domingo, 3 de octubre de 2010

El Experimento -Capítulo 3


Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Meyer y su cas editora. La historia esta basada en Kimikiss Pure Rouge, pero no todo es igual, sólo la idea.


El Experimento

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Otro día más de escuela.


Los estudiantes entraban a la escuela de manera ordenada. Siguiendo un mismo rumbo.


Entre tantos alumnos iban Alice y Edward. Él estaba aún triste, pero nadie lo notaba. Aquella falsa máscara con cara aburrida era la que todos se creían. Si hablaba de sus sentimientos, probablemente los ignorarían o se burlarían de ellos. Prefería callar.


Rosalie llegó junto a ellos, por consiguiente, Jasper también. Alice como siempre chilló y se lanzó a sus brazos como la loca enamorada que era. El rubio la abrazó entre sus fuertes brazos y le dio un beso rápido en los labios.


Ese beso había sido suficiente para que las imágenes del beso que le había dado Isabella, llegaran rápidamente a su mente. Edward se llevó una mano a su boca y se quedo pensativo. Alice se giró a verlo. Se acercó a él, silenciosamente, que a fin de cuentas él no se dio cuenta que estaba a su lado.


- Hermanito, ¿estás bien? –Preguntó, haciendo dar un brinquito a Edward.


- Eh, sí… Entremos.


Alice y Jasper se tomaron de las manos. Y Rosalie caminó por delante de ellos, por lo que Edward se quedo al final sólo. Fueron a los casilleros, pero cada quién tenía números diferentes. Al recoger sus libros para las primeras horas, se dio cuenta que se le había olvidado la tarea de Matemáticas, que casualmente tocaba en ese momento.


Soltó un gruñido. Había estado tan en su mundo que no se había acordado de esa tarea. Ya se justificaría después.


Caminó hasta que estuvo de nuevo con sus amigos, pero sólo estaban Jasper y Alice. Rosalie tenía un examen y no podía llegar tarde, por lo que se había adelantado.


Alice rió de algo que Jasper le decía, pero Edward no le tomó importancia. Sólo esperaba el timbre para ir a clase.


- ¿Edward? –Llamó, su hermana, sonriente-. ¿Qué te parece ir a un karaoke esta noche?


- Tenemos clases mañana.


Ella hizo un puchero.


- Prometo que regresaremos temprano… ¿sí? –Edward la miró mal.


- ¿Por qué quieres ir a un karaoke? –Preguntó, sospechando de segundas intenciones.


Alice se sonrojó y volteó a ver a Jasper, para que le ayudara con su hermano. Jasper sólo se encogió de hombros.


- Lo que pasa es que pasado mañana es el cumpleaños de Rosalie y mío… -Respondió, el rubio-. Alice quiere hacer una fiesta en nuestra casa… Pero también quiere salir a un lugar.


Edward lo pensó. Sería muy malo que no le hicieran nada por su cumpleaños y que no salieran a festejar sería peor. Pero lo que si era horrible, es que no recordara que el cumpleaños de su mejor amigo estaba próximo. ¿Dónde traía la cabeza?


- Está bien –Dijo, rindiéndose-. Jasper y Rosalie se merecen salir… Vamos –Alice saltó de alegría y abrazó a Edward-. Sirve y me distraigo… -Murmuro en voz baja.


- ¿Qué dijiste?


- Nada –Las mejillas se le colorearon.


El timbre sonó y muchos se apresuraron a llegar a sus salones, pero Alice aún no terminaba de hablar.


- Para que nos hagan descuento debemos ser seis… -Le avisó-. Somos Jasper, Rose, Emmett, tú y yo. Nos falta una persona… ¿Puedes…? Busca a alguien, ¿va? Y nos avisas… Adiós.


Y jaló a su novio escaleras arriba. Edward se quedo en el casi vacío pasillo. ¿Otra persona? ¿Quién sería esa persona? Inmediatamente la imagen de Isabella en el aula de ciencias se le vino a la mente. Pero, se le hacía tarde para llegar a clase.


Como supuso, el maestro le mando tarea extra y lo regañó fuertemente. Al término de esa clase, siguió Historia, pero también había dejado hacer una investigación, trabajo que dejó a medias. ¿Es qué en todas le iba a ir así por tener sus pensamientos en otro lado?


Suspiró.


Al llegar el descanso, dudó en ir al salón de Isabella. No es que no quisiera, al contrario, moría por verla, pero si veía, ¿qué decirle?


Pasó por enfrente del salón y observó el letrero que decía 2-C. Pensó que no tenía caso estar frente a su salón, ¿qué cambio habría? Ella ya lo había rechazado, ya le había lastimado. ¿Por qué volver a buscarla? Tal vez, era un león masoquista.


Bajó la vista y la vio salir del salón. Con toda su perfección. Estiró su mano, como si esta fuera a llegar hasta donde ella estaba, pero no pudo llamarla, no pudo decir su nombre. El recuerdo del día anterior le llegó. Y justo cuando pensaba que podía hablarle, que era su oportunidad, se acobardó. Sólo vio como se iba por el pasillo, mientras sus zapatos replicaban contra el suelo.


Se quedo parado hasta que la vio desaparecer. Cerró con fuerza sus ojos y apretó los puños. ¿Por qué no podía ser más valiente? ¿Por qué no podía decirle lo que pensaba sin que ella lo rechazara? ¿Por qué el amor era así de complicado?


Regresó a su salón. Estaba medio vacío. Sacó su almuerzo, pero lo desmigajó con los dedos. El pan una vez dividido en muchas migajas ya no se le antojó. Lo guardó de nuevo en la bolsa y bebió un poco del chocolate caliente que guardaba en el termo.


Deseaba que fuera Isabella la que lo buscará en el salón.


¿A quién invitar, entonces?


Las cuatro y media dieron y todos estaban reunidos afuera del local de karaoke. Todos: Alice, Jasper, Emmett, Rosalie, Edward y Jessica.


¿Por qué había invitado a Jessica?


Dos razones:


La primera, a la persona que quería invitar no le hablaba y viceversa. Así que no se podía.


Segunda, tal vez a Isabella no le gustaba el karaoke.


Cuando entraron al local, pidieron una mesa y le enseñaron el folleto donde decía del descuento del cincuenta por ciento. Pidieron varias bebidas y una que otra botana, además de cantar algunas canciones. Fue el turno de Edward. El con las mejillas sonrojadas, pidió una canción romántica.


- Creo que mi hermano está enamorado… -Canturreó, Alice.


Los chicos rieron, pero Edward se concentró en la letra de la canción. Jessica lo veía fascinada, tenía una preciosa voz y parecía un profesional. Sonrió al verlo tan atento a la letra. Edward por su parte pensaba en Isabella, deseaba que ella escuchara la canción que le dedicaba.


Una vez que terminó, todos se le quedaron viendo, sonrientes.


- Veo que te tenías muy guardada esa voz de cantante, eh, Cullen –Le dijo Jessica.


Edward se sonrojó. Siempre alaban su voz, pero no acostumbraba a cantar ese tipo de canciones, por lo que sus amigos se sorprendieron cuando escogió esa canción tan romántica.


Una vez pagada la cuenta, todos salieron del local. Se despidieron y acordaron verse al día siguiente. Edward se fue con Alice que no paraba de hablar de la fiesta de Jasper y Rosalie, su hermano sólo le daba por su lado. Era obvio que pensaba en Isabella, en lo que esos momentos estaría haciendo, ¿por qué? Porque todo lo referente a ella le interesaba.


Al día siguiente en la salida, sólo estaba Emmett, que sonreía de oreja a oreja. Alice fue a buscar a Jasper, por lo que Emmett se quedó a solas con Edward.


Estaban hablando tan cómodamente, hasta que llegó Jessica con una sonrisa casi psicópata. Corrección: con una sonrisa psicópata.


- ¡Te encontré! –Dijo, triunfante. La agarró de la camisa y lo arrastró en dirección al campo de soccer-. Ayer te dije que hoy tendríamos entrenamiento.


- P-pero, pero…


- ¡Pero nada!


Ella lo siguió arrastrando ante la atónita mirada de Emmett, que veía todo confundido. Emmett se sentó en las gradas, y vio como jugaba Jessica. Ya la había visto jugar muchas veces, hasta contaba con un club de fans, era realmente buena y apasionada en el soccer.


Edward suspiró. Lo menos que quería en esos momentos era entrenar. Al finalizar los tres partidos fue a los vestidores a cambiarse y refrescarse un poco. Emmett ya lo esperaba afuera de estos y le sonrió.


- Yo quería ver ''I love you, I miss you'' –Gruñó.


Emmett soltó una risa.


- ¿Es dónde se la pasan besuqueándose? –Rió-. ¡No puedo creer que veas eso!


Edward se encogió de hombros.


- Es muy bueno, deberías verlo.


Salieron todos con una sonrisa de la escuela. Alice que era miembro del club de fans de Jessica la elogiaba de cada uno de sus pases y goles. Los ojos le brillaban con admiración.


- Siento como si ya hubiera hecho ejercicio por un año –Murmuró, Edward. Estaba cansado.


- Eso es porque no haces ejercicios como se debe…


- Además, ni siquiera corriste la mitad que Jessica –Intervino, Alice.


Edward suspiró.


- Eso es porque ella es regular…


- ¿Quién es regular? –Replicó, Jessica-. Si entrenaras más seriamente, podrías…


- Sólo veo el soccer como un pasatiempo, no me interesa jugar seriamente –Cortó.


- ¡Eso es mediocre! ¡Al equipo le faltan defensas!


Iban a empezar a pelear más y más. A decir más y más, si no fuera porque Rosalie interrumpió.


- ¿Ustedes dos son pareja, o algo así? –Preguntó.


- ¿¡Qué! –Respondieron al mismo tiempo ellos dos.


Alice se puso muy feliz y empezó a decir cosas como '¿por qué me lo ocultaron?' y 'eso es genial'. Claro, que era sólo una suposición de Rosalie, no era que de verdad Edward y Jessica fueran pareja. Ninguno de los dos se veía en un futuro con el otro, en otra cosa que no fueran como amigos, claro.


- ¡No digas tontería y media, Alice! ¿Quién quiere salir con una loca por el futbol?


Jessica se enojo. Lo miró con ojos de pistola.


- ¡Perdona que me guste el futbol! ¡A mí tampoco me gustaría salir contigo!


Edward casi se ríe. Casi.


- ¿Ah, no? –Replicó-. ¡Después de todo sólo eres popular con las chicas!


Y tenía razón. Jessica era muy bonita, pero no tenía ningún pretendiente, y además, en su club de fans eran sólo mujeres.


- ¿Y qué? ¿Tú has sido popular alguna vez?


Edward se enojó.


- ¡Hey! Pero hasta yo he sido… -Besado, pensó.


Se tapó la boca con las manos, pero ya era demasiado tarde, había hablado como de costumbre de más.


- ¿Tú has sido, qué, Edward? –Preguntó, Rosalie, sonriendo de oreja a oreja.


Edward negó todo y cada quien se fue a su casa. Claro, estaba a punto de decir que por fin le habían dado su primer beso, y nada menos que una chica preciosa la que había sido. Porque sí, Isabella era preciosísima, Jessica a su lado era una chica normal. Era cierto que era bonita, pero no tenía la belleza de Isabella.


Por esa razón, Edward no se la podía sacar de la cabeza. Ojala no hubiera hablado, ahora todos estarían pendientes de cualquier cosa que él hiciera. No lo dejarían en paz. Serían su sombra. O al menos, hasta que ellos descubrieran lo que él había querido decir.


Y el recuerdo del último día que habló con ella, lo golpeó.


- Desde ese día no he hablado con ella –Murmuró, solo, en su habitación. Negó con la cabeza-. No, no me he animado a hablarle.


Suspiró.


Al día siguiente, cada quién en su salón. Isabella caminaba tranquilamente con la mochila al hombro y sin mirar a nadie. Tenía literatura, pero no decidía si entrar o no.


- ¡Swan! –Ella se giró y vio a su profesora-. ¿Tienes un minuto?


Ella asintió y salieron al patio, un poco retiradas de todas las personas que pasaban por ahí.


Isabella la miraba, esperando a que empezara. La profesora suspiró.


- El otro día que deje un examen breve, no lo contestaste de nuevo…


- No tenía ganas de responder esas preguntas…


- Si sigues así te traerá problemas en tu calificación…


- No me importa –Replicó, rápidamente, sin cambiar su tono frío de voz-. Por favor, evalúe el que entregué.


Regresó a los pasillos, pero los murmullos continuaron a su alrededor.


- Entregó de nuevo su examen en blanco…


- Como se esperaba del genio de nuestra generación…


- Es despreciable…


Ella los ignoró como de costumbre. Ya se había acostumbrado. Ya casi no le dolía como al principio. Pasó de largo su salón y fue a la enfermería.


Abrió de nuevo su ejemplar de ''Romeo y Julieta'', un libro que de verdad le gustaba y se lo sabía muy bien. Entonces pensó en el chico… ¿Cuál era su nombre? No recordaba, pero sabía que era muy guapo.


Estaba llegando a la parte del trágico final. La primera vez que lo leyó, tenía diez años. Y lloró. Pero sólo esa vez. Cuando lo leyó de nuevo, luego de tres años, luego de encontrarlo empolvado entre sus viejos libros, no lloró. Era otra. Era la que ahora todos conocían. La Isabella Swan fría y distante.


La puerta de la enfermería se abrió, pero ni se inmutó y continuó leyendo.


- Voy a usar una cama –Anunció una voz.


Nadie le respondió. La chica que recién entraba comenzó a caminar entre el pasillo y al llegar a una camilla, corrió la cortina para encontrarse con Isabella.


- La señora Cope no está.


- Ok.


- Puedes acostarse donde quieras…


- Gracias.


La rubia se recostó en la cama continua. Con un suspiro, habló de nuevo.


- Me alegra saber que no soy la única que se enferma por las mañanas…


- No es eso… No quería entrar a clases –Respondió, Isabella, sin apartar la vista del libro.


- Ya veo… -Murmuró, Rosalie-. Entonces, creo que nos veremos más seguido.


Isabella no respondió.


- Soy Rosalie Hale de 3-A… ¿Tú eres…?


- Swan Isabella, de 2-C.


-Swan… ¿Cómo cisne?


Isabella la miró raro.


- ¿Qué pasa? ¿Pregunté algo malo? –Preguntó, Rose, escondiéndose entre las sábanas.


- No, es que nadie nunca me ha preguntado eso…


- Swan Bella –Isabella lo miró raro-. Isabella se me hace muy anticuado –Se justificó-. Si no te gusta estudiar como a mí, tal vez nos veremos más seguido…


Bella regresó a la lectura… Pero, con esta chica hablándole, había perdido el hilo de la historia.


- Tal vez… -Murmuró.


Durante el almuerzo, Jessica se robó de nuevo a Edward para entrenar. Aunque a Edward se le hacía pesado eso, no le importaba a Jessica, que sólo pensaba en entrenar soccer día y noche. Lo que odiaba era que le gritara de cosas mientras jugaban, Jessica era muy intensa en el futbol.


De repente, durante un momento de distracción, Jessica le metió un gol. Jugaban uno a uno. El entrenamiento terminó con ese gol decisivo, por lo que Edward se fue a cambiar.


Las clases estaban por terminar.


Sólo se cambio la playera. No tenía ánimos de ir a las duchas.


El pasillo estaba casi vacío. Iba con las manos en los bolsillos, estaba a punto de subir las escaleras para ir al 2-C. Estaba decidido a intentar hablar con Isabella.


No estaba seguro del resultado, pero esperaba que fuera positivo. Entonces, la vio bajar con su mochila de oveja al hombro, y se quedo congelado. Repasó mentalmente los pros y contras y decidió que, al diablo con los resultados, necesitaba hablar con ella.


- ¡Swan! –Llamó.


Ella se detuvo y lo miró. Ya se acordaba de su nombre, Edward Cullen.


- ¿Qué? –Preguntó.


- Eh… -Sentía como sus mejillas se coloreaban-. El experimento…


- ¿Qué pasa?


- ¿Estás… eh, haciéndolo con otro chico?


La pregunta sorprendió a la chica, que abrió ligeramente los ojos, imperceptiblemente para Edward. Ella desvió la mirada y continuó caminando.


- Eso no es de tu incumbencia.


Se fue. Edward se quedó petrificado en las escaleras. ¿Eso qué significaba? Sí lo estaba haciendo con otro chico. Sintió que el golpe de hace dos días era más fuerte. Necesitaba… Necesitaba estar de nuevo a su lado. Los labios se le secaron.


Entonces, ¿qué hacer?

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