sábado, 6 de noviembre de 2010

7.- Pervertido Sobrino


SUMMARY: “¿Quién habría pensado que Bella era una completa zorra a los dieciséis años?” Insinuó Sam ojeando el diario de la mamá de su amiga. “Deja de burlarte, Sam, aquí lo importante es saber quién es mi padre.” TH/AH.

DISCLAIMER: Personajes obra de SM, la trama mía, y si hay fics parecidos es mera coincidencia (XD)

ACTIVIDADES PECAMINOSAS

EL DIARIO DE BELLA SWAN

PERVERTIDO SOBRINO

—No, claro que no —dijo soltando una sonora carcajada—. Vivo con mi hermana y sus endemoniados hijos —se escuchó como abrían la puerta del recibidor—; y hablando del rey de Roma…

Cuando volteé a ver, había un chico sexy, rubio y con una chaqueta de cuero…

—¡Jane, ya voy! —gritó con voz irritada el chico sexy.

—Deja de pelear con tu hermanita, ¿quieres? —Félix reprendió al joven.

No me había dado cuenta que una pequeña niña se encontraba detrás del chico; rubia, de aspecto de siete años y muy linda. El chico no había notado nuestra presencia hasta hacia poco.

—¿Quiénes son ellas, Félix? —preguntó señalándonos despectivamente.

—Son las hijas de unas amigas —contestó Félix con despreocupación.

—OK —dijo distraídamente el chico mientras se acercaba poco a poco hacia nosotras. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, tomó la mano de Sam a modo de saludo.

—Hola, preciosura —le besó la mano—. Me llamo Alec, ¿y tú? —le guiñó un ojo.

—Quita tu sucia boca de mi mano, estúpido —Sam le jaloneó su mano hasta librarla de su agarre. Félix simplemente rió. Si, Sam fue muy grosera, pero ella es así… Alec solo hizo una mueca de disgusto, y se volteo para verme, en verdad era muy guapo.

—¿Y tú, cómo te llamas? —esta vez no lo hizo de forma que pareciera coqueteo, me ofendió eso…

—Nessie —contesté fría.

—¿Cómo el monstruo del lago Ness? —preguntó divertido.

No pude evitar el sonrojo al decir eso; odiaba mi apodo. Asentí, tímida.

—¿Y tu amiga como se llama?

—Sam —susurré en respuesta.

—Bueno, en fin; las dos son muy extrañas… —se volteó para ver a Félix—. Tío, Jane quiere ir a la feria.

—¿Y…?

—¿La puedes llevar? —preguntó irritado Alec.

—No; estoy ocupado, sobrinito.

—Pero si eres un holgazán y mantenido, al menos ve a hacer algo por mi hermanita.

—Hazlo tú, yo no pienso mover un solo dedo por pasearla.

—Gracias —farfulló con ironía Alec.

—Espera —dijo Sam antes de que Alec y al parecer su hermana Jane salieran de la casa—. Yo quiero ir a la feria —anunció en tono infantil y con una sonrisa adorable mi amiga.

—Puede venir con nosotros, Alec —no era una pregunta sino una afirmación.

—Por favor —susurró en tono de suplica Sam.

—Si, Alec; me cae bien ella —me encantan los niños chiquitos; no te conocen y ya les caes bien sin tener que hacer algo.

—¿Yo te caigo bien? —pregunté con una enorme sonrisa.

—¡Sí! —contestó Jane.

—Entonces, ¿nos llevas? —preguntó Sam dirigiéndose a Alec.

—Vengo en moto, y solo puedo llevar a una, y será mi hermana; lo siento, pero no.

—No te preocupes, venimos en mi coche —sin más, salimos de la casa con una sonrisa arrogante y dejando a Alec un poco enojado.

En cuanto llegamos a la Feria, Jane tomó de la mano a Sam para llevársela a todos los juegos. Creo que Jane se lleva muy bien con Sam por que ésta se comporta como de su edad cuando no lo es.

—Nos dejan solos a nosotros —bufó, ceñudo Alec.

—Sí, pero deberíamos de estar haciendo algo en vez de esperarlas a ellas —dije alzando mis manos para señalarlas en los puestos de comida.

—Tienes razón, ¿hay algo en especial que quieras hacer? —cuando no se portaba grosero podría llegar a ser bastante agradable.

—¿Qué tal la rueda de la fortuna? Tengo mucho tiempo sin que me suba a ese tipo de juegos —le ofrecí.

—Claro, ven —tomó mi mano y nos echamos a correr para llegar a la fila de la rueda de la fortuna.

—No te he viso en el Instituto, ¿en qué año vas? —pregunté haciendo platica mientras esperábamos.

—Pues yo si te he visto y a Sam también; sólo que no conocía sus nombres. Estoy en el segundo semestre, es increíble que nunca me hayas visto.

—Soy distraída. Yo también voy en el segundo semestre; no tengo ninguna clase contigo, ¿o sí?

—No, pero comparto una con tu amiga.

—Oh —luego de eso, siguió un profundo silencio hasta que entramos al juego.

Alec se veía notablemente nervioso, estaba totalmente rojo y todo el tiempo mantuvo sus ojos cerrados en el juego. Me dio risa su cara.

—¿Qué?, ¿le tienes miedo a las alturas?

—¡No! —su grito salió ahogado.

—Yo creo que sí; necesitas relajarte.

—Que no tengo miedo.

—¿En serio? —tuve una idea un poquito cruel.

—Si, en serio.

—Está bien —empecé a balancear la canasta para delante y atrás mientras reía de la cara que puso Alec.

—¡Basta! —chilló desesperado.

—Admítelo —grité.

—¿Admitir que? —preguntó abrazándose a sí mismo.

—Que tienes miedo.

—¿Es necesario decirlo?, digo, porque estoy a punto de orinarme, ¿no te basta? —decía con un tono raro.

—No, eres orgulloso; tienes que admitir que eres un cobarde.

—Eres cruel, Nessie.

—Y tu un gallina, Alec.

—No lo admitiré.

—Bueno, yo no pararé de hacer esto —dije aumentando la fuerza en el impulso.

—Ok, tengo miedo; basta, por favor —admitió al fin. Paré de hacer eso.

—Pensé que sería más divertido —murmuré un tanto molesta.

—Yo creí que sería menos alto… —dijo Alec viendo hacia abajo.

—Miedoso.

—Tonta.

—Idiota.

—Babosa.

—Estúpido.

—Tarada.

Nos la pasamos el resto del juego ofendiéndonos, Alec hacia el intento de disimular su miedo, pero no lo logró.

Cuando bajamos, los dos estábamos demasiado irritados por estar con el otro; vimos a Jane y a Sam cerca de un juego que daba vueltas demasiado rápido, y luego las daba para atrás.

—¿Se divirtieron en la rueda de la fortuna? —preguntó Sam divertida.

—No —respondimos al unísono Alec y yo.

—Bueno, nosotras queríamos subirnos a este, ¿les parece? —preguntó Sam dejando el tema.

—Yo quiero ir contigo —corrí para abrazar a Sam.

—¡No! ¡Yo quiero con Sam! —dijo molesta la pequeña Jane.

—Tú ya estuviste con ella —resoplé; increíble, ahora discutía con una niña chiquita.

—Déjala, Jane; yo me subiré contigo —dijo Alec con tono cansado.

—Pero yo quería con Sam —hizo un pequeño puchero Jane. Me dio ternura, y estuve a punto de ceder.

—Luego me subo contigo, chiquita —le dijo Sam en tono tierno a Jane.

—Ok —se aguantó Jane.

Fue muy mala idea que Alec se subiera al juego, cuando bajamos empezó a vomitar, fue bastante asqueroso; y bueno… yo también vomité por el asco que me dio verlo.

—Tienes un estomago muy débil —comentó Sam divertida hacia Alec.

—Deja de molestar.

—¡Huy! el niño ya se enojo —Sam lo dijo en un tono aniñado, haciéndole burla.

Pasamos muy cerca del carrusel; donde hay animales de plástico que dan vueltas.

—¡Yo quiero el caballo! —chilló muy emocionada Sam.

—¡No, ese yo lo quiero! —gritó enfurecida Jane por la idea que no se iba a subir en el caballo imaginario.

Simplemente se fueron corriendo y peleando por el juego.

—Tu amiga es muy graciosa e infantil —comentó divertido Alec.

—Ah ¿sí?, te gusta, ¿no es así? —pregunté fingiendo no interesarme.

—Bueno… es linda, pero creo que no —dijo sin importancia, yo no pude evitar sonreír.

Vimos como Sam y Jane compartieron el caballo en el carrusel.

—Oye, la otra vez vi a tu ex primo —comentó Alec

—¿Qué ex primo? —pregunté sorprendida y con el ceño fruncido.

—Este —y tomó su verga encima de su pantalón, soltando una carcajada.

—¡Eres un pervertido! —exclamé dándole la espalda y empezando a caminar a no-sé-donde.

—¡Oh, vamos!, no me digas que nunca lo habías escuchado —él me siguió.

—No, nunca lo había escuchado y tampoco me habían Hecho esa broma —me volteé para verlo a la cara.

—Para todo hay una primera vez, ¿no? —le volví a dar la espalda para seguir mi camino.

—Eres increíble —mascullé.

—Ya, está bien. Me pasé, perdón —me di la vuelta para verlo; él seguía sonriendo.

—No, no lo dices sinceramente.

—Es que es una broma… je, je; tómalo con calma, ¿va? —me extendió la mano para chocarla.

—Ok —e hicimos un saludo un tanto extraño; un chócalas con un puñetazo en la mano.

Sam y Jane volvieron corriendo. Sam, al ver que ya no estaba tan enojada con Alec y viendo las sonrisas que traíamos los dos, alzó las cejas en tono insinuante; yo solo puse los ojos en blanco.

—Alec, quiero un peluche —Jane señalaba un puesto de tiro al blanco donde te puedes ganar un juguete.

—Claro, linda —le acarició los rubios cabellos a su hermana y se fue al puesto de tiro al blanco. Nosotras lo seguimos.

—Tres balas, por cinco dólares —dijo un señor fornido cuando estuvimos cerca del puesto. Alec puso cinco billetes en la barra; el señor le dio un rifle cargado con balas de plástico para que jugara.

—¿Me das un beso de buena suerte? —le preguntó Alec a su hermana; ella le dio uno tronado en la mejilla. Que tiernos.

En el primer tiro, Alec lo falló, no le dio al pato.

El segundo, le logró dar.

Y en el tercero, lo volvió a fallar.

—¿Qué gané? —preguntó emocionado Alec; el señor le enseñó dos peluches del tamaño de mi mano; una jirafa, y un osito. Jane tomó el osito.

—Gracias, hermanito —dijo con voz chillona Jane y le volvió a dar un beso en la mejilla.

—Bueno, sigo yo —dijo Sam muy emocionada.

El señor le dio el rifle. Sam empezó a tirar a lo estúpido, cuando me di cuenta había tirado a los tres patitos.

—Voy de cacería con papá, ¿recuerdas?— dijo excusándose.

Le mostraron un oso panda gigante. Sam lo tomó y lo abrazó muy fuerte; Alec se quedó con cara de sorpresa y Jane se rió divertida.

Fuimos a otro puesto donde tenías que aventar aros y tenían que entrar en botellas de vidrio.

Esta vez yo jugué, y me fue bien; metí tres aros de cinco, lo malo fue el premio que me dio la señora que atendía. Fue una caja llena de huevos, y creo que estaban echados a perder.

—Oiga, este no es un premio —me quejé con la señora.

—Aguántate, niña; eso es lo que hay.

—¡No es justo! —le gritó Sam a la señora.

—¿A ti que te importa? —le acusó la señora.

Sam estuvo a punto de lanzársele a la enorme señora, pero Alec la detuvo jalándola por los brazos y deteniéndola de la babosada que iba a hacer.

—¿Qué haré con esto? —dije ya lejos del puesto y haciendo una cara de asco.

—No lo sé, tal vez nos sirva para algo. Guárdalo —me sorprendió que Sam dijera eso ¿guardar esos huevos?, ¿para qué?

Antes de tirarlos en un bote, Sam me los jaloneó, —Te dije que los guardaras; mejor dámelos —fue un poco brusca.

Fuimos hacia el auto para guardar los huevos, y al parecer Jane estaba cansada.

—¿Puedo irme con Sam? —preguntó cerrando los ojos Jane.

—Claro —le contesté.

—Pero tu ve con Alec; sólo quiero estar con Sam —fruncí el ceño sorprendida.

—¿Alec, hay problema con ello? —preguntó Sam.

—No, no hay problema. ¿Nos vamos, Nessie? —asentí con la cabeza un poco patidifusa y me dirigí a sentarme detrás de él en la moto.

—Espero que te guste la velocidad —gritó antes de arrancar.

Y cielos, se sentía genial, aunque el casco me incomodó demasiado. Íbamos siguiendo al coche de Sam, pero ésta se estacionó cerca de un parque; nosotros también lo hicimos.

—¿Qué pasa? —pregunté corriendo hacia ella.

—Creo que sería buena idea pasear por la noche; quiero sentir aire —contestó extendiendo sus brazos hacia el cielo.

—Me parece genial —comentó Alec. Todos voltearon a verme, supongo a esperar mi opinión.

—Está bien —solté una risa.

Sam sacó los huevos quien-sabe-por-qué, pero lo hizo. Y nos fuimos caminando por las casas.

—¿Por qué Félix vive con ustedes? —pregunté curiosa.

—Bueno, digamos que fuimos unos accidentes mi hermana y yo; y como mi mamá no podía cuidarnos sola, mi tío le ayuda; pero para mí en realidad es una carga más en la casa —rió melancólico—, es como si fuera alguien más a quien cuidar. Pero es un gran tipo.

—Ness también fue un accidente —comentó Sam, divertida.

—¿En serio? —preguntó Alec.

—Bueno, en realidad no lo sé. Mamá dice que papá se fue por un error. Estoy descubriendo quién es hasta ahorita.

—¿A qué te refieres?

—Mi mamá piensa que hasta ahorita tengo la suficiente madurez para entender lo que pasó.

—Entonces, hasta ahorita te está diciendo la verdad, ¿cierto?

—Sí, solo que… en vez de decirlo, estoy leyendo su diario cuando se embarazó de mí.

—Es demasiado divertido, por eso fuimos con tu tío —intervino Sam.

—No entiendo… —dijo confundido Alec.

—Bueno, mi madre era muy liberal cuando joven… y digamos que vino a Forks para tener noches de sexo —solté una carcajada—, pero en vez de eso, tuvo todo lo contrario; las peores noches de su vida.

—¿Quieres decir que tu mamá escribía en su diario con quien se acostaba, pero que nunca tuvo un buen polvo?

—Exacto, solo que todavía no he llegado a saber quién es mi papá.

—¿Mi tío que tiene que ver?

—Resulta que fue una de sus víctimas, pero que de igual forma que las anteriores salió mal.

—Dime un ejemplo de “las peores noches de su vida” —dijo simulando las comillas en el aire.

—Una vez se iba a acostar con uno que era gay, pero ella no lo sabía; él tuvo mucho miedo cuando pasó, aunque no tuvieron nada. Al final, mi mamá terminó en medio de una escena con dos gais teniendo sesiones de besos —Alec se carcajeó.

—Supongo que le fue muy mal, y dime, ¿con mi tío le fue tan así?

—Sí. Estaban a punto de llegar al orgasmo, pero tu abuela los encontró así y sacó a mi mamá de la casa.

—Oh, por Dios —decía entre risas Alec.

Era muy cómodo hablar con él sobre eso; creo que inspiraba bastante confianza.

—Saben, me pregunto por qué no nos habíamos llevado nunca en el instituto —dijo Alec pensativo.

—Yo no te hablaba por qué te me hacías un niño de mami —respondió Sam.

—Yo nunca te he visto hasta hoy.

—Soy algo tímido; en especial con chicas lindas —se defendió Alec del insulto de Sam.

—Eso no aparentabas cuando saludaste a Sam —comenté.

—Bueno… eso tiene explicación, aposté con mi tío que podía coquetear con una chica linda y ligármela al instante, solo que ustedes son muy extrañas. Perdí la apuesta —se encogió de hombros.

Seguíamos caminando con huevos apestosos por la noche; cuando de repente a Sam se le ocurrió algo:

—Aquí es donde vive el profesor de química —señaló una pequeña casa —; hay que usar los huevos en ella.

—No creo que sea buena idea —dijo Alec nervioso pero cuando menos nos dimos cuenta, Sam había lanzado un huevo en la puerta; se empezó a reír como loca. Al ver la divertida expresión de mi amiga, yo le seguí.

—Tome eso, curso de regularización —ese y otro tipo de comentarios gritábamos Sam y yo.

—Deben de parar; puede llegar la policía —chillaba Alec.

—¡No seas aguafiestas! —gritó Sam.

Pero Alec tenía razón, cuando dijo eso Sam, se vieron los colores representativos de un coche-patrulla.

—Quedan detenidos por alterar el orden —dijo el policía que estaba metiendo a Sam al auto.

—Pero si soy inocente —decía Alec como niña chiquita.

—Mejor cállate, Alec —mascullé.

Bueno mi sábado fue un tanto raro; conocimos a otra “victima de mamá”, salimos con su pervertido sobrino a la feria, nos “vengamos” del profesor de química y fuimos detenidos. Sí, creo que había sido genial.

Cuando llegamos al departamento de policías, a Alec, Sam y a mí nos metieron en una pequeña celda, mientras que a Jane la dejaron estar afuera acompañando a uno de los policías.

—Muy bien, soy Mark, muchachos; denme sus nombres.

—Yo me llamo Renesmee Swan, ella Samantha McCarthy, él Alec… ¿Cómo te apellidas? —le pregunté a Alec en susurros.

—Volturi.

—Igual que mi doctor —sonreí al recordar el día de ayer —. Alec Volturi y la pequeña que está afuera con usted, es Jane Volturi —respondí señalando a mis amigos respectivamente.

—Sé que atacaron la casa de un profesor con huevos podridos, lo que no sé es ¿por qué demonios lo hicieron? —preguntó un policía caminando alrededor de la celda una y otra vez.

—Tres palabras, oficial: curso de regularización —respondió Sam aburrida.

—¿Y eso que tiene? —preguntó frustrado Mark.

—¿Sabe lo que es estar en las vacaciones de Navidad teniendo clases de química? —pregunté devuelta.

—Oh. Entiendo —susurró el oficial —. Bueno, como son menores y no causaron tantos problemas, llamaremos a sus padres o a un mayor para que los recojan —tomó el teléfono —. El numero de tu casa, Swan.

Le di mi número.

—Samantha… ¿tú papá es Emmet? —le preguntó Mark.

—Sí, ¿Por qué?

—No necesito tu teléfono, al parecer eres igual de busca problemas que tu padre —Sam sonrió en respuesta —. Volturi, el teléfono de tutor.

Procedió a darle el número, que me di cuenta era el de Félix, lo supe porque lo buscamos en el directorio.

—Vale, les explicaré lo que pasó, van a recibir un buen castigo, jovencitos.

Nos quedamos en silencio, hasta que Jane se acercó a las rejas que nos dividían.

—¿Quién es tu mejor amiga? —había preguntado una curiosa Jane dirigiéndose a Sam.

—En realidad, nadie —¿Qué diablos decía Sam?, al ver la cara de confusión de Jane, aclaró—. Bueno, creo que todos los amigos que tengo se complementan entre sí; pero no tengo un “mejor amigo” —simuló las comillas en el aire.

¡Auch! Eso fue un golpe bajo; lo único que pude hacer fue secarme una estúpida lágrima que rodaba por mi mejilla. Al parecer, Alec fue el único que se dio cuenta de mi acción, pues me había regalado una sonrisa tranquilizadora y pasado su brazo por mis hombros.

Simplemente nos quedamos en silencio, quería gritarle a Sam varias cosas, pero no valía la pena hacerle un teatro en este momento; aparte, no me quería enojar ni dejar de hablar a mi amiga.

Estuvimos esperando a que llegaran nuestros padres, hasta que escuché un gran alboroto afuera.

—¡Es mi hija y claro que sé como criarla! —esa era… la voz de mi mamá.

—Pues no lo parece; en un internado la sabrían educar mejor —maldito Riley.

—¿Me estás diciendo que he sido una mala madre?

—¡Claro que no!, pero te hace falta tener control sobre ella.

—Ahora, me estás diciendo cómo debería de educarla.

—Le hace falta disciplina.

—¿A qué te refieres con disciplina?, ¿a pegarle?

—Eso es lo que todos en algún momento necesitan.

—Escúchame bien, a Nessie no se le tocará nunca un solo pelo, ¿entiendes?

—Eso yo lo puedo cambiar.

Se escuchó un golpe, como si fuera una cachetada.

—No te permitiré tocar a Renesmee mientras yo lo pueda detener. Esto se acabó, eres un imbécil.

Oh, acababa de escuchar como mi mamá se defendía del estúpido de Riley y me defendía a mí. No le dio la razón…

—¿Mamá? —grité a lo lejos.

—¿Si, mi vida? —preguntó de vuelta.

—¡Te quiero! —chillé a lo lejos.

—Yo igual, pero no te salvas del castigo, jovencita —bueno, al menos Riley ya no iba a estar en nuestras vidas.

Vi como se iba acercando mi madre a la celda.

—¿Usted es la señora Swan? —preguntó el oficial.

—Sí, ¿ya me puedo llevar a Nessie?

—Sí, sólo que la próxima vez que su hija vuelva a visitarnos de esa forma, tendrá que pagar una fianza.

—Sí, no creo que haya próxima vez, ¿o si, Nessie?

—Claro que no, mamá.

En cuanto subimos al auto, mamá me empezó a regañar.

—¿Cómo se te ocurrió lanzar huevos a la casa de tu profesor?

—No lo sé, fue idea de Sam…

—Si Sam se avienta por la ventana, tú la sigues.

—Claro, la salvaría de la desgracia, y si fallo me voy con ella.

—Deja de hacerte la chistosita. Ahora, el profesor te puede reprobar en su materia.

—No me va muy bien en su materia de por sí.

—Por Dios, ya estuvo de bromas, ponte seria; no todos los días estas en la cárcel.

—Vale.

—Prométeme que no volverás a hacer una tontería como esa, ¿sí?

—Está bien, mamá.

Después de un silencio, a mamá se le ocurrió preguntar algo.

—¿Y quién era el rubio que estaba con ustedes en la celda?

—Ah, es el sobrino de Félix, se llama Alec —contesté con indiferencia.

—Es guapo —insinuó mi mamá.

—Lo sé —susurré concordando.

Sentía frío y también el lugar donde estaba acostada no era nada cómodo. Abrí de a poco los ojos, y me di cuenta que estaba en una habitación llena de espejos y blanca, todo se veía muy iluminado; se sentía incómodo por que estaba acostada en el piso de madera.

Otra vez volví a escuchar esa melodía.

—Diecisiete años y aún sin señales de ti… —escuché un susurro de la voz de mi sueño anterior.

—¿Dónde estás? —¿Por qué no pude preguntar ‘quién eres’?

—Lejos de ti… —¿Qué significaba eso?

Me fui volteando para ver detrás de mí un piano de cola negro.

Nadie estaba cerca de él. De a poco la melodía se fue apagando, para que una guitarra se escuchara. Me di cuenta que la pieza ya la había escuchado, era Antes de Obie Bermúdez. La voz del joven empezó a cantar.

Jamás imaginé que llegaría este día
donde apostaría yo toda mi vida
por amarte y por hablarte otra vez.
Pero qué diablos, ya perdí todo mi tiempo
y por mis errores ahora estoy sufriendo,
quisiera regresar.”

Siguió cantando; yo lo busqué con la mirada por toda la habitación, parecía un estudio donde se daban clases de música.

“Antes, de olvidar
quisiera llorarte una vez más y soñarte
antes, del libro cerrar
quisiera contarte que no me gustó su final.
Antes...”

.

Y ahora, en vez de escuchar esa perfecta voz, oí el ruido de mi despertador.

No pude dormir muy bien hasta que tuve ese sueño; me la había pasado pensando lo que ocurrió con Sam… ¿no era su mejor amiga?

Se me ocurrió algo, un tanto extraño pero serviría: Le escribiría una carta a Sam, y se la daría en el parque.

Le llamé a Sam para que nos encontráramos en el parque y fuéramos a correr.

Ya en el parque, la encontré.

—Hola, Ness —me saludó.

—Hola. Sam… te quería dar esto —le tendí la carta y la tomó rápidamente.

Ella como era su costumbre, la leyó en voz alta

.

¡Hola, Sam!

En primera, quiero decir que eres la mejor persona que he conocido.

Cuando estábamos en la cárcel XD, —Sam simuló una cara parecida a la que había escrito en la carta— te escuché hablar con Jane sobre los mejores amigos.

Sabes, pienso que tienes un estereotipo incorrecto; yo creo que un mejor amigo es alguien con el que puedes ser tu mismo… no tienen características especiales, solo eso…

Si no puedes ser tú misma conmigo; entonces me has engañado desde chiquita. Pensé que eras mi mejor amiga :( —de nuevo, Sam simuló la carita que estaba en la carta—.

Piensa en eso…

Nessie

.

Sam me abrazó fuertemente mientras yo sollozaba silenciosamente.

—No, tú eres la mejor. Nunca te he engañado, siempre he sido yo misma contigo.

—Entonces, ¿Por qué dijiste eso? —le pregunté hipando.

—Por que no le quería romper el corazón a la chiquilla.

—No entiendo…

—Jane me cae bien, pero nunca te reemplazara, y como no quería que se pusiera llorar, le dije eso; aunque de por si tienes razón, un mejor amigo es con el que eres tú mismo…

—Ay nena, lo siento por echarte en cara lo que nunca pensaste —me lamenté en pensar que Sam no me quería.

—Te quiero; nunca dudes de eso, Ness.

Nos mantuvimos abrazadas por un buen ratito de esa forma, hasta que Sam rompió el silencio.

—¿Alec te gustó?

—Sí, ¿Por qué?

—Bueno, está justo detrás de nosotras… —susurró.

Y ahí estaba el chico que me había hecho reír y que también era diferente...

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