Disclaimer: Twilight es de la señora Meyer.
_The Transferred_
Chapter 2_FAMA_
El avión iba con una hora de retraso.
Pero, aún así sabía que me dejarían llegar un poco más tarde de lo acordado.
Es decir, por Dios, soy el más grandioso modelo del mundo, que gana mucho dinero y que además tiene cuanta mujer quiera. Soy Edward Cullen, el modelo de raíces americanas y ahora convenientemente, un chico francés.
Mis padres me querían mucho, y eso lo sabía, pero además era el favorito. Querían a Alice, sí. Le compraban todo lo que deseaban –ósea, cuanta cosa comprable se cruce en su camino- y la trataban como a una princesa. Por cierto, Alice es mi melliza, aunque es obvio que yo salí más guapo que ella. Yo tenía unos ojos más bonitos que los de ella, los míos son como esmeraldas y los de ella son verdes como pantano. Ugh. Mis cabellos eran semi-largos de un extraño color castaño dorado. Sí, lo sé. ¿Cuántos chicos conoces que tengan ese extraño tono de cabello?
Suspiré, mirando por la ventanilla. La última vez que vi a Alice fue a los trece y tenía los cabellos largos hasta la cintura y un flequillo que le tapaba el ojo izquierdo. Su color de cabello no llamaba mucho la atención, ya que era de un color tan normal. Negro. Lo que si llamaba la atención era que tenía una especie de brillo natural, que me hacía envidiarla.
Recuerdo que un día, cuando ella dormía, le teñí el cabello de amarillo.
''¡Como gritó ese día!'' Pensé, riendo entre dientes.
Desde que había abordado el avión, la azafata no me quitaba la vista de encima. Yo sabía que todas las mujeres del mundo querían conmigo, pero, ¡Dios santo!... ¡Esa señora podría ser mi madre!
- Pasajeros con destino a Seattle, favor de abrochar sus cinturones. El avión está a punto de aterrizar. Gracias –Dijo la azafata por el micrófono.
Me abroche velozmente el cinturón. Estaba nervioso y eso era algo nuevo para mí.
¿Cómo estarían todos? ¿Alice seguía siendo tan bajita? ¿Y Emmett tan grande…?
Emmett Cullen. Mi hermano mayor. Cuando éramos pequeños se encargaba de protegernos a Alice y a mí. Claro que a veces lo hacía y a veces le valía mierda lo que nos pasará.
Él, por supuesto, no es más guapo que yo. Era más alto y desgarbado, con hoyuelos en las mejillas, cabellos cortos y rizados, también negros. Sus ojos eran azul cielo. Y llamaban la atención de una niña rubia que iba con él en la escuela. ¿Cómo se llamaba…? ¿Peggie? ¿Tina?
Lo olvidé.
Cuando baje del avión, esperaba encontrar a toda la familia reunida. Y es que no me han visto en cuatro años. Pero cuando busque entre la multitud a alguien con similitudes a las que yo los recordaba, solo encontré a papá y mamá.
Mi madre tenía lágrimas en las mejillas. Supuse que estaba feliz de verme de nuevo. Corrió a abrazarme y besarme mis mejillas sonrojadas.
- ¡Estoy tan feliz de que hayas vuelto, Edward querido! –Gritó a los cuatro vientos. Pues si parecía muy feliz.
Se separo de mí, dejándome respirar. Poco me duro el gusto de tener oxígeno. Los fuertes brazos de mi padre estaban estrechándome con fuerza.
- Edward, hijo, me alegro que estés de regreso –Dijo, alegre.
Me separe, educadamente de él y me limite a asentir con la cabeza y musitar:
- Sí, que alegría.
Estaba a nada de salir del aeropuerto, cuando una fan enloquecida chilló: '' ¡Oh, Dios mío! ¡E-es Edward Cullen! ¡Ahh!''
Mi padre tuvo que hacer todo lo posible para que una turba de locas fans no lograra alcanzarme.
Subimos rápido a su Mercedes y arrancó como alma que se la lleva el diablo.Miré a mis padres. Mi mamá, Esme, tenía un bonito cabello color caramelo, ondulado y a la altura de los hombros. Sus ojos eran verdes esmeralda como los míos. Por lo que cada vez que la veía, en su mirada encontraba una parte de mí que haría que siempre me recordara. Mi padre, por otro lado, era de mi misma estatura, poseía unos ojos azul cielo –como los de mi hermano- y cabello semi-largo de tonalidad rubia dorada.
Algo que caracterizaba a los Cullen, era que su piel era pálida como el marfil. Por eso, aunque intentáramos broncearnos, siempre tendríamos el mismo tono de piel pálida y aburrida.
Forks, Washington. El lugar más lluvioso de todo el mundo. Ahí es a donde me mudaría. De pequeño solía gustarme, ya que a menudo jugaba en la nieve. Hoy en día, solo me parece un montón de cosa blancuzca que se acumula en el suelo evitando el paso.
- Edward –Dijo mi madre volteándose para verme-. Ponte los lentes de sol…-Iba a replicar que para que ponerme los lentes si en este maldito pueblo no había sol-. Y el gorro para que nadie te reconozca.
Obedecí sin rechistar. Los lentes cubrían casi toda mi cara, haciéndome parecer una mosca. El gorro era tan pasado de moda que me dio vergüenza utilizarlo. Era de rayas de color y tenía forma de una cacerola, por lo que cubría toda mi mata de cabellos y mis orejas.
Esa combinación se veía rara con mis pantalones de mezclilla, mi playera negra y mi chaqueta de cuero. Había de dos: o no me había fijado en lo que traía puesto o así se suponía que vestía.
El gorro me quedaba un poco grande, por lo que cada dos por tres tenía que estar acomodándomelo. Y los lentes se me bajaban por la nariz.
Si, era el disfraz más tonto que en la vida había visto.
Crucé el estacionamiento esperando no ser reconocido. Pero al entrar, uno de mis zapatos se enganchó con una de las puertas.
Y todo pasó en cámara lenta: yo cayendo, mi disfraz volando por los aires y chicas gritando.
Genial. Ahora una multitud de chicas estaban a mí alrededor. Me levante lo más rápido que mis sentidos aturdidos me lo permitieron y casi al instante de haberme parado del suelo, ya estaba firmando autógrafos.
Oí como alguien bufaba. Me giré en redondo y vi a un joven alto y musculoso mirándome reprobatoriamente. Lo estructure con la mirada. Algo en el llamo mi atención, sonreía con burla. Sus ojos mostraban lo mismo, se burlaba de mí.
- ¡Pero miren como creció el pequeño Eddie! –Exclamó y después soltó una carcajada que retumbo por todo el pasillo.
¿Eddie? Nadie me llama así… Excepto alguien.
Abrí los ojos desmesuradamente cuando reconocí a aquel grandulón.
- ¡Oh por Dios! ¿Esa masa de músculos es Emmett? -Susurre a mis padres.
Mi madre suspiró.
- ¿Cómo pasa el tiempo, verdad? –Habló con añoranza-. Hacía años que no se veían y ahora tu hermano es tan apuesto que…-Suspiró.
Le regrese la sonrisa de burla a Emmett. Este me miró sorprendido. Junto a él había una rubia despampanante y otro chico también rubio, idéntico a ella. Gemelos, supuse.
Camine a la oficina, con un montón de chicas persiguiéndome.
La puerta estaba abierta. Me asome por ella con cautela, esperando que no hubiera otra chica gritona ahí dentro.
La sorpresa se reflejo en mis ojos cuando vi a dos chicas. La primera bajita, de cabellos negros y cortos con las puntas en diferentes direcciones y ojos entre verde y azulado. La otra, era un poco más alta, con los cabellos largos hasta la cintura y adulados, de un intenso color castaño rojizo.
No podía apreciar su rostro porque estaba de espaldas, pero definitivamente tenía que ser muy bonita. Y definitivamente tenía que ser mía.
La chica bajita me miró sorprendida y luego preocupada.
¿Alice?
La miré con atención. ¡No podía ser cierto! ¡Todos estaban tan diferentes! Claro, a excepción de mis padres, pero, aún así…
Ella me miró significativamente y luego a la otra chica, para después negar con la cabeza.
Entre a la oficina, al tiempo que la chica castaña se giraba.
Pude apreciar que sus ojos eran de una bonita tonalidad café. Como el chocolate con leche.
Un sonrojo cubrió sus mejillas y luego se desplomo en el suelo.
- ¡Bella! –Chilló, Alice, mientras corría a su lado.
Miré a mi hermana asustado y ella me devolvió la mirada con frialdad.
- ¡Eres un idiota, Edward! –Gruñó con el ceño fruncido.
Ahora notaba la otra sutil diferencia de mis hermanos: me odiaban.
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