domingo, 3 de octubre de 2010

El Experimento -Capítulo 1

Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Meyer y su cas editora. La historia esta basada en Kimikiss Pure Rouge, pero no todo es igual, sólo la idea.



El Experimento 

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Edward caminaba por las calles de Forks. No contaba con auto. No. Él vivía cerca de la escuela, y además hacía ejercicio caminando. Al dar la vuelta en la calle de la preparatoria, se encontró con su amigo Jasper, que le sonreía. Le devolvió la sonrisa con menos ánimo. Se giró hacia atrás, esperando la llegada de su hermana que se había quedado hablando con una amiga.


Pero no la vio.


Suspiró, cansado. ¿Por qué tenía que hacer esto el primer día de clases?


Regresó el camino, dobló de nuevo la esquina y caminó hasta la otra esquina. Ni rastro de ella. Continúo caminando un poco más, hasta que por fin la vio. Sentada en la banqueta junto con su amiga Rosalie.


- ¿No te parece que vamos un poco retrasados? –Preguntó, molesto.


Su hermana levantó la vista. Ahí con la mochila en los hombros y el ceño fruncido, estaba su hermano gruñón. Le sonrió de oreja a oreja.


- No. De hecho, Rosalie dice que por ser el primer día de clases no vamos a tener todas.


Edward miró mal a Rosalie.


- Rose, ¿qué te he dicho de meterle esas ideas a Alice?


Rosalie rió y se levantó de la banqueta, seguida de Alice, que sonreía cómplice.


Jasper era un año mayor que Alice, pero eran novios. Sí, eso era lo que tenía mal a Edward. Su hermana que era un año más joven que él, ya andaba de novio, ¿y él? Él no encontraba una novia. Las vacaciones de invierno pasadas, había prometido que conseguiría una novia. Diciembre, enero y febrero vinieron y se fueron. Nada. Ni una cita.


¿Su excusa?


No tenía tiempo.


Alice y Rosalie comenzaron a caminar, y por precaución él se quedó tras ellas. Doblaron de nuevo la esquina. Allí estaba todavía Jasper, esperando seguramente a Alice. Eso desilusionó a Edward. Se suponía que era su mejor amigo, él lo había conocido antes.


La hermana de Edward se arrojó a los brazos de Jasper. Se dieron un corto beso y entraron al plantel.


¿Y qué pasaba con Edward? ¿Era invisible o qué? Era tan irrelevante que ni un 'hola' recibía. Se acomodó la mochila sobre el hombro y entró.


Los pasillos eran iguales. Cómo los había visto meses atrás. Su casillero era el mismo, el 345.


Por alguna razón, el dueño o dueña del casillero 346 nunca se aparecía a inicios de clases. No tenía idea de quién era. ¿Ocuparía su casillero? ¿Cargaría todos sus libros?


No tenía idea. ¿Iba en su clase? Posiblemente.


Dejo algunos de sus cuadernos y libros. Era su primer día en segundo año, junto con Jasper y Rosalie, que eran gemelos y sólo se parecían en el color de ojos, los cabellos dorados y la piel extremadamente pálida.


Nos desviamos con los Hale. Cursaba el segundo año ya, mientras que Alice recién ingresaba a primero.


Tomó el camino hacía su próxima clase. Y sin querer, chocó con una chica. No tuvo tiempo de disculparse, la campana que anunciaba el inicio de las clases había sonado, así que sólo corrió hasta llegar al salón.


La chica lo miró, hasta que desapareció de su vista. Se acomodó un mechón de su cabello.


- Es… Atractivo –Murmuró, neutra.


Se dio la vuelta y fue a la enfermería. Revisó si estaba el maestro encargado, pero no lo vio por ninguna parte. Había tres camillas con cortinas corredizas para más privacidad, ella escogió la segunda.


Agarró de su mochila un gastado libro y se dispuso a leer.


No se sentía mal. Para nada. Gozaba de una excelente salud. ¿Qué hacía en la enfermería? La respuesta era sencilla: no quería entrar a clases.


Sí, pareciera que era una chica que simplemente se saltaba las clases, ¿no?


Los ojos cafés de Isabella Swan, habían devorado más libros que los maestros de esa escuela. Er una chica genio de un IQ de 190. Dejando eso a un lado, era sumamente atractiva. Esbelta y con un brillante cabello castaña con destellos rojizos. Labios llenos y rosados. Y unos grandes ojos cafés… inexpresivos.


Su personalidad anti social la hacía alejar a cualquier chico. Era cierto que poseía belleza por montones, pero desde siempre los mantenía alejados. Siempre intimidándolos por su inteligencia. Y no le pasaban desapercibidos sus cuchicheos cuando ella pasaba por los pasillos. Ella siempre pasaba de ellos… Los ignoraba.


Suspiró.


¿Qué se sentiría enamorarse?


Se preguntaba. Estaba leyendo ''Romeo y Julieta'' y las emociones ahí expresadas no se le hacían conocidas para nada. Por eso trabajaba en un nuevo experimento. Y no podía hacerlo sola…


Mientras tanto Edward se encontraba en la cafetería, junto con su hermana y su novia, y Rosalie y Emmett.


A Emmett le gustaba mucho Rosalie y no hacía nada por ocultarlo. Sin embargo, Rosalie disparaba muy lejos, Royce King era el hijo del banquero y era muy rico. Lo cual desilusionaba mucho a Emmett, y como la rubia no le hacía caso, buscaba alguien que le hiciera despertar celos en ella. Tenía un perfil de todas las chicas de la preparatoria.


Edward estaba perdido en sus cavilaciones, cuando en una mesa continúa comenzaron a cuchichear entre ellos.


- Sí, se saltó todas las clases como de costumbre…


- Se cree mucho…


- Claro, claro.


Giró su cabeza en dirección a los chicos, que miraban de reojo a una chica al fondo de la cafetería. Sus cabellos caían como cortinas a los lados de su cabeza, impidiendo poder ver su rostro. De lejos, se podía apreciar que era muy bonita. Al menos en lo físico. Edward la miró un rato más, hasta que ella sintió su penetrante mirada y levantó su rostro. Él se dio cuenta que tenía razón, era muy hermosa. Sus facciones se le hicieron conocidas, pero no sabía de dónde.


- ¿Qué miras, Edward? –Preguntó, Alice. Volteó su cabeza y siguió la mirada de Edward.


Cuando vio a la hermosa castaña que almorzaba sola, hizo una exclamación.


- ¿Por qué miras tanto a esa chica? ¿Te gusta? Es guapa… -Y comenzó a parlotear.


Isabella desvió la vista. Agarró su almuerzo que aún permanecía en la bolsa y salió de la cafetería.


- Viste, la chica genio se marchó…


- Nunca almuerza aquí…


Continuaron los cuchicheos en la mesa de al lado. ¿Chica genio?


Edward recordó donde había visto su cara. Era la chica con la que había tropezado al inició de las clases.


Estuvo ausente durante lo que duró el almuerzo. Alice continuó hablando sobre la chica, pero nadie más que Jasper le prestaba atención.


Las horas se pasaron volando… Y la salida llegó.


- ¡Hey, Cullen! –Lo llamaron.


Cuando se giró vio a Jessica, que traía puesto el uniforme de soccer. Sonreía de oreja a oreja.


- ¿Cuándo vas a dejar holgazanear y venir a los entrenamientos? –Preguntó, con brusquedad. Agarró su camisa y se acercó a su rostro, mirándolo amenazadoramente.


- Ah, Stanley –Gruñó-. Sabes que no me interesa jugar seriamente.


Ella frunció el ceño.


- ¡Es un desperdicio de talento! –Gritó. Lo sacudió de la camisa-. Tú si puedes jugar… -Parecía que iba a llorar.


Edward la miró con lástima. La escuela no tenía equipo femenil. Por lo que sólo podían jugar los varones. A veces en los eventos no oficiales podía participar Jessica, que era mucha mejor jugadora que los hombres juntos. Pero no era suficiente.


- Lo siento –Se disculpó-. Prometo que mañana si iré, ¿ok?


Ella sonrió a medias. Soltó su camisa y retrocedió unos pasos.


- Está bien. Te espero mañana a las tres. Adiós.


Y salió corriendo por donde vino. Edward suspiró. Salió de la escuela. Vio el cielo nublado y…


… Un avión de papel pasó frente a él.


La recogió del suelo y lo abrió.


Era un examen en blanco. Con un cero remarcado con pluma roja y encerrado en un círculo.


- ¿Swan, Isabella?


Subió de nuevo la mirada y vio pasar otro avión de papel. Provenía del aula de ciencias.


Entró de nuevo a la escuela, desesperado.


¿Por qué sentía la necesidad de ir?


De todos modos, la chica lo había desechado.


Cuando estuvo frente al aula, abrió la puerta. Una vez adentro buscó a la chica, pero no había rastro de ella. Se acordó de la puerta donde guardaban el material de los trabajos, escondida al fondo del aula.


Dudó en abrirla.


¿Sería lo correcto?


Abrió la puerta y la vio.


La chica con la que había tropezado, la chica de la cafetería… La chica genio.


Apretó el examen en su mano y entró.


Ella no se había dado cuenta de su presencia. Miraba distraída por la ventana, sentada en una silla de laboratorio, mientras que el viento se colaba por esta y hacía revolotear sus cabellos. Los apartó y se giró a Edward.


- ¿Quién eres tú? –Preguntó. No tartamudeó, no dudó. Fue directa.


De repente, un rubor cubrió las mejillas del chico.


- E-Edward Cullen –Respondió-. ¿Eres Swan Isabella?


- Sí.


Se acercó a ella y le tendió el examen. Isabella miro su mano extendida y regresó su vista a él.


- ¿Por qué me lo das?


- Eres Swan Isabella, este examen te pertenece.


- No lo necesito. Puedes quedártelo.


Pero Edward no se rindió.


- ¿Por qué un cero?


Ella no dijo nada y se giro de nuevo a la ventana. El chico esperó.


- No tenía ganas de contestarlo.


Edward no dijo nada. Ya no tenía ni una idea de que decir. No tenía idea de porque estaba todavía ahí. Estaba a nada de irse, cuando la voz de ella lo detuvo.


- ¿Sales con alguien?


Era ahora o nunca. Tenía que llevar a cabo aquel experimento que le había estado rondando todo el día en la cabeza, como un zumbido de una abeja que no la dejaba en paz.


- No.


Tomó impulso en la silla y se lanzó a sus labios.

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