SUMMARY: Edward tendrá que vivir en el departamento de dos desconocidas durante un mes, ¿el problema?: Ellas no saben que es hombre. AH/TH. ExB.
DISCLAIMER: Personajes obra de SM, la trama mía, y si hay fics parecidos es mera coincidencia (XD)
...
UN TRAVESTI EN MI DEPARTAMENTO
LAS TANGAS DUELEN
La verdad, es que no me pude hacer la gran paja; en primera porque tenía miedo a que Bella o Alice entraran a mi habitación y se dieran cuenta que hay un amigo de por medio, y en segunda porque se me quitaron las ganas. ¡Sí! ¿Cómo puede ser posible que se me hayan quitado las ganas? Bueno, la culpa la tiene la perra de Rosalie.
Maldita perra.
En cuanto le cerré la puerta a Bella me dirigí a mi burocito para ya saben... Sacar los aceites y todas esas cosas y no encontré ninguno de mis lubricantes. No. Solo encontré un paquetito verde muy extraño. Y ya saben, la curiosidad te mata.
Abrí el paquetito y había una especie de toallita de algodón que olía… a manzanilla.
Muy extrañado me quedé al ver eso; nunca lo había visto en toda mi vida y me pregunté en donde se coloca esa cosa.
No les iba a preguntar ni a Bella ni a Alice, me daría vergüenza si era un “juguete” que desconocía de su existencia. Pero había una tarjeta. Sí, una tarjeta que estaba en mi buro.
Decía:
Querida Eli:
Por si estás en tus días.
Con cariño, Rose.
PD. Si no sabes que es esa cosa, pendejo, es una toalla femenina. Sí, de las que las mujeres usan cuando tienen su menstruación.
PD2. Si no sabes qué es menstruación, son esos días en las que las mujeres no pueden tener sexo porque les sale sangre de la vagina.
PD3. Puto.
¿Menstruación?
Blagh, qué asco.
Aventé esa “toalla” lejos de mí. No sé ustedes pero yo nunca he sangrado por el culo y supongo que han de ser los peores días que puede tener la mujer. Vamos, si yo sangrara por ahí estaría histérico.
En fin, tenía que superar que yo no sangraba del culo y punto.
Me recosté en mi cama, decidí echar la hueva en este momento.
Hueva, ¿por qué se le dirá así? Viene de huevos, ¿pero alguien inteligente habrá inventado el término de flojera con hueva?
Hueva tengo
Hueva quiero
Hueva tendré
Que hermosa hueva.
Qué bonita rima me salió. Sonreí satisfecho.
Ok, lo diré más fuerte para que no se me olvide.
—¡Hueva tengo! —Grité a todo pulmón —¡Hueva quiero! —Hice la voz un poquito profunda —¡Hueva tendré! —Volví a gritar —Que hermosa hueva —dije suavemente.
Y de pronto algo azotó contra mi puerta y vi a Alice entrar corriendo.
—¿Un chico entró aquí? —preguntó preocupada y con bate de beisbol sosteniendo.
Y fue cuando reaccioné. No había puesto mi voz chillona.
Mierda.
—No Alice, ¿Cómo crees? —pregunté con esa maldita vocecita.
—Estoy segura que escuché a alguien —chilló histéricamente.
—Tranquila, Alice, ¿Qué te ocurre? —pregunté mientras me paraba de la cama.
—Es solo que… —tartamudeó —ya nos han robado una vez, Eli —frunció el ceño e hizo un pequeño puchero —y se llevaron mi ropa interior.
Me ruboricé. Y no tengo idea del por qué.
—¿Hace cuanto fue? —recorrí con la vista todo el lugar. Que digamos, no era un lugar muy bonito para robar.
—Como dos meses —su ceño se hacía aun más prolongado.
—¿Y por qué alguien querría ropa interior? —estaba totalmente extrañado.
No soy mujer, pero sé que les daría asco si toman ropa interior de otra, además, la única vez que le tomé ropa interior a una chica fue porque cortamos y quería tener un recuerdo de ella —más bien era para enseñársela a Emmett y que se muriera de envidia del baby-doll de mi ex.
—¿Y de casualidad no fue ex novio tuyo? —no pensé antes de preguntar. Lo juro.
—¿De qué hablas?
—Una vez… —le robé la ropa interior a una chica para restregársela a mi hermano. Eso no diría, sonaría demasiado mal. —Me robó la ropa interior un ex novio; para enseñárselo a su hermano —me quería dar de topes en mi estúpida cabeza. Qué ridículo sonaba.
—¿Hablas en serio? Eso es bastante egoísta y estúpido. ¿Qué tipo de gustos tienes, Eli? —preguntó entre divertida y asqueada.
Bueno, me encantan las tetas, así que supongo que esas cosas no entran en el rango de tu tipo ideal, ¿o sí?
—Es que era sexy y muuuy bueno en la cama—. Me acababa de dar cuenta que Alice me había ofendido a mí, y me había dicho estúpido por robarle la ropa interior a una ex.
—Bueno, eso lo arregla todo —Owo, así que es cierto, las chicas prefieren los guapos y buen sexo que a los que tienen buenos sentimientos. —Pero no cambia nada que era un bastardo —Auch.
—Bueno Alice, ¿te parece si sales de mi cuarto? —pregunté apresurado; no quería que me siguiera ofendiendo esta marimacha.
—¿Me corres? —estaba ofendida.
—Claro que lo hago, ¿esperas a alguien aquí? —estaba impaciente porque se largara.
—A parte de lo obvio, venía a decirte nos fuéramos de compras, ¿sí? —No quiero.
—Tengo hueva —Alice por un momento se quedó en shock hasta que empezó a soltar pequeñas risitas.
—¿Tú eras la quien gritaba el poema de la hueva? —soltó una estruendosa carcajada.
—Mmm… Sí —no me quedaba de otra, si decía que no, Alice se pondría paranoica.
—Oh, con que tenemos una pésima poeta aquí —se burló.
—¿Pésima? Pero si es increíble —me defendí, ofendido.
—Increíblemente mala —musitó soltando otra carcajada.
—No te burles, perra —ella me provocó.
—Mal hablado. Ve y chupa un pito y no me chingues —Alice iba a salir directamente de mi puerta orgullosa, pero yo terminé antes.
—Eres una hija de puta —le eché.
—Come caca, idiota —mandó.
—Te comería a ti porque eres pura mierda —escupí.
Se quedó con la boca abierta y soltó una risotada.
—A Bella siempre la dejo callada, pero tú pareces hombre Eli, lanzas de putazos como si nada. Eres buena —. Espera, ¿Alice estaba jugando?
—Je, si —forcé una sonrisa, y me sentí culpable a la vez.
—Bueno, ¿vienes? —se recargó en el marco de mi puerta.
—Creo que paso, no tengo ganas de hacer nada.
Bella se acercó encantadora a mi habitación.
—¿No vas a ir? —preguntó decepcionada. Si fuera por ella, la seguía hasta el fin del mundo.
—No —hice una mueca, estaba seguro que me harían ceder.
—Por fis —pidieron al unísono.
—¿Pero podría ser solo un rato?, estoy cansada.
—Claro —respondió Alice en seguida.
—¿En serio? —cuestionó Bella con el ceño fruncido y volteándola a ver.
—Sí, planeo romper mi record de comprar 25 prendas en menos de una hora.
—¿Eso es posible? —pregunté sorprendido. ¿Veinticinco prendas? ¿Qué? ¿Tomaba diez y nueve iguales y ya?
—Todo es posible con Alice Brandon —respondió arrogantemente.
—Claro —Bella rodó los ojos.
.
El Centro comercial fue un desastre total. Pensé que Rosalie era una mandona, pero todo el día se la pasaron diciéndome: “Pruébate esto”, “No te muevas”, “Quítate eso”, “No veas la ropa para hombre”, Am… sí, ya saben, ¿no? Sigo siendo un hombre y extraño usar la ropa holgada; no entiendo por qué Rosalie me hizo ponerme pantalones entubados.
Pero las órdenes seguían una y otra vez y eran tan desesperantes “Déjame probarte el vestido” Pero lo peor de todo, fue cuando se me olvidó que las tangas para mujer NUNCA me quedaran.
Trauma.
Y dolor para mi amigo.
Nunca volverá a ser el mismo de antes…
—Está lindo este conjunto; resalta con tus ojos. Ve a probártelo —y yo bien obediente, me lo voy a probar.
Al menos las siliconas no se cayeron.
La maldita tanga casi se rompe a medio camino, y cuando estaba por reaccionar que no me quedaría esa cosa miniatura, fue demasiado tarde.
Mi amigo quedará adolorido por el resto de mi vida, en serio. Lloré, y estuve a punto de tirarme al piso de tanto dolor que me provocó esa cosa.
—¿Estás bien? —preguntó Alice al escuchar mis sollozos.
—No, las tangas duelen, Alice —le dije al borde del llanto e intentando sacar ese hilo dental, pero se quedó atorado.
—¿Nunca te habías puesto una? Déjame ayudarte, Eli —había cerrado la puerta del vestidor, agradecía que no fueran unas cortinas.
—No, gracias pero no, Alice. Nunca me volveré a poner una.
—Eli… No seas chillona —acusó.
—¡Déjame! —grité completamente molesto.
—Uh, bueno —indignada me dejó solo con mi dolor.
Intenté quitármelo, pero la cosa esa no bajaba; y me estaba empezando a poner rojo.
Aunque el alivio llegó unos segundos después, cuando la tanga se reventó. Supongo que esa lencería era corriente porque… ¿Se puede romper la ropa interior a la primera puesta? No me interesa de todos modos. Extraño mis bóxers.
En serio, duele horrible. Si eres hombre, nunca se te ocurra ponerte una tanga para mujer.
Cuando logré recuperarme de la casi pérdida de mis partes nobles, una señorita tocó mi vestidor y preguntó si me encontraba bien, yo me apresuré a ponerme mi ropa. Salí con el hilo dental pendiendo de mi mano, y la señorita lo vio con una extraña expresión.
—¿Esa tanga está… —alzó una ceja y caí en la cuenta que tendría que pagar por la cosa ésa que casi me corta el pene —rota? —Tenía que pensar rápido para que no me la cobrara.
—La marca es muy corriente, señorita. Nunca me había pasado algo parecido como eso —alegué con indignación.
—De todos modos la tendrá que pagar —respondió ceñuda. Maldita sea, si estuviera vestido de hombre en este momento la podría seducir.
—No pagaré por algo que no me llevaré —contesté.
—No me haga llamar a seguridad —juraría que me odiaba esa sexy señorita; si no estuviera tan adolorido en este momento, la cogería en este mismo instante.
¿Pero qué dices, Edward? ¡Concéntrate, viejo! Grité a mi mente.
—Hagamos un trato, si no lo pago no volveré a pisar esta tienda de ropa —le dije monótonamente.
—No, lo tiene que pagar —tomó fuertemente mi brazo hasta que enterró sus uñas, y me dirigió hasta la caja, donde se encontraba Alice.
—¿Eli, qué ocurre? —preguntó sorprendida viendo como la señorita ejercía su fuerza sobre mí. Desearía no ser tan caballero para al menos gritarle lo perra que era a la señorita.
Ja, ¿caballero? Ni tú te la crees.
—Ocurre que elegiste una tanga muy corriente y se rompió y ahora ésta… —miré a la señorita despectivamente —lagartona quiere que pague por algo que no me llevaré.
—Yo lo arreglo —dijo Alice arremangándose los brazos y cinco minutos después nos corrieron de la tienda. Claro, Alice compró lo que llevaba pero se las aventaron al piso, fuera de la tienda. Ah, y sí pagamos la tanga.
Sí, Alice no arregló nada; sólo hizo que nos sacaran a empujones y sin bolsas con que sostener la ropa.
—Todo es posible con Alice Brandon —le escupí irónicamente mientras levantaba los vestidos, pantalones y blusas.
—Calla, perra —farfulló totalmente molesta.
Después de levantar las cosas nos dirigimos a otra tienda, pero esta vez, no me probaría ropa interior.
Debo confesar que cada vez que pasábamos por una tienda de deportes o de trajes, me quedaba viendo los escaparates.
—Recuerdo que a un novio le compré unos tacos de futbol* —murmuró Alice distraídamente cuando me detuve en una tienda Martí —. Fue tan linda su expresión cuando vio que eran unos tacos, parecía como si le hubiera regalado un televisor nuevo o algo parecido.
—¿Por qué se los regalaste? —pregunté para seguir con la plática.
—Bueno, cumplíamos un año de noviazgo —agachó su cabeza, cubriéndola con el poco cabello que tenía.
—¿Qué te regaló él? —interrogué.
—Una socia —¿Qué cosa? Ella levantó la cabeza.
—¿Cómo dices? —estaba confundido.
—Bueno, después de que le regalé los tacos —rodó los ojos —, me dio una esclava de oro con un dije de un corazón también de oro, pero… estábamos en su departamento y en ese momento llegó alguna hija de puta –con su llave, por cierto- y sin previo aviso lo besó apasionadamente sobre el sillón y él le correspondió. Yo me quedé como estúpida viéndolos, hasta que ella se alejó y dijo: “¿Cuándo me presentaras a tu hermana?” Salí de allí apresuradamente y rompiendo cosas; fue tan… vergonzoso.
En alguna ocasión, yo había hecho algo parecido. Mi novia y yo llevábamos tres semanas, pero la estaba engañando con una mesera de algún table-dance. Un día nos encontramos los tres en el mismo lugar, y recibí dos cachetadas y tres patadas en los huevos. Hasta hace poco se me hacían unas perras por pegarme de esa forma, pero me doy cuenta que lo debieron haber hecho por decepción y porque sintieron humillación.
Deberías de pedirles perdón.
—Fue un puto al hacer eso —sé que me estaba ofendiendo también a mí, pero ¿qué más da? Me lo merecía.
—Era gay el idiota —terminó Alice y seguimos comprando.
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Que quede claro que no volví a probarme más las tangas, breases o lo que sea… Dejaría que Rosalie se encargara de eso; ni Alice ni yo sabemos qué me puede quedar de verdad. A pesar de que “según” Bella, Alice es una experta en ropa… pero para, mujer, no para un hombre travestido.
Los tacones me empezaban a matar los pies, ¿será practica lo que haga que las mujeres puedan usar tacones? ¿O nunca lograre caminar durante mucho tiempo con tacones?
Bueno, como ya no aguantaba más, me dirigí a sentarme en una banca fuera de las tiendas. Alice se encontraba en la tienda de deportes —haciendo quién sabe qué— y Bella estaba comprando comida en Walt-Mart.
Sentí que alguien me miraba. Esa sensación que te da, ya saben, se te erizan los vellos de la nuca y sientes como escalofríos. Voltee para ver quién era y noté que eran un grupo de chicas. Por un momento pensé en ir a por ellas y coquetearles, pero ese segundo se arruinó al recordar que estaba vestido de mujer.
Seguían mirándome, pero por alguna extraña razón también sentía que se reían de mí.
—Hola —di un brinco en cuanto escuché la voz de Bella.
—Me espantaste —acusé.
—Lo siento, ¿Qué haces? —preguntó.
—Esperarlas. Ven, siéntate —palmeé el lado derecho de la banca.
—Gracias, y… ¿Cómo te fue con Alice?
—Pues… creo que bien —sonreí.
—Genial —nos quedamos tranquilamente sin hablar durante un rato.
Noté que Bella se les quedaba viendo por mucho tiempo a los grupitos de chicas. Bueno, yo también lo hacía porque unas estaban que me las quería comer…
—¿Por qué las ves? —pregunté con curiosidad y alzando una ceja. Bella dio un brinco.
—¿Ver a quién? —se ruborizó tiernamente.
—A ellas —las señalé.
—No señales —regañó Bella.
—Bueno, ¿Por qué las ves? —volví a preguntar.
—Umm… quisiera hablar con ellas —se lo pensó mucho tiempo.
—Vamos —me paré y la jaloneé de la mano, aunque ella se resistió y no me dejó pararla —. Está bien, iré sola —caminé engreídamente hacia el grupito de las chicas. Una era morena, otras dos eran rubias y tres con el cabello castaño.
—Hola —saludé simpáticamente según yo. Ellas me echaron un vistazo, susurraron algo que no alcancé a oír y se volvieron a darme la espalda.
—Disculpen, creo que las saludé —dije indignado.
—Lo sabemos, pero no nos interesas —chilló una rubia.
—Ja, son las perras de la ciudad, ¿no? —insulté ligeramente.
—No te interesa, ¿o sí? —dijo la otra rubia.
—Creo que son unas putas —sonreí cínicamente. Hasta ese momento me di cuenta que una de ellas era Lauren, había salido con ella alguna vez y tenía un secreto muy vergonzoso que podía decir —, pero saben, conozco a un tipo que se llama Edward Cullen —Lauren abrió los ojos sorprendida —y bueno, él me contó varias experiencias, y juraría que tú, Lauren —susurré —, tienes tetas de siliconas y una vez se te reventaron cuando tenías sexo con Edward —sonreí cínicamente.
—¿Cómo sabes eso? —chilló Lauren.
—Sé muchas cosas, Lauren. Sé que no puedes evitar echarte gases cuando tienes sexo y que no sabes mamar bien, o que tu coño sabe horrible. Vive con eso, linda —me volteé descaradamente. Sus amigas se burlaron de ella y soltaron tremendas risotadas.
No puede ser que yo haya hecho eso. En serio, estaba orgulloso de que podía ser una maldita perra igual que Rose.
Fui hacia Bella y simplemente le dije: —Las chicas somos muy selectivas a veces y hasta payasas, ¿no? Déjalas, son unas putas.
Sí, eso lo pienso en serio. Digo, cuando le hablo a un hombre nunca me dice eso o algo parecido, simplemente hablamos normal. Claro, a veces si se comporta como un cobarde o nerd, la conversación no dura más de dos minutos. En cambio, las mujeres sí que son raras, ni si quiera entre ellas se hablan bien.
Aunque parece que Bellas no quería esa respuesta cuando estuve a lado de ella y nos dirigimos a la parada de autobuses.
*Tacos de futbol: Son tenis deportivo; se usan para jugar futbol en el pasto sintético.
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NOTA: Si eres lector anónimo sígueme en el face, twitter o agrega mi correo para saber cuándo actualizaré.
¡Hola!
Bueno, siento la tardanza y quiero explicarles por qué. No sé si las de México estén familiarizadas con el examen de Ingreso a la Preparatoria (COMIPENS). Bueno, en resumen, es un examen para ingresar a alguna preparatoria; tiene 128 preguntas, y para entrar a una preparatoria de la UNAM (la universidad pública más importante del país) debes de contestar como 100 preguntas —a veces varía—. Y yo me estoy preparando para ese ridículo examen. Estoy haciendo papeleo, hiendo a algún curso (que me da una hueva) e intentando leer para perderme. Sí, es muy pesado porque además de eso voy a mis cursos de por sí como Básquet o Teclado, y han sido temporadas de fiestas, admitámoslo. Y si se pueden imaginar, pueden pensar que es algo pesado y no escribo muy seguido por falta de tiempo o porque se me olvida. Así que, espero que comprendan :D
PREGUNTAS EN COMÚN:
¿Y Rosalie? Aparecerá
¿Qué onda con Bella?
¿Cuándo se darán cuenta que Eli es Edward?
¿Edward dejará de ser un puto machista?
¿Actualizaras pronto? Yo creo que sí, ténganme paciencia hasta el 1° de abril, sino actualizó, oblíguenme.
¿Quién ganará la apuesta?
Respuestas en el próximo capítulo titulado: ¡Complicaciones!
Biie..!!
Gely..!!
No tienes nada que hacer, vdd?
ResponderEliminarHahahaa!!!
Ntc*
Bueno, yo también tengo que subir los chaps que me faltan ¬¬ Damn it!
Hahaha! cuidate (:
Bss,
Annelice K.
:O.. como te podemos obligar??... me encanta tu historia y sé que poco a poco se iran solucionando las preguntas...
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