Disclaimer: Twilight es de S. Meyer.
_The Transferred_
Chapter 11 _¡MAL DÍA!_
BPOV
Los días siguientes al primero no fueron iguales. La prefecta Elisa fue despedida por mi maltrato psicológico, por lo cual no tenía sobre mí a una perra cada segundo que estaba en la escuela.
Alice y Rosalie se habían convertido como mis hermanas y casa cosa que hacíamos era tan especial y única. Incluso cuando no nos veíamos, pensábamos en qué hacer cuando nos viéramos. Éramos las tres mosqueteras versión rosada.
Emmett y Jasper son como mis dos hermanos mayores, siempre cuidando de mí. Una vez un chico me nalgueó camino a la cafetería; al día siguiente no fue a la escuela, y a la semana, tenía enyesado un brazo, un ojo morado y el labio roto. Nunca más me volvió a molestar. Aunque no me lo dijeron, sé que fueron ellos y Edward, lo cual les agradezco secretamente.
Edward. Él se había convertido en una parte fundamental de mi vida. Pues siempre, día a día necesitaba oírlo y verlo, para sentirme con vida. Se había convertido en una droga, y lo malo de las drogas es que son adictivas y te dañan. Sin embargo, él no me ha hecho nada.
Llevaba un mes aquí en el pequeño pueblo de Forks y aunque nunca lo admitiría, me alegraba haber venido.
La casa de los Black era acogedora, y el simple hecho que mi novio se fuera de intercambio a Nuevo México era muy satisfactorio. Sólo lo había visto una vez y fue poco antes de que partiera. Y no es que Jacob Black fuera un mal sujeto, no, al contrario, es muy buena persona y muy carismático. Pero no es mi tipo.
Nos pasamos los correos electrónicos para mantenernos en contacto, y me ha contado que ha conocido a una chica, Renesmee. Y parece como si fuera un ciego que ve por primera vez la luz del sol. Me alegró el hecho de que fuéramos buenos amigos, y que hubiera decidido concederme la libertad de estar con quien yo quiera, pero entonces a Billy le tuve que pagar de otra manera: 300 dólares por dos meses.
Se preguntaran, ¿cómo le ha hecho esta chica para pagar tal adeudo?
Fácil: me conseguí un empleo en la tienda de deportes de los Newton's.
¿Cómo lo conseguí?
Mike Newton, el hijo de los dueños de la tienda, va conmigo en clase de Matemáticas. Hicimos una buena amistad –no tan estrecha como la que tenía con los Cullen y los Hale- y me comentó que sus padres necesitaban gente en la tienda, porque era temporada de turismo de Forks. Sí, lo sé, yo también me sorprendí de que Forks fuera un lugar turístico.
Me pagaban 15 dólares la hora. Lo suficiente como para pagarle a Billy. Aunque nuevamente Alice me ha ofrecido su casa, no puedo aceptarlo; una: porque no me sentiría bien abusando de la amabilidad de Alice y dos: porque estar bajo el mismo techo que su hermano…
Suspiré.
Me encontraba en mi habitación leyendo de nuevo Romeo y Julieta. Era la parte donde Romeo se quitaba la vida. Como una romántica irremediable, solté algunas lágrimas que cayeron en mi libro, haciendo que se mojara.
- ¡Oh, no! –Gemí, intentando inútilmente quitar aquellas pringas de mi libro. Suspiré de nuevo y cerré el libro. Lo deje bajo mi almohada.
Traía puesto unos jeans con una blusa estampada con la frase en letras brillantes y verdes ''Kiss Me''; junto con unos Converses negros.
No planeaba salir, pero en vista de que mis planes de leer en este aburrido día se habían ido a la mierda –ya que mi lado sentimental salió a flote-, decidí dar un paseo por las calles de Forks.
Tomé las llaves de la casa y grité a nadie en específico:
- ¡Vuelvo de rato!
No sabía si alguien me había escuchado, pero aún así salí de la casa.
Estaba lloviznando.
Alice: ¿Qué mierda es eso?; Rosalie: ¿Eso es un auto?; Emmett: ¡Demonios, Bells! ¿No pudiste comprar otro auto más antiguo?; Jasper: Eh, mejor no digo nada; Edward, bueno, él solo soltó una risita burlona.
En mi opinión esta pick up era perfecta para mí.
Me abroche el cinturón y arranqué, intentando que la pick up no hiciera mucho ruido. Lo cual no funciono.
No tenía idea a donde quería ir en específico. Y es que Forks no era un lugar tan atrayente como Italia. Venía de un lugar llamado Volterra, que muy pocos han escuchado, pero aún así, tiene mucho más turismo que Forks.
Todo lo que se suponía debía ser café, era cubierto por el color verde.
- Todo es tan verde… -Me lamenté, suspirando.
Di una vuelta brusca. Y de repente sentí como me impactaba contra un árbol. El vidrio del lado del copiloto –tanto como de la ventanilla como del parabrisas- se rompió.
Un hilito de sangre salía por mi frente. Por el retrovisor vi que no era tan grave, pero sentía un dolor punzante detrás de la oreja izquierda. Esperaba no haber sufrido una contusión.
Salía humo de la parte delantera de mi coche. Me desabroche el cinturón de seguridad y camine lentamente. Rodeé la camioneta para ver qué clase de abolladuras tenía. Como era de suponerse, no había sufrido grandes daños, solo que la pintura había sido raspada.
Sonreí.
Amaba esta camioneta, dijeran lo que dijeran mis amigos.
Abrí el cofre y un montón de humo me nublo la vista. Comencé a toser fuertemente, mientras manoseaba en el aire intentando desaparecer el humo de mi campo de visión y mis pulmones. Una parte de mi cerebro –una que casi siempre estaba presente- me dijo que me veía ridícula haciendo eso; yo le respondí que de no tenía nada de malo, de todos modos estaba sola en medio de la carretera a las –consulte mi reloj de muñeca- ocho y media de la noche.
Suspiré con resignación.
Busqué en la guantera mi celular. No lo encontraba. Así que busque debajo de los asientos y ¡Aleluya! Ahí se encontraba el bendito teléfono.
Encendí el celular e inmediatamente me fui a mis contactos. Pensé quien sería la mejor persona a la cual podía llamar, pero, todos estarían ocupados.
Entonces como una luz, pensé en Edward. Él no tenía compromisos esta noche ni mucho menos se molestaría en ayudarme. Sonreí y marqué su número.
- Lo sentimos, su saldo se ha agotado… -Argg, esa maldita vocecita.
No tenía crédito, mi auto estaba descompuesto y tenía frío, ¿qué más podía salir mal esta noche?
Una tormenta se desató en ese momento.
-¡Maldita sea! –Gruñí, cerrando mis manos en puños, causando que mis uñas –no muy largas- se encajaran en mis palmas, haciéndolas sangrar.
Me refugié dentro de mi camioneta roja, al parecer, pasaría la noche en medio de la intemperie.
Coloqué los seguros. Me acurruqué, hecha un ovillo, esperando que esta pesadilla terminara pronto.
Sin embargo, esa fue la noche más larga de toda mi vida.
Y la que espero nunca más se vuelva a repetir.
Antes de dormir, pensé e él, en que estaría haciendo y con ese pensamiento me quede dormida.
Un golpecito en la ventanilla me despertó. El corazón comenzó a latirme fuertemente.
La silueta de un hombre fuera de la pick up se me antojo de lo más aterradora. Tragué pesadamente y luego, me desmaye.
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