lunes, 27 de septiembre de 2010

The Transferred -Kiss-Kiss

Disclaimer: Twilight es de S. Meyer.


_The Transferred_

Chapter 10 _KISS-KISS_


BPOV


Un sonrojo cubrió mis mejillas; este era tan rojo, que estaba segura que desde más de cinco kilómetros se notaba.


Suspiré, mirando fijamente la botella, deseando que siguiera girando hasta detenerse en la chica rubia de al lado que me taladraba con la mirada.


Pero no, esta apuntaba directamente en mi dirección. La base de la botella apunta hacia a mí con un toque burlesco que hizo estremecerme ligeramente, mientras que el lado superior apuntaba hacia Edward Cullen.


Levanté la vista para toparme con los ojos verdes de Edward, con un brillo –casi desquiciado- de ansiedad. Le regale una sonrisa. Me puse de rodilla y gateé hacia él, besé su mejilla –con las mías ardiendo- y regresé a mi lugar.


Cuando pensé que sería todo, la voz cantarina de Alice me sorprendió.


- ¡Ah, no, Bella! –Exclamó, mirándome incrédula-. ¡Tú lo tienes que besar en la boca!


El rostro me ardía y miraba mis zapatos como si fueran la octava maravilla del mundo.


No podía besar a Edward –por más que en mis adentro quisiera-, pues tenía un novio.


Miré a Alice con advertencia, esperando que entendiera el porqué no.


Ella lo sabía.


Y lo comprobé cuando me dio una sonrisa de suficiencia.


Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Sabía que tenía novio y no solo eso, sino que también dependía de él –Jacob Black- de que tuviera un techo y comida.


Todo el salón comenzó a gritar  ''¡Beso, beso!'', mientras Edward y yo nos veíamos con pánico.


Me acerqué a él, vacilante.


- ¿Lo haremos? –Susurré en su oído. La clase continuaba gritando y estaba segura que se escuchaba hasta los pasillos.


Sus ojos verdes me traspasaron y me regaló una sonrisa torcida –mi favorita-.


- Eh… ¿Te incómoda? –Preguntó, con ansiedad-. ¿Quieres hacerlo?


No lo tuve que pensar dos veces, porque era lo que siempre había soñado desde que me había enamorado platónicamente de aquél estrafalario modelo. Era lo que siempre había querido hacer. Lo que vinculaba en el encabezado de la lista '50 cosas que tengo que hacer –y que posiblemente no haré- antes de morir'. Eso era, sin duda, algo que tenía que hacer.


- S-sí –Respondí, sonriendo tontamente y con un sonrojo sobre mis mejillas.


Se inclino levemente, rozando mi nariz. Bajo aún más hasta que mis labios sintieron el roce frío de los suyos. Cerré mis ojos, instintivamente. Su boca se quedo en mis labios durante unos segundo más, para luego, entreabrir sus labios y besarme más profundamente. Nuestras lenguas danzaban juntas al compás de la canción ''Beso entre Edward y yo''. Por lo que nuestro ritmo era irregular, pero aún así, lleno de entusiasmo. Enredé mis dedos en su cabello, para después empujar su cabeza –desde la nuca- hacia adelante. Necesitaba más. El apretó las manos entorno a mi cintura, con firmeza. Creo que hubiéramos llegado más lejos sí, uno: no estuviéramos rodeados de gente y dos: si un carraspeo nos hubiera detenido.


Nos separamos a regañadientes, él con un bufido y yo con un gruñido.


Nos giramos para encontrarnos con la prefecta Elisa, que sostenía entre manos una libreta azul y una pluma. ¿Cómo la conocía? La clase anterior –que era Química- le había puesto un reporte a un compañero y se había presentado con la clase –específicamente, conmigo-.


- La escuela… -Comenzó con tono enfadado-. Nos es para que los estudiantes se anden agasajando con sus parejas… Nombres, por favor.


Sonreí burlona. Puede que a veces llegara a ser tímida, pero a veces la gente sacaba lo peor de mí.


- Isabella Marie Swan –Dije, aún sonriéndole. Ella lo anoto rápidamente en su libreta-. ¿Citatorio?


Elisa asintió y se volteó hacia Edward. Los ojos de ella se agrandaron y supe que estaba nada de sufrir un colapso nervioso.


- N-nomb-bre –Balbuceó, mientras miraba en dirección del chico que tenía a mi lado.


Él volvió a esbozar aquella sonrisa tan arrebatadora suya.


- Edward Cullen –Dijo, mordiéndose el labio superior para no reírse de la cara que puso la prefecta al escuchar su nombre.


Sin embargo, una risita tonta salió de mis labios, y pronto, Elisa me fulminaba con la mirada. No la podía culpar, yo también me volvía medio incoherente cuando estaba con él. Pero ahora me podía dar el lijo de ser bondadosa, él me había besado a .


Y es que Elisa era mucho más guapa que yo. Tenía un largo cabello rubio ondulado, que caía finamente por sus hombros; unos lindos ojos azules y un cuerpo mucho mejor proporcionado que el mío. La envidia hizo su resolución en mi mirada. Posiblemente, ella tenía más posibilidades con Edward que yo. Suspiré. Sus ojos verdes me miraron, brillando con curiosidad.


- Quiero a sus padres mañana a primera hora –Dijo entregándonos nuestros respectivos citatorios a cada uno.


La envidia fue sustituida por la tristeza. Mis padres no estaban en este continente.


Suspiré, pero esta vez no por envidia hacia Elisa, sino que, por no tener a mis padres aquí.


- Eli… Prefecta, mis padres no están… Aquí –Mi voz se rompió al final de la oración.


Ella me regalo una sonrisa burlona.


- ¿Y dónde están? –Inquirió con burla-. ¿En un viaje de negocios? ¿Visitando a unos parientes? ¿Dónde carajos estan, Isabella?


- Ellos… -Mi voz se corto, y tuve que salir corriendo de ahí, porque en cualquier momento comenzarían a salir lágrimas delatoras.


Empuje con fuerza a la prefecta para salir de ahí. A pesar de los múltiples gritos que decían mi nombre, no volteé ni regresé.


Cuando por fin estuve a salvo en el baño de chicas, me encerré en un cubículo y comencé a sollozar.


Baje la tapa del excusado y me senté sobre ella con mis rodillas sobre esta y pegadas a mi pecho.


Mis cabellos caían por mi rostro, cubriéndolo para que no se notara como las lágrimas fluían.


''Esa prefecta es una perra'' Pensé, llorando y repitiendo mentalmente el cómo se había burlado de mí.


Es una bolsa del pantalón traía una pluma negra. Me limpié las lágrimas con rapidez y en la puerta del baño –ya de por sí rayado- escribí: ''La prefecta Elisa es una pinche vieja que nada más se la pasa fregando. Una perra y puta que se ha acostado con todos, inclusive alumnos. En pocas palabra una mujer que no sabe ni que mierdas hacer con su pinche vida y se dedica a joder''. 


Se lo merecía.


Tiré la pluma a la basura y salí del cubículo.


A fuera se encontraba una chica rubia, de ojos azules y un bonito rostro y cuerpo. Le sonreí tímidamente. Caminé hacia el lavabo y me lave el rostro, para eliminar los rastros de lágrimas en mis sonrojadas mejillas.


- ¿Me prestas tu brillo? –Le pregunté a la chica, cuando termino de usarlo.


Ella me dio una sonrisa y me lo entrego. Era un gloss rosa. Me lo puse con cuidado de no dejar mis gérmenes en su brillo. Se lo regresé con un apagado `gracias´.


- No hay de que –Replicó con una voz música-. La prefecta se pasó de verga –Suspiró-. Soy Rosalie, pero puedes decirme Rose.


Le sonreí de regreso.


- Soy Bella.


- Bueno tengo que irme al descanso, ¿vienes? –Inquirió, señalando la puerta con su dedo pulgar.


Asentí y salí de los baños seguida por ella. Me guío hacia la cafetería.


Justo en las puertas se encontraban los hermanos Cullen y Jasper. Todos parecían incómodos.


Les di una sonrisa para que se tranquilizaran y ellos respondieron abrazándome, todos excepto, Edward y Jasper.


Sentía que el primer día en mi nueva escuela iba a ser algo que nunca olvidaría

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