Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, sino que pertenecen a la señora Meyer. La historia es mía y nadie me ha pedido permiso para ponerla en otro lugar así que este es el único lugar donde se supone que debería estar.
_The Transferred_
Chapter 15 _GESTOS_
EPOV
Bella se comenzó a reír de la chica, hasta donde sabía, su nombre era Tanya; mi novia me había contado lo pésima persona que era, por eso, no le agradaba hacer todo en conjunto con ella.
Los fríos ojos de Tanya me miraron atónitos, me reí entre dientes.
- ¿Eres E. Cullz? –Me reí del apodo, mis fans me habían puesto así de cariño.
Hice una mueca rara y asentí. Su voz me era insoportable, era peor que la de mi ex. Soltó una risita tonta, pero tonta de pendeja y me sonrió 'coqueta', sí claro…
- Pero te agradecería que te refirieras a mí como 'Señor Cullen' –Bella me miró con pícara y rió quedito-. No me suelo relacionar con cualquieras… -La carcajada de mi novia retumbó por toda la habitación y el pasillo-. Personas.
Su cara se desencajo. Recupero la compostura y miro fugazmente a la chica que tenía entre mis brazos. Ya venía llegar lo que seguía.
- Entonces no entiendo que haces con Isabella –Escupió su nombre con un mucho veneno y resentimiento.
Vi como Bella fruncía el ceño por unos segundos, para después sonreía con victoria. Se giro hacia mí y me tomo con sus manos mi rostro.
- Pues con lo que contigo no hace, Tany –Seguido de eso me planto un beso.
Coloque mis manos en su cintura y la acerque más a mí. Sin permiso, metí mi lengua de golpe; ella jadeó y sobre su aliento dijo 'mmh'. Nos comenzamos a besar con más pasión. Las caricias subieron de tono, los jadeos resonaban y la excitación crecía.
Cerramos la puerta en la cara de Tanya y le pusimos seguro. No había tiempo para llegar a la cama. Le subí la falda rápidamente y me baje los pantalones junto con los bóxers. Íbamos a terminar lo que empezamos antes de la llegada de la odiosa prima de Bella.
La empuje contra la puerta y acaricie sus pechos por encima de la blusa, ella gimió cuando apreté su pezón con el pulgar y el índice. Recorrió sus manos por toda mi espalda, para después enredar y jalar mis cabellos. De una bolsa de mi pantalón saque un condón. Bella me miro sorprendida.
- ¿S-sabías que l-lo haría-amos? –Jadeó.
Negué y me lo coloque.
Lentamente me introduje dentro de ella.
- ¡Ed-war-d! –Gimió.
Comencé a moverme más rápido. Nuestros gemidos se oían cada vez más fuerte. Por primera vez estaba agradecido de que no hubiera nadie en casa.
Casi llegábamos al orgasmo. Me moví más rápido. Nuestras respiraciones estaban muy agitadas y teníamos una ligera capa de sudor. Besé a mi novia con ferocidad, esperando transmitirle todo mi amor.
Ya le había dicho que la amaba, pero decírselo más de una vez no hacía daño. Estaba a nada de llegar…
- ¡T-te amo! –Gemí, cuando por fin llegue al clímax.
Bella tardo unas embestidas más.
Me beso con ímpetu y yo correspondí de la misma manera. No habíamos tenido tiempo de llegar a la cama. Reí entre dientes y bese su cuello, dejándole un chupetón, marcándola como mía.
- ¿Sabías que te amo? –Me hice el inocente y negué con la cabeza- Bueno… ¡Te amo! –Rió.
Reí con ella y la abracé con fuerza.
- ¿Qué excusa le darás a tu prima?
Su rostro rápidamente perdió el color. La mire alarmado. Ella fijo sus hermosos ojos marrones en los míos, se habían comenzado a cristalizar.
- ¡Mierda! –Rugió. Entendí que las lágrimas eran de ira. Bella tenía la costumbre de llorar cuando estaba enojada-. ¡La perra de seguro les va a contar!
Sonreí.
- No les dirá…
Su rostro confundido me hizo sonreír más. Alargué mi mano, ella la tomó y la lleve hasta su cama, donde se encontraba mi celular.
- ¡Alice! –Chilló.
Marcó el teléfono. Estuvo hablando un rato. Y fue cuando me di cuenta de algo de las muchas cosas que amaba de ella. Sus gestos. Y había uno en especial: levantaba su ceja derecha y se mordía el labio. Ella era como una obsesión para mí… Pero era sano, como el sol y el aire. Me preguntaba hasta qué grado ella me necesitaría a mí.
Me extendió el celular.
- ¡Ya tenemos el plan! –Definitivamente, Alice no podía hablar como una persona normal-. Mañana lo llevaremos a cabo en la escuela.
Colgó.
- Amor, me tengo que ir… -La abrace y luego bese sus labios-. Pero no te preocupes –Beso-. Mañana vendré por ti –Beso-. No tendrás tiempo de extrañarme –Terminé. La besé con más pasión.
Me separé rápidamente, porque sabía que si no la dejaba ahora, no iba a poder separarme de ella después.
Hizo un puchero. Reí y negué con la cabeza.
- Nos vemos mañana, amor –Seguido de esto salí por la puerta de su habitación.
BPOV
Suspiré. Amaba cuando reía entre dientes, el simple gesto de sonreír torcidamente mientras entrecerraba sus ojos me parecía totalmente fascinante. Edward era fascinante y muy buen amante.
Reí como loca y me di cuenta de que él había sido el púnico chico con el que había estado físicamente amándolo de verdad.
Los demás habían sido entretenimientos, sin importancia. Edward, para mí, siempre sería el único y primero para mí. Porque yo lo amaba.
A la mañana siguiente me levante con mejor humor.
Si el plan de Alice salía bien, Tanya no me molestaría nunca más. Sonreí satisfecha y me dirigí a mi closet. Saqué una blusa azul de mangas de ¾ con lentejuelas negras en el escote, una falda diez centímetros arriba de la rodilla de mezclilla y mis Converses negros.
Como mi cabello era un caso perdido, solo lo até en una coleta más o menos normal; cepille mis dientes y me maquille con u poco de gloss y sombras negras y azules.
La tarea de geografía había estado sencilla, lo cual me sorprendida, puesto que la maestra nos encargaba mucha elaboración para un solo subtema.
Todo mi buen humor matutino se esfumo cuando vi a Tanya sentada en el comedorcito, tomando té.
La ignoré. Agarre mi mochila y un bote de yogurt para comérmelo en el camino. El sonido del claxon anunciando la llegada de Edward me hizo saltar, literalmente.
Corrí a la puerta sin despedirme, para después parar en seco.
Lucía increíblemente guapo, que me resultaba imposible creer que ese hombre fuera mío. Se acerco hasta a mí con ese andar suyo tan… Atrayente. Me quede hipnotizada por sus hermosos orbes que me miraban con ternura.
Una vez frente a mí me dio un beso en la comisura de los labios y suspiro. Se me quedo mirando un buen rato y después, rió entre dientes.
- ¿Q-qué? –Pregunté. Sabía que había olvidado el sostén.
- Vamos a juego.
Noté que bajo el suéter negro traía una camiseta azul que se ajustaba a sus músculos, un pantalón de mezclilla con algunos hoyos y unos Converses negros como los míos, e incluso, más viejos.
Reí de su comentario.
¿Por qué él se veía tremendamente guapo vestido así de simple y yo no?
Me reí internamente por mis estúpidos pensamientos.
- ¿Nos vamos? –Asentí.
Esta si no se la acabaría Tanya.
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