domingo, 26 de septiembre de 2010

The Second Oportunity -Capítulo 6



Disclaimer: Obviamente, los personajes no son míos, yo sólo me divierto con ellos y los muevo a mi manera... Pertenecen A Stephenie Meyer.

The Second Opportunity

El camino de regreso estaba impregnado de un aura lleno de amor. Con eso de Cary –como nos había pedido que la llamáramos Caroline- y Stan, se acababan de conocer y a los tres segundos son almas gemelas, tenían mucho de qué hablar. Diego no se despegaba de mí ni un metro; me abrazaba, me tomaba de la mano y me daba besos. No podía estar más feliz.

Pronto la elegante casa se vio entre los árboles. Las luces estaban encendidas. En cuanto nos acercamos, escuchamos la televisión encendida, y como Jasper y Emmett discutían sobre qué equipo ganaría; Emm le reclamaba que no valía, porque su pareja veía el futuro.

Reímos ante esto.

Alice ayudaba a Esme a arreglar la estancia; se escuchaban los muebles siendo arrastrados, floreros y mesitas, moviéndose de un lado a otro.

- Bien, llegamos.

El aroma peculiar de Bella nos llegó.

- ¿Una humana? –Preguntó, mi Diego. Su ceño se había fruncido.

Miré a Edward, esperaba que con la mirada entendiera mi muda pregunta. Asintió con un movimiento lento. Suspiré.

- Digamos que Edward tiene un peculiar gusto… -Sonreí-. Su novia es humana.

Caroline hizo una exclamación, no supe si de sorpresa o de horror.

- ¿¡Es enserio!? –Gritó, Cary, parándose enfrente de él con un aire acusador y mostrando amenazadoramente los dientes.

Edward frunció el ceño e hizo una mueca de fastidio, como si los pensamientos de ella no fueran de su agrado. Una corriente de aire paso, Stan la sostenía por los hombros, con ademán tranquilizador.

- ¡Si te la vas a comer hazlo ya! –Gruñó, Caroline. Molestia no era lo que había en su mirada. Ira, y sobre todo, compasión por la pobre Bella-. ¡No merece sufrir por un patán! ¡Ella tiene sentimientos! 
Pero, claro… ¡Tú sólo quieres su sangre!

Edward soltó un gruñido entre dientes.

- Para empezar –Su voz se notaba enfadada-. Bella Swan y yo nos vamos a casar –Cary lo miró recelosa-. No tienes derecho a juzgarme, cuando no conoces toda la historia –Dijo con dureza-. Así que te pido que sea la última vez que lo hagas. Y… por favor, controla tus pensamientos.

Sonreí para mis adentros.

- Continuemos –Habló por primera vez, Stan.

Amaba la forma de ser de Stan, siempre mantenía la cabeza fría ante este tipo de situaciones, o como yo, que estaba hecha nervios y no tenía idea de qué hacer si la vampira se le arrojaba al cuello de mi hermano adoptivo.

La puerta se abrió, y un sonriente Carlisle nos recibió. En su rostro se veía la sorpresa.

- Bienvenidos, soy el doctor Carlisle Cullen, a sus servicios.

Sonreí en respuesta, y fui la primera en entrar a la casa, seguida de Diego, Caroline y Stan. Mi nuevo hermano dijo entre dientes algunas palabras a Carlisle y luego, con un aire cansado, suspiró.

- Veo que ya conocen a Fred –Dije cuando entre a la casa. Fred se hallaba en un mueble leyendo un libro. Mi amigo levantó la vista de esté y me dedicó una mirada curiosa y una linda sonrisa. Nunca lo había visto sonreír así, es decir, mostraba una hilera de perfectos dientes blancos, y se le hacía un pequeño hoyuelo en la barbilla.

- Así es –Habló, Emm, risueño-. Es un poco callado para mi gusto, pero… Es pasable –Rió atronadoramente.

Reí. Emmett siempre era así.

- ¿Y Bella? –Pregunté, buscándola por toda la sala.

Los Cullen miraron hacia arriba y luego sonrieron.

- En la habitación de Edward –Contestó, indiferente Rose, mientras veía por el ventanal de la casa-. Desde que llegó se la ha pasado ahí.

Asentí y tomé la mano de Diego. No había hablado desde que habíamos entrado a la sala, al igual que mis nuevos amigos.

- Familia –Los llamé. Esme apareció junto con Alice, que sonreía maliciosa, echándonos miraditas a Diego y a mí. Jasper terminó ganando la apuesta y concentró su atención en nosotros, al igual que Rose y Emmett-. Ellos son Stan –Señalé a mi amigo-. Caroline –Moví mi mano en su dirección. Solté un suspiró cuando miré a Diego-. Y él es Diego…

Todos los miraron con curiosidad –obviamente, Alice no- los ojos rojos de los vampiros, de los neófitos.
Pronto comenzaron a presentarse, formando conversaciones amenas entre ellos. Diego se fue con Emmett y Jasper, Caroline, Rose y Alice hablaban de las diferentes maneras de combinar ropa y Stan hablaba con Carlisle y Esme, discutiendo de un posible alojamiento en la casa para Cary.

Yo seguía pensando en Bella.

Sin que nadie se diera cuenta me escabullí escaleras arriba. Con sigilosos pasos caminé hasta la habitación de Edward.

- Debes aceptarlo, Bella –Escuché la voz de Edward.

Bella sollozó y soltó un gritito de dolor.

- E-Edward, no aceptaré… ¡E-entiéndelo! –Gimió.

- ¡Es tu felicidad!

- Mi felicidad eres … Alice me dijo que serías infeliz si permitía que esto llegue lejos. No podría verte sufrir, día a día, hablando airadamente con Jake. Me partiría el corazón. Más que hacerme feliz, me mataría de tristeza, Edward.

Un suspiró se escuchó, seguido de un beso. ¿Es que siempre tenía que escuchar los gemidos de Bella cuando besaba a Edward?

Toqué la puerta. Un sonrojo cubrió las mejillas de Bella.

- Adelante –Dijo, Edward con un carraspeo. Reí para mis adentros.

- ¿Se puede? No quiero interrumpir…

- No, no, no… -Cortó rápidamente, Bella-. Era una especie de reconciliación –Rió.

Reí con ella y miré de reojo a Edward.

¿Podrías darnos unos minutos a solas?, pensé.

Él asintió. Le dio un corto beso a Bella y salió.

- ¿Y dime, Bree, puedo ver a tu Diego? –Pregunto, tímidamente.

Fingí pensarlo unos segundos, pero termine asintiendo con energía. Bajamos las escaleras, tomadas de la mano y sonriendo como si fuéramos a abrir un regalo de navidad.

En la sala estaban todos, justo como los había dejado, sólo que esta vez, la melodía de una nana se escuchaba. Busqué el piano y vi a Edward, tenía los ojos cerrados y estaba muy concentrado en la canción.

Bella se acercó a mí con aire confidente.

- Es mi nana –Me susurró. Claro que a mi nuevo hermano, eso no pasó desapercibido. Esbozó una pequeña sonrisa.

Sonreí devuelta y la arrastré junto a mi nueva amiga.

- Ella es Caroline –Se la presente.

Ella rió entre dientes.

- ¿Qué?

- Es sólo que… Caroline tiene facciones muy graciosas.

La miré divertida. Cary había sonreído.

- He escuchado eso antes –Rió.

La seguimos con una risita, incluso, Rose y Alice se unieron.

Luego de ese momento cómico, caminamos hasta donde estaba Diego. Debía estar muy enamorada de él, porque cada vez que lo veía, suspiraba.

- Bella, él es Diego –Él sonrió y extendió su mano-. Diego, ella es mi amiguísima Bella.

Ella tomó su mano y la sacudieron.

- Bree ha hablado tanto de ti –Ya lo he dicho con anterioridad, si fuera humana me sonrojaría, pero esta vez no sería sólo un sonrojo. Sonreí con timidez.

- Espero que bien –Rió, Diego. Lo miré mal. ¡Cómo si pudiera hablar mal de él!-. Es broma, Bree. Sé que me quieres mucho como para hablar mal de mí… O de cualquier persona.

Solté una risita nerviosa.

- Bueno, he hablado mal de Victoria y de Riley.

Sus facciones se endurecieron, pero casi al instante volvieron a ser cálidas. Sonrió y me dio un rápido beso en los labios.

- Ellos se lo tenían merecido.

Me dio otro beso, otro, y otro. Hubiéramos seguido así, de no ser por el carraspeo grupal de todos los presentes.

Trágame tierra, pensé.

Edward rió.

Escondí mi rostro en el cuello de Diego.

- Ya, déjenla –Pidió Bella, entre risas-. Esta muy enamorada de Diego.

Todos rieron.

- Aprovechando que saben mis sentimientos hacia Bree –Replicó, Diego con un tono de… ¿Amor?-. Quiero hacerte una pregunta –Saqué mi rostro de su cuello y lo miré con genuina curiosidad-. ¿Oficialmente quiere ser mi novia, Bree Tanner? –Suspiró.

Sonreí.

Mi vida no podía ir mejor, y tal parecía que mi suerte iba mejorando.

Primero, evitan que muera. Segundo, las personas que lo hicieron me quieren y soy parte de su familia. Tercero Fred estaba conmigo. Cuarto, tenía amigos muy buenos. Quinto, un brillante futuro me esperaba, y para finalizar y en último lugar, pero no por eso menos importante, Diego me pedía ser su novia.

La desgracia que viví en mi vida pasada compensaba la dicha de esta vida.

Esta era mi segunda vida. Mi segunda oportunidad de vivir. La segunda oportunidad. Yo, Bree Tanner, neófita, amiga, hermana, hija y futura novia, vivía la perfección de una vida inimaginable. Y aunque mi estado de vampiro parecía endemoniar esto, yo lo veía como un extra a mi felicidad.

Si esto seguía así, podría vivir siglos, e incluso milenios sin cansarme. Aunque a veces la perfección aburre con el tiempo, estaba segura que eso no me sucedería. No mientras tuviera a todos los presentes a mí lado.

- Acepto ser oficialmente tu novia.

Y me besó.

Escuché grititos eufóricos. Me separé de mi novio y reí.

Stan carraspeó.

- Ya que se están declarando –Tomó las manos de Caroline. Ella lo miró a través de sus cortas pestañas, soñadora, enamorada-. Me gustaría pedirte que fueras mi novia. No sé pedírtelo con palabras lindas como las de Diego, o las de Edward, pero mi amor es sincero. Desde que te vi lo supe… 
Eres la mujer de mi vida… ¿Quisieras ser mi novia?

Cary sonrió y me miró. Guiñó un ojo en mi dirección, traviesa. Abrazó fuertemente a Stan… Y…

- No acepto.

Ok, no me esperaba algo así.

- ¿Qué? –Preguntamos todos los presentes al mismo tiempo.

Caroline se rió entre dientes y luego besó a Stan.

- Claro que sí, tontitos –Rió cantarinamente-. Stan, sabes que eres mi alma gemela, y… No sé como decírtelo, pero sentí esa conexión especial cuando vi tus ojos… Esa conexión que me obliga a estar junto a ti, aunque no sea un gran sacrificio –Terminó con un guiño y una risita.

Suspiré aliviada y Diego me rodeó con sus brazos.

Momento romántico. Emmett devoraba a Rosalie; Alice y Jasper se daban un tierno beso; Carlisle le susurraba palabras cariñosas a Esme, y esta reía tontamente. Pero los que sin duda se llevaban el premio eran Edward y Bella, que se besaban con la pasión de Emmett y Rose, con la ternura de Alice y Jasper y entre beso y beso se decían palabras como ''Te amo'', y ''Eres mi vida''.

El amor estaba por toda la habitación. Le di un rápido beso a Diego y éste rio.

- Parece que no pudiste escoger una mejor familia y amigos. 

Miré a Fred que se hallaba en silencio, mirando por la ventana. Era un alma solitaria, pero no perdía la esperanza en que encontrara a la persona que lo haría suspirar cada minuto y ver la vida de color rosa, de no perder la fe y sobre todo, que lo haría muy dichoso y feliz.

- Te equivocas, Diego –Repliqué-. Ellos me escogieron a mí. Soy muy afortunada, ¿sabes? Cuando pensé que habías muerto no deseaba otra cosa más que morirme, pero ellos me salvaron y me trataron bien… -Sonreí-. Ellos me hacen feliz, como tú. También están mis amigos, Stan, Cary y Fred.

Me dio un beso y junto su frente con la mía.

- Entonces, creo que tú y yo seremos muy felices aquí.

Asentí y volví a mirar a mi nueva familia. Me miraban felices. Les sonreí.

- ¿Quién quiere jugar caras y gestos


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