Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Meyer y su cas editora. La historia esta basada en Kimikiss Pure Rouge, pero no todo es igual, sólo la idea.El Experimento
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Edward estaba recostado en su cama. Sin nada que hacer. Solo en la casa; su madre se había ido de compras y al parecer esa era la palabra mágica para que Alice también se fuera.
Así que, tenía la casa para él solo. En cualquier otro caso, hubiera llamado a Jasper o a Emmett para jugar videojuegos, pero no estaba de humor. No, la verdad es que sólo quería acostarse y pensar en Bella, aunque a su cabeza solo vinieran recuerdos de su niñez. Él era un chico muy competitivo, y conocía a Jasper y Emmett desde el jardín de infantes. Los tres jugaban en los columpios.
Aquella vez, recién salían de la escuela. Sus madres los habían llevado al parque a jugar, mientras ellas se ponían al corriente. Jasper que era muy maduro, podía hacer cosas que Emmett y Edward no. Un claro ejemplo era, que se columpiaba parado y después saltaba. Los otros dos, sólo veían impresionados como caía al suelo sin hacerse ningún rasguño.
- ¡Eso fue genial, Jazz! –Alabaron, Edward y Emmett. Él rubio les sonrió y los animó a hacerlo.
Un poco temerosos, intentaron imitar a Jasper. Emmett se movía un poco más deprisa que Edward, demostrando lo hombre que podía ser. Después de un rato, el chico de cabellos negros saltó. Sus pantalones se ensuciaron un poco de tierra, pero eso no importaba, no, por supuesto que no; importaba el hecho que ya había saltado.
Jasper le sonrió a Edward, intentando darle confianza.
Gotitas de sudor se acumulaban en la frente del chico de ojos verdes, producidas por los nervios y por el esfuerzo. Sus mejillas se habían puesto rojos, y hacían un gracioso contraste con su cabello.
- ¡Edward, ya estamos en casa! –Gritó su hermana.
El chico se levantó sobresaltado y abrió de un tirón la puerta. Alice le sonreía dulcemente y en sus manos traía una pequeña rana verde. La levantó y la acercó al rostro de su hermano. Su sonrisa dulce se transformó en una maniática.
- ¡Es Romeo! –Anunció-. ¿No es hermoso?
Edward bufó por lo bajo.
- ¿Qué tiene de hermoso un sapo verde?
Alice frunció el ceño y alejó la rana de su rostro. Su boca se había fruncido en una tensa línea. Estaba molesta. No, estaba furiosa.
- Primero: no es un sapo es una rana –Comenzó a zapatear con su pie izquierdo-. R-a-n-a, rana –Deletreó-. Segundo: ¡A mí me encantan los peluches! –Gritó. Edward se cubrió las orejas, pero aún así retumbó con fuerza aquel chillido en su oído-. Y tercero –Hizo una pausa y se dio la vuelta-. Que tú estés de mal humor, no significa que me trates mal, Edward –Y se marchó. Dejando estático a Edward en la puerta.
¿Es qué todas las mujeres tenían la horrible costumbre de dejarlo así?
Entró a la habitación y cerró la cerró con un portazo.
Regresó de nuevo a su cama, con las sábanas en el piso y las almohadas en sus pies; de todas formas, sus brazos servían para poder ahí su cabeza.
Suspiró.
Entonces, comenzó a pensar de nuevo.
El sábado se fue de rápido, entre aseo del hogar y tareas. Aunque hubiera deseado hacer alguna cosa productiva el domingo, para no estar pensando en Isabella o en el recuerdo que más se presentaba en su mente: el día de los columpios.
Por supuesto, él no tenía suerte. El sábado había hecho todas las cosas pendientes, desde limpiar su habitación hasta limpiar la cocina. Francamente, su madre estaba sorprendida, y que no sé diga de Alice, que lo veía con algo de… ¿Confusión?
Edward no era el hijo perfecto, tenía sus fallas, pero era un buen hijo. Pero, limpiar la casa había sido excesivo. Su madre sospechaba algunas cosas, dese la droga hasta que estaba enamorado. Desechó todas las ideas, al final, una ayudadita de su hijo no le hacía daño, y quién sabe, tal vez el próximo mes haría lo mismo.
Domingo. Ese fue un terrible día. ¡Incluso soñó con aquel recuerdo de los columpios!
O se estaba volviendo loco, o… Había un mensaje subliminal en ese sueño.
Cuando el lunes llegó, Edward tenía bajo sus ojos ojeras. Aunque no fueran enormes bolsas, se notaban. Su pálida piel hacía que resaltaran y dijeran ''mírame, mírame''.
Como era de esperarse, durante el camino se encontraron con sus amigos. Ahora acostumbraban a reunirse dos calles antes de la escuela, para poder hablar más durante el camino.
Alice fue a abrazar a Rosalie, que la recibió con los brazos abiertos. Eran como uña y mugre. La animada Alice, luego de ese efusivo abrazo, corrió a besar a Jasper. A Edward no le gustaba que se propasaran con su hermanita, y todavía era difícil.
El recuerdo de sus labios besando a Isabella, regresó con fuerza, arremetiendo contra él. Hizo una imperceptible mueca de dolor.
- Te ves muy bien hoy, Rosalie –Comentó, Emmett.
La rubia hizo todo lo posible para no sonrojarse, pero un tono rosado cubrió sus mejillas. Se encogió de hombros.
- Ver a Alice me pone feliz –La aludida sonrió.
Rosalie se giró a Edward. Lo examinó unos segundos, su mirada era muy intuitiva.
- ¿Qué hay de ti, Edward? –Preguntó, con una pequeña sonrisita.
- ¿Cómo?
- Pareces… -Buscó la palabra-. ¿Inquieto?
Edward desvió la vista y se concentró en otra cosa. Quería alejar la atención de él. Justo como cuando casi confiesa que había besado a la chica genio.
- ¿De verdad? –Murmuró-. No lo creo… Es tu imagina…
Alice se giró, e interrumpió bruscamente.
- Hace días, mi hermano y yo…
Edward la fulminó con la mirada. Alice calló abruptamente y miró a Rosalie intensamente.
- ¿Se pelearon o algo así? –Preguntó, Jasper, hablando por primera vez.
La cara del chico de ojos verdes cambio. Sonrió entrecerrando los ojos y se llevó una mano a sus cabellos, alborotándolos aún más. Un claro gesto de nerviosismo.
- Eh… No fue tan malo... -Contestó- No es nada, enserio.
Rosalie no dejó de mirarlo. Era tan obvio que ocultaba algo. Ella también había estado cuando jugaban a los columpios. Ella había vivido muchas cosas a lado de los chicos. Los conocía como si de familia cercana se tratara. No la iba a engañar Edward.
El chico rió nerviosamente. Sacando la excusa de que se les iba a hacer tarde, logró quitar la atención de él y llegar más pronto a la escuela, evadiéndolos en la entrada para irse solo a su casillero. Los chicos se habían quedado sorprendidos de su actitud, pero nadie hizo ningún comentario. Con el tiempo se enterarían.
Las clases se fueron entre actividades extraescolares y tareas.
Edward se sentía un poco mal por lo que Jessica le había dicho en su última práctica de soccer. Sí, porque lo había dejado parado en medio campo, mientras ella corría entre llanto.
No es que fuera un insensible, y por eso no corrió tras ella. No era eso. No sabía que decir.
Jessica lo miró en una ocasión y con tristeza en su rostro, desvió la vista y continuó hablando con sus amigas. Eso hizo que Edward se sintiera peor. Ahora, no solo tenía que arreglar las cosas con Isabella, sino que también con Jessica. ¡Vaya mierda!
El descanso llegó.
Jasper hablaba del guión de una obra escolar que iba a hacer. Se veía muy entusiasmado. Y es que, el sueño de Jasper era ser un exitoso novelista. Él era muy inseguro acerca de sus trabajos escritos, pero siempre le iba bien. Oficialmente, sería su primer guión.
Edward, Jasper y Emmett iban caminando por la cafetería, buscando un lugar donde sentarse.
- ¿Una historia de amor? –Preguntó, Emmett, sonriéndole pícaramente.
- Sí, de eso es mi historia.
Emmett cambio su sonrisa por una maliciosa.
- Aunque una de amor tiene muchas variantes –Indicó-. Amor predestinado –Dijo, soñador-. Amor prohibido –Miró de reojo a Edward-. Y amor malentendido.
Edward se sintió de repente incómodo.
- Allá hay un lugar –Dijo, Jasper.
Caminaron unos pasos, pero notaron la presencia de alguien. Edward se quedó estático al ver a Isabella sentada ahí, comiendo un emparedado con una cajita de leche con chocolate. Una escena normal para cualquier otro, pero verla a ella, en ese escenario, resultaba muy extraño.
- Es muy raro que Swan venga a la cafetería… -Jasper habló un poquito alto, atrayendo la atención de la aludida.
Los ojos cafés de Isabella, a penas miraron a Edward, que se sonrojaba levemente. Ella volvió la vista a la mesa y tomó su cajita, acercó el popote a sus labios y sorbió. Emmett se acercó al oído del chico de ojos verdes.
- ¿Qué esperas? –Susurró-. Es la oportunidad perfecta para acercarte a la chica genio –Edward puso mala cara- ¿Por qué haces esa cara?
- ¡Ya te dije que no es así! –Gruñó.
Se dio la vuelta, y caminó sin mirar atrás. Emmett gritó su nombre, pero él lo ignoró por completo. Discretamente, Isabella observaba todo; no tenía ninguna expresión en la cara, pero había muchos tipos de pensamientos en su cabeza.
Edward había ido a la azotea. Ahí estaría a salvo. Sería su lugar seguro.
Desde arriba vio como Jessica se dedicaba a entrenar sola en el campo. Eso hizo que la culpa regresara. ¿No podría tener un momento de paz nunca?
Suspiró.
Ni siquiera lo había invitado ese día. Era la costumbre de Jessica, acosarlo hasta que accediera a entrenar con ella. No lo había hecho aquel día. ¿Tan molesta estaba?
- Así que aquí estabas –Edward respingó y volteó a ver a Rosalie, que le sonreía con dulzura.
Ella se acercó hasta a él. Se sentó a su lado con las piernas estiradas y cruzadas. Palmeo el suelo a su lado, indicándole que se sentara. El chico se dejo caer a su lado, pero no dijo nada.
- ¿Por qué estás tan melancólico? –Preguntó, ella, tomándolo por sorpresa.
Él la miró. Su mirada no decía nada. Estaba vacía. Sus orbes esmeraldas no brillaban como siempre. Lucían apagados, idos.
- Rose, ¿recuerdas…?
- ¿Qué cosa?
- Los columpios.
Fue el turno de la rubia de sorprenderse. ¿Columpios? ¿Su tristeza tenía que ver con el día de los columpios?
Ella se quedó callada, esperando a que el continuara hablando.
- Cuando éramos niños… -Comenzó-. Solíamos ir al parque, ¿recuerdas? –Ella asintió, lentamente-. Tu hermano Jasper brincaba de los columpios…
- ¿Enserio eso pasaba? –Interrumpió, sorprendida.
Él sonrió, tímidamente.
- Fue tan genial que se lo dijimos a Jasper –Prosiguió-. Emmett también saltó –Miró el cielo. Nublado como siempre, pero con una pequeña posibilidad, pequeñísima, de que el sol saliera un poco. Rosalie también lo miró-. Tratábamos de imitarlo, pero estábamos asustados –Rosalie lo observó, se veía sumamente concentrado-. Emmett saltó, pero yo… -Cerró los ojos con fuerza y sus manos se hicieron puños-. ¡Ellos me decían que yo podía hacerlo!
Rosalie no sabía qué hacer. ¿Edward estaba exasperado?
Siempre con una actitud alegre y sin preocupaciones, y ahora, todo hecho un lío. Rodeó los hombros del chico con su brazo y le sonrió.
Edward estaba tan… ¿Triste y desesperado?
No sabía qué hacer. La cabeza le daba vueltas, y eso le producía jaquecas y lo peor, solo recordaba hasta donde el saltaba del columpio. No más. No recordaba que sucedía después de saltar.
Y eso lo tenía muy mal.
¿Había sido tan tonto que por eso su mente no quería que recordara?
Rosalie soltó un gritito.
- ¡Ya recuerdo! –Gritó-. Jasper estaba enojado, porque de los tres, tú fuiste el que saltó más lejos –Sonrió.
Edward estaba confundido.
- ¿Lo hice?
Rosalie lo fulminó con la mirada.
- Tú lo mencionaste y no lo recuerdas… ¿Qué voy hacer contigo? –Rosalie se giró para verlo, pero él estaba muy concentrado. Tenía un rostro muy decisivo.
Sonrió y salió corriendo. El timbre había sonado, anunciado el final del descanso.
Ese recuerdo le había dado una esperanza.
Química, Matemáticas e Idiomas habían sido un infierno. Pero había sido paciente hasta el final.
Emmett hablaba sobre una reunión en un café, Jasper alegó que tenía asuntos pendientes, por lo que no le quedo otra opción que invitar a Edward. Él sonrió y se marchó, dejando a su amigo con la palabra en la boca.
Subió las escaleras corriendo, evitando a las personas que corrían en dirección contraria dispuestos a salir de la escuela. Mucha gente lo insultó, pero a le dio igual. Necesitaba hablar con Isabella.
En ese momento sentía algo caliente que lo recorría en el pecho y su corazón que latía fuertemente, casi al borde de salírsele del pecho. Se detuvo frente la puerta del aula de ciencias. Su rostro estaba rojo, y jadeaba por algo de aire. No estaba parado como estatua porque estuviera cansado, sino porque el valor se había quedado atrás.
Escuchó las voces de Jasper y Emmett dándole ánimos, las voces de cuando estaban en los columpios. Suspiró y abrió la puerta. Divisó la puerta escondida. Con pasos lentos se acercó hasta ella y la abrió.
Isabella estaba como la primera vez que hablaron. Sentada a un lado de la ventada. Lo miró sorprendida. Las mejillas de Edward enrojecieron, pero ahora de la vergüenza.
- S- S- S- Swan –Balbuceo-. E-e-eh, yo... –Miró el piso, la mirada fría de ella lo comenzaba a atormentar. Suspiró y después se tragó un poco de saliva. Pasó la lengua por sus labios resecos. Una chispa de valor le llegó. Levantó la mirada-. Sigamos con… -Sus mejillas se colorearon aún más-. ¡El experimento!
Isabella lo miró entre confundida y sorprendida. El viento como siempre hacía revolotear sus cabellos. Hizo una mueca con la boca.
Edward temió.
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