Disclaimer: Twilight es de S. Meyer
_The Transferred_
Chapter 9_BLACKS_
EPOV
Cuando desperté en la mañana de mi primer día de clases, lo primero que vi fue la ropa que Alice me había dejado para ese día. Sonreí. Las cosas iban mejorando, había un progreso con ella, y con un poco más de suerte, Emmett también me perdonaría.
Perezosamente camine hasta el baño, dispuesto a tomar una ducha. Supuse que sería mi hermano el que estaba en el baño ya que cuando desperté no lo vi en nuestra habitación. Traía la toalla colgando de mi hombro izquierdo, mientras apoyaba el otro hombro en la pared con gesto desdeñoso. Hace tiempo que no me levantaba a las seis de la mañana para alcanzar agua caliente, hace tiempo que no me levantaba temprano para alcanzar a desayunar.
Pase una mano por mis cabellos, nervioso.
Las cosas con Alice había ido bien –naturalmente- ya que éramos mellizos, por lo tanto, éramos inseparables y teníamos más confianza entre nosotros mismos. Pero con Emmett…
No tenía ni la más remota idea de cómo saldrían las cosas.
¿Habría la posibilidad de que me perdonara? ¿Cuánto era de probabilidad? ¿El 30 porciento?
Sí, era así.
Desde pequeños fuimos unidos, pero la separación nos hizo distanciarnos. No era como con Alice, que era una mujer y no tenía miedo de expresar sus sentimientos. Pero, Emmett y yo éramos hombres, y a veces no sabemos cómo expresar nuestros sentimientos.
Cerré los ojos, justo en el momento en que mi hermano salía del baño. No quise abrir los ojos por miedo a que me diera un puñetazo sin haber testigos.
- Buenos días –Soltó, amablemente.
Abrí los ojos rápidamente. Parecían a nada de salirse de mis cuencas.
Suspiré con alivio.
- Buen día –Saludé, con nerviosismo. Volvía pasar nerviosamente una mano por mi cabello y le regale una sonrisa igual de nerviosa.
Me dio un puñetazo amistoso en el brazo y me guiño un ojo.
- Hey, Edward, no es para tanto… ¡Ni que te estuviera preguntando de donde vienen los bebés! –Se carcajeó, mientras caminaba rumbo a la habitación. Traía un aire alegre.
Eso me dio esperanzas.
Me metí al baño antes de que Alice me lo ganara alegando tener más derechos por vivir más tiempo en esta casa.
Me deshice de mis ropas, y me metí a la regadera. El agua comenzó caliente, así que empecé a relajarme… Pero luego estuvo tibia, pensé que se debería a que llevaba bastante tiempo en la ducha.
Sin embargo, un frío gélido me recorrió desde la cabeza hasta los pies. El agua estaba fría…
- ¡Emmett! –Gruñí, mientras cerraba las llaves del agua.
- ¡Bienvenido, Eddie! –Vociferó, alegremente. Después soltó otra de sus carcajadas estruendosas.
Ahora entendía el porqué estaba tan feliz en la mañana.
Enojado salí de la ducha con una toalla amarrada a mi cintura. Me sentía como estúpido al confiar en Emmett. Pero ya se la regresaría, de eso ya me encargaría.
Reí internamente, imaginando lo que podría hacerle.
La ropa que mi hermanita había dejado era muy… Alice.
Una playera azul oscura, unos pantalones de mezclilla y unos zapatos negros de agujetas. Sabía que Alice era un genio para la moda y nunca me había molestado. De pequeños ella siempre elegía mi ropa para que ella no llevara los mismos colores que yo, ya que al ser mellizos mi madre insistía en que nos vistiéramos con los mismos colores.
Me vestí, mientras escuchaba un poco de música.
Era clásica… No me gustaba mucho la música de estos tiempos.
Me relajé casi por completo.
- ¡Edward date prisa! –Gritó, Alice, tocando efusivamente la puerta-. ¡Todavía debemos pasar por Bella a La Push!
''Ese nombre… ¡La chica castaña!'' Pensé, con una alegría fuera de sí.
Sonreí como tonto y me apuré.
Agarre la mochila y baje corriendo las escaleras.
El desayuno paso sin ningún inconveniente, ningún cometario ofensivo de Emmett de su ''broma'' y tampoco regaños de Alice por retrasarme tanto en el baño. En fin, un desayuno pacífico.
Mamá dijo que llegaría tarde porque uno de las empleadas estaba faltando por maternidad y papá igual, porque cubriría el turno nocturno.
Alice pregunto si se podía ir a quedar con Bella a casa de Rose, a la que mamá respondió que sí, pero que cuidara bien a Bella.
Recordaba vagamente ese nombre…
Fue entonces cuando caí en la cuenta que la chica que pretendía a Emmett era Rosalie Hale.
Alice y Emmett se habían hecho amigos de los Hale casi al instante de conocerlos. Por mi parte, no les hablaba mucho, y si acaso, solo a Jasper.
Simplemente los Hale y yo no congeniamos. Era como tratar de unir dos imanes de polaridades opuestas.
Terminamos el desayuno y nos dirigimos al Jeep de Emmett. Me subí en la parte trasera, mientras que Alice y Emmett fueron adelante, en el lado del copiloto y conductor, respectivamente.
Mi hermano condujo rápido. Siempre, los Cullen, conducimos así.
Cuando era un niño, solíamos ver las carreras en la televisión… ¡Incluso mamá!
El terreno comenzó a hacerse irregular, por lo que supuse que estaríamos en terrenos sin calles.
- ¿Dónde vive Bella, exactamente? –Inquirí, mirando el paisaje.
Ambos intercambiaron una mirada, llena de un significado que no comprendí.
- ¿Y bien? –Esperé, mirándolos-. ¿Alice? ¿Emmett?
Alice suspiró y Emmett bufó, enojado.
- A la casa de los Black… -Musitó, Alice, neutra.
- Alias, la casa de los perros –Resopló, mi hermano, manejando aún a mucha velocidad, a pesar de que el terreno era irregular.
- ¿Qué tienen contra los Black? –Pregunté, con tono inocente.
Me confundía el hecho de que mis hermanos –normalmente amigables o amables con todos- estuvieran insultando despectivamente a una familia.
- Cuando los Black se mudaron, Rachel y Rebecca, intentaron hacerse populares por medio de mí –Informó, la única mujer en el auto-. Pensaba que de verdad querían ser mis amigas… -Sus ojos se cristalizaron y me sentí furioso con las perras frígidas esas-. No sabes lo dolida que me sentí cuando me enteré de la verdad… Pero tú no estabas aquí para mí…
Sentí como se me oprimía el pecho y se me hacía un nudo en la garganta.
- En cuanto a Jacob hermano de Rebecca y Rachel; y Billy Black su padre, en silla de ruedas –Prosiguió, Emmett, antes de que Alice llorará-. Se ocultan tras una falsa amabilidad… Jacob se intentó al equipo de baloncesto, donde yo soy capitán, pero él no juega bien –Rió-. Así que no lo acepte, por lo que resentido, intenta hacerme la vida imposible, junto con Alice, día a día.
Me quede pensativo unos segundos antes de responder.
- ¿Y Billy? –Mi voz sonó llena de reproche. ¿Era posible de que verdad fueran así?
- Él es otra historia… -Murmuraron mis hermanos, sincronizados.
Era extraño ver a mis hermanos tan cambiados, pero tarde o temprano tendría que pasar. Prefería temprano a tarde.
Nos detuvimos frente a la una casita y Emmett sonó el claxon.
Salió una Bella apurada con una expresión de horror en la cara.
Subió al Jeep y nos fuimos a una velocidad a un mayor que con la que vinimos. Ella se encontraba a mi lado, jadeando.
Alice se volteó ligeramente.
- ¿Y ahora? ¿Qué te paso? –Pregunto, Alice, burlona.
Ella la miró, horrorizada y sacudió la cabeza. Imaginé que no quería recordar.
- E-es que las gemelas Black dijeron algo… -Dijo, con voz entrecortada.
Su voz se fue apagando hasta que nada de lo que decía se podía escuchar.
- ¿Qué? –Alice estaba confundida. No entendía lo que Bella le decía.
La chica de cabellos castaños bufó y su cara se torno roja. Suspiró y miró a Alice, mientras ella se reía de su rostro avergonzado.
- Dijeron que su hermano se puso caliente con verme –Habló, entre dientes, sonrojada.
Mis manos se cerraron en puños y fruncí el ceño y los labios. Para mí que Jacob era un pervertido.
Alice me regalo una sonrisa mordaz y se giró hacia Bella.
- Igual que el mío… -Rió, ella. Su amiga enrojeció aún más y me dio una mirada tímida-. Por cierto, Bella, este es Emmett Cullen, mi otro hermano.
Sus ojos achocolatados se encontraron con los de mi hermano por el espejo retrovisor. Emmett rió estruendosamente.
- Es un placer, Bells –Habló, con la voz entrecortada por las risas.
Bella rió y me pareció el sonido más bonito que había escuchado.
''Nota mental: Hacerla reír más seguido'' Pensé, sonriendo torcidamente.
Me dio una mirada divertida y luego volteó hacia el paisaje.
Cuando llegamos a la escuela, tuvimos que separarnos, ya que nuestros horarios no coincidían.
La primera hora fue de Geografía, y estudiamos las estadísticas de población. Me pareció tan aburrido, que me dediqué a hacer garabatos en una hoja trasera del cuaderno.
La hora que le siguió fue Matemáticas y vimos el área y el perímetro de los triángulos y rectángulos. No era mi fuerte esta materia, por lo que tuve que aguantarme las ganas de pedir ayuda a alguien. Podrían ser fans mías y no tenía idea de qué hacer si alertaba a las otras o se desmayaba.
Camine por los pasillos con la vista en el suelo y un gorro gris sobre mi cabeza, este sí me quedaba mejor que el de ayer. Mi tercera hora antes del descanso. Español.
Me sorprendí al ver a Bella y Alice ahí juntas, ya que en clases anteriores no las habíamos compartido y el hecho de que estaban juntas.
- ¡Hermanito! –Chilló, mi hermana mientras me abrazaba.
Le correspondí el abrazo.
Bella me saludo con un tímido 'Hola'.
Un edecán entro al salón y nos ordeno sentarnos.
- Su profesora de Español se ausentara unos días –Habló, neutral. Nos miraba con desprecio-. Por lo que tendrán esta hora libre.
Salió del salón y al instante, todos se pararon y comenzaron a hacer relajo.
Yo me quedé en mi lugar, dudando si acercarme al grupo de chicos que se habían formado en círculo.
- Vamos, Edward –Me animo la voz dulce de Bella. Cuando giré, vi que estaba a mi derecha con una sonrisa y las manos atrás de su espalda.
Me levanté y camine hacia el grupo de chicos. Bella se sentó enfrente de mí y me regalo una sonrisa y sus mejillas se tiñeron de color carmín.
¡Qué visión tan angelical!
Jugaban a la botella.
Me tocaba girarla, cuando lo hice me morí de nervios.
Entonces la botella se detuvo.
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