Disclaimer: Los personajes no me pertenecen ¡Lo saben! Pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes, moviendolos a mi gusto.I Will Make You a Woman
Saludó a Bella con efusivo beso. Ella le preguntó por sus hermanos. Edward respondió que llegarían tarde, que tenían cosas que hacer y rodeó su cintura. Las primeras clases avanzaron como siempre. Los maestros, los compañeros todo igual.
Excepto algo.
Tanya, la reina de la escuela no se había aparecido.
Bella y Edward estaban siempre encerrados en su burbuja, y no prestaban atención a las cosas que se hablaban en los pasillos de Forks High School. No, desde que Rosalie había engañado a Bella, ella había dejado de escuchar los rumores y dedicarse a ser feliz.
Siempre se había vestido con un toque de chico, haciendo que las habladurías del pequeño pueblo comenzaran. Diciéndole cosas como marimacha, y poca mujer, hiriendo sus sentimientos. A veces, llegaba por las noches a llorar a su habitación, maldiciendo ser así.
El fin de semana pasado, Alice la había convencido de cambiar su guardarropa. Bella aceptó, esperanzada. Que cambiará por fuera, no quería decir que dejaría de escuchar rock y no ir a conciertos, al contrario, podría hacerlo sin que la criticaran. La pequeña Cullen había escogido distintas prendas femeninas, desde una falda, hasta una sexy ropa interior. Bella no era muy coordinada con los pies, tropezaba al día diez veces; Alice decidió comprarle sólo unos cuantos zapatos de tacón, pero sin mucho.
Ese día, la Cullen le había recomendado usar un vestido a la rodilla de color café y unos zapatos, muy curiosos, de color rojo. Se veía muy hermosa. Era una ropa muy inocente, nada provocativa, pero en ella lucía muy sexy.
Iban tomados de la mano.
Quedaban un par de horas más para por fin salir de la escuela.
- ¿No has visto a Tanya, Bella? –Preguntó un chico de cabellos oscuros y ojos azules. Un chico muy guapo y ex novio de Tanya. Su nombre era Ian, la chica de cabellos fresa había terminado con él días antes de la llegada de los Cullen. Ian era muy dulce, demasiado bueno para la Denali. No la perseguía día y noche como ella lo hacía con Edward. Él le había preguntado por ella porque no había asistido a clases.
- No, no la he visto, ¿qué pasa, Ian? –Bella era muy amiga de la chica, y muy inocente. Aún no se había dado cuenta que ella le quería robar el novio.
- Tengo un mal presentimiento…
Edward sofocó la sonrisa que se quería escapar de sus labios. Alice y Emmett había llegado después del almuerzo con una sonrisa. Lauren se había llevado a Emmett a quien sabe dónde; mientras que Jasper no se había despegado de Alice.
En algún momento, los hermanos se habían enviado mensajes de texto para avisar como les había ido en la operación. Edward quedó muy satisfecho, sin conocer los resultados de la atrocidad que habían cometido.
Ian se retiró con una mueca de insatisfacción. Bella se había preocupado. Ver el estado de Ian no le traía nada bueno. ¿Dónde se había metido Tanya?
Sacó su teléfono celular y buscó entre su lista de contactos el nombre de la chica. La llamó y esperó, mientras caminaba en círculos, nerviosa.
- Lo sentimos, el número que usted marcó no se encuentra disponible… -Contestó la operadora.
A Bella le comenzó a latir el corazón con fuerza. Edward la abrazó, intentando tranquilizarla. Hizo círculos en su espalda, para disipar su tensión. Ella lo abrazó con fuerza y suspiró.
Tanya, Tanya, Tanya… Tanya, Tanya, Tanya…
Era lo único que pasaba por su mente.
Bella y Tanya se conocían de siempre. Habían sido amigas y la castaña sentía un profundo cariño por ella. Sentía que era como la hermana que nunca había tenido, una hermana menor a la que tenía que proteger. Estaba tan preocupada.
- Llama a su padre o a su madre –Aconsejó, Edward.
El chico de ojos verdes se sentía mal. Por culpa suya y de sus hermanos, Bella la estaba pasando mal. Suspiró, mientras veía como Bella marcaba algunos números y su rostro perdía el color.
Las lágrimas se desbordaron por sus ojos y el celular cayó al suelo. La castaña se recostó en los casilleros, y dio un gritito de dolor. La noticia la había golpeado con fuerza. Le había dolido. Su hermana menor había…
Lloró con fuerza. El abrazo de su novio no sirvió de nada. Se deshizo de su agarre y corrió hacia el estacionamiento. No podía creer lo que le acaban de decir, lo tenía que ver con sus propios ojos. La lluvia la mojó de pies a cabeza, pero, ¿qué importaba? En esos momentos no estaba para preocuparse de su salud ni de su imagen.
Entró a su camioneta. Intentó arrancar, pero no podía. Hizo el intento, una y otra vez.
Las lágrimas salían más gruesas, impidiendo su visión. La puerta del copiloto se abrió y entró un Edward mojado como ella. Sacó las llaves del contacto y éstas se cayeron.
- Tranquilízate, Bella –Pidió, Edward. Besó su mejilla y fue bajando hasta enterrar su rostro en el cuello de la castaña.
- T-T-Tan… -Sollozó y rodeó el cuello de Edward, en un abrazo casi asfixiante.
- ¿Qué pasa?
Bella lo miró a los ojos. Estaban rojos de tanto llorar. Suspiró y besó a Edward. Necesitaba sentir calor. Lo necesitaba en ese momento. Su boca devoró la de Edward. Su lengua se enroscó, saboreando todo. La punta de su lengua paso por el labio superior de Edward y luego por el inferior. El beso terminó y ambos jadeaban por aire. Se abrazaron con fuerza y en ese momento, se olvidaron de Tanya.
- Te amo –Dijo, Edward.
La castaña se separó, para mirarlo sorprendida. Era la primera vez que alguien le decía esas palabras además de su padre. Ni siquiera Rosalie; ella sólo le decía lo mucho que la quería. Había mucha diferencia entre el querer y amar. Ella besó sus labios en un beso lento.
- También te amo, Edward –Murmuró contra sus labios. Se besaron durante unos minutos.
La bocina de un auto los sobresaltó. El chico de ojos verdes limpió los restos de lágrimas con sus pulgares y le sonrió. Bella arrancó el auto y tomó el camino hacia el hospital de Forks. En la pick up reinó el silencio. Ninguno de los dos habló, ni encendió la radio. Aunque el motor de la camioneta era muy ruidoso, era pasable. Edward miraba por la ventana, neutro.
Las cosas entre él y Bella ahora irían mejor. Sin Rosalie y Tanya, ya escuchaba campanas de iglesia.
Se estacionó cerca de la entrada y Bella corrió hacia la recepción, seguido de Edward.
- ¿Dónde está la señorita Tanya Denali? –Le preguntó a la recepcionista.
- No sé permiten visitas para…
- ¡Dígame donde está, con un demonio!
La recepcionista se asustó y se encogió en su asiento. Llamó a la planta superior para preguntar en que habitación estaba la joven. La recordaba. Esa mañana había sufrido un horrible accidente. Entró rodeada de muchos paramédicos, enfermeros y doctores, mientras avanzaban a urgencias. La chica era casi irreconocible y tenía hemorragias, contusiones y muchos huesos rotos.
- Esta en el piso dos, habitación 210 –Informó.
No tenían tiempo para esperar al lento elevador. Corrieron por las escaleras, hasta el segundo piso. Una vez ahí, buscaron la habitación. No fue difícil, los gritos desgarradores de la mamá de Tanya se escuchaban por todo el pasillo.
La señora de entrados los cuarenta y tantos, estaba en una silla afuera de la habitación. Era como una Tanya más adulta. Su padre abrazaba a la señora y sus ojos derramaban unas discretas lágrimas de sufrimiento. Bella se acercó hasta ellos, intercambió unas palabras y le hizo una seña a Edward para que entraran a la habitación.
A Bella se le partió el corazón al ver a su amiga así.
Llena de cicatrices, y su rubio cabello corto y enmarañado. Sus piernas enyesadas y una venda que cubría todo su rostro. Su brazo derecho enyesado y…
- ¡Dios mío! –Exclamó, la castaña. ¡Había perdido un brazo!
Se puso a lado de la cama de Tanya y derramó algunas lágrimas. El accidente casi le había costado la vida. Casi. Había entrado en coma y no sabían si despertaría pronto. Su estado era deplorable y Bella estaba segura que ella preferiría morir antes de salir a la calle sin un brazo y con el rostro desfigurado.
Acarició su cabello.
Edward se mantenía al margen de todo, recargado en la puerta. Examinó lo que habían hecho. Habían hecho cosas atroces, pero esto era casi un homicidio. Si Tanya salía viva de esto, diría que su auto no funcionaba bien, mandarían a investigar todo… Pero no encontrarían nada. El auto había explotado una vez que la ambulancia se había llevado el cuerpo inerte de Tanya
Si Tanya muriera… Nunca había tenido remordimientos, nunca los tendría. ¿De qué le servía? A veces ya no puedes reparar el daño que has hecho, y esto era un claro ejemplo de eso. Suspiró.
Las horas pasaron, Alice, Emmett y casi todos los estudiantes fueron a visitar a Tanya. Alguien había corrido el rumor. El pasillo se había infestado de gente, así que Edward y Bella se tuvieron que marchar.
- Espero que todo salga bien, señores Denali –Deseó, Bella.
Como siempre, Edward se despidió de ella en el porche de la casa Swan.
Llegó a su casa y le contó la devastadora noticia a Esme. Su madre se puso de inmediato en contacto con los señores Denali, mientras lloraba. El chico de ojos verdes subió a su habitación, esperando a sus hermanos. Ya se había metido a bañar, para evitar pescar un resfriado, por lo que estaba calientito en su cama mientras escuchaba música.
Una hora más tarde, sus hermanos ya estaban ahí y hablaban con Esme acerca del accidente de Tanya.
- Ojalá sobreviva –Murmuró, Alice, apenada-. Pobre chica.
- Sí, ni que lo digas… -Alegó, Emmett-. No quiero imaginarme si se muere.
Edward bufó.
- Cállense los dos –Ordenó-. No digan tonterías. El accidente no fue tan grave y sólo está en coma…
- Pero el coma no asegura que sobreviva, Edward –Contraatacó, Alice.
- Ya, ya –Calmó, Emmett, manteniendo la cabeza fría-. No es un peso que debamos cargar en la conciencia. Además, nosotros sólo aflojamos algunos tornillos… Cómo demonios íbamos a saber que eran los frenos… Sólo queríamos darle un escarmiento.
- ¡Vaya escarmiento! –Exclamó, irónico, Edward-. Sólo teníamos que echarle a perder su auto último modelo… ¡No matarla! –Rugió en voz baja. No querían que Esme se enterara.
Charlaron unas horas más. Acordaron no hablar acerca del asunto.
Edward estaba dormido en su cama. Soñando en su futuro con Bella. Veía correr a dos niños: una niña de ojos verdes y cabellos castaños y a un niño de ojos cafés y cabellos cobrizos. Sus hijos. Su futuro perfecto.
Su teléfono celular sonó.
Observó el reloj de su mesita de noche. 3: 48.
Agarró su celular y contestó.
- ¿Hola? –Gruñó, adormilado.
Al otro lado se escucharon algunos sollozos.
- T-Tanya ha muerto, Edward –Dijo, Bella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario