Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer y su casa editora. Yo sólo juego con los personajes y creo esta rara historia.Did I die?
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Miré nerviosamente la habitación que decía ''Edward''. Subí el volumen de la música. Edward había estado raro desde hace dos días atrás… El día del picnic.
Casi no había hablado con él. Él no me hablaba... Me evitaba. Debía reconocer que me dolía su indiferencia. Mi mejor amigo ya no me hablaba y se mostraba distante conmigo. Tenía ganas de agarrarlo de la camisa y sacudirlo hasta que me dijera porque no me habla. Tenía ganas de oír su risa.
Pero, ¿y él?
No sabía lo que pensaba. Lo había visto mirándome varias veces. Y sus ojos decían miles de cosas que no entendía. Y quería descubrir que eran.
Necesitaba hablar con alguien, expresar lo que sentía y la única persona que me entendía era él. Podía hablar con Alice, pero no entendía la mitad de las cosas que decía. Podía hablar con Emmett, era un buen consejero y lleno de compasión, pero no sentía la suficiente confianza. Luego estaban los Hale; con Rosalie recién comenzaba a hablar y Jasper estaba siempre en su mundo.
Además, no quería hablar con ninguno de ellos.
Yo quería hablar con Edward.
Unos toques en mi puerta hicieron que respingara. Bajé el volumen de la música, pero la canción aún resonaba en mi cabeza. En la mañana desperté y lo primero que hice fue encender la radio. Mientras buscaba algo bueno, encontré esa canción.
Algo me dijo que la descargara, y eso fue lo que hice. Luego de media hora, me puse a escucharla una y otra vez, mientras intentaba leer una línea –sí, no había pasado de esa línea–, de aquel libro que no recordaba cómo se llamaba.
Suspiré.
- ¿Quién es?
- Alice.
Alice.
Había estado también distante con ella, pero, ¿cómo no? Mi mejor amigo de repente me dejaba de hablar y me hacía sentir sola.
- Adelante.
Ella abrió la puerta con exagerada lentitud y asomó su cabecita.
- ¿Cómo estás? –Preguntó, regalándome una sonrisa.
Gemí y cerré el libro.
- No sé. Dímelo tú –Murmuré, haciéndole un lado en mi cama.
Ella rió. Flotó hasta estar en mi cama. Sus ojos miraron mi rostro, buscando algo. Desvié la vista. Sentía que ella sabía todo. Incluso lo que no le había dicho. Me dio un abrazo y suspiré.
A veces olvidaba porque me gustaba la compañía de Alice. Sabía cuando necesitaba estar en silencio. Ella era una persona de las que siempre tenían un tema de conversación y hablaban hasta el cansancio. Pero, también era una persona sensible.
Alice subió el volumen de nuevo.
Eres cuando despierto lo primero, eso eres,
lo que a mi vida le hace falta si no vienes,
lo único, preciosa, que mi mente habita hoy.
La fulminé con la mirada.
- ¿Qué tiene de malo, Alice? –Gruñí, escondiéndome entre mis mantas.
Ella rió más fuerte. ¡Gracias por la ayuda!
- Veamos –Comenzó-. Eres Bella Swan, ¿estás consciente de ello?
- Sí.
- Te gusta la música que desea la muerte a los demás o en su defecto, a ti o… El rock pesado –Rió de nuevo. Si volvía a escuchar su risita, la correría de mi habitación-. Casi, satánico.
- Sí, eso también lo sé.
- Y… ¿Qué escuchas?
- No sé, pero busque la letra y me gusto…
- ¿Te gusto? ¿Esa letra empalagosa te gusto?
- ¡Oh!
Ahora entendía su punto. Estaba aquí, deprimida en mi habitación, escuchando una tonta y empalagosa canción. ¿¡Yo!
Quité las mantas de mi cabeza y busqué otra canción. Lo que Alice quería decir era que… No estaba escuchando la clase de música que solía escuchar. Bella Swan se estaba ablandando… La rockera Bella Swan estaba…
- ¡Dios mío! –Chillé.
Alice saltó de la cama y me miró asustada. Examinó mi rostro y sonrió.
¡La maldita siempre lo supo!
- Me voy –Anunció. Sí, es mejor-. Tienes cosas que… pensar.
Asentí.
- Alice…
Se detuvo a lado de mi cama y me miró con curiosidad. Sus ojos brillaban como siempre y tenía esa sonrisa. Esa sonrisa que te decía que todo iba a estar bien. Y que podía confiar en ella.
- ¿Cómo sabes que estás enamorada? –Pregunté, viendo fijamente mi cama como si fuera la cosa más interesante del mundo.
- Cuando no dejas de pensar en él, ¿sabes? –Murmuró-. Y cambias tu forma de ser cuando él está cerca… Cuando tu corazón se acelera cuando te toca… Simplemente, lo sabes, por esas pequeñas cosas que él hace –Terminó con una sonrisa.
Le sonreí. Ella sacudió la cabeza, divertida y flotó hasta la puerta.
- ¿Alice?
Se giró con una sonrisita.
- ¿Sí?
- Gracias. Eres la mejor.
Ella sonrió más ampliamente.
- Lo sé.
Reí.
Alice salió de la habitación. Dejándome sola. Suspiré. Así que… ¿De eso se trataba todo? Él fue mi primer amigo, la primera persona en la que confié, la que me hablo aún viendo como me vestía… Conociéndome, con mi lado testarudo y pre-menstrual.
Edward. Me tiré a la cama y reí, feliz. Edward.
Tocaron a mi puerta.
- ¿Sí? –Pregunté, mi voz sonaba una octava más alta, pero no me importo.
Oí una risa masculina. Una risa que conocía.
Me bajé rápidamente de la cama. Floté hasta la puerta. Pasé mis dedos por mis cabellos, intentando mejorar mi apariencia. Busqué arrugas invisibles; soplé frente a mi mano para comprobar mi aliento. Fresco.
Solté un bufido y puse cara de enojada, antes de abrir la puerta.
Él estaba ahí, recargado en el marco de la puerta con una pose malditamente sexy. Lo peor es que no lo hacía a propósito.
Sonrió de manera torcida. Esas típicas sonrisas que solía regalarme días atrás, y que ahora, quién sabe a quién se las estaría regalando. Fruncí mi ceño.
- ¿Edward? –Mi voz sonaba confundida y molesta.
- Bella –Saludó.
Caminó a lado mío y entró a la habitación como si fuera suya. Genial. Se sentó en el borde de la cama e inspeccionó toda mi habitación. Sus ojos revoloteaban curiosos, buscando algo que hubiera cambiado en los días que él no había venido. Nada había cambiado. Todo seguía igual.
Cerré la puerta y me senté a su lado. Sus ojos se posaron en mí, me sentí descubierta ante su penetrante mirada.
- ¿Qué haces aquí? –Le pregunté.
Su sonrisa se amplió, mostrando sus blancos dientes.
- He venido a visitarte –Informó. Mi ceño se frunció aún más.
- ¿Por qué?
Rió―. Porque eres mi amiga.
- Ah.
Su sonrisa se esfumó.
- ¿Qué pasa? –Preguntó. Sus manos se fueron a mis mejillas. Las aparté con amabilidad.
- Conmigo, nada –Respondí―. Contigo, no sé.
Bufó. Colocó sus manos en su regazo. Agarré el control del mini componente y distraídamente pulse el 'play'.
Bésame como si el mundo se acabara después
Bésame y beso a beso por el cielo al revés
- ¿Bella?
- ¿Mmmh?…
- ¿Qué escuchas?
- Bésame… ―Murmuré, pensando en el motivo porque de repente llegaba Edward a mi habitación-. ¿Dónde te habías metido?
Él se giró hasta quedar frente a mí.
- Dándote tiempo… ―Susurró.
- ¿Para qué?
Sonrió—. Para que te dieras cuenta de tus sentimientos…
Mis ojos se abrieron ampliamente. Edward se había dado cuenta de mis sentimientos mucho antes de que yo misma los entendiera.
- Bella, voy a besarte -Dijo. Sus manos se fueron a mis mejillas, mientras me veía profundamente.
- ¿Me estás preguntando o me estás diciendo? -Pregunté, enarcando una ceja, burlona.
Él se acercó más. Podía sentir su dulce aliento frente a mí. Cerré los ojos.
- Te estoy avisando.
Sus labios se posaron sobre los míos. Él me estaba besando. Edward me estaba besando.
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