganté con mi propia saliva cuando me preguntó aquello.
“La verdad no…”, se me quedó viendo como si dijera que siguiera, “He tenido muy mala suerte”; arqueó una ceja al no comprender.
“Te contaré… Llevó ocho meses de abstinencia… bueno, no completa abstinencia. Pero no he podido llegar lejos por los tipos que encuentro”.
“Explícate mejor”.
“Bueno… He estado con cuatro personas y con ninguna de ellas… pues… no he llegado al clímax”, aunque mi voz sonará confiada, estaba totalmente roja y pidiendo que me tragara la tierra.
“Pero… ¿Cómo puede ser eso posible?”, preguntó escéptico.
“El primero… lo tenía chiquito, y pues… no llegó ni a mi entrada. El segundo, era gay y me montaron una escenita de unos homosexuales. El tercero, Hm… era impotente. Y el cuarto… no tenía ningún problema pero su madre nos encontró en plena acción”. Edward se atragantó de tanta carcajada que soltaba.
“Estás loca”, murmuró cuando se recompuso la postura.
“Yo no tengo la culpa, Edward”, el resto del camino nos la pasamos escuchando música.
Teníamos lugares en primera fila, por lo que la euforia se sentía a mil.
La primera que tocaron fue ‘Vivir sin aire’. Edward me explicó que era como si se separara de ella era como vivir sin aire o agua… y me dio ternura como cantaba.
Pasaron como otras tres canciones y a Edward le tendieron el micrófono para que cantara. Y ¡por Dios! Me derrito al recordar como sus delgados y rosados labios acariciaban el micrófono. Y el gesto que hacía cada que cantaba. No estoy segura, pero yo creo Edward cantó mejor que el vocalista.
Después de ello me dijo que la canción se llamaba ‘Si No te Hubieras Ido’, y cuando me explicó la letra se me apretó el corazoncito.
Edward hizo que nos subieran al escenario y bueno… se me ocurrió aventarme como un artista en un concierto de rock.
La gente me cargaba y se sentía increíble, pero cuando vi que Edward se lanzaba y nadie lo cachaba, me morí de la risa. Pobre, debió haber recibido un fuerte golpe… Creo que dejo tan deslumbradas a las chicas que ni lo pudieron cargar.
En fin, me alegro poder hablar como si nada con Edward y también haber pasado un gran concierto. Me cago de la risa al recordar como nadie lo cachó.
Adiós, Carlie.
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Terminamos de leer con una estruendosa risa Sam y yo.
—Que mala suerte tiene el tal Edward… —Sam se estaba burlando.
— ¿Te das cuenta que es al único que le ha dedicado más de cuatro fechas?
—Si, es obvio que le encantó.
—Bueno, sigamos leyendo.
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9 de enero de 2006
Querida Carlie:
Me siento flotar, y eso que no fumé marihuana.
Las plantas de los pies me dan cosquillas, y como que siento un calor dentro de mí a pesar de que está lloviendo.
Sí, son las dos de la mañana y no puedo dormir. Mi cabeza tiene en mente todas las imágenes de Edward: sus ojos color esmeralda que se siente como si mirara dentro de él; sus labios sonrojados que son suaves y dulces; su cabello mojado que está todavía más alborotado de lo normal…
Hoy, o más bien ayer, Edward me invitó a que conociera la casa en la que está con su tío. Para ser sólo de vacaciones me sorprende lo grande que es.
Estábamos al pie de las escaleras, no recuerdo bien que fue lo que nos impulsó, pero el chiste es que me beso de una forma que me sentí única. Aparte de un cosquilleo que sentía en los labios, lo hizo de una manera que me sentí especial… sentí que Edward no era nada igual a los chicos que he conocido. El beso inició dulce y tierno y así terminó, pues… no sentí urgencia por avanzar más. Quería conocerlo poco a poco, sin prisas… y creo que Edward pensaba lo mismo.
Me empezó a guiar por toda su casa, y me angustió un poco la conversación que tuvimos.
“Vine solo de vacaciones con Carlisle, tendré que volver para la universidad en octubre”.
“¿Cómo?, creí que estabas en el mismo curso que yo…”.
“Tengo tu edad, pero me adelanté un año cuando chico… y, bueno, tomé este año de sabático para estar con gente de mi edad. Y… ya estoy inscrito en la Universidad de Chicago”.
“Quieres decir que… te irás en algún momento, ¿cierto?”
“Si, pero tu no te preocupes; falta mucho para octubre.”
A pesar de lo que me había dicho, no me sentía tranquila. Creí que estudiaría aquí.
Edward me dirigió a un piano negro de cola y tomamos asiento en ella.
“Esta pieza es de mis canciones favoritas y te la quiero dedicar a ti”. Distinguí que las notas eran de ‘Solo Déjate Amar’ de Kalimba.
Edward cantaba como un ángel. En el coro empecé a lagrimar por lo que decía, no sé por qué lo hice pero me dieron ganas de hacerlo. Yo sentía lo mismo que decía la canción y bueno, ahora que lo recuerdo estoy volviendo a lagrimar.
Después de eso, vimos la película de Titanic y como toda chica, lloré en silencio a pesar que me diera pena hacerlo frente a Edward.
Edward me presentó a su perrito llamado Jake, me reí por el recuerdo de Jacob… ja, ja. Pero no me calló muy bien que digamos su perro. ¡Me orinó! ¡Sí! Y Edward en vez de regañarlo, se empezó a reír…
Pero, a pesar de eso… la canción que Edward me dedicó me llegó mucho y bueno… se me aprieta el corazón cada vez que recuerdo la forma en que cantó.
Parezco una adolescente enamorada, y lo soy…
“Pronuncié aquellas palabras que juré un
día que no las diría,
me traicioné a mí misma y a todas
aquellas ideas
que cierto día las hice mías;
¿Cómo pudo pasar?,
he abandonado el principio de mis teorías.
Pero cómo no decirme enamorada,
saberme ilusionada,
encontrarme ruborizada,
sorprenderme inspirada,
reflejarme en tu mirada;
si te amo tanto desde el momento de tu
llegada.”
Ese poema lo leí de un libro, creo que se llama Pensamientos de Amor, no tiene autor, pero me siento exactamente igual…
Por eso retiro lo dicho: el amor sí existe a mi edad, en todas las edades, cuando encuentras una verdad es pura y no existe ni celos, rencor, ni nada de eso. Retiro lo dicho.
Adiós, Carlie.
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Cielos, creo que esas eran palabras profundas.
—Sigamos leyendo, aún falta mucho… —me apremió Sam.
—Si, pero… no creo que nos de tiempo de acabarlo hoy.
—Eso no importa. Tenemos muchos días.
—Ok… entonces, lee, Sam.
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ACTIVIDADES PECAMINOSAS
10 de enero de 2006
Querida Carlie:
Ok, son las tres de la mañana y sigo sin poder dormir.
Creo que Edward hace que me mantenga ansiosa, pero da igual, me encanta estar con él.
¿Puedes amar a alguien en diez días? Bueno, yo digo que sí.
Fuimos a bailar en la noche y bueno, no sé bailar muy bien que digamos. Y Edward… puede que sepa bailar salsa, merengue, reggae, ska, tectónica y muchas más, pero lo que descubrí hoy es que no sabe bailar reggaetón.
Y fue muy chistoso, por que sinceramente, yo tampoco lo bailo muy bien.
Comencé a mover mis nalgas de una forma que hasta me avergüenzo en este instante… intenté que mis caderas se pegaran a las de Edward pero él se incomodó, de la cercanía. Supongo que Edward, para no hacerme sentir mal hacía pasos estilo de los 70’s haciendo el ridículo y provocando que me divirtiera.
Yo hice lo mismo para que al menos fuéramos los dos quienes caían en el ridículo. La gente empezó a formar un círculo a nuestro alrededor, para presenciar nuestra vergüenza, y a pesar de eso… me seguí divirtiendo. La música cambió a rock de los 70’s, y fue mucho más cómodo.
En fin, tal vez Edward y yo no sepamos bailar reggaetón y nos incomode intentarlo… pero ¿qué más da? Me divierto con su presencia.
Adiós, Carlie.
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Ya veo de donde lo saqué: yo tampoco bailo reggaetón.
— ¿Qué tierno, no? —dijo Sam.
—Sí, me pregunto por que ya no están… juntos… —comenté pensativa.
—Eso hay que leerlo… son las siete y media. Leemos una fecha más y nos retocamos el maquillaje, ¿vale?
—Sip.
ACTIVIDADES PECAMINOSAS
12 de enero de 2006
Querida Carlie:
Otra noche sin sueño. Estoy con el corazón acelerado, me sorprende no poder dormir a pesar de todo lo que he hecho hasta hace poco.
Edward me invitó a cenar y fue formal. En un restaurante italiano.
No recuerdo las conversaciones que tuvimos, pero todo fue tan… lindo y divertido. Edward tiene sus errores, pero lo adoro por eso.
“Sabes, quiero regalarte algo”, me dijo Edward buscando algo en su bolsillo.
“Edward… no, la verdad, me da pena que me regales cosas. No tengo nada que darte”.
“Bella, es un regalo; no es necesario que me lo pagues”, Me respondió divertido.
Sacó una pulsera de plata con un dije de una mariposa; parecía ser de un diamante. Era azul y brillaba mucho.
“Oh, por Dios. Es… hermoso. Gracias”, dije nerviosamente, como acto involuntario me la pasé mordiéndome el labio.
Después de cenar a Edward se le ocurrió brindar, lo malo fue que… no salió del todo bien.
“Brindemos por tu monovolumen, que nos hizo conocernos”, antes de chocar la copa, el brazo de Edward tiró la botella de vino y se rompió su copa por que la soltó.
Él se quedó congelado, y de repente se empezó a reír y, claro, yo lo acompañé con las carcajadas.
“Tengo muy mala suerte”, murmuró.
“Yo igual, pero me encanta nuestra mala suerte”, sonó estúpido lo que dije, pero al parecer a Edward le gustó pues me regaló una sonrisa torcida que me dejó sin habla.
Hubo algo muy divertido que ni si quiera pasó por mí cabeza.
Edward se levantó para ir al baño, pero un mesero con una charola llena de postres estaba detrás de él. De repente Edward golpeó con su cabeza la charola y un pastel salió volando hacia mí.
Estuve embarrada de pastel, pero en vez de enojarme con Edward o el mesero, me empecé a reír.
Edward tenía la cara totalmente angustiada y el mesero lleno de sorpresa. Sus expresiones eran divertidas.
El vestido se hecho a perder… pero de todos modos no me gustan tanto, y la verdad es que me la pase muy bien.
Edward es totalmente diferente a todas mis victimas, especialmente por que es perfectamente imperfecto…
Si, suena muy cliché, pero a pesar de eso, es cierto, y me gusta su forma de ser, con sus defectos y virtudes.
Adiós, Carlie.
.
Creo que si se separaron por un error y no por que él la abandonó. En realidad, no lo sé, pero me gustaría pensar eso. Que en verdad la quiso y la amó como ella a él.
Sam y yo nos retocamos el maquillaje y escuchamos como el timbre sonaba. Era Alec y uno de sus amigos, creo que un tal Tyler.
Llegamos a la discoteca y estaba llena de gente, seguramente por que era viernes, en fin. La música era electrónica y me puse a bailar con Alec.
Él me tomó de la cintura mientras yo tenía los brazos alzados, estuvimos “bailando” o al menos eso intentábamos hasta que me cansé.
— ¿Podemos ir a un lugar… con menos gente? —le grité para que me escuchará, ya que la música nos impedía hablar normalmente.
—Ese es el chiste de estos lugares —me respondió de igual forma.
Ja, que chistosito. A pesar de lo que me dijo, me tomó de la mano y salimos de ahí para tomar aire. En la calle estaba lloviznando pero no le tome tanta cuenta a eso, me quedé parada admirando los ojos azules de Alec, y también su rubio pelo humedecido, se veía tan… sexy.
—Hay algo que he querido hacer desde que te vi en mi casa —susurró. Yo estaba perdida en la forma en que sus labios se movían para hablar. Me daban ganas de tocarlos para comprobar si eran tan suaves como me los imaginaba, o si sabían de la misma forma o si…
— ¿Ness? —al parecer me había quedado mucho tiempo imaginando cosas y no le prestaba tanta atención.
—Lo siento. Has… lo que querías hacer —dije nerviosamente.
—Solo que… cierra los ojos —y yo bien obediente los cerré. Sentí su acompasada respiración muy cerca de mi boca; podía oler su aliento y sentirlo. Mi respiración se hizo más profunda, como si intentara de no ahogarme o dejar de respirar. Luego, sentí algo tocar mis labios, obviamente supe que eran sus labios. La forma en que me imaginaba cómo se sentirían sus labios no le hacían nada en justicia, nada. Poco a poco, fue moviendo sus labios y yo intenté que fuéramos acompasados.
En las películas dicen que un beso se siente como mil descargas eléctricas, y una mentira, puedo jurar que se sienten mucho más… se siente como si el tiempo no transcurriera, que se congeló para que ese momento se volviera infinito y nunca se acabe, pero esa sensación se acaba en cuanto te separas.
Puede que el beso haya sido torpe… pero sé que fue mi primer beso. Torpe, pero el primero.
Te extraño más que nunca y no sé qué hacer.Despierto y te recuerdo al amanecer.Me espera otro día por vivir sin ti.El espejo no miente, me veo tan diferente.Me haces falta tú.La gente pasa y pasa siempre tan igual.El ritmo de la vida me parece mal.Era tan diferente cuando estabas tú,Sí que era diferente cuando estabas tú. No hay nada más difícil que vivir sin ti.No.Sufriendo en la espera de verte llegar.El frío de mi cuerpo pregunta por ti,Y no sé donde estás.Si no te hubieras ido sería tan feliz. .
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