viernes, 5 de noviembre de 2010

El Experimento -Capítulo 7

Disclaimer: Los personajes pertenecen a la señora Meyer y su casa editora. La historia está basada en Kimikiss Pure Rouge, pero no todo es igual, sólo la idea.

El Experimento
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Edward estaba frente al espejo, con un cepillo. Se miraba de distintos lados. ¿Estaría bien su peinado? Alborotó un poco su cabello y lo mojó. Pasó el cepillo de nuevo. Inconforme con su cabello. Lo alborotó un poco más… Y le gustó.

Le sonrió al espejo y soltó un guiño.

Su hermana entró con el uniforme puesto.

- Buenos días –Saludó, ella.

Edward seguí viendo su cabello con mucha atención.

- Buenos días –Le sonrió. Su hermana lo miró raro-. ¿Está bien?

Alice lo miró sin entender. Edward señaló su cabello. Ella rió y agarró un poco de su crema para el cabello. Le puso un poco en las puntas, dejándolo mejor. Edward le agradeció.

- ¿Por qué estas tan preocupado por tu cabello el día de hoy? –Preguntó, mientras agarraba su cepillo de dientes.

- ¿Cómo? –Volvió a sonreírle. Eso ya estaba asustando a Alice-. No es por nada…

- ¿De verdad? –Dudaba que sonriera sólo porque sí y ese día, en especial, le pusiera mucha atención a su cabello, cuando acostumbraba irse a la escuela sin peinar-. ¿Sucede algo?

Edward la miró a través del espejo y negó con la cabeza sin perder esa sonrisa cautivadora. 

Salió del baño ante la atónita mirada de Alice.

- Sospechoso –Murmuró.

Alice y Edward partieron a la escuela. Él iba tarareando alguna canción que Alice nunca había escuchado. Sonreía como bobo a todo el mundo. Lo cual era mucho más sospechoso. 

Normalmente él era un amargado de primera.

En el camino se encontraron con Rosalie, Emmett y Jasper. Edward los saludó con mucha efusividad, y al igual que Alice, se quedaron extrañados. Y no era el hecho de que los hubiera saludado de esa forma, sino la sonrisa que adornaba su rostro.

- Él a esta raro toda la mañana… -Dijo, Alice.

Edward se sonrojó.

- Eso no es cierto –Contradijo, caminando más rápido.

Jasper rió.

- Tal vez y tenga una cita… -Habló, lo suficientemente alto para que Edward lo escuchará.

- ¡Claro que no! –Se giró a verlo-. No hay manera que pueda tener una cita…

Durante todo el camino se la pasaron haciéndole burlas a Edward acerca de su arreglo personal de ese día. ¿Una cita? Piensa mal y acertarás. Edward iba tener… Algo. No una cita precisamente, pero era algo parecido.

Rosalie se sentía mal.

La noche pasada se había desvelado haciendo unos ejercicios de matemáticas para poder pasar el periodo. Se despidió de todos en la entrada y fue a la enfermería.

Como de costumbre, no había ninguna enfermera ahí. ¿Dónde demonios se metía? Las veces que ella había ido, nunca estaba presente. Que irresponsabilidad.

Corrió una cortina. Encontró sentada –como de costumbre- a Bella. Ella estaba enfrascada en su libro que apenas y había notado su presencia.

- Nos encontramos de nuevo –Dijo, alegre, Rosalie. Bella asintió-. Perdona por lo de la otra vez –Se disculpó.

Bella dejo de leer su libro para mirarla con curiosidad.

- Pensé que no te gustaba estudiar –Explicó, la rubia-. Fuiste la mejor de los parciales. Es algo realmente increíble –Alabó.

Bella regresó la vista a su libro y con voz neutral, dijo:

- No es nada del otro mundo.

Rosalie rió. Caminó hasta la cama de al lado y se recostó en ella. Bella era muy modesta. Tal vez demasiado. No era una mala persona, ni nada por el estilo; sólo no sabía cómo hablar con otras personas. Nunca se había visto en la necesidad.

- Claro que sí –Continuó, Rosalie-. No tienes que preocuparte por estudiar, porque ya lo sabes. Es increíble. Te admiro por eso –Suspiró-. Yo ni siquiera sé de mí misma… ¿Tú tienes problemas así, Bella?

Bella continuó leyendo su libro.

- No. Me conozco perfectamente –Respondió.

Y fueron sus últimas palabras. Rosalie se quedo dormida después de unos minutos. Bella la miró con atención. ¿Qué tenían los amigos de Edward que era inevitable que le hablaran?

Cuando Rosalie despertó, Bella ya no estaba ahí.

Edward y Bella estaban enfrente del restaurante de comida. Aquel que él había mencionado la otra vez. Un experimento. Se obligó a pensar que era sólo eso, un experimento, aunque en su interior deseara que fuera mucho más que eso.

- Vikingos –Murmuro, Bella, leyendo el nombre del restaurante-. Entremos –Ordenó, caminando dentro del local.

Se sentaron en una mesa cerca de la entrada. Una mesera les entregó el menú. Bella lo miró atentamente.

- ¿Qué es un bistec francés? –Preguntó, ella.

- Tiene anclas de sapo.

- Entiendo. Por eso se llama francés.

- Dicen que es bueno para la salud… -Dijo-. Estás muy delgada y creo que…

- Silencio. Estoy escogiendo.

Edward suspiró. Probablemente, eso no parecía una cita. O, tenía una novia muy mandona. Rió entre dientes. Ojalá y eso fuera lo que pareciera.

- Ya me he decidido –Anunció.

Él miró curioso en el lugar donde apuntaba su dedo. ''Bistec Berry-Berry''. Edward la miró, entre asqueado y sorprendido.

- ¿Bistec Berry-Berry? –Gritó.

Muchas personas miraron raro hacia donde estaban sentados. ¿Habían escuchado bien? ¿La chica iba a pedir eso? Sus miradas curiosas le importaron poco a Bella; de igual forma, ella ordenó 'eso'. Incluso, el cocinero la vio raro. ¿Ella era normal?

Edward pidió sólo un vaso de agua. No creía que fuera posible ver como ella se comía el enorme plato de Bistec con moras y salsa de soya. Movió su brazo para acomodarse mejor, pero éste rozó el de Bella. El calor se subió a sus mejillas. Sólo es el codo, pensó, intentando bajar el rubor de sus mejillas.

Se giró para mirarla. Sus ojos recorrieron cada parte de su cuerpo, de pies a cabeza. Ella era hermosa. Muy, muy hermosa. Sofisticada, delicada. De cerca parecía más social que de lejos. 
De cerca, se podían apreciar mejor las pecas de su nariz y sus pómulos. Y la marca de nacimiento que tenía en el cuello.

Miró su vaso de agua. Vacío. El de él, todavía estaba lleno. Nunca había estado a solas con una chica en un restaurante. No sabía que decir. Pero el silencio se estaba volviendo algo pesado, y no podía soportarlo.

Bella estaba en su mundo. Sin notar que Edward se sentía incómodo con su silencio. Ella sólo estaba ahí por el experimento que él le había propuesto, no por otra cosa.

La puerta se abrió.

Unos pasos agitados se acercaron a la barra de pedido.

- Lo de siempre, por favor –Edward respingó ante esa voz. Levantó la vista para encontrarse con ella. La última persona que quisiera ver en ese momento.

Ella notó la mirada de Edward y lo miró. Sus ojos se encontraron con los de él, que la miraban sorprendidos.

- ¡Stanley!

Jessica miró con atención a su acompañante. Una sonrisa pícara se escapó de sus labios.

- ¡Oh! Vienes con Swan –Bella levantó la vista, pero la regresó de nuevo a la mesa. Edward se sonrojó mientras asentía con la cabeza.

La chica se acercó hasta Bella. Ésta la miró con atención.

- ¿Qué haces?

- Lo siento –Dijo, Jessica, sinceramente-. Por lo de el otro día…

- ¿Qué día?

- Aquella vez en la biblioteca –Explicó-. Dije cosas demás… Supongo que estaba irritable –Terminó con una risita nerviosa. Sus tripas rugieron y sus mejillas se colorearon de la vergüenza-. ¡Ups! Tengo hambre… No he comido desde el almuerzo.

Bella la miraba fijamente. Sus labios estaban semi abiertos. Sus ojos mostraban incredulidad. La otra chica sintió su mirada.

- ¿Tengo algo en la cara?

Bella negó con la cabeza.

- Eres muy extraña.

Jessica frunció el ceño e infló sus mejillas de manera infantil.

- ¡Mira quién habla de rarezas!

- Tienes razón –Intervino, Edward, con una risa. Jessica lo miró de mala manera y lo agarró del cuello mientras alborotaba su cabello.

- ¡Pídele disculpas! ¡Hazlo! –Ordenaba ella, mientras Edward trataba de zafarse de su agarra.

Bella los miraba atenta. Sin querer, sus labios se estiraron en algo que parecía ser… ¿Una sonrisa? Edward y Jessica miraron atentamente en su dirección. ¡Bella estaba sonriendo! 
¿Dónde estaban las cámaras fotográficas cuando se les necesitaba?

- ¡Sonreíste! Es la primera vez que te veo sonreír –Habló, Jessica. La castaña, inmediatamente, borró su sonrisa.

- No sonreí –Alegó ella.

- Sí sonreíste –Contraatacó, Jessica.

Bella frunció el ceño.

- No lo hice.

- Sí lo hiciste.

Edward se puso en medio de las dos y alzo las manos.

- Cálmen…

- ¡Aquí tienen! –Dijo la mesera, dándole su orden a Bella.

Jessica miró el platillo. ¡Santo Dios! ¿Bella iba a comerse eso?

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