lunes, 4 de octubre de 2010

I Will Make You a Woman -Capítulo 8

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen ¡Lo saben! Pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes, moviendolos a mi gusto.


I Will Make You a Woman


¿Qué lo había delatado? ¿Cómo se había enterado?


Bella lo veía con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho, esperando la respuesta de él.


- ¿Cómo… cómo puedes pensar que sería capaz de hacer eso, Bella? –Preguntó. Su tono era dolido, como si esas palabras lo ofendieran, como si le levantara falsos.


Ella lo miró confundida.


- ¿Qué? No me vengas con ese cuento, Edward –Gruñó, parecía que iba a lanzársele al yugular-. Hoy en la madrugada que te pedí la taza de cocoa, mi diario estaba entre las sábanas.


Edward enmudeció. Su cerebro trabajaba a mil por hora. No podía permitirse perder la confianza de Bella y en vez de avanzar a su corazón, retroceder kilómetros de este. Su cerebro no tardó en mandarle una respuesta que sonara lógica, que ella pudiera creerle.


- Lo deje ahí cuando estaba buscando los pañuelos para limpiar los mocos que escurrían de tu nariz, Bella –Replicó, convincente, como si dijera la verdad-. Me hiere que pienses que sería capaz de hacerte eso…


Bella, como tonta ingenua, asintió con la cabeza, creyendo la mentira que Edward acababa de decirle. Sus mejillas se colorearon de un tono carmesí, y él chico de ojos verdes sonrió.


- Discúlpame, Edward –Apenas murmuro-. Debí pensar en esa posibilidad… Pero todo apuntaba a que tú lo habías leído…


Edward casi tragó en seco. Luchaba contra las evidencias, mentía aún teniendo evidencias. Tenía de su lado lo ingenua que Bella era, y sacaba provecho de ella.


Eso le recordó a Rosalie. A Rosalie que sacaba provechó de ella. La castaña arrancó, la camioneta hizo un ruido que retumbó en sus oídos. Edward se llevó las manos a sus orejas e hizo una mueca rara. Bella se concentró en arrancar, pero la pick up se negaba. Luego de un par de minutos avanzó unos centímetros, para después avanzar por la carretera.


Bella dejó una estación de rock.


- ¿Por qué te gusta tanto el rock, Bella? –Preguntó, Edward, cuando la canción finalizó y comenzó otra aún más pesada que la anterior.


Ella rió.


- Siempre me ha gustado… -Se encogió de hombros-. Desde que tengo memoria, sólo he escuchado rock…


Edward asintió, absorbiendo todo lo que le decía como una esponja. Sí quería ganarse a Bella, tenía que saber lo más posible de ella; lo que le gustaba y lo que no, sus sueños… Cosas sobre ella. Desde que la había conocido, nunca hacía lo que él esperaba, nunca salían de sus labios las respuestas que esperaba, pero siempre, siempre que ella hacía algo, se quedaba fascinado. Tan fascinado como si fuera una rara especie en peligro de extinción.


Pero, había una pregunta que no le había hecho. Una que se moría por conocer, y de esta manera, determinar si tenía oportunidad con ella.


- Oye, Bella –Empezó como quién no quiere la cosa.


- ¿Sí?


Él suspiró.


- ¿Desde…? –Carraspeó-. ¿Desde cuándo te gustan las mujeres?


Ella volvió a reír, restándole importancia.


- ¿Te puedo confesar algo? –Edward asintió, cauto-. No me gustan las mujeres, sólo me gusta Rosalie.


El corazón de Edward comenzó a palpitar más rápido. No le gustaban las mujeres… Se podría decir que Rosalie era la única excepción a esa regla.


La mente de Edward comenzó a maquilar un plan, el plan para alejar Rosalie de Bella… Después de un rato, llegó a la conclusión que para hacerlo, la voluptuosa rubia tenía que romper el corazón de la castaña y Edward estaría ahí para consolarla.


Sonrió y miró a través de la ventanilla.


Bella iba absorta en el camino, que no notó el brillo malicioso en la mirada de Edward.


Una vez en la casa de la castaña, los dos subieron a la habitación de esta. Edward había estado ya varias veces en ella, pero sentía que esta vez sería diferente, algo se lo decía.


- ¿Sabes, Bella? –Ella lo miró con atención-. He notado que tienes mucho pósters de Robert Pattinson –Le dijo. Bella se sonrojo-. Días atrás no tenías tantos…


Ella jugó con un mechón de su cabello, mientras veía un póster de Robert sonriendo.


- La verdad es que no me gusta mucho –Murmuró-. Pero, él me recuerda a ti.


Edward sonrió.


- No sé porque todos dicen eso –Dijo, con tono juguetón-. Lo aceptaré como un cumplido –Rió. Bella lo acompaño, pero su risita fue más nerviosa.


Bella no sabía porque de repente su obsesión con Robert, hasta que algunos días se había dado cuenta con el enorme parecido que tenía con su mejor amigo. Exceptuando los brillantes ojos verdes de Edward, podría hacerse pasar por el gemelo perdido del actor.


Ella se sentó en el escritorio y encendió su laptop.


- Oye, Edward –Dijo, mientras abría su sesión en la laptop-. Puedes irte si quieres a la escuela. No quiero que pierdas clases por m causa –Se giró a verlo.


Edward estaba ya sin camisa y sin zapatos ni calcetas. Se podría decir que lo único que traía puesto eran sus pantalones y los bóxers. Bella se volteó de nuevo a la laptop y abrió el Messenger y el Internet.


El chico sonrió.


- ¿Pero, qué dices, Bella? –Bufó-. Es mi oportunidad perfecta para faltar a clases.


Bella sofocó una risita.


- ¿Entonces utilizas mi enfermedad como pretexto para faltar a la escuela? –Preguntó, seria. Aunque por dentro se partía de la risa-. ¡Qué hipocresía!


Edward rió entre dientes.


- Bueno, si así lo quieres ver…


- ¡Edward!


Él rió más fuerte y se tiró a la cama, con los brazos bajo su cabeza y las piernas colgándole al otro lado. La viva imagen de la despreocupación.


Una vez iniciada la sesión, Bella se dio cuenta que todos sus contactos estarían en la escuela, y que por esa razón no podría conversar con nadie. Bufó. Cerró la sesión y se metió a su lista de reproducción para poner un poco de música. Mientras tanto, en Internet revisaba sus notificaciones del Facebook.


- ¡Edward Cullen! –Rugió.


Edward se levantó rápidamente y se colocó tras ella para ver que la tenía tan molesta con él. Dos días atrás la había etiquetado en una foto donde salía en ropa interior de ositos. Bella leía los comentarios; muchos alumnos ya la habían comentado.


- ¡No puedo creerlo, Edward! –Lo empujó lejos. Se levantó de la silla y caminó hacía él. Arrinconándolo contra la pared. Acechándolo como una presa. Edward tragó saliva-. ¡Vamos, Edward! –Puso una mano en el botón de los pantalones del chico y sonrió maliciosamente-. Déjame tomarte una foto en ropa interior –Rió.


En un movimiento rápido, Edward tenía los pantalones en sus tobillos y las mejillas sonrojadas. Bella sacó su celular del bolsillo de su pantalón y fotografió a un Edward con bóxers rojos.


- Combinan con el color de tu rostro –Se burló.


Corrió a la laptop y conectó el celular con el cable USB. Edward se apresuró a subirse los pantalones. No era una foto tan comprometedora como la suya, podía estar tranquilo. Él nunca, pero nunca de los nunca, usaría algo tan soso como ropa interior de ositos.


Se recostó en la cama y miró el techo.


Tenía elaborado un plan, pero necesitaba la ayuda de Emmett. Bella rió un poco, y se alarmó. Rápido, como él era, estaba ya en cinco segundos a lado de ella.


Bella había editado la foto.


Había puesto un osito en donde se suponía estaba su miembro. Tragó saliva, y enrojeció.


Su amiga seguía riéndose, ajena a la vergüenza de Edward.


- No es tan malo –Consoló, Bella.


Edward bufó muy fuerte.


- ¿Qué puede ser peor? –Preguntó, irónico.


- Que tu novia la vea.


- No tengo novia…


- Oh –Exclamó y se giró a él.


El rostro de Bella estaba confundido. Sus cejas casi se juntaban cuando frunció el ceño.


- En tu perfil de Facebook dice que tienes una relación…


Edward hizo una exclamación de sorpresa, movió con cuidado la mano de Edward y se fue a su cuenta. Era cierto. Ahí con letras de distintos colores lo decía.


Situación sentimental:


Tiene una relación con Tanya Denali.


Abrió los ojos como platos y se alejó de la laptop como si esta le quemara. Bella lo miró, confundida y lo abrazó. No sabía que otra cosa podía hacer. Edward se apartó educadamente y llevo sus manos a su cabello y comenzó a tirárselo con un poco de fuerza, haciendo que unos cuantos de estos se quedaran en sus manos.


- ¡Es imposible, Bella!


- Cálmate, Edward…


Él gruñó.


- No me puedo calmar… ¡No puedo!


Bella se acercó a él, pero fue en vano, Edward se apartó y se recargó en la pared con gesto ausente.


- ¡Si un nombre debería estar ahí es el tuyo! –Gritó con fuerza, cubriéndose el rostro.


La castaña se quedó perpleja. Parpadeó un par de veces.


- ¿Q-qué dijiste?


- He dicho que… -Edward suspiró-. Me gustas, Bella Swan.

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