domingo, 3 de octubre de 2010

Did I Die? -Capítulo 6


Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes y creo esta rara historia.



Did I die?

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- ¿Un picnic? –Pregunté, incrédula-. ¿Es enserio?


Victoria sonrió ampliamente y asintió. Estaba en shock.


- Ya sabes… -Agregó.


- No, no lo sé –Gruñí.


Ella ya estaba acostumbrada a mi mal humor. No era constantemente enojona, pero tenía el presentimiento que ella creía que sufría de bipolaridad.


Edward me dio una sonrisa juguetona. Cuando Victoria se dio la vuelta, le di golpe en su nuca. Se sobó la cabeza, pero su sonrisita idiota aún seguía en su rostro. Bufé. Primero me hacen jugar a ''Caras y gestos'' y ahora un picnic. No hacía falta mencionar que clase de actividades haríamos.


Giré mi cabeza un poco para ver a Jasper. Sonreía de lado a lado y hablaba con Alice.


- No sé –Murmuró-. La última vez que fui de picnic fue antes de que…


- Jasper –Advirtió, Rosalie, mientras se retocaba el maquillaje. Su ceño estaba levemente fruncido.


Ladeé mi cabeza un poco, pensativa.


Miré a Alice que me había guiñado un ojo. Le sonreí. Hice señas con mi mano para que se acercara. Ella rió. Se levantó con elegancia de su silla y se sentó en una más cercana a la mía.


- ¿Qué pasa, Bella?


Sonreí.


- Un picnic… -Dije-. ¿Qué tienen de especial?


Alice me miró confundida unos segundos. Parpadeó muchas veces en cinco segundos.


- ¿Nunca…? –Carraspeó-. ¿Nunca has asistido a un picnic?


Negué con la cabeza y le sonreí.


¿Un picnic? Sólo en sueños había ido a uno. Forks no era la clase de lugar indicado para tener un picnic; a excepción de los días donde unos cuantos rayos de sol se colaban por las nubes. Nunca le vi un propósito a ir a un picnic. Es decir, sólo ibas a comer, mientras te asoleabas y compartías tu tiempo con la gente que querías y… ¡Oh! ¡Mi vida no pudo ser más deprimente!


Alice me rodeó con su brazo. Ella ya conocía mi historia. Pensé que era lo correcto cuando ella hizo lo mismo. Ciertamente, me sentí mejor. Suspiré. Las cosas con Jasper no habían avanzado, y se podría decir que a Alice también le gustaba. Compartían mucho tiempo, juntos, sonreían… Arg, si no fuera mi amiga y intentará que ella olvidara su dolor, ya le hubiera dicho que se alejara de Jasper.


Lo mejor era dejarlo ir.


- Muy bien, muchachos –Llamó, Victoria-. La sesión ha terminado. Recuerden traer sus alimentos que compartirán mañana en el picnic. Y, Bella, por favor, ven –Rodeé los ojos y le sonreí.


No había escuchado el timbre.


Alice dejo de abrazarme y fue a agarrar el brazo de Jasper.


Me quedé parada a mitad del aula, mientras los veía marcharse. Los veía sonreírse. Veía sus ojos brillantes y llenos de ilusión y amor. Era un mal tercio. Sentí unos familiares brazos rodear mis hombros, mientras me atraía hacia su pecho.


- Está bien.


Sonreí de lado.


Claro que todo estaba bien. Tenía a Edward, y aún conservaba la amistada de Alice.


Además, había perdido toda oportunidad con Jasper desde que entramos y Alice y él habían sido inseparables. Como Edward y yo.


¿Seríamos en un futuro como Alice y Jasper?


Me estremecí. Edward me abrazó más fuerte. Le agradecí. No me sentía lista para afrontar lo que estaba surgiendo entre mi amiga y el chico que me gustaba. Suspiré. ¿Por qué Jasper no me podía abrazar como Edward?


- Vamos –Dijo, con dulzura.


Lo miré.


Algunos mechones cobrizos cubrían su frente… Pero eso no fue lo que vi. Su sonrisa era tierna y en sus ojos brillaba la comprensión. En ese momento lo supe. Supe porque Jasper no me abrazaba como Edward; era tan sencillo, él no era Edward.


Le sonreí y agarré su mano, entrelazando nuestros dedos. Sus largos y fuertes dedos de pianista se apretaron con mi mano, un tacto cálido. Suspiré.


Fuimos a mi habitación como acostumbrábamos ir después de cada sesión con Victoria. Ella era en sí genial. Comprensiva y amorosa como una madre, a pesar de su apariencia joven. Tenía la experiencia de años. Victoria era como la madre que nunca había tenido. Mostraba interés en que yo interactuara en las actividades. No me presionaba, me dejaba ser. Aún así, sentía que me ponía más atención a mí que a los demás. No me quejaba, pero se me hacía injusto.


Encendí mi reproductor de música y busqué una canción adecuada. No tenía ganas de escuchar canciones empalagosas, pero tampoco tenía ganas de escuchar música de rock pesado. Necesitaba otra cosa.


- Edward –Llamé. Él se había acostado en mi cama y leía con atención un libro. Me miró por encima del libro y me sonrió-. ¿Una canción? Sugiere algo bueno –Advertí.


Él rió entre dientes. Pensó un par de minutos. Colocó un separador en la página que estaba leyendo y con cuidado dejo el libro en mi mesita de noche. Caminó hasta a mí y busco en las canciones de mi iPod. Esperé pacientemente.


¿Qué voy hacer?
Para decirle que la quiero.
¿Cómo le haré?
Si cuando esta cerca de mí, tiemblo de miedo
No sé porqué…
Pero desde que la conozco soy feliz


Miré raro a Edward, él rió y cambió la canción.


Quisiera esta noche
Robar de tus labios
Un soplo de vida, para mi corazón
Que yo por amarte, subiría a las nubes
Y me entregaría por completo, porque te amo


- Ok. Aléjate de mi iPod –Gruñí-. ¿Qué te pasa? ¿De quién estas enamorado o qué?


Él me miró durante unos segundos. Negó con la cabeza y regresó a la cama para volver a leer su estúpido libro. ¿Edward enamorado? ¿Por qué no me lo había dicho? Yo le contaba todo… ¡Vaya amigo!


Busqué en mi iPod una canción fuera de cursilerías, acababan de romperme mi corazón. Sí, música dolida.


¿Y todo para qué?
¿Para qué tanto amor?
¿Para qué ilusionaste, para que enamoraste mi corazón?
¿Y todo para qué, y todo para qué?
Si al final yo perdí…

Edward se rió fuertemente. Lo miré enojada. Se agarraba el estómago mientras se retorcía de risa en mi cama. Suspiré. Quizás poner esta música dolida no servía de nada. Me recosté junto a Edward y cerré mis ojos. Dormir un poco no me haría daño.


Tuve un sueño rarísimo. Rarísimo con 'R' mayúscula. Edward estaba ahí. Me miraba intensamente y luego me besaba. Y entonces, me desperté asustada. Miré a mí alrededor y encontré a Edward dormido a mi lado. Sonreí. Se veía tan calmado y sonreía levemente. Su respiración era acompasada. Me acerqué a su rostro. Tracé con mis dedos sus ojos, su frente y su nariz. Pase mis dedos por sus mejillas, por su barbilla. Sus labios. Entreabiertos y apetitosamente llenos. Con cuidado pasé mis dedos por mis labios, para luego hacer lo mismo con los suyos. Un beso indirecto. Él nunca se enteraría.


Me acurruqué a su lado, mientras lo abrazaba.


Dulces sueños, Edward. Deseé.


Mis sueños se fueron por otros rumbos. Un rumbo totalmente diferente. Charlie. Soñé con mi funeral. Las únicas personas que estaban ahí, eran el sacerdote y mi padre. Charlie, discretamente, se limpiaba unas lagrimillas que se habían escapado de sus ojos. El sacerdote hablaba y hablaba, pero sólo oía su voz, no entendía lo que decía. Mi padre cogió un puño de tierra y lo arrojó a mi tumba. Murmuró algo y luego se marchó.


¿Qué era ese sueño?


Inconscientemente, seguí a Charlie hasta la que solía ser mi casa. Se sentó en una silla descolorida de la cocina y enterró su rostro entre sus manos. Mascullaba cosas ininteligibles. Puse mi mano en su hombro y él se estremeció. La quité enseguida. Charlie estaba mal por mi culpa.


Se levantó abruptamente de la silla y pasó de largo de la televisión. Su habitación estaba como la recordaba. Tan Charlie. Se quitó los zapatos y se recostó con cuidado. Su rostro estaba pálido y sudaba mucho. Estaba enfermo. Enfermo por mi culpa. Mis ojos se llenaron de lágrimas…


- ¡Bella! ¡Bella! –Escuché que gritaban mi nombre, pero no podía enfocar a nadie.


Me sacudieron intensamente y desperté.


Los orbes esmeraldas de Edward me miraban preocupados. Suspiré y me incorporé.


- ¿Te encuentras bien? –Preguntó. Asentí lentamente. Sus brazos me rodearon y suspiré en su pecho. Mis sollozos no tardaron en escucharse-. Shh, shh, todo esta bien…


Edward… Gracias.

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