lunes, 4 de octubre de 2010

I Will Make You a Woman -Capítulo 4


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen ¡Lo saben! Pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes, moviendolos a mi gusto.



I Will Make You a Woman


Cuarto para las tres.


Los tres chicos miraron maliciosos las puertas. Cada uno frente a una puerta diferente. Diez para las tres, tocaron con sincronía la puerta, con una falsa amabilidad solicitaron a uno de los jóvenes Cullen. Félix a Edward, Mike a Emmett y Demetri a Alice.


Los dejaron en la puerta del gimnasio. Primero, entro Emmett. Se extrañó que las luces estuvieran apagadas, pero si les intentaran hacer algo a él, los golpearía, esos músculos no estaban de adorno nada más.


Minutos más tarde entro Alice.


- ¿Emm? –Su cantarina voz resonó por todo el gimnasio, cuando reconoció la enorme masa de músculos sentada en las gradas.


Él le respondió con una carcajada.


- ¿Tú también?


Alice contestó afirmativamente y se fue a sentar a su lado. El gimnasio, oscuro y helado, sin nadie más que ellos dos se les antojaba de lo más aterrador. Si Edward estuviera ahí les diría que no se preocuparan, de todos modos, ¿Qué hacían ahí?


Luego de unos minutos una mata de cabellos cobrizos se asomó por la puerta, iluminando un poco el lugar. Los chicos de cabellos negros sonrieron de oreja a oreja.


- ¡Edward! –Chillaron, saltando de su lugar.


El aludido sonrió y caminó hacia ellos. Había avanzado unos metros cuando la puerta se cerró con estruendo y el sonido de un cerrojo se escucho. Emmett y Alice corrieron a lado de Edward, que había empezado a forcejar la puerta. Empujó con fuerza, pero no cedía.


- ¡Abran, maldita sea! –Rugió, el chico de ojos verdes.


Se escucharon unas tenues carcajadas. Dos con un tono burlón, y una tercera en un tono malvado.


- ¡Bienvenidos a Forks High! –Corearon tres voces masculinas.


Emmett comenzó a golpear la puerta a la par que Edward, pero era inútil, estaba tan bien cerrada.


Los gritos de los hermanos Cullen resonaron, haciendo unos espeluznantes ecos en el abandonado gimnasio.


Se sentaron en las gradas. Edward se veía molesto, muy molesto. Parecía que no le hacía gracia aquella bromita por parte de esos extraños que no tenía el disgusto de conocer. Peor aún, Bella se los advirtió. El primer día no confíes en nadie.


Emmett se veía distraído, como en otro mundo. Pensativo. Raro en él, normalmente se la pasaba hablando y tendrían que disponer de un bozal para callarlo, o al menos, algo que se le pareciera. Alice estaba asustada, y las lágrimas se desbordaban de sus ojos; era una persona de carácter fuerte, pero sumamente frágil.


- ¿Con qué excusa los trajeron aquí? –Preguntó con brusquedad, Edward.


Emmett salió de su trance y Alice lo miró con sus cristalinos ojos que se veían cada vez más rojos.


- Uniformes –Contestaron al unísono.


Demetri y Mike les habían dicho que el entrenador les entregaría sus uniformes par que el día de mañana asistieran con ellos.


- A mí me dijo que tenía que llenar unas formas para que todo estuviera en orden –Frunció el ceño-. Pero claro, como soy muy intuitivo le pregunte que porque no íbamos a la oficina principal –Torció la boca y soltó un bufido-. ¡El zopenco me dijo que el entrenador estaba aquí! –Miró a sus hermanos que lo miraban con una ceja alzada-. ¿Qué? –Sus hermanos sonrieron, burlones-. Pensé que tenía sentido que el entrenador quisiera verme en su hábitat –Rió-. La excusa que usaron con ustedes fue más simple y aceptaron a la primera. Además, Bella les dijo que los uniformes se los da la secretaria.


Alice miró a Edward interrogante, mientras que el mayor se perdía de nuevo en sus pensamientos.


¿Cuánto tiempo pasó?


Estaban seguros que horas. Habían terminado toda su tarea.


La pequeña Cullen revisaba su mochila.


- ¡Soy tan idiota! –Exclamó, sacando un pequeño aparato de su una pequeña bolsa de la mochila.


Los chicos la miraron con curiosidad.


Tal vez el hambre y la sed los hacían delirar. Parecía que llevaran semanas sin comer. No estaban seguros si sus ojos los engañaban o de verdad estaban viendo un celular plateado en la mano de su hermana.


Alice abrió la tapa y tecleó unos números. Colocó el altavoz.


- ¿Alice? –La dulce voz de Bella contestó al otro lado.


Soltaron risitas de satisfacción.


- ¿Chicos? ¿Está puesto el altavoz? –Preguntó confundida, la chica al otro lado del teléfono.


- ¡Sí! –Contestaron a coro.


- ¿A qué se debe su llamada grupal?


- Nos encerraron en el gimnasio –Lloriqueó, Alice-. Un trío malvado nos trajo por separado.


- ¿Qué? –Parecía estupefacta-. ¡Oh! –Gimió-. ¡Lo siento tanto, chicos! Debí haberles advertido en el almuerzo de ellos…


Los Cullen se miraron entre sí.


- ¿Los conoces? –Preguntó, Edward.


- ¡Claro! Pero, díganme, ¿desde cuándo están ahí?


Alice pensó que le habían parecido horas…


- Poco antes de la salida.


- Oh –Su voz sonaba llena de culpabilidad y vergüenza-. Iré por ustedes. No se muevan.


Soltaron una risita irónica. ¿A dónde irían si estaban encerrados? Cortaron la comunicación con una rápida despedida. Bella llegaría en unos minutos y podrían explicarle todo a su mamá.


Edward y Emmett no utilizaban celulares, les parecía de lo más innecesarios, sin embargo, nunca volverían a subestimar el poder del móvil. Al cabo de unos minutos unos pasos se escucharon por el pasillo. Un, dos… Dos personas corrían hasta ellos.


Se levantaron de las gradas y fueron hacía la puerta.


- ¡Chicos! –Gritó la voz de una chica-. ¡Demonios! –Gruñó-. Esos hijos de…


- ¡Bella! –Reprendió otra voz.


- Lo siento, Jazz, pero esta vez se pasaron… -Su voz se escuchaba molesta, muy molesta.


Se escucharon unas cadenas y unos cuantos chirridos; uno que otro insulto interrumpido y sobretodo el sonido de la libertad estaba ahí…


- Listo.


Una luz cegadora los abrumó. Se taparon, instintivamente, con una mano frente a sus ojos. Edward parpadeó un par de veces, acostumbrándose a la luz. Abrió la boca, una y otra vez, las palabras se habían atascado en su garganta. La imagen de Bella, con aquella luz a su alrededor, los desgastados jeans, la playera el doble de grande que ella y los castaños cabellos a los hombros, era sin lugar a duda, una imagen muy celestial.


El muchacho a su lado, sonrió de manera apenada. Los chicos Cullen salieron, intercambiaron un par de palabras y en cuanto salieron al estacionamiento, se encaminaron al único automóvil, una destartalada pick up que Edward identificó de inmediato.


- Alice, llama a mamá –Dijo, Edward, antes de subir al vehículo.


La chica asintió. Se alejó un poco. Un par de palabras y colgó.


- Ya. Está muy preocupada –Suspiró-. Le dije que Bells nos llevaría a casa.


La castaña sonrió y les abrió las puertas. Ella se sentó en el copiloto, Jasper al volante y los Cullen en los asientos traseros.


- ¿Algo que deseen escuchar en la radio? –Habló por primera vez Jasper.


- Música clásica…


- Hip Hop…


- Pop…


Respondieron al mismo tiempo los hermanos. Bella puso los ojos en blanco y rió con su amigo rubio.


- Ok, elegiré yo… -Anunció la dueña de la camioneta, buscando en la radio. Al final se decidió por una canción de rock-metal, a un volumen excesivo. Atronaba los oídos de los hermanos, que tuvieron que taparse los oídos. Jasper le dio una mirada reprendedora. La castaña sonrió apenada y le bajo hasta que sólo fue un discreto murmullo.


- ¿Quiénes eran los chicos que nos encerraron? –Preguntó, Emmett, mirando por la ventana.


El rubio se movió incomodo.


- Eh, son los reyes de las bromas de Forks High School –Respondió, con un aire misterioso-. Son jugadores de basquetbol. Yo estoy con ellos en el equipo, soy defensa.


Bella lo miró con una ceja alzada, su amigo suspiró.


- Yo… También les ayudo en las bromas –Los hermanos hicieron una exclamación de horror-. Nunca las hago… Es decir… Yo sólo les doy las ideas, nunca las elaboró con ellos –Suspiró.


Alice lo observó y le regaló una sonrisa cuando la sorprendió viéndolo.


- ¿Quiénes son?


- Son Mike Newton, el rubio –Bella puso una mueca de fastidio.


- ¿No te agrada Newton? –Preguntó, Edward.


- No –Respondió, seca-. Cuando entré a Forks High me seguía a todas partes –Miró por la ventanilla y sonrió con ironía-. Lo rechazo, no salgo con nadie y me gano el apodo de ''La zorra Swan'' –Rió sin humor-. Luego conocí a Rose –Suspiró soñadoramente. Edward reprimió una mueca de fastidio y asco.


- ¿Quiénes son los otros dos?


Jasper suspiró.


- El de cabellos castaños es Demetri, y el de cabello negro es Félix Vulturi. Son hermanos –Miró por el espejo retrovisor a los hermanos Cullen-. Tengan cuidados con ellos… -Dudó-. En especial con Félix.


Ambos se estremecieron ligeramente. Estaban seguros que aquella risita malvada que escucharon pertenecía a él.


- Lo tendremos en cuenta. Gracias –Dijo, Alice.


La canción terminó –había durado por lo menos seis minutos- y empezó una nueva, un poco más tranquila que la anterior.


Después de esa conversación, en el auto sólo se escuchaba la música.


- ¿De quién es esa canción?


El ritmo era bueno, la letra tenía estilo, pero sin duda, lo que más le había gustado a Edward era que a Bella le gustaba ese género de música.


- Es ''My Chemical Romance'' –Sonrió de oreja a oreja-. Se llama ''Welcome to the Black Parade''


Bella comenzó a cantar la canción. Se la sabía al derecho y al revés, tenía el disco y era una gran fan de ese grupo. Algo le decía a Edward que desde aquel momento sólo escucharía rock.


Cuando llegaron, se despidieron todos y Bella acordó pasar por ellos, junto con Rosalie y su gemelo.


En cuanto entraron, una preocupada Esme les hizo un interrogatorio tan completo en veinte minutos que los del FBI le tendrían envidia. Luego de que los chicos les contaran que les habían jugado una broma pesada, se había molestado tanto que había intentado telefonear a las madres de los jóvenes.


Por el bien de los hermanos Cullen –incluyendo su vida social- la tranquilizaron alegando que le dirían al día siguiente al director. Esme quedo más tranquila.


Edward corrió a la ducha. Una Alice refunfuñadora lo alcanzó en la puerta, poco antes de que la cerrara.


- ¿Qué quieres, duende?


Alice lo miró ceñuda.


- Si quieres mi ayuda con Bells, será mejor que me dejes darme un baño, ¿comprendes?


Edward lo pensó y terminó accediendo.


De todas maneras, si alguien podía hacer que se surgiera algo entre ellos dos, sin duda, era Mary Alice Cullen.

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