sábado, 23 de octubre de 2010

Dale Suave -Cediendo

Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer. Y la historia es mía. Prohibido la copia de esta historia.






Dale Suave
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Cediendo


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EPOV

Una semana

Una semana de estar al lado de ella.

Una semana de abstinencia.

¡Dios! ¿Por qué me hacías esto?

Humedecí mis labios, mientras veía como ella mordía el tapón de una pluma. Sus labios brillosos me invitaban a besarla y hacerle cosas sucias.

Desde que había comenzado a trabajar aquí, era lo mismo. Llegaba y la saludaba, la veía todo el día mientras pretendía trabajar, y por las noches, tenía una dolorosa erección.

Y todo por culpa de ella.

Bella Swan.

Lo más horrible es que no lo hacía con intención. Su movimientos eran tan sensuales e inconscientemente. Todo lo contrario a Tanya, que se vestía lo más provocadora posible –eso quería decir que con ropa de tres tallas menos- e intentaba excitarme. Yo sólo atinaba a decirle que no tenía ganas.

¡Pero ganas me sobraban!

Aunque no precisamente con ella, si no, con la sexy castaña frente a mí.

 - Bella –La llamé. Mis ojos se encontraron con los suyos, mientras sus mejillas agarraban color-. ¿Puedes ayudarme con esto?

Ella asintió.

Caminó moviendo sus caderas hasta quedar frente mi escritorio. Le sonreí.

- ¿Qué es?

Desde esa distancia sabía que ella, no podía ver lo que decía. Le hice algunas señas para que 
se acercara. Bella rodeó el escritorio hasta ponerse detrás de mí. Sentí su tibia respiración en mi cuello, haciéndome cosquillas. Sus labios se posaron sobre mi hombro izquierdo.

Carraspeé.

- Es sobre una cuenta de bancos del mes pasado –Contesté.

Bella rió entre dientes.

Extendió su brazo, rodeando mi cuerpo, y señaló unas cifras, mientras con pluma de color azul, rodeaba otras.

La verdad, es que sí sabía de qué iba ese documento. Sólo quería tenerla más cerca, sentir su calor. Pero de esta manera, no era suficiente.

Y deseaba probar de nuevo esos carnosos labios. Esos labios que besaban de manera exquisita. Que tenían esa textura inolvidable y adictiva.

¿Cómo lo sabía?

Porque mi boca ya la había probado. 




BPOV 

¡Una semana!

Recordaba el día en que nos habíamos conocido. Como sus labios se abrían paso en mi boca. Como sus manos acariciaban su cuerpo. La forma en que casi llegamos a tener relaciones sexuales.

Pero ya lo habíamos jodido todo.

Yo y mis inseguridades y él y su novia.

Aunque, estar con Edward, todavía estaba en mis manos.

- Eso significa que… -Lamió el lóbulo de mi oreja-. Trabajaremos juntos, compañera.

Mis mejillas se sonrojaron, mientras que él mordisqueaba mi oreja y ponía sus manos en mi cintura.

- E-Edward, ¿qué haces? –Hice un enorme esfuerzo para poder hablar. Mi pulso se había acelerado y mis bragas, humedecido.

Sus manos bajaron un poco más hasta mi trasero. Suspiré.

Me arrastró al elevador aún con sus manos puestas sobre mí. Poco después que las puertas se juntaron, sus labios ya estaban sobre los míos, devorándolos.

Nuestras manos tocaban cuanto estuviera a nuestro alcance, incluso más. Los gemidos fueron inevitables. La manera en que él tomaba el control, me volvía loca; era sublime y sabía qué hacer. Tenía experiencia. Tal vez, demasiada.

- Lo haces… -Solté un gemido-. Muy bien…

Él rió mientras succionaba mi cuello.

- Llevo tiempo haciendo esto –Murmuro, en el momento en que las puertas se abrían.

Una señora de entrada edad se encontraba ahí. Nos miró de manera suspicaz, y sonrió. 
Una sonrisa muy pervertida. Vio a Edward de arriba abajo y guiñó un ojo en mi dirección. Ya no podía estar más ruborizada. Tener una sesión de excitantes besos, te ponía muy caliente y sonrojada.

Avancé de manera rápida hasta mi departamento.

Las llaves amenazaban con caerse por el temblor de mis manos. Mi concentración estaba a cero.

Cuando por fin pude abrir la puerta y cerrarla bien, una vez que estuvimos a dentro, Edward comenzó de nuevo a besarme.

Sus besos eran rudos, pero de una forma salvaje que me gustaba. Él me gustaba.

Le quité su saco y su cinturón.

Sonreí.

Mi boca se fue hasta su cuello. Sí el ya me había dejado varios mordiscos y chupetones, ¿por qué yo no a él?

Su loción, tan masculina, me hizo perderme unos segundos.

- Hueles delicioso… -Murmure, desabotonado su camisa. La mía, había quedado ya en alguna parte de la sala.

Lo conduje hasta mi habitación. Por fin podría usar mi cama para otra cosa, además de dormir.

Con una fuerza increíble, empujé su cuerpo hacia el centro de la cama, ésta se hundió de forma graciosa y su cabeza rebotó contra ella.

Coloqué mis piernas a ambos lados de sus caderas, sintiendo su miembro. Y ¡joder! 
¡Realmente era enorme! Besé sus labios. Sus manos recorrieron mis piernas, hasta detenerse en mi cintura. El ritmo de los besos se volvió más rápido y tuve que inclinarme más, hasta que mise senos estaban sobre su pecho.

Mis manos subieron por su bien ejercitado abdomen, hasta posarse en su cuello.
Sin darle vueltas al asunto, bajo los tirantes de mi sujetador, dejando casi al descubierto mis senos.

Estaba tan cegada por la pasión, que nada me detendría para hacerlo con él. Nada… Excepto el molesto sonido de su celular. ¿Por qué carajos no le había quitado los pantalones en la sala? Así, sería imposible escuchar el celular.

- No contestes –Pedí.

Edward alejó su boca de la mía, y con educación, se movió por debajo de mí, hasta que mi cuerpo ya no lo tuvo prisionero. Miró el identificador de llamadas y soltó un bufido. Su ceño se frunció. Contestó rápidamente, antes del último timbre.

- Tanya –Musitó, por su voz podría deducir que estaba molesto-. No, no cenaremos hoy –Respondió-. ¿Tu papá? Bueno, sí ese es el caso, no puedo decirte que no –Suspiró. Miró en mi dirección y se mordió el labio inferior-. Está bien. Nos vemos, adiós… Yo también te quiero.

‘’Yo también te quiero’’ ¿Su novia?

Caminé hasta la sala. Mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Encontré mi blusa debajo de la mesa. La recogí con rapidez y me la coloqué. No estaba de humor para darle la cara a Edward y para seguir lo que teníamos. La calentura se me había bajado con la última frase. Con la última llamada que él había recibido.

Edward.

Sentí sus manos en mi cintura, mientras pegaba su cuerpo al mío y recargaba su fuerte barbilla en mi hombro.

Me separé inmediatamente de él y lo miré a los ojos.

- ¿Qué está mal? –Preguntó, con un tono inocente.

Lo abofeteé.

- ¿Quién te crees para venir a jugar conmigo? –Su boca se abrió-. ¿Por qué demonios no me dijiste que tenías novia?

Se acercó lentamente hacia mí. Sus brazos me rodearon contra mi voluntad, atrapando los míos. Hice mis manos puños. Me había dejado crecer las uñas y éstas se encajaban en la carne de las palmas de mi mano. Algunas lagrimillas se escaparon de mis ojos, pero no quería llorar frente a él. Significaría que él habría ganado.

- Me gustas. Realmente me gustas –Susurró en mi oreja-. Eres como una droga, no puedo estar sin ti…

- No pienso ser la otra –Lo interrumpí.

Separó su rostro y me miró a los ojos.

- Sólo será hasta que encuentre otro trabajo –No sé porque, pero sus palabras parecieron tan sinceras.

- ¿Y mientras qué? ¿Mantendremos nuestros encuentros en mi departamento?

- Déjame que te explique todo.

- ¿Qué vas a contarme tú?

Con cuidado, abrió mis manos que habían permanecido cerradas. Acarició con cuidado las marcas de mis uñas, seguido de un beso en cada una de ellas. Suspiré.

Agarró mi mano.

- No quiero a Tanya –Dijo de manera lenta.

Lo miré confundida. ¿Si no la quería, por qué estaba con ella? ¿Qué hacía alguien a quien no amaba?

- Sólo estoy con ella porque… -Suspiró-. ¿Quieres la verdad?

- Siempre –Respondí, inmediatamente.

- Necesito trabajar en esta compañía para traer colegas a mi buffet –Contestó.

- ¿Eres abogado?

- Lo seré –Dijo con un sonrisita.

Suspiré. Edward era un interesado. Estaba con su novia sólo para beneficiarse así mismo. Pero a pesar de todo, mi corazón se aceleraba tan sólo con verlo sonreír de esa manera. Mis mejillas se sonrojaban y no podía dejar de verlo.

Edward me tenía atrapada. Edward y su avaricia. Edward y su belleza. Edward y su personalidad. Edward, Edward, Edward.

- ¿Me dejarías pensarlo?

- Tómate el tiempo que quieras. No quiero presionarte.

EPOV

No sé en que estaba pensando cuando le dije que se tomará el tiempo que quisiera.

Tal vez fue por el post-casi sexo o, porque me había alegrado que lo iba a pensar. Pudo ser cualquier cosa. ¿Por qué no la presioné?

Ahora, tenía una dolorosa erección.

Me crucé de piernas. Ella estaba regresando a su escritorio, mientras yo le veía su firme trasero.

- ¿Te gusta lo que ves? –Preguntó ella, dándome una sonrisa lasciva.

Mirando de nuevo su trasero, contesté:

- Mucho. No te imaginas cuanto…

- Me lo puedo imaginar. El tuyo tampoco esta tan mal.

Eso me dejo con la boca abierta.

Ella me miraba. Siempre lo hacía. Sentía su mirada constantemente sobre mí. Lo hacía a propósito. Bella lo que quería era provocarme y sonreí victoriosa cuando al final del día, veía sin pudor el bulto en mis pantalones.

Pero podría decirse, que ella estaba todas las noches tan mojada como las calles de Venecia.

- ¿Eso es un sí?

Ella rió, excitada. Su risita ronca fue lo que colmo todo. Me levanté y la acorralé contra mi escritorio. Sus piernas se abrieron con facilidad. Olía su humedad.

- Eso es un… Puedes hacerme lo que quieras…

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