Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes y creo esta rara historia.Did I die?
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- Eh, paso –Murmure, viendo fijamente mis zapatos.
- ¡Vamos, Bella! –Alentó, Victoria-. ¡Es sólo un juego! ¿Vas a hacer perder a tu equipo por una tontería así?
Tenía razón Victoria. No sería justo hacer perder a Alice y Edward por no querer participar. Me tragué mi orgullo, y juró que sentí como este se hundía a cada paso que daba para subir al estrado. Sintiendo la mirada envenenada de Rosalie y las miradas esperanzadas de Edward y Alice. Suspiré. No quedaba otro remedio.
Estaría segura que poco a poco el sudor se iría acumulando en mi frente de los nervios. Pero ya no estaba viva.
Al llegar al estrado, miré a todos los presentes. Victoria sonreía con aprobación, mientras sostenía en su mano izquierda un cronómetro.
Alcé mi mano derecha y mostré cinco dedos. Alice sonrió.
- ¡Cinco palabras! –Gritó. Asentí. Vaya, había sido sencillo. Mostré un dedo y ellos asintieron.
Busqué la manera de hacerles entender que mi frase era ''El Lago de los Cisnes''. Suspiré frustrada y comencé a jalar mis cabellos, nerviosa.
- ¡Cabello! –Dijo, Alice. Negué. Lo pensé unos segundos. El equipo contrario sonreía con suficiencia ante mi ineptitud para el juego de caras y gestos. El tiempo corría más rápido, o así lo sentía.
Moví mis manos, frenética, de un lado a otro. Estaba quedando como una estúpida, pero qué más daba. Mi dignidad se había perdido cuando subí al estrado ante la atónita mirada de algunos. Estaba frustrada por no saber cómo expresarme. Eso me sucedía por anti social.
- ¡El Lago de los Cisnes! –Gritó, Edward.
Paré mis movimientos y lo miré sorprendida. Victoria sonrió y apagó el cronómetro.
- ¡El equipo de Edward, Alice y Bella gana! –Anunció.
Rosalie no se dignó a mirarnos, Emmett estaba enfurruñado por perder, pero en sus ojos relucía la diversión. A Jasper nunca le importó, sin embargo, había participado sólo para complacer a su hermana.
Francamente no me esperaba un triunfo. Mi patética actuación ahí, al frente de todos, mientras me movía como lunática, no lo tomaba como una buena interpretación de ''El Lago de los Cisnes''.
La campana sonó. La habitación se vació inmediatamente. Edward como siempre me esperó hasta que bajé del estrado. Estaba muy avergonzada.
- Estuviste increíble, Bella –Alagó.
Desvié la mirada a otro lado. Muchos chicos flotaban. Me había dado cuenta que era como en la preparatoria, pero sin alumnos elitistas que se negaban a hablarte. Había incluso algunos chicos que eran novios. Y cada quién vestía como quería sin que nadie nos criticara. Suspiré. ¿Por qué la preparatoria no podía ser así?
- Yo no diría 'increíble' –Murmuré, avergonzada. Edward tomó de mi mano, y me obligó a verlo.
Apartó unos mechones de mi cara y me miró con sus profundos orbes esmeraldas. ¿Cuánto llevaba de muerta? Aquél día se cumplía una semana. Una semana de conocer a mis nuevos amigos, compañeros y ¿Victoria contaba como maestra? Bueno, era todo tan nuevo y a la vez tan igual. Cada día llegaban nuevos chicos, y otros más se iban. Me preguntaba cuándo sería lo suficientemente madura como para abandonar este lugar y pasar a otro.
- Es una tontería, Bella –Juntó su frente con la mía. Acostumbraba a hacer eso-. Lo hiciste genial. Si no hubiera sido por ti, no hubiéramos ganado.
Sonreí a medias.
- No entiendo cómo es que lo adivinaste, Ed –Le dije, separando mi frente. Comenzamos a flotar por el pasillo, hacia nuestras habitaciones.
Tal vez ya no teníamos sangre, no sudábamos. Pero, seguíamos alimentándonos. Teníamos nuestros horarios, cada alma un diferente horario, sólo una comida por día. Ese alimento –según Victoria- se iba dirigido a nuestras energías que necesitaríamos, por eso, nunca teníamos la necesidad de ir al baño. A mí me sonaba algo medio, bueno no, completamente extraño.
Edward rió.
- No sé –Dijo, pero había una sonrisa burlona en su rostro. Ya me tenía lo que venía-. Tal vez porque te pusiste a aletear en el estrado –Rió fuertemente.
Lo fulminé con la mirada, pero él continuó riéndose de mí. Giré mi cabeza de manera indignada y di un paso hacia enfrente. Avancé otro, otro; él no se movió y se reía de mi. Harta del show que estaba montando Edward, sí, porque muchos se le quedaban viendo con cara de '' ¿y a este que le picó?'', decidí seguir el camino hacía mi habitación.
Con una pequeña sonrisita, me marché, dejando a Edward a mitad del pasillo y con una crisis de risa. Él era el que estaba quedando como idiota, no yo.
Abrí la puerta y les puse seguro a todas.
Ya había tenido un accidente días atrás, cuando sin querer, Jasper abrió mi puerta pensando que era la salida y me encontró con pijama. Pijama es igual a ropa interior. Nos habíamos quedado estáticos y con la vista clavada en un punto fijo, en mi caso, en los agrandados –por la sorpresa- ojos de Jasper, que examinaban mi cuerpo.
Fue realmente muy embarazoso.
Aunque, Jasper comenzaba a gustarme. Dejando a un lado a su fastidiosa hermana, el chico tenía de todo. Inteligente y guapo. Ya no se veían de esos. Y lo mejor de todo: un caballero. En cuanto pudo reaccionar, se disculpó y cerró la puerta.
Desde ese día me había empezado a fijar en él.
En sus cabellos color miel, ondulados y peinados tan… Sexys y a la vez elegantemente. En sus ojos celestes, enmarcados de rubias pestañas; y adoraba cuando levantaba una ceja. Muy pocas veces lo había visto sonreír, pero tenía una hilera de perfectos dientes blancos, que se veían peligrosos en su sonrisa fiera. Nada que ver con la sonrisa torcida de Edward.
Me senté en mi cama y observé mi ropa.
Había escogido un vestido negro, corto a la rodilla y unos zapatos de piso negros. Además de un listón con moño en mi cabello. Edward me había preguntado que quien había muerto. Yo, con mala cara, le había respondido que nadie.
Suspiré.
Cerré mis ojos y a mi cabeza vinieron los preciosos orbes de Edward. Eran como imanes que te atraían a verlos. Muy bonitos, y con brillo propio. Sonreí y pase una mano por mi cara, frustrada.
Me gustaba Jasper, pero pensaba en Edward. ¡Vaya lío!
Tocaron a mi puerta. No me moví. Volvieron a tocar con más fuerza. Solté un gruñido.
- ¡Tu habitación es la de al lado! –Grité.
- ¡Vamos, Bella! –Edward, como lo suponía, estaba rogando y pidiendo perdón, ¿dónde quedaba su dignidad?-. ¡Admite que es gracioso!
Sí, lo admito, había sido gracioso. Me imaginé la escena, donde yo estuviera aleteando tontamente. Reía entre dientes.
- ¡Te escuché reírte!
Reí con más fuerza, pero ya no era de mí, sino de Edward. Edward que estaba fuera de mi habitación, gritando a los cuatro vientos que lo dejara entrar y posiblemente muchas almas lo estarían viendo. Sí, definitivamente mucho más gracioso que mi penosa interpretación de ''El Lago de los Cisnes''.
Abrí la puerta y me hice a un lado para dejarlo entrar.
Él me sonreía con suficiencia, como diciendo que ya sabía que lo iba a perdonar. Le devolví la sonrisa. Edward se tensó.
- ¿Q-qué pasa, Bella? –Me acerqué a él, y éste retrocedió. Estuve repitiendo varias veces esto, hasta que llegó a la cama, tropezó y cayó sobre esta.
Sonreí.
- Vaya, vaya… -Estaba al pie de la cama, viéndolo con sorna-. Vienes a rogar mi perdón y no me dejas acercarme a ti…
- N-no vive a rogarte perdón…
-… No he terminado, Edward –Interrumpí-. Te perdonaré… Si me ayudas.
En su rostro se mostro la sorpresa, seguida de la confusión y la negra sospecha. Imité su sonrisa torcida, que más bien fue una extraña mueca. Él se sentó sobre mi cama, cruzando las piernas. Hice lo mismo, sentándome frente a él.
- ¿Qué es lo que quieres, Isabella? –Puse una mueca de fastidio. Odiaba que me llamaran por mi nombre completo. Era estúpidamente largo y antiguo.
- ¿Qué? –Fingí sordera. Edward conocía mi aberración hacia el nombre que mi madre y mi padre me habían puesto, por eso me llamaba así.
- Err… -Sonreí-. Bella, ¿qué favor quieres? –Hizo una mueca de falsa sorpresa y se golpeó la frente-. ¡No pienso hacerte ningún favor sexual! –Gritó, haciendo que varios metiches se asomaran por mi puerta.
¿Por qué nunca me acordaba de ponerle seguro a la puerta cuando posiblemente fuera a enfrentar una situación embarazosa?
Fulminé con la mirada a las almas, haciéndolas huir despavoridas. Sonreí, aún tenía el don.
Fui hasta la puerta y le dejé el seguro puesto.
- ¿Me dirás de que favor se trata? –Preguntó, Edward, ya desesperado.
Le sonreí.
- Ayúdame a… -Me acerqué a su oído para susurrarle, las paredes –Rosalie y Alice- podían escucharlo todo-. Acercarme a Jasper.
Edward pensó que no lo había visto, pero por su rostro había cursado una mueca de dolor.
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