Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, ni siquiera Edward... [:'(] Todos pertenecen a Stephenie Meyer. La historia sí es de mi autoría... O como se diga. Asi que me pertenece y digo ¡NO! al PLAGIO.
_The Transferred_
Epílogo
Después de haber vivido lleno de lujos por mi carrera de modelo, me di cuenta que nunca había sido realmente feliz hasta que regrese a Forks.
Mi vida estaba marcada en dos partes, antes y después de Bella.
Antes de ella, escondía mi seguridad bajo mi superficialidad, tras aquella triste etapa en la que me creía el centro del universo, que trataba mal a las personas y que vivía sin pensar en un mañana.
Cuando la conocí, sentí realmente que estaba vivo.
¿Han sentido cuando una corriente eléctrica te recorre la columna, cuando ni siquiera te han tocado, sólo con una mirada?
Cada que miraba esos preciosos orbes achocolatados, me sentía total y plenamente feliz. Ella se había convertido en mi razón de existir. Seguía siendo un tonto superficial egocentrista, pero había mejorado, un poco, gracias a ella.
Llevábamos más de tres años juntos. Recordaba claramente cuando nos casamos, lo recordaba como si de ayer se tratara.
- Isabella Swan…
- Bella, por favor –Pidió ella, con un sonrojo, apenas perceptible con el velo puesto.
- Así –Carraspeó el sacerdote-. Bella Swan, ¿acepta al señor Edward Cullen en la enfermedad y pobreza, en las buenas y las malas hasta que la muerte los separe?
- Acepto –Dijo en tono suave, sonriéndome.
- Y usted, Edward Cullen, ¿acepta a Isa…? –Mi casi esposa le dio una mirada de advertencia-. ¿Acepta a Bella Swan para amarla y respetarla, en la enfermedad y pobreza hasta que la muerte los separe?
Sonreí. Y le di un apretón a la mano de Bella. Levanto su mirada llena de infinito amor y me sonroje, ¡Dios! ¡Sí que me sonroje! Le sonreí de regreso.
- Acepto.
El sacerdote sonrió.
- Entonces, los declaro marido y mujer… Puede besar a la novia.
Y antes de que terminara de pronunciar la última frase, mis labios presionaban los de mi esposa dulcemente.
A la salida de la iglesia arrojaron arroz, haciendo que Bella casi tropezara. Reí entre dientes y ella me dio un ligero empujón, pero con una sonrisa juguetona.
La recepción fue celebrada en el patio de la casa Cullen. Bailamos con todos los invitados después de nuestro vals de bodas, donde tocaron la canción de ''Claro de Luna''. Luego de que Bella casi colapsara cuando baje lentamente la liga con mis dientes por su pierna hasta el tobillo, arrojó el ramo; todos silbaron cuando mi hermana tomo el ramo, junto con Rosalie. Amabas estaban tremendamente sonrojadas, y fue el turno de mi adorada esposa de burlarse de ellas por sonrojarse.
Cuando llego la hora del brindis, nadie se esperaba que fuera Jasper el que lo diera. Siempre lo había considerado mi amigo, pero cuando empecé como modelo lo deje de frecuentar.
La besé.
Cuando partimos el pastel y lo comenzaron a repartir, algo debió haber hecho el duende maquiavélico que tengo por hermana, porque comenzó a sonar música mucho más movida.
Algunos invitados –por no decir casi todos- más jóvenes comenzaron a bailar en la pista y los adultos –o al menos en su mayoría- tuvieron que sentarse.
- ¿Bailamos? –Pregunté, mientras extendía una mano hacía ella.
Me sonrió, incomoda.
- ¿Quieres que te rompa un pie, o en su defecto, quedarte sin uno?
Besé sus labios con dulzura.
- Mira, me da igual quedarme sin pie –Hablé, mis ojos se fijaron en los de ella-. Quiero bailar esta noche con la mujer que más amo en todo el mundo y con la que compartiré el resto de mis días, así que, tú decides si me la dejas fácil o no.
Ella entrecerró sus ojos, pero asintió y tomó mi mano.
Después de horas bailando, nos subimos a mi Volvo, que detrás traía latas amarradas con hilos y por encima a la altura de la cajuela decía ''Recién casados''.
- ¿A dónde vamos? –Preguntaba, la señora Cullen a cada hora.
- A un lugar hermoso –Era mi única respuesta.
Suspiré.
- Tienes razón –Dijo ella como ida.
- Suelo tenerla… ¿En qué tema en particular?
- Es hermoso.
Dejamos las maletas de lado y entramos.
Aún traíamos la ropa de la recepción. Yo el impecable traje negro y ella el esponjoso vestido blanco.
Comenzamos a besarnos. Y de un momento a otro, ella estaba bajo de mí, intentando quitarme la ropa. Hice lo mismo con ella, aunque batallamos con el vestido. Frente a mí se encontraba un ángel; sus cabellos castaños esparcidos por la sábana azul, usaba un pequeño sostén de encaje color azul con blanco y negro, que hacía juego con sus bragas. Las arranque sin piedad con los dientes.
- Tendremos que comprar otro idéntico –Gemí-. Ese me gustó.
Ella gimió.
Cuando sentimos que estábamos ya al borde del colapso, metí mi miembro entre sus piernas y comencé a embestirla. ¿Quién diría que después de tantas beses que nos habíamos acostado ella quedaría embarazada aquella vez?
Muchos días, en la Isla Esme, de hacer el amor en la habitación azul, morada, plateada, roja y blanca; de comer muchos huevos y de destruir muchas almohadas, Bella comenzó a sentirse mal.
Obviamente estaba preocupado, porque recorrimos a la ciudad más cercana a ver a un médico calificado para atenderla. Ella insistió en que no era necesaria, pero no quería arriesgarme a que se hubiera contagiado de un virus de por allá.
Le hicieron una prueba de sangre. El doctor se mostraba con una cara calculadora.
- ¿Es usted Edward Cullen? –Asentí-. Podría firmarme este póster suyo –Dijo sacando un póster mío del tamaño de tres normales.
- C-claro, ¿a nombre de quién?
- Mark Williams –Garabateé algo rápido a nombre del señor. Estaba impaciente por saber que tenía mi mujer.
- Doctor, no es por ser descortés, pero, ¿qué tiene mi esposa?
Carraspeó con aire diplomático.
- Señores –No sabía que esperar por ese tono de voz-. Felicidades, la señora está embarazada.
- E-embarazada –Susurró, Bella, que se había mantenido callada. Derramó lágrimas y me abrazó efusivamente, para después besarme con mucha pasión-. ¡Seremos padres, Edward! ¡Seré mamá!
Yo estaba tan feliz como ella. Padre. Sería padre.
Se encargaron de organizar varios baby showers para ella. Claro, la mayoría a cargo de Rose y Alice.
El día esperado llegó. Un catorce de enero nació mi querido hijo.
- ¿Y cómo le pondrán? –Preguntó, Alice, mientras la recién madre cargaba entre brazos a su hijo.
- Dean Elliot –Murmuró, viendo fascinada al pequeño que en ese momento tomaba su dedo entre su diminuta manita.
- ¡Que nombre tan hermoso, Bella! –Exclamó mi madre-. ¿Por qué?
Mi mujer se encogió de hombros.
- De niña solía decirles a mis padres que sería el nombre de mi primer hijo varón.
- No son nombres italianos, Bella –Se burló, Emmett. Lo fulminé con la mirada, al igual que Isabella.
- Soy mestiza –Dijo como si eso aclarara todo. Pero mi hermano era algo idiota-. Quiere decir que no provengo solo de un linaje de sangre.
Llegamos a la casa. Todo era alegría. Compré esa casa poco después de que Bella y yo nos casáramos, claro que no esperábamos un hijo tan pronto.
Desde aquel día habían pasado cinco años desde el nacimiento de Dean.
- ¡Papi!
Y no me arrepentía de ir a Forks, aunque en un principio así fue.
Ahora tenía una familia. Me dedicaba a hacer novelas; Bella se encargaba de dar clases y Dean, él era el fruto de nuestro amor.
Sí había un final feliz. Este era el nuestro.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario