sábado, 6 de noviembre de 2010

9.- Errar es de Humanos


SUMMARY: "¿Quién habría pensado que Bella era una completa zorra a los dieciséis años?" Insinuó Sam ojeando el diario de la mamá de su amiga. "Deja de burlarte, Sam, aquí lo importante es saber quién es mi padre." UA/AH.

DISCLAIMER: Personajes obra de SM, la trama mía, y si hay fics parecidos es mera coincidencia (XD)

ACTIVIDADES PECAMINOSAS

EL DIARIO DE BELLA SWAN

ERRAR ES DE HUMANOS

¿Qué puedo decir?

¿Qué mis pies se derriten cada que hablo con Alec?

¿O que escucharlo es como música para mis oídos?

No. Tal vez debería decir que cuando miró sus ojos es como ver una parte de un todo.

No, tampoco sirve.

Mejor: que simplemente he conocido lo que es el primer amor, y como toda chica enamorada… lo quiero más que a nadie.

Sigo pensando que no son suficientes las palabras con que describirlo… pero en fin.

¿Sobre el diario y los sueños?

Bueno, a pesar de que nos faltan muy poquitas paginas, Sam sigue con lo de “leer solo los viernes”. Y los sueños… son más vividos, veo a alguien con pelo cobrizo y ojos verdes, y sigue cantando la misma canción una y otra vez.

No he hablado con mamá con lo que respecta al diario, pero planeo hacerlo.

Alec nos ha invitado de compras a Sam y a mí… Si, yo tampoco estoy segura del por que un chico quiere ir de compras, pero iré para disfrutar de su compañía.

El profesor de química últimamente nos ha estado regañando más seguido a Sam y a mí. Para ser sincera, sospecho que ya se enteró de quien le arrojó huevos a su casa…

—Pásame la 5 —me susurró Sam.

Estábamos en un parcial de química.

—No la tengo —le devolví.

—Bueno, la 12.

—Tampoco.

—Entonces, ¿Cuál tie…? —Sam ni si quiera había terminado de preguntar cuando el maestro se dio cuenta.

—Señorita Swan y McCartney, entreguen sus exámenes, no permitiré que se copien.

—¡Pero si no nos estábamos copiando! —alegué. No le había pasado ninguna, así que no nos copiamos.

—Entonces, ¿Qué se susurraban? —me quedé helada.

—Le pedí un borrador; no traigo el mío —contestó una furiosa Sam.

—No me hable en ese tono, McCartney.

—Es que no es justo que me acuse de algo que no hice —que cínica era Sam, pero al menos me alegraba que sabía mentir muy bien.

—¿Quiere explicarle eso al director?

—Claro. De una vez que lo despidan por hacer falsos cargos —debo admitir que me moría de la risa por dentro. Sam parecía una abogada en vez de una niña diciendo que no estaba copiando. Y si en algo debe temer el profesor, es que si lo pueden correr.

Digamos que Sam es muy buena amiga del director. Ha ido varias veces a su sala, y se hace de niña inocente, pero… ¡el director le cree!, supongo que sacó algo de actuación de sus padres.

Sam se paró decidido de su lugar, pero el profesor la detuvo.

—Espera, mejor termina tu examen. Te creeré por esta vez McCartney.

Rodé los ojos, el maestro si le tenía miedo.

Después de unos minutos me di cuenta que Weber le estaba pasando las respuestas por papelitos.

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—¿Qué puedo decir? Le caigo bien a Angela —me paré en seco.

—¿Quién?

—Como si no supieras el nombre de Weber… —bueno, soy muy distraída con los nombres. Me encogí de hombros.

—¿Y sabes por que le caes bien? —le pregunté burlona.

—En realidad no lo sé. Pero ella solita me dio el papelito, ni si quiera le tuve que decir el numero de pregunta —dijo arrogante.

—Tal vez es tu fan —le dije con sarcasmo.

—A de ser —Sam sonrió ampliamente.

—Estoy de broma; no creo que sea tu fan —entrecerró los ojos.

—Lastimas mi ego —luego soltó una risita —.Bueno, siempre la he visto reírse cada que me burló de un maestro o cuando simplemente les contestó —rodé los ojos, ¿Qué no se daba cuenta?

—¡Todos se ríen cuando haces eso!

—Entonces soy el bufón de la escuela —fingió estar ofendida.

—Sabes que no, aunque te estas ganando ese lugar…

—Bueno, tal vez soy la reina de los bufones, pero sigo creyendo que le caigo muy bien a Weber.

Estábamos en el almuerzo, bueno, más bien mi cuerpo se encontraba ahí; por que mi mente estaba ocupada en Alec.

—Entonces, ¿vendrán de compras? —preguntó Alec.

—Claro, pero no sé por que quieres ir de compras… —le contesté frunciendo el ceño.

—Oigan, no quiero ser un mal trío, eh —comentó Sam algo ocupada en su pasta.

—Bueno, la verdad es que Jane va a ir a una fiesta de una de sus compañeras, y quiere comprar un vestido pero como no sé de ropa y mamá no la puede acompañar, pensé en que ustedes me podrían ayudar —me hizo soltar un tierno “aw”. Él le quería comprar a su hermana un vestido.

—De todos modos, sigo creyendo que soy un mal tercio —volvió a decir Sam.

—No te preocupes, volví a invitar a Tyler —contestó orgulloso Alec.

—Ugh. ¡No! ¿Sabes, lo que sufrí en la discoteca la otra vez? —retó Sam.

—Vamos, no es tan malo.

—¿Qué no es tan malo? ¡Se propasó el hijo de la chinita! —Sam había gritado tan fuerte que todos empezaron a reír por su expresión.

—¡Hijo de puta! —gritó alguien burlonamente, corrigiéndola.

—¿Y tu que te metes, pendejo? ¡Dejen de mirarme!, ¿quieren? —lo dijo de una forma que hasta a mí me dio miedo que hiciera algo.

—¿Cómo que se propasó? —preguntó un poco más serio Alec.

—Tu sabes… —dijo incomoda Sam.

—No, no sé —contraatacó Alec.

—Es que… me tocó las nalgas —¡Oh, por Dios! ¿Es cierto lo que veo? ¿Sam, ruborizada?

—¿Solo eso? Con la música que ponían cualquiera hubiera aprovechado —dijo Alec despreocupado.

—No, no entiendes —su color aumentó —. Me torteó (*), y también… —hizo una mueca de horror —me tocó los pechos —lo ultimo lo dijo a penas audible.

—Espera, ¿no hiciste nada para detenerlo?—le pregunté preocupada, no me había contado todo.

—Todo fue muy rápido; de repente estábamos bailando, y después con sus manos asquerosas empezó a manosearme, al otro instante yo le solté una bofetada —la verdad, lo contaba de una manera que me sentía muy molesta con Tyler.

—Si va Tyler, no iremos —dije decidida.

—Ness… —se quejó Alec.

—No, es alguien repugnante, ¿no ves como está Sam? ¿Cada cuanto la ves ruborizada? —le eché en cara.

—Está bien, le diré que no pudieron ir por un compromiso de emergencia.

—Así está mejor.

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En el centro comercial fue toda una odisea; vestido que le gustaba a Sam a mí no, y vestido que me gustaba a Jane no…

Así que decidimos que Alec traería uno, y fue muy chistoso. Eligió uno que parecía de viejita.

—Alec, no sirves para esto —se burló Sam.

—A mi me gusta —el aludido se encogió de hombros.

De repente vimos un vestido perfecto para una niña de siete años. Era un vestido verde limón, muy parecido al de campanita.

—¡Ese es! —gritamos al mismo tiempo Sam y yo.

—No… ¿campanita? No dejaré que mi hermanita enseñe sus piernitas —se quejó Alec.

—Es el chiste de los vestidos, Alec —le dije en un tono evidenciando que era obvio.

—Pero… no. —Alec no cedió.

—Por favor —Jane hizo un pucherito exactamente que al de Sam, y claro, Alec no se pudo resistir a su hermana.

—Bueno, ¿Cuánto cuesta? —me preguntó Alec. Revisé el precio que tenía y le contesté.

—Ciento diez.

—¿Por donde? —preguntó Alec, sin una razón Sam empezó a reírse.

—¿Qué? —le pregunté, ceñuda.

—¡Es un albur! —me contestó Sam.

—Pero… no lo creo.

—Ness, ¡ciento diez! Cambia la c por la s.

Ahí fue cuando mi cerebro se activó y descubrió que me preguntó “¿por donde?” por que… ¡Argg!

—¡Imbécil! —le grité a mi novio.

—Debes estar atenta, Ness —que descaro.

—En frente de tu hermana.

—No lo va a entender.

—¿Quieres que le explique? —reté molesta.

—Ness, cálmate. No es para tanto.

—Ok… —si, estaba exagerando, pero era la tercera vez que me lo hacía.

Empecé a dar mis respiraciones con los ojos cerrados, y de pronto, sentí una manos abrazar mi cintura y algo devorar mis labios. Sabía que era Alec, y me deje llevar.

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—Jane se veía tan adorable con su vestidito —le chilló Sam emocionada a su madre.

—Que linda —dijo Rosalie con una genuina sonrisa.

—Si, y luego Ness se probó un vestido azul perfecto. Lastima que Alec no traía suficiente dinero —Sam tronó lo dedos y se pegó en la pierna, haciéndole énfasis a esa parte —, por que sino estoy segura que se lo compraba.

—¿No llevaron las tarjetas?

—No, no sentimos que fuera necesario.

—¡Niñas! —Rosalie soltó un grito sin una razón.

—¿Qué? —preguntamos espantadas Sam y yo.

—El diario, ¿Cómo van? —suspiré aliviada.

—¡Descubrimos que mi padre se llama Edward Masen! —grité emocionada.

—¿Estas segura? —preguntó con una ceja alzada Rosalie.

—Bueno… no hemos llegado a la parte de la procreación —respondió Sam por mí, encogiéndose de hombros.

—¿Y que esperan? Ustedes me contaran que fue lo que ocurrió, Bella me dejó con la duda… —nos empujó escaleras arriba.

Fui negando con la cabeza una y otra vez. Si que éramos raros.

—Bueno, hay que leer —apremió Sam.

—Estoy cansada… —me quejé.

—Yo soy la que leo, no te preocupes.

Me recosté en su cama con la cabeza colgando de un lado y Sam comenzó a leer.

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ACTIVIDADES PECAMINOSAS

21 de Enero de 2006

Querida, Carlie:

Son las diez de la mañana y en lo único que puedo pensar es que… Me siento flotar.

Ayer… fue el mejor día de mi vida.

Edward me había dicho que iríamos a un lugar divertido, y que no era necesario arreglarme tanto. Pero nada me impidió vestirme con unas botas de militar, un vestido rojo suelto y un bolero de mezclilla. Según yo, logré que Edward no me detuviera de mirar, pero… básicamente yo me lo comí con la mirada al verlo tan informal.

Edward me llevó a un partido de futbol americano en Seattle. Los seahawks de Seattle contra Los cardenales de Arizona. Era un partido amistoso pero de todas formas ganaron los Cardenales. Edward apoyaba a los Seahawks.

Yo no entiendo mucho del futbol, pero cuando veía a la gente gritar yo la imitaba. Si, eso es estúpido, pero no lo pude evitar. Edward simplemente se reía cada vez que gritaba en una anotación de los cardenales.

Cuando faltaban cinco minutos para que el partido terminara, empezó a lloviznar, y muchas personas, sabiendo como iba a terminar el partido, se fueron; ya que el marcador era 20 a 40 favor los cardenales.

Yo también me quería ir, por que no quería que en la carretera nos agarrara una tremenda lluvia, pero al parecer Edward no tenía los mismos planes que yo.

En cuanto terminó el partido las salidas estuvieron realmente llenas de tanta gente, y nosotros en vez de irnos nos dirigimos a la cancha.

“Edward, ¿Por qué quieres estar aquí? No quiero que manejes bajo la lluvia. Vámonos.” Le reproché en cuanto estuvimos exactamente a media cancha.

“No, Bella. Espera. Es que… no lo sé, ¿no sientes algo?” hasta que me preguntó eso, me di cuenta que sentía algo por dentro… Si, es algo ridículo, pero no sé. Es como si dentro de mi cuerpo me albergara algo caliente. No estoy segura de cómo explicarlo pero era como si no caminara, como si mis pies ya no los necesitara y tampoco las manos, que simplemente una fuerza mayor a mí me mantuviera cerca de Edward.

“Eso creo…” me acerqué más a él abrazándolo por la cintura y él me abrazó por los hombros. Fue algo realmente extraño, no estoy segura del tiempo qué pasó y nos mantuvimos en esa posición, simplemente cuando me di cuenta ya no había nadie en el estadio.

“A pesar de la lluvia, parece que todo es perfecto por un instante” me susurró al oído Edward.

“Y lo es” concordé.

Seguimos así durante un instante de silencio hasta que Edward lo rompió.

“Mira” señaló algo en el cielo. “Un arcoíris” Fue algo chistoso, fue como si regresara a cuando tenía cinco años, no recordaba haber visto un arcoíris en años. En Phoenix casi no llueve, y en Forks, todo el tiempo está nublado. Comencé a brincar y a decir “Mira eso” y una y otra vez hasta que mis torpes pies se tropezaron entre ellos e hicieron que me callera.

En vez de quejarme del dolor me empecé a reír con ganas y a dar pataletas. Edward se veía divertido, intentó acercarse a mí para ayudarme, pero al parecer mis pataletas al aire tiraron a Edward sobre mí.

De pronto, toda la risa que tenía se fue al ver los profundos ojos verdes de Edward. En ese momento me di cuenta que me encantaba absolutamente todo de Edward Masen, desde sus ojos esmeralda hasta su encantadora actitud… tan despreocupada y a la vez descuidada. No era un simple “me gusta” sino que… quería estar con él todo el tiempo que el mundo me diera. Escuchar su melodiosa risa cada día, ver las estrellas a lado de él… compartir un momento tan simple de la vida pero a la vez el más hermoso. Quería compartir mi vida con él…

Sus ojos se tornaron oscuros y hambrientos. Lo besé con urgencia, pronto se hizo más profundo al unir nuestras lenguas en una guerra que nadie sabría quien era el ganador.

Por primera vez sus manos fueron curiosas conmigo, me empezó a acariciar por todos lados y hasta en algunas partes que estoy segura nadie había tocado. Yo también tomé libertad al acariciar su abdomen y su pecho.

Ya no quería que esto fuera lento, quería conocerlo todo en un instante.

Me restregué a sus pantalones para que sintiera mi urgencia y él al comprenderlo me…

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—¡Sam! —grité histérica y haciéndola detener la lectura.

—Espera, espera… —respondió distraídamente a mis gritos. Al parecer a ella le emocionaba aquello por que tenía una sonrisa que no le cabía en la cara.

—¡No!, no sigas —le dije con urgencia.

—¿Qué? —preguntó con una ceja alzada.

—No sigas leyendo. Por favor —le supliqué.

—¿Por qué? —preguntó histérica.

—Por que no está bien —mascullé.

—¿A que te refieres? —cuestionó irritada.

—Que… no quiero escuchar como mis padres me crearon —le contesté nerviosa.

—Pero si es la parte que más he esperado del diario —se quejó Sam.

—Aun así no, ¡no quiero!

—Ness… escucha, no creo que Bella lo haya escrito letra por letra como: Entró a mi coño y fue tan…

—Oh, cállate —le corté.

—Vamos, Ness. No pasará nada si leemos esto —me crucé de brazos.

—Es falta de ética leer las intimidades de los demás —le dije indignada.

—No vayas a sacar con el cuento de la ética y la moral, Ness.

—¿Por qué no?

—Por que desde que iniciamos el diario sabíamos que iban a venir partes de ese tipo, es más, cuando pasó por Jacob, Mike, James y Félix nunca te quejaste pero ahora… —dejó inconclusa la oración.

—Es que… con ellos sabía que no eran nada míos, pero Edward… escuchar como se tocan y eso no, que horror, prefiero hacerlo que leerlo.

—No te preocupes, querida. Solo escucharas.

—¡Ha! Si, que chistosa. ¿Te gustaría escuchar como tus padres te concibieron?

—Solo te diré que es mejor leer que ver —por un momento no le entendí hasta que me di cuenta… que Emmett ni Rosalie son discretos al tener sexo y en una de esas… Sam los vio. Me estremecí al imaginarme eso, sacudí la cabeza como si de esa forma me quitara las imágenes.

—Pero… no lo sé. Siento que invado la privacidad de alguien más…

—Si tu mamá te dio el diario, no creo que sería invadir su privacidad. Vamos, ¿Qué puede pasar?

—Bueno… no es solo eso. Sino que siento que es como si vieras pornografía…

—No es lo mismo ver como algunos soquetes tienen relaciones con alguien por dinero a leer como alguien que amaba a otra persona se entrega.

—Me pones en duda… —susurré.

—Es que… no es igual. En una película porno no creo que nunca se trate sobre “hacer el amor” sino que… básicamente prostituirse. No sé como marcar la diferencia, pero simplemente no es lo mismo, ¿ok?

—Pero de todos modos no quiero leer.

—No te preocupes, yo lo haré —en serio, traté de detenerla o al menos dejar de escuchar, pero la curiosidad me ganó.

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Me restregué a sus pantalones para que sintiera mi urgencia y él al comprenderlo me separó de él. Por un instante pensé que no quería, pero no fue así. Se puso de pie para cargarme. El camino hacia el auto lo sentí eterno, aunque sé que no fue así. Lo besé por todas las partes que alcancé, y me entretuve besando, chupando y lamiendo su cuello todo lo que podía.

Edward, —no estoy segura de cómo lo hizo— abrió la puerta trasera del auto. Me recostó con suavidad en el asiento y cerró la puerta.

La ropa desapareció de nosotros en unos instantes. Aunque él se quitó los pantalones y con ello los bóxers, no pude dejar de ver sus ojos llenos de lujuria y mucho menos su sonrisa. No nos dimos el tiempo de apreciar nuestros cuerpos con la mirada, no por la urgencia sino por que no lo sentí necesario en el momento. Aunque me arrepiento un poco el no haber visto el tamaño de su socio.

Nuestras manos viajaron a donde nunca habían tocado, y fue increíble.

La posición en la que estábamos la cambiamos, yo estuve arriba de él, a horcajadas. Las ventanas del auto estaban totalmente empañadas debido a nuestras respiraciones y gemidos.

No se necesitaron palabras ni nada de eso, simplemente los sonidos de gemidos contenidos y nuestros cuerpos tocándose se escuchaban.

Su expresión al llegar al orgasmo fue hermosa. Tenía el ceño fruncido y mordiéndose el labio inferior, sus ojos parecían que hablaban diciendo “me he ganado lo mejor del mundo”. Y llegando al momento, su boca totalmente abierta sacando gemidos.

Me dejé caer sobre él, aferrándome lo más que pude y descansando.

“Quédate por siempre” le susurré cuando recuperé el aliento.

“El tiempo que quieras” me respondió.

No estoy segura de donde sacó una manta para acobijarnos.

Nos quedamos dormidos en el asiento trasero de su auto iluminados por la bella luz que la luna llena desprendía.

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—Y ves, no fue tan malo —dijo Sam.

—Hummm… de todas formas no quisiera ver eso…

—¿Seguimos leyendo? Ya faltan muy pocas paginas… —ofreció Sam.

—Claro.

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ACTIVIDADES PECAMINOSAS

23 de Abril de 2006

Querida, Carlie:

Sé que llevo más de tres meses sin escribir, pero es algo muy importante lo que voy a contar.

Me siento tan feliz… es como si mi amor por Edward aumentara de una extraña manera. No quepo de la emoción.

¡Estoy embarazada!

Desde hace meses que lo estoy.

He amanecido cada día viendo los ojos más bonitos que he encontrado.

He amanecido con el olor más delicioso del mundo.

He amanecido sintiendo la caricia que me ha dado más felicidad.

He amanecido, con el único hombre que he amado.

Adiós, Carlie.

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—¿Entendiste eso? —preguntó Sam con una expresión un tanto graciosa.

—Eso creo… —le contesté con una gran sonrisa. Ella rodó los ojos.

—Pues explícame, por que yo no —dijo esto como si fuera lo más obvio.

—Supongo que después de la noche de “mhmh” —no quería decir “después de su revolcón en el estadio” —se pasaron los días… pues durmiendo juntos.

—O sea, sexo diario —insinuó Sam alzando las cejas varias veces.

—Si, como sea —le respondí indiferente por estar incomoda.

—Hay que seguir leyendo —juraría que la vi temblar de la emoción.

—Ok, empieza.

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ACTIVIDADES PECAMINOSAS

17 de Septiembre de 2006

Querida, Carlie:

Sé que llevo más de cinco meses sin escribir, pero me la he pasado muy ocupada por lo de Renesmee y Edward.

El 10 de septiembre nació mi bebé. La llamamos Renesmee. Fue una combinación de Esme, la tía de Edward y de Reneé, mi madre. La verdad es que creí que sería niño… pero es hermosa y tan especial.

Estoy segura de que será igual de lista que su padre. Ojala no saqué lo torpe de mí, y mucho menos que se junte con lo de Edward…

Pero creo que no importará eso, pues la amo a pesar de todo.

A pesar de que llore, vomite, llene los pañales, me haga desvelarme… es algo hermoso verla dormir o ser cargada por su padre.

Lo que me tiene más angustiada, es que a finales de Octubre, Edward se irá a estudiar la universidad en Chicago, y no lo podré ver más. Aunque escribirá cartas y llamará.

Sé que no debería dudar en nuestra relación, pero… ¿y si conoce a alguien más?

Bueno, esto me tiene algo angustiada.

Adiós, Carlie.

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Me di cuenta que Sam había cerrado la ultima pagina del diario… ¿Cómo sabré la verdad?, ¿será horrible? ¿Habrá conocido a alguien más Edward? O peor aun… ¿si Edward murió?

No.

No podía pensar en eso.

—¿¡Ness!? —gritó preocupada Sam.

—¿Qué? —le grité con el ceño frunció. Ella me alzó más la voz.

—No me hables así. Es que estabas paralizada, como si fuera algo muy malo en lo que pensaste.

—Solo tonterías —dije con indiferencia. No quería que se preocupara solo por contarle una paranoia.

Le preguntaría a mamá que fue lo que ocurrió.

—¿Y ahora que hacemos? —preguntó Sam.

—Creo que dormir —fingí un bostezo; en realidad, no creía llegar a dormir esta noche.

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Abrí los ojos de a poco y me encontré con una mirada esmeralda. De momento me sentí perdida, hasta que alcé mi mirada y vi unos cabellos cobrizos desordenados. Me di cuenta que la persona que estaba frente a mi era mi padre; Edward.

Sentí un nudo en mi garganta y mis ojos me empezaron a arder. Mi respiración se fue acelerando de a poco, quería decir tantas cosas a la vez pero no salían palabras de mi boca.

—¿Qué fue lo que pasó?, ¿en que me equivoqué? —se lamentó Edward con una voz aterciopelada. Mis labios empezaron a temblarme, me contuve; no quería llorar. Tomé valor, y me aclaré la garganta. Intenté de no ver los ojos de mi pare, si lo hacía podría que llorara.

—¿Por qué no estas conmigo? —mi voz salió en un pequeño susurro, apenas lo suficientemente audible para él.

—Por un error —sollozó sin lágrimas Edward.

—Me alegra que estés aquí —en ese momento no soporté más y comencé a llorar fuertemente. Mi vista se nubló, apreté mis dientes para evitar llorar más de lo que había echo, pero mis sollozos no cesaron.

—Yo quisiera volver atrás —sentí una caricia en mi espalda. Limpié un poco mis ojos con la manga de mi suéter para aclararme vista. En ese instante me di cuenta que mi padre se acercaba para abrazarme. Recargué mi cabeza en su pecho y sentí un casto beso en mi frente.

—Quiero decirte que… —habló tranquilamente Edward, pero sentí que me estaba cayendo y…

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Me desperté con la cara llena de lágrimas. Solo había sido un sueño.

Cuanto daría para que fuera real lo que acababa de soñar.

—¿Ness? —preguntó perezosa Sam.

—¿Si? —respondí con la voz rota.

Sam se enderezó rápidamente y empezó a hablar tan rápida que no estoy segura de todo lo que decía.

—¡Por Dios! ¿Estás bien? ¿Te pegaste con algo? Parece que estás demacrada o que alguien acaba de morir… Espera, ¿Alec está bien o que ocurre? —Intenté decir algo, pero el nudo en la garganta me lo impedía, me ardía demasiado —¿Por qué estás llorando de esa manera? ¿O Bella te corrió de la casa? No te preocupes por eso, podemos ir a hablar con ella como lo hicimos en marzo, todo estará bien… —la corté en es instante, al fin había podido encontrar mi voz.

—No, no Sam. No todo estará bien. Mamá no me corrió de la casa, y Alec está bien, y nadie ha muerto… Tuve un sueño donde… —mi voz se estaba rompiendo, así que hable entre sollozos —donde salía Edward, y… no lo sé. Quisiera que hubiese sido real y no sólo un sueño.

—Bueno… no te preocupes, lo encontraremos —alentó Sam abrazándome por los hombros.

—Pero… ¿Y si le pasó algo y por eso ya no está con mi mamá? —pregunté entre sollozos.

—Hay que preguntarle a Bella que fue lo que ocurrió —contestó con algo de preocupación en su voz.

—Ok…

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Decidí que esto lo debía hacer sola, sé que podía contar con Sam para lo qué sea, pero tenía que hacerlo sola.

Entré al cuarto de mi madre para verla sentada en forma de flor de loto en su cama frente a una pequeña caja. Mamá estaba vestida de forma casual, normalmente se arregla de vestidos o faldas para ir a trabajar a la editorial o salir con algunos hombres, pero hoy no. Hoy era uno de esos días en lo que pasaba tiempo a solas. Hasta ese momento me daba cuenta de algo importante: mi madre llevaba siempre una pulsera de una mariposa azul y creo que era la que Edward le regaló…

—Ness, debes de tocar antes de entrar —dijo con una pequeña risa en su voz.

—Bueno, no interrumpí algo importante ¿o si? —pregunté preocupada.

—¿Más importante que tu? —Preguntó pensativamente, viéndome directamente —No, claro que no, Nessie.

—Que bien —dije contenta acercándome a la cama y tomando asiento al pie de ésta.

—¿Qué te trae por aquí, cariño? —preguntó tiernamente.

—Bueno, quería hablar sobre algo, mamá —dije estirando mis labios a modo de sonrisa.

—No me digas —rodó los ojos —Déjame adivinar, el sobrino de Félix, el rubio sexy es tu novio —dijo con una sonrisa socarrona, haciéndome sonrojar.

—No en realidad, no vine a hablar de eso… —antes de terminar la oración mamá me interrumpió.

—¿No es tu novio? —cuestionó alzando una ceja y con la vista fija en mis ojos.

—Si lo es… pero no es sobre eso —dije sintiéndome cohibida.

—Ok, ¿Qué ocurre, Ness? —preguntó a modo que empezara.

—Es sobre Edward Masen… —sentí mi boca seca, quitándome valor. En el rostro de mi madre vi una expresión de tristeza —Quiero saber qué fue lo que pasó.

—Sabía que lo preguntarías algún día —mamá intentó sonreír, pero no le llegó a los ojos —Pero antes de decirte algo, quiero enseñarte muchas cosas; cosas que ni si quiera en el diario hay.

—¿Y que es?

—Esto —dijo tendiéndome la caja que hasta unos instantes tenía en frente suyo.

—¿Qué es? —pregunté antes de abrirlo.

—Ahí están algunas cartas, anotaciones y… un álbum de fotos —dijo soltando un profundo suspiro.

Abrí la caja y me encontré con un álbum de piel. Lo tomé y pasé la primera pagina que eran fotos de mi madre de chiquitas, las cuales nunca había visto.

Cumpleaños, fiestas, con amigos y con familia. Eran muchas fotos, y cada que pasaba una pagina miraba a mi madre como preguntando “¿Pero que tiene que ver con mi padre?” y ella respondía que solo siguiera. Y así lo hice. En varias fotos a mi madre se le llenaban los ojos de lágrimas, hasta que entendí por qué me lo dio.

En unas hojas venían repletas de fotos de un chico atractivo. Sonrisa de encanto, cabello cobrizo y revuelto y claro, unos ojos profundamente esmeraldas. A como salía en mis sueños no le hacían justicia. El chico que estaba viendo era perfecto y totalmente atractivo, y ése era mi padre.

Mi corazón se vio totalmente acelerado, saltando de la alegría. Una sonrisa fue ensanchándose en mi rostro, haciendo que me dolieran un poco las mejillas. De mi ojo derecho se escapó una lágrima fugaz, pero no de tristeza, sino que de alegría.

Voltee a ver a mi madre, para poder su expresión, pero era totalmente la contraria a la mía. Tenía los labios haciendo un pequeño puchero. En sus ojos no había más que tristeza. Puedo jurar que escuchaba a su corazón, pero no creo que de alegría. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, apunto de explotar. Sus manos estaban de un modo que parecía que se las estaba lavando, jugaba con sus dedos nerviosamente. Tenía el ceño fruncido, y cerró los ojos dejando las lágrimas bañar sus mejillas.

Me sentí mal al ver a mi mamá, sin una razón, el nudo volvió a mi garganta, y buscando consuelo abracé a mi madre y le acuné en mi pecho. Le acaricié la espalda suavemente, y oculté mi rostro en sus cabellos, evitando que me viera llorar. Debió haberse visto extraño; una hija apapachando a su mamá…

Después de unos minutos en esa posición, deje de sentir lo sollozos de mi mamá, y me separé de ella, tomando con mis manos sus hombros.

—¿Mamá, que pasó? —sé que no estaba bien preguntar eso, después de verla llorar de esa manera, pero tal vez así podría ayudar.

—Espera, quiero enseñarte algo más —tomó un CD de la caja, y la metió en una de esas cosas que lo leen. Era muy vieja, y siempre me había preguntado por que lo tenemos si existen cosas más modernas.

—Es un video casero —sonrió de oreja a oreja.

Me senté en la cabecera de la cama, mientras mamá se acomodaba a lado de mí.

El video empezó con un pequeño dialogo.

—Edward, ¿Cómo se prendé ésta cosa? —era la voz de Emmett, la pantalla se veía negra.

—Idiota —se escuchó una voz aterciopelada y una risa musical acompañándolo —La tienes prendida, pero no le has quitado la tapa, Emmett.

Mamá soltó una risita.

—Oh, es cierto —respondió Emmett.

—¿Listo, cariño? —en la pantalla se veía a Rosalie muy joven en un jardín.

—Claro —contestó animado Emmett, aunque no se vio en la pantalla.

Ok, —la voz de mi madre se escuchaba y Emmett movió la cámara para que saliera ella a un lado de Rose —esta es una película por producciones Masen. Lo principal de aquí es enseñarles quienes somos y por qué quisiéramos que nos recordasen. Empieza tú, Rose.

Gracias, Bella. Bueno, soy Rosalie Hale. Quiero ser una actriz y futuro ejemplo para mi hija —la cámara bajó para ver la panza de embarazada que Rose presumía —Se llamará Sam, tengo 7 meses y nacerá en abril. Estoy emocionada —y fue interrumpida por Emmett —Claro que estamos emocionados, será una niña perfecta, igual que mi Rose —Emmett volteó la cámara para que saliera él.

Bueno, déjenos hablar a nosotros también, ¿no? —preguntó una hermosa voz con tono burlón.

—Señor perfección quiere atención —Rose se burló con voz de niño chiquito y haciendo un puchero.

—Ya déjenos salir —esa fue la risa de mi madre.

—Esta bien —Emmett volteó la cámara y mostró a Edward y a mi mamá.

Soy Edward Anthony Masen Cullen, productor de esta película —mamá sacó la lengua haciéndole burla —y quiero ser un gran músico en un futuro cercano. Pienso estudiar en la universidad de Chicago para…

—Blah, blah, demasiado, Edward. Deja hablar a Bella —se quejó Emmett con voz monótona. Edward hizo una mueca ante la cámara, pero cedió.

—Yo soy Isabella Mary Swan, novia del productor de la película —soltó una risita y prosiguió —quiero estudiar filología inglesa, para ser una futura escritora. Te toca Emmet —gritó innecesariamente.

—Claro, yo soy el protagonista de esta película, ya que soy el más guapo —se burló de Edward pasando su mano por sus rizos negros —Igual que mi adorable Rose, quiero ser actor y un gran padre para Samantha —terminó con una dulce sonrisa.

Bueno, este fue la presentación de La Película, que aun no sabemos como se llama. Esperemos que la disfruten —terminó diciendo Edward.

El video por unos instantes se puso en negro, para llegar a un momento muy… traumático.

—Es el nacimiento de Sam —explicó mi mamá algo que ya había dado por hecho.

—¡Puja, Rose! Tienes que hacerlo —apremió Emmett desde la cámara.

Emmett, mejor yo grabó y tu ve a apoyar a tu esposa —dijo algo angustiado Edward.

—Gracias, amigo —hubo cambio de cámara para ver a Emmett ayudar a Rosalie. De repente, un doctor sacó a un bebé ensangrentado de un lugar que mi papá no quiso grabar.

—¡Es niña! —anunció el doctor tendiéndole a Rosalie el bebé envuelto en una cobijita, Rose lo aceptó de inmediato y se vio como lo acunaba y a Emmett besarle en una pequeña frente.

Y el video volvió a cambiar.

Era en una playa en el crepúsculo. Se veía a Rosalie acunar a un bebé en sus brazos y a mis padres un poco más lejos apreciando el paisaje. A mamá ya se le notaba la pancita de embarazada, y papá se la acariciaba tiernamente una y otra vez. No había sonido en ese video, pero la imágenes de mis padres y de Emmett y Rosalie bastaron para explicar el gran amor que compartían entre ellos.

La imagen volvió a cambiar.

Mamá estaba sentada en un sillón a un lado de Edward.

—¿En verdad tengo que hacerlo? —preguntó mi mamá con una mueca.

—Hazlo por nuestro bebé —respondió Edward acariciando tiernamente su panza.

—Está bien —mamá tomó una profunda respiración en el video —Este es mi bebé, tiene siete meses de vida. Aun no sabemos su sexo, ya que queremos que sea sorpresa, pero si es niña, se llamará Carlie, y si es niño… —Edward la cortó.

No, espera, ¿Cómo que Carlie?, ¿Por qué? —preguntó entre molesto y divertido.

—Si, bueno… Carlisle ha sido mi medico desde los cinco años, y lo combine con Charlie. Car-lie.

—No me gusta —dijo quejumbroso Edward. Mamá frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Me suena como una niña consentida… No me gusta y ya.

—¿Y si es niña le ponemos dos nombres? —preguntó irritada mamá.

—Si, sería muy bueno… ¿Qué tal Renesmee? —propuso papá.

—Es difícil de pronunciar.

—De cariño podríamos llamarle Nessie.

—Renesmee Carlie Masen. Me encanta —dijo satisfecha mamá.

—¿Y si es niño? —preguntó Emmett desde atrás de la cámara.

—Edward Anthony —respondió mamá, papá volvió a hacer una mueca.

No, ¿sabes lo que se sufre con ese nombre? Desde Eddie hasta Toño, no permitiré que a mi hijo lo llamen Toño.

—Pues a mi me gusta tu nombre, así que aguántate.

—Bella —se quejó papá.

—No. Bueno, sigamos. El bebé nacerá por finales de septiembre, o a menos que se adelante. Y a finales de octubre, Edward se irá a estudiar en Chicago mientras que Charlie me ayudara.

—Y nosotros, Bella —interrumpió Rosalie fuera de foco.

—Gracias. Pero para navidad y año nuevo, Edward volverá. Haremos a nuestro bebé la persona más feliz de este mundo —dijo satisfecha.

—Lo cuidaremos como podremos —terminó Edward.

El video se volvió a cortar.

Era mi nacimiento. Un sonrojo profundo se asomó por mis mejillas.

—¡Emmett, apaga la maldita cámara! —gritó mi madre llena de sudor y apretando los dientes.

—Me lo agradecerás cuando tu hijo crezca —se defendió Emmett, mamá solo gruñó y empezó a pujar.

—Vamos, mi amor —alentó mi padre sosteniéndole la mano.

El doctor sacó a un bebé del lugar donde Edward no quería grabar pero Emmett si.

—Es una hermosa niña —anunció el doctor.

Quiero cargarla —mi madre extendió sus brazos, y me acunó en ellos. Edward acarició mi frente y le dio un beso a mamá.

El video cambió.

Era una playa, viendo el atardecer.

Siempre te querré —escuché a mi madre. Esa parte me pareció conocida… Creo que había sido un sueño. Mi madre me tenía en brazos y Edward la tomaba de la mano para caminar juntos.

—Y yo las amaré por siempre —dijo mi padre.

El video se acabó por completo ya que salió estática.

Sin saber la razón, sentí una lágrima rodando por mi mejilla. Voltee a ver a mamá, y esta vez lloraba de felicidad.

—Entonces, ¿Qué ocurrió? —pregunté intentando no ser tan brusca con la pregunta.

—Espera, hay una cosa más que quiero mostrarte — dijo sacando unos papeles de la cajita —Ésta es una carta de Edward, cuando estuvo en Chicago.

La letra de la carta era tan hermosa. Parecía de alguien del siglo pasado, era legible y ligera. Era perfecta.

“15 de Noviembre de 2006

Querida, Bella:

Las extraño con todo mi ser, me siento solo cada que amanezco y no escuchó a Nessie ni tampoco veo tus ojos achocolatados.

He aprendido más de música. Prefiero tocar el piano, pero piden que al menos sepamos tocas tres instrumentos. Creo que será la guitarra y tal el violín.

Con cada día que pasa sé que te amo más que a nada en este absurdo mundo.

Al menos en un mes iré a Forks por Navidad y las veré. Te amo.

No te prometo amarte más allá de la vida
en un cielo o un infierno,
no te prometo un amor eterno a pesar de
que vivimos en un mundo de mentiras,
me es imposible decir que te obsequio una de las estrellas
o hasta que el cielo te llevaría.
Sin embargo, te prometo
no renunciar a ti ni siquiera en este instante de mi vida.

Con amor, Edward.”

El poema que había dejado era demasiado tierno, básicamente me enamore de ese poema… era tan dulce y a la vez tan profundo.

—¿Lindo, cierto? —preguntó mamá, yo solo asentí. —Bueno, y esta es otra carta… —me tendió una muy maltratada —Hubo un momento, en que Rosalie y Emmett fueron a los Angeles a probar su suerte en la actuación, y me pidieron que los acompañara, ya que me sentía muy sola en Forks sin Edward. Como no sabía cual era el teléfono de Edward y tampoco la dirección para enviar las cartas, le pedí a Charlie que le avisará a Edward en cuanto llamará cual era mi nuevo número, pero no todo salió como esperaba…

Esta carta, era echa a computadora.

“25 de Noviembre de 2006

Isabella:

Sé que vivimos once meses juntos, pero no puedo fingir más. No quiero criar a un hijo con alguien que no amo. Llámame cobarde o como quieras, pero no pienso volver a hablarte tampoco quiero.

Isabella Swan, ya no te quiero y nunca lo hice, Habría sido más fácil para ambos no tener a Renesmee, o simplemente no conocernos.

No te preocupes, no volveré en Navidad, tampoco llamaré o enviaré más cartas… no sabrás nada de mí y yo tampoco de ti.

Lo único que disfruté fueron las noches de sexo… fueron un verdadero placer.

Por cierto, eres una maldita perra, eso hará las cosas mucho más fácil para ti.

Edward.”

No podía creer en esas palabras. Eran tan frías…

Como si en todo ese momento no le habría importado ni mi madre ni yo. Sentí coraje al tal Edward, era tan… imbécil.

Empecé a lagrimar de coraje por impotencia que sentí al no poder hacer nada… fue un patán.

—Nessie… aunque parezca que es verdad, no lo es… Esa carta es el peor error que ha habido en mi vida —la voz de mi madre sonaba rota, ¿Cómo podía defender a Edward después de todo eso?

—¿Mamá, estas loca? Es un… patán, ¡mi padre es un patán! —grité con lagrimas en los ojos. Me sentía horrible. Llegué a pensar que mi madre tenía razón sobre que fueron victimas de las circunstancias… pero ahora me doy cuenta que mamá ha sido muy ciega. Quería gritarle mil cosas sobre lo imbécil que era ese tal… Edward Masen, pero no pude, no quería. Había deseado tanto que él fuera mi padre que también me cegué…

—Pasaron dos años con ese vacio en mi interior y con la incertidumbre de qué la habrá ocurrido a Edward, pero una parte de mí sabía que me seguía amando a pesar de la carta. Sino habría sido por ti, seguramente hubiera echo una locura como suicidarme…

—Fueron meses de sufrimiento hasta que Charlie -tu abuelo- no soportó la culpa y me dijo que él había escrito la carta, y que cuando llamó Edward le dijo que yo ya no quería saber nada de él. Edward vino a Forks cuando seguíamos en los Angeles y Charlie lo echó de la casa diciéndole que yo ya ni si quiera lo quería ver.

—Debí haberme dado cuenta que por una simple carta no diría eso Edward. Él no era ningún cobarde, ni tampoco un patán. Cada noche añoraba con que volviera a llamar por teléfono, pero también me di cuenta que Charlie cambió el teléfono, así que… me cansé de esperar a que un milagro pasará. Me mudé e intenté olvidar a Edward, pero no se puede olvidar el primer amor. Hay un poema que cada noche se la decía a las estrellas, sé que suena a cursilería, pero esperaba que por algo muy especial Edward me pudiera escuchar, es este poema:

Es tan complicado esto del amor,
aunque parece que todo es bello,
creo que podría estar mejor,
pero quema como un disparo hecho a traición,
y aunque intento volverme a enamorar,
arrancándote para siempre de mi vida,
me asfixia la simple idea de que puedas amar a alguien más,
por que sólo puedo recordar que en tus manos
tocaba el cielo envuelta sólo de tu luz
y hoy que no estás, todo lo veo negro
y quisiera saber si tú también me puedes extrañar.”

—Perdoné a Charlie, pero desearía que no lo hubiera echo...—hasta ese momento mamá rompió en llanto. Todo era tan raro…

Mi abuelo por no aceptar la relación que tenían Edward y Bella hizo hasta lo pero por separarlas… y solo para terminar así: Con una nieta sin su padre; una bastarda.

Tenía que hacer algo para arreglar lo que había ocurrido. En algún lado había escuchado ésta frase:

“Errar es de humanos, perdonar de dioses y rectificar de sabios…”

Mi abuelo cometió un grave error, mi madre lo perdonó y yo… yo intentaría rectificar el error, sé que será difícil, pero todo sea por que mi madre vuelva a estar con el mejor hombre para ella: Edward Masen.

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(*) Torteó: del verbo tortear XD, no es cierto… en pocas palabras es como manosear.

1 comentario:

  1. esta historia esta super buena y tan feliz y romantica espero que la completes porque es dificil estar sin saber como acaba de verdad te lo ruego

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