lunes, 27 de septiembre de 2010

The Transferred -¿Novio?

Disclaimer: Twilight es de S. Meyer.

_The Transferred_

Chapter 8 _¿NOVIO?_


BPOV


Después de que Alice terminara de desahogarse conmigo, fuimos a un local de tacos llamado ''Liberty''. Yo no sabía que ordenar ya que nunca había ido a un restaurante de tacos, pues toda mi vida había comido pastas. Por lo que Alice me ayudo, pidió unos tacos al pastor y un refresco de cola; pedí lo mismo.


Alice hablaba hasta por los codos, no me explicaba el cómo no se había atragantado. Sonreí cuando ella me contó que hace un par de semanas se había peleado con una chica en el centro comercial, simplemente por un par de zapatos.


Reí por la mueca graciosa que hizo al describirla, pero al final, termino diciendo: ''una hueca''.


Mi teléfono sonó.


A pesar de dejarme a la suerte, mis padres me habían dejado un celular muy moderno. Mi rostro se iluminó cuando del identificador de llamadas apareció el nombre de mi papá.


- ¡Hola! –Dije, alegremente.


- ¿Qué tal allá al otro lado del mundo, Bells? –Preguntó mi padre.


Reí, mientras negaba con la cabeza.


- ¡Ay, papá! Si vieras que bien me ha ido… Ya tengo una amiga. Se llama Alice y está obsesionada con las compras –Relaté, mientras mi amiga hacía un mohín.


Charlie rió.


- Espero que sean muy buenas amigas –Replicó-. Mándale saludos de mi parte.


- Ajá.


La verdad que me había sorprendido su llamada. Y dudaba mucho que fuera solo para saludar. Así que con paciencia espere el verdadero motivo de su llamada. Tal vez y yo me estaba volviendo paranoica. Pero su silencio ya llevaba más de un minuto.


- ¿Así que…? –Murmuré con una sonrisa.


Se aclaró la garganta.


- Es que, verás… Tengo un viejo amigo que hace tiempo se mudó a Forks, B. Black –Dijo en un tono avergonzado. La paranoia volvió a mí-. Se ofreció a alojarte en su casa durante el tiempo de tu estancia y a cambió tu…


Su voz se hizo más triste a medida de que sus palabras continuaban.


- … Deberás ser la novia de su hijo menor, Jacob –Terminó con voz apagada.


El teléfono se me resbalo de las manos –por la impresión- haciendo que la batería de este saliera volando.


- ¿Te encuentras bien, Bella? –Preguntó preocupada, Alice.


Su voz sonó lejana. Y por si fuera poco, una oscuridad aterradora me invadió.


Cuando desperté me encontraba sentada en el coche de Alice; esta bebía un café, mientras me veía atentamente.


- ¿Ya te sientes mejor? –Habló Alice, tenía la boca llena de una galleta, y rastros alrededor de su diminuta boca.


Sonreí en un intento de calmarla. Sabía que se iba a preocupar por mí. Ella era una verdadera amiga.


Me gustaba que ella fuera así por naturaleza.


Sin embargo, una vez más en el día, me veía embargada por todos mis sentimientos y el solo hecho de pensar que estoy en un continente que no es el europeo, me dan ganas de llorar más y más.


- ¿Qué pasa, Bella? –La preocupación de Alice era palpable en cada palabra.


Sequé mis lágrimas antes de que me derrumbara de nuevo y mantuve una expresión neutral. No quería hablar del tema, pero Alice se había abierto conmigo, era justo que yo también lo hiciera.


Le conté él como mi padre se había puesto a la defensiva, la paranoia que venía a mí y el lugar donde me quedaría, claro, que cuando le solté la condición, insistió aún más en que me quedara en su casa. Yo sabía que al menos acá tenía una manera de pagarles, pero si me iba a casa de Alice no encontraría la forma de pagarles y terminaría siendo una carga más para ellos.


Los Black me ofrecían alimento y techo, más no podía pedir.


Pero sabía que ser la novia de un desconocido, era lo que menos quería. ¿Cómo salir con un desconocido? Alguien a quien nunca has visto y no sabes cuáles son sus gustos, ¿cómo?


Entonces, me sentía tan confundida cuando le expliqué a Alice como me sentía. Mis labios temblaban y mis manos sudaban. Estaba nerviosa.


No tardamos en llegar a la casa de los Black. Era pequeña hecha de madera, pintada de rojo.


Modesta, esa palabra le quedaba correcta.


Alice no se bajo del Porsche pues dijo que no quería que se le subieran las pulgas. Yo reí, haciendo aún lado mi nerviosismo toqué ligeramente la puerta.


Tragué saliva con pesadez e intente sonreír. En vez de eso hice una mueca extraña; podía oír la risa de mi amiga por mi extraña mueca.


La puerta se abrió, dejándome ver una chica de cabellos negros, al igual que sus ojos y una bonita piel cobriza. Ella sonrió petulante y vociferó:


- ¡Papá…! ¡Ya llego la chica huésped! –La mueca –que se suponía debía ser una sonrisa- se borro. Mis labios se fruncieron, hasta estar rectos.


Un señor en silla de ruedas apareció. Su expresión era feliz. Y su rostro, con las mejillas caídas y rojas y las pequeñas arruguitas que se formaban en sus ojos, me hizo sentirme como una niña de once años.


Le sonreí.


- Soy Bella Swan –Me presenté, aunque mi acento italiano llamo la atención de la chica que me había mirado como si fuera poca cosa.


De atrás de la chica, salió una chica idéntica a la a esta, por lo que supuse serían gemelas. Se veían más grandes que yo, pero no tanto.


- Soy Billy Black –Su voz sonó áspera, pero a mí se me antojo como muy cálida. Me extendió su mano y la agarre con entusiasmo-. Bienvenida, hija.


Mi sonrisa se amplió más. Me olvidé del hecho que tenía que ser novia de su hijo.


El sonido del claxon me alerto que Alice seguía aquí. Por lo que me giré y le di una mirada de disculpa.


- Eh... Voy por mis maletas y ahorita regreso –Murmuré, caminando hacia el coche amarillo.


La pequeña chica –a la que en mis interiores la llamaba duendecillo- salió del auto para abrirla cajuela.


Saco algunas bolsas de compras y me las entrego.


- ¿Qué es esto? –Inquirí, mirando dudosa las bolsas.


- Te dije que eran un regalo –Replicó y se dirigió a la parte trasera del Turbo para sacar mis maletas.


Me ayudo a llevarlas a la entrada de la casa y me dio un abrazo.


- Te deje grabado mi número de teléfono en tu celular, ¿ok? –Susurró en mi oído-. Cualquier cosa que necesites…


Yo le sonreí, mientras le agradecía.


¿Qué haría yo sin la pequeña duende?


Arrancó el coche y se marchó con la promesa de que mañana nos veríamos en la escuela.


Un suspiró de tranquilidad me inundo.


- Rachel y Rebecca, acompañen a Bella a su dormitorio –Ordenó Billy, sin perder la sonrisa.


Cada una tomo una maleta, dejándome a mí con las bolsas. Además, las dos se colgaron de mis brazos como si fuéramos íntimas amigas.


- Ya que serás nuestra cuñada… -Comenzó Rebecca con una sonrisa.


- … Esperamos que nos llevemos bien –Terminó Rachel.


Odiaba que los gemelos hicieran eso. Era escalofriante.


- ¿Acostumbran…? ¿Siempre terminan las frases así? –Pregunté haciendo una mueca de horror.


- Siempre –Afirmó Rachel.


- Siempre –Coincidió Rebecca.


Luego comenzaron a carcajearse como locas.


Esto parecí más casa de locos que cualquier otra cosa.


Me condujeron a una habitación individual. Era muy bonita. Las paredes eran de una tonalidad lila, en vez de ventanas tenía ventanales, blancos. Sus cortinas eran blancas, pero semi transparentes. La cama era solo para una persona, los cobertores eran morados y la base para el colchón blanco.


Sí, era muy modesta, pero eso no le quitaba la belleza.


- Si nos necesitas estamos en la habitación de al lado… -Otra vez van a comenzar…


- … Pero si quieres hablar con nuestro hermanito, es la de enfrente –Ambas sonrieron con complicidad. Un escalofrío me recorrió.


Les agradecí y me tumbe a en la cama. No tenía un closet, solo un buro de cinco cajones, color blanco.


Pero en estos momentos estaba muy cansada que no podía hacer nada.


Me acurruqué entre sábanas y pensé el cómo sería que Edward fuera mi novio.


La tristeza me invadió cuando me di cuenta de que ya tenía uno.


Sonreí, mientras veía la luna.


Deseaba que, por lo menos, mi novio fuera alguien agradable.


En mi interior había una pregunta que me rondaba y era ¿novio?

No hay comentarios:

Publicar un comentario