lunes, 4 de octubre de 2010

I Will Make You a Woman -Capítulo 5



Disclaimer: Los personajes no me pertenecen ¡Lo saben! Pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes, moviendolos a mi gusto.



I Will Make You a Woman


- ¿Cómo puedes comer eso? –Preguntó asqueada, Bella.


Alice tenía entre sus manos un sándwich de mantequilla, mermelada, cajeta, queso y avellana. ¿La palabra repugnante le quedaba? Y además, le había puesto un poco del cátsup de la pizza de Edward.


- Ella es así –Respondió, Edward. La Cullen se encogió de hombros y le dio una gran mordida al sándwich.


Jasper Hale cada vez estaba más fascinado con ella. Y prueba de ello era que no la veía horrorizado su extraño almuerzo.


- Déjenme –Alegó la pequeña-. A mí me encanta. Además, ¿cómo pueden juzgar algo que nunca han probado?


Rosalie soltó una risita irónica. Edward disimuló la mueca de desagrado por ella; él detestaba todo de Rose, pero claro, si era Bella la que lo hiciera, entonces todo estaba perfecto y no había ningún problema.


- Alice, te quiero y todo, pero… -Bella hizo una pausa-. Lo juzgo porque se ve asqueroso.


La aludida frunció el ceño y con una rapidez increíble, cortó un pedazo del sándwich y se lo metió a la boca. Bella casi se ahogaba cuando le rozó la garganta. Agarro su jugo de naranja y bebió a grandes sorbos.


Gulp, gulp. El jugo deslizándose por su garganta en conjunto con el pedazo se escuchó. La cara de Bella se tornó verde. Asco, asqueroso…


Inesperadamente, una mezcla café salió por su garganta; algo de una consistencia cremosa, y con pequeños pedazos de pizza. Vómito repugnante que salió de su garganta.


Tosió repetidas veces. Escupió un poco de sangre por la fuerza de la tos, pero aún sentía pedacitos de sándwich atascados en la garganta. Bebió más jugo, pero fue en vano. Vomitó de nuevo y esta vez en su ropa. No en la mesa, no en el suelo. En su ropa nueva que le había mandado su madre Reneé de Jacksonville.


Sonrió, intentando calmar a los presentes, pero la traicionó su estómago.


De un momento a otro, Edward la sujetaba de la cintura y la ayudaba a levantarse. Colocó frente a ella su bolsa donde guardó su almuerzo.


- Te llevaré a la enfermería, ¿sí? –Dijo con dulzura. Bella miró interrogante la bolsa de papel-. Es por si quieres vomitar de nuevo –Explicó.


Calculó el peso, y la cargó en brazos. Su cabeza colgaba de un lado, y las piernas del otro. Su rostro se veía pálido, delicado, como una hoja de papel. Los labios rosados estaban blancos como cal y parecían que al tacto se romperían. En su frente, había una pequeña capa de sudor.


- ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Les juro que no era mi intención que esto pasara! –Se apresuró a disculparse, Alice.


Rosalie la fulminó con la mirada.


- Alice ya has hecho suficiente –Dijo venenosamente.


- ¡Rosalie! Ya se ha disculpado… -Defendió, Jasper.


Las lágrimas no tardaron en salir de los ojos de la pequeña Cullen, y Jasper n desperdició la oportunidad de abrazarla, con el pretexto de consolarla. Egoístamente pensó que fue bueno que ella provocara la casi muerte de su mejor amiga, pero inmediatamente se arrepintió de tal pensamiento.


Mientras tanto, Edward caminaba por los pasillos en dirección a la enfermería. La chica había caído en un desmayo y eso ya era preocupante. La puerta estaba abierta, así que entró sin mucha dificultad. Miró hacia todas partes, hasta que ubico a una señora ya mayor sentada tras un pequeño escritorio.


- Eh, ¿podría ayudarme? –Pidió amablemente, Edward.


La ancianita apresuradamente se levantó y le indicó que la dejara en la camilla que había a un costad de la angosta enfermería.


- ¿Qué le ha pasado?


Edward suspiró, moviendo algunos cabellos del rostro de Bella, contestó:


- No lo sé –Sus ojos se fueron sobre la señora-. Ella discutía con mi hermana acerca de su almuerzo… Se ahogaba, yo… Vomitó y luego, sangre… -Tartamudeó.


Asintió sin entender ni una palabra de lo que el chico decía. Sacó de un cajón un termómetro y lo introdujo en la boca. Al cabo de un minuto, lo vio. Tenía la temperatura alta y estaba segura que no se había puesto así desde el trayecto de la cafetería a la enfermería.


- ¿Notó si su amiga se encontraba decaída mucho antes del… suceso? –Preguntó, tocándole la frente.


Edward dudó.


- No.


La enfermera asintió y se fue a otro cajón. Dentro había algunas pastillas y jarabes. Como no estaba segura si era una infección intestinal, gripe u otra cosa, dejó varis frascos a la vista. Le dio indicaciones a Edward sobre cada una. Se tenía que ir, su turno terminaba después del almuerzo, pero no podía dejar a esa indefensa niña así.


El timbre resonó por los pasillos. La ancianita se despidió y le dijo que al salir cerrara con seguro. Con un andar pausado, salió, cerrando la puerta tras ella.


Por fin, Edward tenía unos minutos a solas con Bella, aunque no fuera en los términos que el deseara. Normalmente nunca podían estar a solas. Rose se la pasaba pegada a la castaña cm un imán, y eso, francamente, sacaba de quicio a Edward y Alice; interfería con sus planes y no podían hacer nada.


La miró. Pálida y enferma, carente de vida, no literalmente, porque el suave respirar que hacía que su pecho se moviera de arriba abajo ahí estaba, pero parecía más una muerta que una viva. Sus mejillas, usualmente sonrojadas, estaban igual que toda su cara, pálidas.


Con una delicadeza, paso su mano desde la sien hasta la barbilla de Bella. Deteniéndose para acariciar sus mejillas, suaves y finas.


¿Cómo no había notado que Bella estaba enferma?


Se sintió tonto… No, estúpido, idiota. Todo por fijar su atención en el más mínimo error que cometiera Rosalie y que echara a perder la relación, no había visto que la chica que quería estaba enferma. ¿Qué quería? Sí… Al principio sólo era un reto, llevarse a la cama a una lesbiana, que sintiera lo que era tener sexo con un hombre para que se volviera mujer. Pero, no contaba con querer la inocencia de ella, que cuando se avergonzaba, el adorable rubor cubría sus mejillas. Los cabellos ondulados y castaños, largos y delicados eran hermosos, brillantes, envidiables. Su silueta fina y delicada, de una mujer. Sus facciones dulces, siempre cálidas. Era muy hermosa, divina. Y sin querer… Estaba enamorándose de ella.


Los párpados le pesaban, y sin darse cuenta cayó en un profundo sueño.


Horas, minutos, no tenía idea del tiempo transcurrido. Sólo era consciente de que unas delicadas manos acariciaban sus cabellos.


Abrió los ojos y miró hacia arriba. Una cálida sonrisa lo recibió. Bella había despertado… ¡Bella había despertado! Sobresaltado, se levanto de un salto. Se había acurrucado a un costado de la castaña, y su cabeza había estado sobre el vientre de ella con las piernas de la rodilla para abajo, colgándole de la camilla.


- ¡Bella! ¿Estás bien…? ¿Quieres agua? ¿Te duele algo? ¡Dime! ¿Qué necesitas?


La aludida soltó una risita.


- Estoy bien –Respondió con la voz frágil-. Desde ayer estoy así.


Hacía una semana desde que los hermanos Cullen habían llegado, y la amistad entre Edward y Bella iba viento en popa. Por eso, Edward se sintió que no le hubiera dicho que estaba mal.


- ¿Y por qué no me lo dijiste? ¿Qué no somos amigos, Bella? –Reclamó.


Bella frunció el ceño. Sus ojos se entrecerraron.


- ¿Qué? ¡Pero claro que somos amigos! No te lo dije porque sabía que… Sabía que te ibas a poner así… Frenético –Replicó.


Edward soltó un bufido y cruzó los brazos sobre su pecho, mirándola desafiante.


- ¿Frenético? ¿No querrás decir ''preocupado''?


Bella negó con la cabeza y su mirada viajó por toda la habitación. Pasaron los minutos y ella no respondía. Edward daría cualquier cosa por saber que pasaba por su cabeza, pero claro, nunca lo sabría. La chica pensaba en cómo decirle lo que pensaba sin que su amigo se ofendiera, pero no encontraba las palabras para expresarse. Al final, Bella soltó un suspiro.


- Edward…


Este miraba hacia la ''Pirámide de Alimentación'' que tenían en la pared de lado norte.


- Hey, mírame –Puso resistencia un poco, pero al final cedió-. Siempre estas cuidando de mí… Pero tiendes a exagerar –Edward iba a replicar, pero ella continuó-. Sé que vas a decir que no es exageración, pero lo es. Es sólo una pequeña infección. El día que me este muriendo… -Su amigo hizo una exclamación de horror. Bella hizo caso omiso-. Te dejaré que exageres todo lo que quieras, pero por el momento estoy b…


- No digas la palabra ''bien'' –Interrumpió-. Si valoras en algo mi cordura, no digas la palabra ''bien''.


- Pero así es…


Edward frunció más el ceño.


- No, no es así… -Replicó con voz dura-. ¡Por Dios! ¡Te desmayaste! Podría ser anemia…


Bella volvió a bufar.


- Bien, hoy iré al médico a hacerme unos análisis y vas a ver que todo va a estar bien, ¿sí? Tal vez sólo tengo mal el azúcar o algo.


El Cullen dejo de fruncir el ceño y la abrazo. Ella correspondió a su abrazo y suspiró.


Un momentito… ¿Un suspiro? ¿Qué hacía ella suspirando por su mejor amigo Edward?


- Espero que sólo sea eso y no algo más –Dijo él, interrumpiendo las cavilaciones de Bella-. ¿Puedo ir contigo y también cuando los recojas?


Parpadeó un par de veces y analizó la pregunta. Asintió y cerró sus ojos.


¿Qué le pasaba?


- Siempre y cuando prometas no exaltarte, ¿sí, puedes prometerlo?


Edward sonrió torcidamente y levantó una ceja cobriza.


- Lo prometo –Prometió, cruzando los dedos detrás de la espalda de Bella.


Estaban tan sumidos en su burbuja, que no oyeron cuando la puerta se abrió.


- ¡Vaya! ¿Pero qué tenemos aquí? La zorra de Swan con el engreído Cullen… ¡Pero que linda pareja! ¿No crees, Mike?


Ambos se giraron y contemplaron a los tres muchachos. Félix, Demetri y Mike. Inmediatamente, Edward había reconocido la voz endurecida de Félix.


- ¿Qué la zorra no era lesbiana? –Preguntó con falsa curiosidad, Demetri.


Mike asintió.


- Espero que tu Rosie no se entere que le pones el cuerno… ¡Y con un hombre!


Bella ya estaba harta. Harta de las constantes burlas, harta de soportarlos con sus crueles palabras que sólo le rompían más y más su frágil corazón.


- ¡Eso no es su problema! –Rugió-. ¡Preocúpense mejor de su vida! Ah, lo olvidaba… ¡Ustedes no tienen vida! Sólo se dedican a jodérsela a las demás personas, porque de no ser así… No tendrían nada que hacer.


Había dicho esas palabras, y nadie, ni siquiera ella que las había pronunciado, creían que hubieran salido de la boca de Isabella Marie Swan. Estaban atónitos. Ella pudo haberle dicho a Félix que su novia lo engañaba con su hermano, pero ella tenía límites y no quería rebajarse a su nivel.


Edward, más tranquilo y calculador, la sacó rápidamente de la enfermería y la llevo a su pick up. Se quedaron en silencio unos minutos. Colocó un disco de ''Paramore'' y subió el volumen. En estos momentos todavía no había nadie en el abarrotado estacionamiento, recién la última hora había comenzado.


- ¿Estás bien? –Preguntó, por fin.


Bella se había quedado mirando fijamente a través del parabrisas, y no daba señal alguna de querer hablar. Ella volvió su mirada a él, pestañeó un par de veces y con voz rota, dijo:


- No.


Y rompió en llanto… De pronto, todo se volvió negro. Había vuelto a caer en la inconsciencia.

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