Disclaimer: Twilight es de S.M
_The Transferred_
Chapter 5_LOCA_
BPOV
- Creo que mejor iré al baño a quitármelo –Musité mirando sus hermosos ojos esmeralda. Era un milagro que no me volviera a .
Me volteé hacia los baños, intentando no tropezar con el helado. Alice se puso a mi altura…
¡Alice! Ella no me dijo que era Cullen, ni mucho menos que era hermana de Edward. Fruncí ligeramente el ceño. ¿Dijo que seríamos las mejores amigas? Sí, lo dijo. ¿Entonces por qué me oculto su apellido?
Abrí la puerta del baño y entre a trompicones. Le di una mirada torturada a la chica castaña del espejo. Yo. Derramaba el helado por todas partes.
La señora de la limpieza me miro con el ceño fruncido. Negué con la cabeza y me dedique a limpiar los rastros de mi helado de mi cabello, cuello y ropa.
- ¿Te ayudo? –Dijo la voz cantarina de Alice.
La miré a través del espejo y suspire. Ella me la debía por no decirme nada, así que me la cobraría ignorándola como un cero a la izquierda.
Continúe intentando quitar el helado de mi ropa, pero no funcionaba.
- Puedes usar la ropa que te compre –Susurro, mi amiga con la cabeza abajo, mirando sus zapatos.
Intentaba darme lastima. Pero, aun así ahora más que nunca necesitaba de ella.
- Gracias, Allie –Hablé mirándola de frente –me aburrí de mirar gente a través del espejo-, mientras ella sonreía alegre.
Comenzó a danzar hacia la señora de limpieza y la sacó de los baños públicos. Sonreí burlona. A ver si ahora me miraba feo esa tipa.
Alice comenzó a quitarme la ropa, hasta quedar en ropa interior. Quitó los restos de helado que quedaron en mi espalda.
- Esta fríaaa… -Me quejé, cuando paso el agua jabonosa por mi cuerpo.
La pequeña chica me miró burlesca. Se estaba vengando. Solo conocía a Alice menos de un día, pero sentía que la conocía como si fuera mi hermana perdida.
Me puso una extraña crema rosa por todo el cuerpo. La miré horrorizada.
- ¿Qué mierda es eso? –Pregunte. Ella sonrió aún más y se encogió de hombros. Debía admitir que olía rico, a fresas y fresias.
De una de las veinte mil bolsas sacó un vestido verde limón muy bonito. Me llegaba unos cinco centímetros antes de la rodilla. Tenía un escote en forma de V en la parte delantera y se amarra al cuello; eran cintas color negro, pero eran parte del vestido. Un cinturón ancho, negro a la altura de la cintura y caderas.
Ella sonrió satisfecha.
- Te ves preciosa –Alabó aún sonriendo con aprobación.
Me dio unos zapatos de tacón de aguja de negros.
- ¿Estás loca, Alice Cullen? –Exclamé asustada-. ¡Podría matarme!
Alice perdió su sonrisa y frunció los labios, hasta quedar en una línea recta, tensa. Ahora sí temía por mi integridad física. Abrí los ojos como platos, mientras palidecía.
Me observó durante unos segundos. Sus ojos eran retadores; el tono verde de sus ojos destelló con furia. Pasaron varios minutos en que ninguna de las dos abrió la boca –yo por el miedo tenía la boca seca y no podía hablar, ella por tener fruncidos los labios mostrando su desacuerda- hasta que Alice suspiró con dramatismo.
- No te obligare a usarlos, Isabella –Pronunció mi nombre con ironía-. Pero en tres días vendremos a comprarte zapatos de piso y botas… ¡Ah! Y esos encantadores tenis azules…
- ¡Hey, hey! Espera un momento, Alice –Interrumpí, sorprendida-. Yo ya tengo ropa, no necesito que tú me compres cosas. Es innecesario.
Cullen frunció el ceño.
- Yo quiero hacerlo… -Suspiró-. Eres como la hermana que nunca conocí.
Mis ojos se comenzaron a nublar. ¿Es qué este día no pararía de llorar?
Sequé mis ojos con la punta de mis dedos. Conmovida.
- Gracias, Allie… Yo me siento igual –Susurré, mientras le daba un fuerte abrazo.
Ella correspondió mi abrazo con efusividad. Rió cantarinamente.
Se separó rápidamente, y busco entre las bolsas un par de zapatos de piso negros, con un mini cinturón en la parte de los dedos. Me los tendió con una sonrisa cómplice bailoteando en sus labios. Abrí la boca, sorprendida. ¿Todo este tiempo había tenido zapatos de piso guardados en esas bolsas? ¿Cuántos más tendría? La mire de forma acusadora, entrecerrando mis ojos y señalándola con el dedo índice.
- Son sólo 30 bolsas –Dijo, restándole importancia-. Suelo comprar más que eso.
Baje la mano con la que la apuntaba y me sonroje. Alice volvió a reír.
- ¿Te han dicho qué te ves muy bonita cuando te sonrojas? –Inquirió dándome una mirada pícara.
El sonrojo aumento y sentía como me ardía el rostro. Me lo habían dicho, muchas veces.
- Eh… -Intente concentrarme en otra cosa-. ¿Ya terminaste?
Me vio de manera ofendida.
- Todavía falta el maquillaje y los accesorios –Replico en tono enfadado.
Suspire –igual que ella- dramáticamente.
De otra bolsa saco unas arracadas verdes esmeraldas largas. Me recordaron a los atrapa sueños. Me las puso velozmente, como si tuviera prisa. Me colocó un collar del mismo color, largo hasta la altura de mis senos. Fue hasta su bolso Armani de mil quinientos dólares, buscó algo durante un par de minutos. Me comencé a desesperar.
- Aliceee…. –Urgí, impaciente.
Me fulmino con la mirada. Un estremecimiento recorrió mi espalda y no precisamente del frío.
Luego de unos segundos, tenía entre manos un estuche, no, un kit de belleza completo.
Puso una sombra clara sobre el párpado superior. Maquillo levemente, por lo que se notaba muy poco, pero se notaba un destello verde. En la parte inferior era una sombra gris, y le daba un toque de profundidad a mis ojos; los delineo con un delineador negro. Pensó que el rubor no era necesario, ya que me sonrojaba con mucha facilidad; resultado: un sonrojo. Los labios fue lo más simple, un gloss rosa.
Ella sonrió con una satisfacción. Me sentí como una muñeca Barbie, que le haces lo que quieras, solo que Barbie es una rubia despampanante y yo soy lo opuesto a eso.
- Vamos, Alice. Deja de mirarme tanto –Dije, cohibida.
Alice rió.
- Solo disfruto de mis logros –Replicó con una mirada severa.
- Ajá –Repliqué con incredulidad.
Cogió las bolsas. Abrí la puerta del baño para que pudiera pasar. Al salir estaba la señora de la limpieza, tenía los brazos cruzados sobre el pecho y los labios y el ceño fruncidos. Le sonreí, intentando apaciguar las cosas. Esta solo me miro con mucha incredulidad y sorpresa. Tal vez por el cambio de look, o algo así. Me encogí ligeramente de hombros. Alice sonreía de oreja a oreja, supuse que estaba contenta que todo el mundo me mirara por él como ella me había cambiado. Es decir, de chica torpe llena de helado a semi modelo internacional. Me entristecí cuando me di cuenta que era imposible que yo fuera una modelo.
Era totalmente lo opuesto a guapa.
Fue de esperarse que mi nueva mejor amiga se diera cuenta de mi cambio de humor.
- ¿Qué te pasa, Bella? –Preguntó, preocupada. Ella no era de las que esconden sus sentimientos. Ya sea que este feliz, triste o enojada, ella lo demuestra-. No te gusta que te miren.-Supuso con los ojos entrecerrados.
Yo negué con la cabeza.
- No, Allie –Miré sus ojitos entrecerrados-. Pensaba que… Yo nunca podría ser tan guapa como…-No podía decirle que como una modelo; ella creería que hablamos de Edward-. Tú.
Me frunció el ceño. Sabía que era una mala mentirosa, pero el temblor de mis labios se podría interpretar como llanto contenido.
- ¡Pero qué dices, Bella! –Exclamó enojada-. Tú eres tan hermosa como te lo permitas ser. Y déjame decirte que si continuas con esa actitud pesimista, me lo voy a creer.
- Pues, créetelo, Cullen –Ironicé, su apellido, como ella hizo con mi nombre.
Una mirada exasperada cruzó por sus pupilas.
- No, es así –Suspiro-. Eres muy linda y… A veces no nos vemos con claridad.
Nos dirigimos al estacionamiento, para ser más exactos: al Porsche 911 Turbo de Alice.
La cajuela quedo repleta de las bolsas de compras, muy a duras se cerró.
- ¿Te dejo en tu casa? –Inquirió, antes de volver a cantar la canción que estaba en la radio. La identifiqué como Love Game de Lady Gaga.
No había pensado en donde quedarme. Las cosas que había traído se habían quedado en el hospital con la promesa de que volvería ese día por ellas. La pregunta aquí era: ¿Dónde quedarme?
- Primero pasamos al hospital por mis cosas y luego me dejas en un motel del pueblo –Grité. La música estaba baja, solo para ambientar, pero Alice gritaba –cantaba, en este caso- como loca.
Frenó de golpe. Si no fuera porque tenía el cinturón de seguridad, me hubiera estampado contra el parabrisas.
- ¿¡Un motel!? ¿¡Estás loca, Bella Swan!? –Chilló.
Suspiré. Alice estaba loca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario