domingo, 3 de octubre de 2010

I Will Make You a Woman -Capítulo 2

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen ¡Lo saben! Pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes, moviendolos a mi gusto.


I Will Make You a Woman


- Mamá –Llamó, Edward a mitad de la cena. Esme lo miro con curiosidad, mientras dejaba sus cubiertos a los lados del plato.


- Dime.


Edward se removió incomodo en su asiento. Miro a Emmett que lo alentaba a continuar.


Por la tarde, pocos minutos después de la extraña conversación con Bella, había regresado a su casa. Se encerró en su habitación y se dispuso a escuchar música.


Cuando al fin le gustaba una chica de verdad, resultaba que era… Lesbiana. Sólo le atraían las mujeres. Le parecía atroz que una chica tan bella como ella, un ángel celestial, un alma tan preciosa, fuera eso. Ella podía tener al hombre que quisiera con tan sólo batir un poco sus pestañas, pero no, la quería difícil, quería a las mujeres.


Se estremeció cuando pensó eso.


Treinta minutos antes de la hora de la cena, llegaron sus hermanos. La única que continuaba alegre y que danzaba de ahí para allá, era sin duda Alice; su hermano mayor, Emmett, había regresado igual con los ánimos por el suelo. Rosalie Hale había sido clara en su relación con la Swan. Parecía que los chicos fueran a vomitar.


Y es que, perteneciendo a la correcta familia de Carlisle Cullen, les era fácil juzgar a las personas que no se atraían por el sexo opuesto. Por eso, querían saber si su madre sabía de la extraña relación entre las chicas más guapas de Forks, y si lo sabía, que era lo que pensaba.


- ¿Sabías que Bella y Rose eran…? –Se atascó, le parecía asqueroso siquiera pronunciarlo-. Bueno, ¿sabías que son pareja?


Esme rió cantarinamente. Una risa contagiosa, perfecta y armoniosa; una copia exacta de esa risa poseía Alice.


- ¡Ay, hijos! –Exclamó, exasperada-. ¡No sean Carlisle en miniatura! No hay nada malo en ellas, son perfectamente normales. Y no se embarazaran a temprana edad –Rió de su chiste, pero nadie lo hizo de sus hijos.


Alice se horrorizó. Ella no estaba al tanto de que Rosalie Hale y Bella Swan salían y eran novias.


- ¿Pero qué disparates dices, mamá? –Se alteró, Alice-. ¡No veo nada correcto en esa…! ¡Esa extraña y horrible relación!


Por primera vez, desde que habían llegado a Forks –y recién habían llegado el día anterior- el ceño de Esme se frunció y se cruzó de brazos. No era bueno hacer enojar a su mamá. Y nunca lo había hecho, más que aquella vez que accidentalmente había roto Emmett un costoso florero, hace ya más de trece años. Además, ellos eran el perfecto prototipo de hijos modelo. No ocasionaban problemas, y nunca les levantaban la voz a sus padres ni a los demás mayores. Nunca habían ocasionado la furia de su madre, desde la última vez… Hasta aquel momento.


- ¡Alice, Edward y Emmett Cullen! –Rugió, levantándose de la mesa y golpeándola con las palmas de sus delicadas manos-. ¡Ella son unas muchachitas bien portadas, y cero problemáticas! ¡Me da igual que su padre sea un discriminador, en esta casa se respetan a todos por igual! ¡Son tan normales como Alice!


- ¡No te atrevas a compararme con esas machorras! –Gritó, Alice, arrojando hacía el frente sus cubiertos. Edward frunció el ceño, ¿acaso Alice había llamado a su Bella machorra?


- ¡Alice Cullen no hables así de ellas! –Reprendió, Esme-. ¡A tu habitación!


La pequeña Cullen se levanto en un movimiento grácil, dejando a sus hermanos boquiabiertos. Su cara mostraba una mueca entre el fastidio y el enojo. Sin decir nada corrió escaleras arriba y azotó la puerta de su habitación.


Esme suspiró, cansada y se dejo caer en la silla.


- ¿A qué venía tu pregunta, Edward? –Preguntó, Esme, aparentemente tranquila, pero su rostro aún estaba rojo del enojo.


- A nada, madre –Respondió, con la vista perdida en el plato-. ¿Puedo retirarme a mi habitación?


Su madre asintió, avergonzada. Edward recogió su plato, lo lavó y secó. Antes de irse a su habitación, paso por la de Alice. Tocó levemente.


- ¿Qué quieres, Edward? –Inquirió al otro lado de la puerta. Su voz estaba rota. Estaba llorando.


- ¿Estás bien, Al?


Alice quitó el seguro y lo dejo entrar. Cerró la puerta detrás de sí e inmediatamente fue a abrazarla.


- No debiste gritar así…


- ¿Estás de su lado? –Se separó de él y lo miró con el ceño fruncido. Sus ojitos estaban rojos, y había un camino de lágrimas secas en sus mejillas.


El negó con la cabeza y la volvió a abrazar.


- Déjame terminar. No debiste gritarle a mamá. Sabes que ninguno de nosotros está de acuerdo con esa… Abominación, pero pudiste hablar y exponer tus puntos de vista de manera civilizada, Alice.


Ella suspiró exasperada. Su hermano siempre, siempre tenía la razón. Edward le regaló una sonrisa tranquilizadora, mientras le acariciaba su corto cabello negro. Dejó de llorar y secó sus lágrimas.


- Te gusta –Afirmó, sobresaltando a su hermano.


Edward jadeó por la sorpresa, pero sabía que la intuición –femenina- de Alice nunca fallaba. Asintió, y su hermana lo sintió. Le mostró una sonrisa reluciente.


- Te ayudaré a conquistarla –Dijo, con convicción-. Haré lo que sea para que Forks sea un lugar normal.


El chico rió entre dientes.


- ¿Cómo sabemos que no hay más parejas anormales por ahí?


Alice frunció el ceño.


- Tienes razón –Concedió-. Pero, es enserio que te ayudaré a conquistar a Bella Swan.


Volvió a reír entre dientes, y esta vez, Alice lo acompañó.


Se tiró a su cama, y de nuevo escuchó música, pero a diferencia de la última vez, no prestó atención a lo que escuchaba, porque poco a poco, la inconsciencia llegó y se sumió en un profundo sueño.


Conducía su precioso Volvo. Traía un traje como el que había utilizado para la boda de su padre y conducía con la vista fija hacia delante. Reconoció a Forks, imposible no hacerlo con todo ese verde; las calles y casas. Era Forks, en todo su esplendor. No sabía a dónde iba, ¿a casa de Bella? ¿A qué?


- Dobla a la izquierda –Le indicó la voz de la dueña de sus pensamientos. Miró por el retrovisor y la vio enfundada de un precioso vestido púrpura de tirantes hasta medio muslo, mostrando un generoso escote. La tragedia: a lado de ella venía Rosalie, con una mano en su muslo, mientras subía más y más.


Apretó con fuerza el volante. Sus nudillos se hicieron blancos por la fuerza, pero continuó apretándolo. No recordaba de donde venían, ni que hacían esas chicas, pero estaba seguro de que nunca, de los nunca, hubiera dejado que Rosalie subiera, y si la hubiera dejado, nunca sería a lado de Bella.


Y eso no fue lo peor. A través del retrovisor, vio como Bella casi devoraba la boca de Rosalie. Vio como su rosada lengua se enredaba con la de la rubia. Le pareció grotesco. Frunció el ceño. Carraspeó, pero las chicas comenzaron a meterse mano. Una mano de la rubia se encontraba en un pecho de la castaña y la otra en sus piernas; Bella recorría sus manos en la espalda, y revolvía sus cabellos dorados. Eso le parecía repulsivo. Asqueroso. Al único que debería estar besando era a él.


Le sorprendió aquel sentimiento posesivo que le invadió cuando pensó eso. Pero, quería que Bella lo tocara a él, y sólo a él; no a aquella rubia bisexual por la cual desfallecía su hermano.


En cuanto dio la vuelta a la izquierda, todo se volvió negro…


Y despertó.


Estaba jadeando y una fina capa de sudor se encontraba en su frente.


Aquella horrible pesadilla le aterró. Para llevar a cabo el plan de convertir a Bella en una mujer –aunque el cuerpo ya lo tenía- debía acostumbrarse a pasara tiempo con ella, y por consiguiente, con Rosalie Hale.


El nombre de la rubia le producía un sentimiento de ira y posesión, pero sobretodo, celos.


Los temibles celos que nunca espero experimentar a su temprana edad de diecisiete años. Pasó una mano por sus cabellos y apagó el mini componente, que seguía reproduciendo el mismo CD.


Un gruñido bestial salió de su garganta al recordar su sueño. Tendría que soportar eso cuando estuviera con las dos chicas. Y lo haría.


Edward Cullen nunca se rendía. Y lo que quería era a Bella Swan… Tendría a Bella Swan.


Sonrió ante este pensamiento y cerró sus ojos con la sonrisa aún presente.


Bella Swan estaría con él, aunque eso significara romperle el corazón a Rosalie.

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