Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Meyer y su cas editora. La historia esta basada en Kimikiss Pure Rouge, pero no todo es igual, sólo la idea.El Experimento
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Isabella tomaba las mejillas de Edward y cerraba los ojos. Se encontraba parada de puntas, porque el chico le llevaba una o dos cabezas.
Edward parecía ido. Sólo fue consciente de cómo la castaña separaba sus labios de los de él y lo miraba fijamente.
Se fue unos pasos atrás y llevó una mano a su barbilla, pensativa. Miraba al infinito, sumamente concentrada. O al menos, eso le pareció a Edward, que no quiso interrumpir sus cavilaciones, y la veía como si fuera un fantasma.
- ¿Y qué tal? –Preguntó, Isabella.
Edward la miró confundido y pasó una mano por sus cabellos cobrizos.
- ¿Qué cosa?
- El beso. ¿Cómo estuvo? ¿Sentiste algo?
Giró su rostro y observó a Edward, esperando las respuestas. Claro que, si ves tan fríamente a un chico, lo que haces es ponerlo nervioso.
- Eh… No… -Balbuceó y miró a otro lado. Pero seguía sintiendo la mirada fría de Isabella-. Mi mente estaba en blanco, y no sabía del todo… Lo que estaba pasando…
Isabella esperaba otra contestación.
- Entiendo –Se acomodó un mechón tras la oreja y volteó de nuevo a la pared.
Pero, Edward también tenía sus preguntas. ¿Por qué lo había besado? ¿Por qué precisamente a él? ¿Intentaba burlarse de él por medio de ese beso, dejarle claro que ella era inalcanzable para él? Era cierto lo que había dicho, no sabía que había pasado. Sólo sintió los suaves y cálidos labios de Isabella sobre los suyos y su cerebro se desconectó.
¿Podría preguntarle a la chica que lo estaba ignorando olímpicamente luego de besarlo, por qué lo había besado?
- ¿Por qué… me besaste tan de repente? –Preguntó, al fin-. ¿Por qué estabas…? –Desvió su mirada al suelo del lugar.
Isabella que había adoptado de nuevo su postura pensativa y no lo miraba en absoluto, pensó que como él había resuelto sus dudas, o al menos, eso había intentado, que debía contestarle… Sin embargo, ella respondió otra cosa.
- Fue diferente a lo que esperaba –Musitó, pensativa.
Edward la miró confundido.
- ¿Eh?
-No fue agradable. En absoluto.
El chico la seguía mirando, pero esta vez, intrigado. ¿No se había sentido bien? Era cierto que ese había sido su primer beso, su primer beso se lo había robado ella. ¿No debería estar feliz? Sus labios por fin habían besado otros. Suponía que no había sido agradable para Swan por su inexperiencia, pero cuando la volviera a besar, él… ¿Cuándo la volvería a besar?
- ¿Swan? ¿Qué…?
Se levantó de la silla donde minutos atrás se había sentado, y agarró su mochila. Era extraño, que para ser una chica genio, que se veía seria, su mochila fuera de una oveja de caricatura. Edward quería reírse de esa ironía. Una oveja… Y él un león.
- Creo que vale la pena investigar más –Se giró hacía la puerta-. Sin embargo, es suficiente por hoy.
- ¿Hoy? –Preguntó, ilusionado. ¿Significaría que mañana seguirían con esto?
- Me voy.
Y corrió a lado de Edward para salir. El chico se quedo inmóvil. Quería preguntar muchas cosas, cuando se verían, porque lo había hecho, pero sólo escuchó su voz que le decía:
- Adiós, Cullen.
Con esas palabras, Edward reaccionó y se giró. Vio los cabellos de Bella mecerse con el viento y desaparecer por la puertecita.
Llegó a su casa. Parecía sonámbulo, tenía la cabeza en las nubes y caminaba de un lado a otro sin ser consciente de lo que pasaba a su alrededor. Comportamiento que le pareció extraño a todos, en especial a Alice, que eran tan apegados que se contaban de todo.
Entró a su habitación para enseñarle el nuevo vestido que había comprado. Encontró a su hermano con en su escritorio, con los codos apoyados en este y las manos en sus mejillas. Veía el techo, soñador.
Ella comenzó a hablar de lo bonito que era su vestido y esas cosas, hasta que se dio cuenta de que su hermano no le hacía caso.
- ¿En qué estás pensando…? O mejor dicho, ¿en quién estás pensando? –Preguntó, pícara.
Edward miró con malos ojos a su hermana.
- ¿Quieres saber lo que estoy pensando? –Preguntó con tono confidente.
Ella asintió entusiasmada y acercó su oreja a la boca de su hermano.
- No estoy pensando en nada que te incumba, enana metiche –Susurró con el mismo tono de voz.
Al día siguiente, de camino a la preparatoria y con la esperanza de ver a Isabella, Edward se encontró con Emmett que sonreía de oreja a oreja como de costumbre.
Desde el día anterior, Edward había estado raro, así que Alice no desaprovechó la oportunidad de ponerlo en evidencia frente a Emmett. Habló de lo extraño que estaba desde ayer en la tarde, que había llegado más tarde de lo usual y cosas por el estilo. Al cruzar la puerta de la escuela, la encargada del pasillo la hizo retroceder por llevar un colgante en su mochila.
Edward y Emmett dejaron sola a la pequeña, cosa que la molestó.
Siguieron caminando hacía sus casilleros cuando el chico de cabellos cobrizos habló:
- Hey, Emmett… -Se puso un poco nervioso, pero continuó-. ¿Tienes el perfil de todas las chicas de la escuela?
Emmett rió.
- ¿Qué? ¿Te interesa alguna? –Rió-. Con tal que no sea Rosalie Hale, te doy todo su perfil.
Edward se sonrojó y desvió la mirada.
- Eh, no es eso… Sólo tengo un poco de curiosidad, es todo.
Emmett lo miró desconfiado. ¿Curiosidad? Lo dudaba. Edward no era el tipo que se metía en la vida de los demás, siempre metido en sus asuntos, un poco retraído y eso, pero no era un chismoso. ¿Curiosidad? Él nunca preguntaría por simple curiosidad.
- ¿Quién es?
Edward aguardó unos segundos, pensando.
- Swan Isabella.
Emmett estaba perplejo.
- ¿Ella? –Preguntó. Tal vez no había escuchado bien. Tal vez había dicho… Otra cosa.
- Ella –Afirmó.
- ¡Vaya! No pensaba que cuando te enamoraras sería tan difícil…
- Por favor, Emmett. Sólo dime lo que sabes de ella.
- Posiblemente sea lo que tú ya sabes…. Es algo famosa.
Edward no se rindió. Prácticamente desconocía quién era ella. Sólo conocía su nombre y su cara, y más que su cara, sus labios. Tibios y dulces, que se fundieron el día anterior en un beso.
- Swan Isabella. Cursa el segundo año y va en el grupo C. Es una chica genio solitaria, tiene un IQ de 190. ¿Sorprendente? Esto te alegrará, no tiene novio.
Sin embargo, a Edward le había llamado la atención otra palabra pronunciada por Emmett.
- ¿A qué te refieres con solitaria, Emm?
Emmett suspiró.
- Su inteligencia es mucho mayor que la nuestra. Si le hablas, te ignora. Mantiene su distancia respecto a los demás, pero nadie hace el intento se acercársele. A veces, falta a clases –Rió-. Las clases de preparatoria deben ser un juego de niños o de ignorantes para ella –Y como si fuera aligerar el ambiente de pronto tenso, agregó-: Para gente de inteligencia normal, como nosotros, es difícil comprenderla.
Emmett continuó caminando, pero Edward se había quedado petrificado en el mismo lugar, pensando acerca de lo que su amigo le había dicho. ¿Difícil? Claro que era difícil, no comprendía muchas cosas que el día anterior habían hablado. ¿Investigar?
Durante la asamblea que la escuela estaba ofreciendo, Edward buscó entre las personas de la clase de segundo C a la castaña, pero no había asistido. Esto lo desilusionó. Y como si no fuera suficiente desilusión, al salir de la asamblea corrió a buscarla en el aula de ciencias, pero tampoco se encontraba ahí. ¿Dónde se habría metido?
Entonces se le ocurrió que tal vez, estaría en su clase. Cuando preguntó por ella, la menuda chica que lo atendió, buscó a Swan, pero tampoco estaba ahí.
Lo que resto del día se la paso decaído. Incluso cuando fue a jugar soccer con Jessica, que era algo que realmente le gustaba, no, era algo que le encantaba hacer, continuaba triste y Jessica lo notó, pero no hizo comentario alguno. ¿Por qué? No era bueno meterse donde no les llamaban.
Después de terminar y haberse cambiado fue donde sus amigos. Ya estaban unos metros lejos de la escuela, cuando vio pasar otro avión de papel. El corazón le latía rápido, como si se le fuera a salir.
Corrió de nuevo a la escuela, para ser más exactos a la azotea. Cuando abrió la puerta que conducía a ese lugar lo encontró vacío.
- ¿Me equivoqué?
Entonces, la misma corriente de aire recorrió el lugar y los cabellos de Isabella la delataron. Se giró y la vio.
- ¡Swan! –Exclamó sorprendido.
Una sonrisa se le escapó. Isabella estaba en la orilla de la azotea, sentada con las piernas cruzadas. Observó como Edward se le acercaba, feliz. ¿Felicidad? ¿Qué era eso?
- ¡Viniste! –Continuó, alegre-. Pensé que… Bueno, que te habías tomado este día.
- ¿Yo? ¿Por qué lo haría?
Edward se apenó.
- No estabas en clase. Y tampoco en la ceremonia de apertura…
Isabella se levantó y los cabellos revolotearon hacía el lado contrario de donde provenía la brisa. Giró su rostro al cielo nublado.
- ¿Me buscaste? No estás alerta –Edward se sorprendió de sus palabras-. Aunque viste volar aquel avión que lancé…
Se acercó a la puerta y recogió su mochila, que estaba a un costado de esta.
- ¿No la viste al llegar? –Preguntó. No había sonado escéptica, conservaba su tono frío.
- No… No me di cuenta.
Ella se acercó hasta quedar unos metros de él. Edward la miraba esperando que dijera algo, para poder hablar con ella. Esperaba que ella sacara primero el tema del beso, pero esta nunca abrió la boca.
- Verás… Quería hablar contigo.
- ¿Acerca de qué? –La mirada fría que ella poseía le helaba la piel.
Edward dudó.
- Sobre… -Tragó saliva-. Lo que sucedió ayer… Quiero saber porqué tu repentina acción…
- ¿Te refieres al beso?
Él asintió.
- Fue un experimento –Respondió.
- Pero, ¿qué clase de experimento es ese? Recién llevábamos cinco minutos desde que nos dijimos nuestros nombres… No creo que el dar besos es algo con lo que experimentar, Swan –Si iba a decir algo, era el momento de hacerlo, así que aprovechó y siguió hablando-. Quiero conocerte más.
Isabella lo miró. Él le devolvió la mirada.
- Entiendo -¿Qué? Se preguntó Edward-. El experimento ha terminado.
Fue como un balde de agua helado con cubos de hielo que lo golpearon en la cabeza.
- No tiene seguido forzarte a continuar…
- Swan…
- ¿Es todo de lo qué querías hablar?
- Supongo…
- Adiós, Cullen –Dicho esto, se giró y salió por la puerta.
Edward estaba parado, escuchando sus pasos al bajar, hasta que desaparecieron. Había sido un golpe duro para su corazón. Muy duro.
Sentía que el corazón que antes latía con fuerza, había desaparecido. El dolor llegó con una ola y arremetió con fuerza contra su pecho, que casi lo tira.
Sus ojos se nublaron, pero contuvo las lágrimas.
Sería mejor arreglar con Bella todo este asunto lo más pronto posible.
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