SUMMARY: “¿Quién habría pensado que Bella era una completa zorra a los dieciséis años?” Insinuó Sam ojeando el diario de la mamá de su amiga. “Deja de burlarte, Sam, aquí lo importante es saber quién es mi padre.” TH/AH.
DISCLAIMER: Personajes obra de SM, la trama mía, y si hay fics parecidos es mera coincidencia (XD)
…
ACTIVIDADES PECAMINOSAS
EL DIARIO DE BELLA SWAN
MUSCULOSO GUARDAESPALDAS
Me encontraba en un lugar bastante extraño, todo era tan claro y
verde. Logré distinguir varios árboles, pero lo que más me asombró era la melodía que se escuchaba de lejos.
De repente, sin darme cuenta, había un espectacular piano blanco en el centro de aquel extraño lugar. La melodía seguía sonando, pero no distinguí a nadie junto al instrumento.
Poco a poco fui dando pequeños pasos para acercarme. Una voz sacada de en sueño y aterciopelada se escuchó de quien-sabe-donde:
—¿Por qué ya no me quisiste? —Alcancé a entender lo que decía la voz, que salía, por lo que logré distinguir, de un hombre—, ni si quiera me dijiste adiós —parecía que se estaba lamentando.
—¿Dónde estás? —se me ocurrió preguntar.
—Aquí —la voz ahora venía cerca del piano. No distinguí nada, pero después de varios segundos una silueta se fue formando y de repente…
Un desagradable sonido me estaba despertando de un magnifico sueño. No lo había entendido por completo, pero… ¡maldito despertador!
Hoy era viernes, así que era el último día de la semana en la escuela, pero me ardía la garganta. Me levanté de la cama esperando que con agua se me pasara el malestar, pero desafortunadamente todo me dio vueltas por lo que me volví a acostarme para soltar un grito:
—¡Mamá, me siento mal!
Mamá se asomó por la puerta, su mirada era de preocupación. Se acercó a la cama y me tocó la frente.
—Estas muy caliente. Voy por el termómetro —me relajé un rato en mi cama en lo que esperaba a que volviera mamá. Me tomó la temperatura y con voz preocupada dijo:
—Tienes temperatura, no irás hoy a ningún lugar. Creo que estuvo muy mal que ayer jugaras bajo la lluvia con Sam — En ese momento me sentí enojada, no estaba jugando, más bien estaba jaloneando a Sam para que se metiera a la casa y no se enfermara—. Hay un pequeño problema, Nessie, no podré cuidarte, hoy tengo que ir a la editorial a hablar con mi jefe. Llamaré a Rosalie para ver si ella te puede cuidar.
Esperé irritada, en verdad me dolía bastante mi garganta.
—Rosalie dice que no puede, pero dice que Emmett está desocupado hoy, él te cuidará; Sam tal vez se sienta igual que tú, así que ella también vendrá. Lo siento, cariño. Me tengo que ir, que te mejores —diciendo esto salió de mi recamara mandándome un beso por el aire.
Bueno, aparte de que mamá no me cuidaría tenía que estar con Emmett, no es que no me cayera bien, es que, simplemente, en vez de ser él quien me cuidará, seré yo la que le cuide a él.
Bajé por un vaso de agua para que al menos el ardor en la garganta se me quitara. Se sintió un gran alivio cuando el agua fría se deslizó por mi garganta.
Mi celular empezó a sonar, lo malo era que estaba en mi habitación, tuve que subir las escaleras corriendo para lograr contestar.
—Hola, Sam —saludé por el auricular, mi voz sonó pastosa.
—No estoy enferma, pero no quiero ir a clases, así que vete preparando que te voy a acompañar con mi papá —me enojé todavía más.
—¡No es justo! —le grité.
—Oye, cálmate, si ya no quieres que sigamos siendo amigas, solo dilo —su comentario me hizo rodar los ojos.
—No es eso, es solo que no es justo que tú no estés enferma y que yo sí por intentar hacerte entrar a la casa para evitar que te enfermaras.
—Bueno, eso ya no importa, te aseguro que más tarde te sentirás mejor. Oye papá ya se va, voy a decirle que tampoco me siento bien. Adiós, nos vemos al ratito.
Volví a recostarme en la cama. Lo que más odiaba de estar enferma era que no podía hacer casi nada; en mi fuero interno agradecí que Sam me acompañara mientras pasaba esto, sería cómodo que ella me mantuviera algo qué hacer.
Intenté recordar como era el joven que estaba en mi sueño, pero por más que quise, solo recordaba lo alto qué era. Fue tan extraño… ¿Cómo que nunca me despedí o por qué lo deje de querer?
O ese sueño era una visión de mi futuro, o era una coincidencia que le quería encontrar sentido. Lo único que sé es que la melodía era muy hermosa, al igual que el lugar donde me encontraba.
Sin darme cuenta, tenía a un Emmett gritando por toda la casa, preguntando “¿dónde está mi balón?”, esos gritos hacían que me doliera la cabeza, pero no pude evitar que me diera risa. Sam entró volando a mi habitación y empezó a saltar en la cama. Está demás decir que no me sentía bien, pero tampoco tan mal… me hacían sacar risitas y sonrisas.
Emmett apareció en la puerta con un balón de futbol americano, en cuanto Sam lo vio, dejó de saltar en la cama, y se paró como soldado en la esquina de mi habitación.
—Sargento, Sam, la cadete Nessie se ha reportado enferma, tengo ordenes de la comandante Isabella sobre que hay que cuidarla hasta el anochecer, y que espera que se encuentre mejor cuando ella regrese, así que iniciemos con una guerra de almohadas —puse cara de espanto, pero ellos al parecer no se dieron cuenta. Cada quien tomó algún cojín que tenían a la mano, yo solo me quedé paralizada por la idea—. Muy bien. Apunten, disparen y ¡fuego!
Mi cabeza me empezó a zumbar, y, por extraño que suene, empecé a reír como loquita al recibir puros bombardeos de cojines. Me quejaba por el dolor y reía sin parar.
—Alto el fuego, sargento Sam. Creo que sería mejor si les preparo una sopita de pollo —la última oración que dijo fue en un acento raro y divertido.
—¡Si! —grité contenta, aunque me seguía ardiendo la garganta.
—Pero si no he ganado —reprochó Sam.
—Luego jugamos, mientras tanto, no hagan tanto ruido —pidió Emmett saliendo de mi habitación con el dedo índice en su boca.
La verdad, tenía más sueño que nada. Me acomodé para volver a dormir, pero Sam estaba bastante impaciente.
—¿Quieres jugar a las cartas? —me dolía bastante la cabeza para decir algo de más de dos sílabas.
—No. Quiero dormir. Luego —creo que entendió mal lo que dije, tal vez por decirlo muy separado; pero el punto es que me malinterpretó.
—¡Ten, jugaremos Black Jack*!
No estoy segura de donde había sacado la baraja de cartas, pero no estaba de humor para reclamar, así que simplemente dejé que me repartiera las tarjetas. Sam siempre terminó ganando, pues yo no ponía mucha atención y la verdad, es que ella tenía muy buena suerte.
Al poco tiempo, subió un apresurado Emmett con un hombrecito muy canoso y viejito.
—¿Quién de ellas es? —preguntó el vegete.
—La cobriza —dijo Emmett señalándome.
—Hola, Renesmee, soy el doctor Volturi y vengo a revisarte.
Poco a poco me fue revisando los oídos, la garganta, la temperatura y los ojos. También me hizo unas preguntas.
—¿Has tenido mareos?
—Sí —fue lo único que pude decir.
—¿Has vomitado?
—Aun no.
—Moquillo, mareos, tos y un poco de gripa —el viejito estaba balbuceando cosas que apenas podía entender, y al fin dijo lo que tenía—: tienes faringitis. El tratamiento más rápido son inyecciones en las nalgas diario durante tres días, —¿acaso escuché inyecciones? ¡Oh, no! —y pastillas para evitar el vomito cada ocho horas. Toma muchos líquidos y evita los lácteos —adiós chocolate —. Creo que sería agradable que tomarás algún helado para refrescar tu garganta —bueno, no todo era malo.
Emmett recibió los medicamentos mientras yo intentaba de tener una solución para evitar las agujas, nunca la encontré.
Sam fue la quien me inyectó, y lamenté eso, pues me pinchó dos veces sin querer en la pierna. Fue bastante doloroso.
—Papá, ¿nos das un poco de helado del refrigerador? —supongo que Sam aprovechaba un poco. Emmett bajó sin rechistar; mientras nosotras, bueno, solo Sam, veía la televisión.
Después de tomar la sopita de pollo que Emmett hizo, junto con el helado de limón, nos pusimos a ver una película de vaqueros, idea de Emmett.
—¡Vamos, vaquero! —ese tipo de comentarios y sonidos extraños como “Bang” o “Puf” eran los que soltaba cada dos minutos Emmett.
Y claro, Sam también era participe con los indios: se la pasó haciendo ruidos tipo llamadas de los indios.
A pesar del ruido, es divertido tener amigos cuando una esta enferma, pues intentan hacerte reír, y aunque el reír me hiciera un tremendo dolor en la garganta, valía la pena.
Y pasadas las siete de la noche, Emmett fue por Rosalie mientras Sam y yo nos quedábamos solos en la casa.
Sam sacó su mochila de quien sabe donde para enseñarme que había traído el diario de mi mamá. Tan enferma que estaba que no me había acordado del diario.
—Todavía me duele la garganta, tú lee —casi fue una orden en la forma en que le pedí a Sam que leyera.
—Esta bien, cadete —accedió con voz de sargento.
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ACTIVIDADES PECAMINOSAS
17 de Diciembre de 2005
Querida Carlie:
Sólo esto me faltaba. Se me acabaron las opciones y nunca tuve lo que quise. La razón de venir a Forks era para tener las mejores noches de mi vida, pero resulta que no tuve ni si quiera una. Sí, así como lo leen; mi última victima tampoco fue tan memoriosa. Aunque tengo que decir que gané grandes amigos por este viaje a Forks: como Rosalie y Emmett; James y Victoria —aunque no lo creas— y hasta a Félix. ¿Félix?, ¿Quién es Félix?... bueno, él es, o era, mi última victima.
El 28 de noviembre a nuestro “magnífico” director —nótese el sarcasmo— se le ocurrió ir al museo temporal de las estaciones del año. Si, yo tampoco entiendo para que quería que alumnos de preparatoria fueran a ver las estaciones si eso se ve en kínder Garden.
El punto es que como era el primer día, se encontraba ahí el alcalde, ¿Por qué tanta emoción? ¿Recuerdas cuando te dije sobre los guardaespaldas?, bueno, por eso la emoción. Eran realmente para que se te cayera la baba en cuanto los vieras. En total eran cinco guardaespaldas. Félix, de físico muy parecido a Emmett, en pocas palabras: grande y musculoso; Demetri Di Lombardo, un chico bastante guapo. Los demás eran Corin, Santiago y Aftón.
Al inicio el que me atrajo más fue Demetri, pero me pareció algo drástico y cruel, así que descubrí que Félix era algo holgazán y despreocupado, y eso se me hacía algo genial. Poco a poco nos fuimos acercando, pero la verdad, es que más que no lo vi como alguien para tener sexo casual, simplemente lo veía como un amigo con quien pasar el rato, ok, miento, un amigo bastante sexy.
Félix era agradable, resulta que había dejado los estudios para trabajar rápidamente; lo único malo de él es que sigue viviendo con su madre.
No sé que fue lo que pasó un miércoles, que de repente estábamos bebiendo cerveza en su sala y en otro instante estábamos en su habitación besándonos precozmente y con furia. En ese instante lo único que recuerdo haber pensado es que era que al fin, después de seis meses, cesaría mi abstinencia. Pero me equivoqué.
“Vamos, Félix, un poco más”. Yo estaba gritando a la vez que saltaba sobre él, mientras él acariciaba lo que podía alcanzar con sus manos.
“Ya casi, Bella. Aguanta”. Decía él mientras jadeaba Félix.
Yo en ese momento pensé ¡Al fin! Alguien que si puede. Pero canté victoria antes de tiempo. Antes de llegar a mi orgasmo, la puerta se abrió azotándola contra la pared.
“¡Félix, compré la cena en…!” el grito emocionado de una mujer —que tenía apariencia de una señora cerca de los cuarenta años— fue cortado al instante de vernos a Félix y a mi en una escena poco decorosa.
“¡¿Mamá?!” Félix me alejó de él al instante, yo simplemente tomé varias cobijas para cubrirme.
“¿Qué es lo que hacían?” esa pregunta era retórica, pero creo que Félix no entendió eso.
“Creo que teniendo relaciones…” fue cortado por su madre.
“¡Ya sé lo que hacían!, quiero una explicación en este instante” dijo intentando clavar su mirada en mis ojos, yo simplemente la desvíe.
“Yo…puedo…” pobre Félix, en verdad se lo estaban comiendo vivo.
“¡Espera!, sé quien es esa muchachita” me señaló con el dedo acusadoramente, “es la hija del jefe Swan; la quien causa varios problemas y chismes por todo Forks. Se acostó con Jacob Black y lo botó por ser pobre; también se acostó con el chico de los Newton, y se burló de él por ser gay; y hasta de James, el hijo del abogado, quien dijo que tenía que casarse con Victoria, la chica mantenida y huérfana”; todo lo que había dicho era mentira, nunca tuve sexo con ellos, y tampoco me burle o los voté cruelmente. “Esa chica es una zorra, Félix”, bueno, en eso no podía decir casi nada.
El coraje se me subió a la cara y quise golpear a esa mujer, pero Félix habló por mí, o más bien actuó.
“Madre, deja de ser una metiche, yo me puedo acostar con quien quiera, aparte, todo lo que dices de Bella son chismes y no otra cosa” Creo que su madre no tomó nada bien eso, pues me agarró del brazo y me sacó de la casa solo con una sabana, ni si quiera me dio tiempo de tomar mi ropa, y mucho menos mi celular.
Estuve oculta tras los jardines lamentándome haberme metido con Félix.
Odiaba este pueblo, al parecer tiene razón el dicho ‘Pueblo chico, infierno grande’. Odiaba a la gente pre juiciosa, pero no podía engañarme a mí misma, solo había venido a este pueblo por sexo y nada más.
Después de veinte minutos, Félix llegó a mi rescate.
“Lamento lo que dijo mi madre” dijo dándome una sonrisa en forma de disculpa.
“Tu no tienes la culpa de eso” le devolví la sonrisa.
“Aquí está tu ropa y tu celular; te llevaría a tu casa, pero mamá piensa que estoy metiendo al perro” creo que Félix era un mandilón.
“Gracias; llamaré a Rosalie para que venga por mí”.
La verdad, es que no he perdido el contacto con Félix, pero no pienso volver a meterme en sus pantalones.
Y así, otra noche fue tirada por la borda.
Lo único que me retiene en Forks son Rosalie y Emmett. ¡Seré la madrina! El 25 tenemos cita con Carlisle para que revisen cuál es el sexo del bebé… aunque yo sigo diciendo que será niña, y que será igual de hermosa que su madre.
Creo que ya no tengo más que decir, ¡no me quedan opciones! Y todavía no lo puedo creer.
Adiós, Carlie.
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Todavía me parecía gracioso que hayan corrido a mi mamá sin ropa de una casa, y que una señora la haya encontrado teniendo sexo con su hijo…
—¡No puedo creer que no consiguió su polvo! —gritó Sam entre carcajadas.
—Tienes razón. ¿Quién es mi papá? —grité desesperada. Yo creí que iba a ser un guardaespaldas.
—Espera —murmuró Sam buscando páginas en el libro —. Aún falta al menos un mes para que tu mamá se embarace de ti.
—Pero, ¿de dónde demonios salió mi papá? —estaba intrigada.
—Lo sabremos cuando salga en el diario, mientras, hay que esperar a mi papá y a mi mamá.
En lo que esperábamos la llegada de Emmett y Rosalie nos pusimos a leer una revista.
Emmett y Rosalie aparecieron en mi habitación, y a Sam se le ocurrió una idea bastante infantil.
—Papá, cuéntanos un cuento —la cara de Rosalie valía oro.
—Claro, hijita —Emmett tomó asiento en mi silla, cerca del escritorio que se encontraba en mi cuarto —: Había una vez un hermoso joven que fue a cazar un par de venados en el bosque —Sam puso cara de espanto, obviamente fingiendo.
—¿Iba a matar a Bambi? —preguntó Sam como niña chiquita.
—Lamentablemente si, pero no te preocupes, un oso pardo llegó y lo atacó por casi matar a Bambi —Sam puso cara de ilusión, y gritó.
—¡Se lo merecía!
—Bueno, el joven quedó muy herido pero de repente un ángel apareció de la nada, y lo llevó al cielo para reencarnarlo y darle una segunda oportunidad. El ángel y el joven vivieron felices por toda la eternidad. Fin —Emmett se veía bastante satisfecho con su final.
—Papá —dijo Sam con voz fúnebre —, tu historia apesta —sentenció mi amiga. Emmett borró la sonrisa que traía hace tan solo un instante.
—No le hagas caso, Emmett. Sam es una mentirosa; a mi me encantó tu historia, corazón —dijo Rosalie abrazando a Emmett.
—Bueno, me encuentro cansada, así que… si no tienen más historias que contar, me dormiré —dije tapándome con el cobertor.
—Bueno, que descansen niñas; que duerman con los angelitos.
Y parte de lo que dijo Rosalie fue cierto…
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Era una playa en el atardecer. Distinguí solo dos figuras corriendo; poco a poco empecé a acercarme a ellas… una de ellas era… mamá.
—Siempre te querré —escuché que mi mamá le decía a la otra silueta.
—Y yo las amaré por siempre —era la misma voz que había escuchado en mi otro sueño.
Hasta ese momento no me había fijado en el bebé que cargaba mi mamá. La otra silueta se volteo, pero a pesar de la luz no lo distinguía bien.
—Hola Nessie —lo último que alcancé a ver fue el color de su pelo… exactamente igual al mío.
De repente parpadee y, como si fuese de película, me encontraba en otro escenario.
—¿Quién eres? —pregunté al viento esperando una respuesta.
—Solo eran unos meses… —alcancé a escuchar un sollozo por parte de una voz aterciopelada.
Y vi unos ojos profundamente verdes.
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—¡Despierta! Te voy a inyectar, Nessie —sin reprochar me acomodé para esperar el dolor. Ya era demasiado molesto que me despertarán en un sueño hermoso y misterioso para que lo primero que hiciera en la mañana fuera que me inyecten.
El día pasó sin tantos apuros, ya para las tres de la tarde me sentía mucho mejor, así que a Sam se le ocurrió que fuéramos a ver al tal Félix; el único problema era que mi madre no había mencionado su apellido, por lo que nos tardamos mucho buscándolo en el directorio telefónico. Encontramos también su dirección.
—Esta vez diremos que eres la hija de Bella y que te habló sobre él. Al parecer siguieron siendo amigos, no le veo el problema —dijo Sam yendo hacia el coche.
—Ok —dije contenta por que no tendría que mentir y tampoco me cacharían en el intento.
Cuando llegamos vimos que la fachada de la casa estaba echo un desastre, no le tome cuidado y seguimos.
Toqué nerviosa la puerta y un hombre desaliñado y poco arreglado nos abrió la puerta.
—Buenas, ¿Qué se les ofrece? —dijo en un tono que parecía que cantaba, me dio risa como era.
—Hola, soy la hija de Bella Swan, y mi mamá me habló sobre usted… —antes de que terminará de hablar, el hombre me miró sorprendido y asustado.
—¿Qué?, ¿Eres mi hija? —preguntó muy alterado.
—¡No! —me apresuré a contestar —. Simplemente me contó que eras un gran amigo de ella, y quería pasar a saludar.
—Que alivio. Pasen —abrió la puerta para que pudiéramos pasar.
—¿Cómo está Bella?
—Bien, bien… ¿tienes hijos? —discreción era lo último que tenía Sam.
—No, claro que no —dijo soltando una sonora carcajada —. Vivo con mi hermana y sus endemoniados hijos —se escuchó como abrían la puerta del recibidor —; y hablando del rey de Roma…
Cuando volteé a ver había un chico sexy, rubio y con una chaqueta de cuero…
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*Black Jack: juego de cartas en el que se reparten tarjetas a varios competidores, el quien logre una suma de 21 puntos (sin pasarse) gana el juego.
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