Disclaimer: Obviamente, los personajes no son míos, yo sólo me divierto con ellos y los muevo a mi manera... Pertenecen A Stephenie Meyer
The Second Oportunity
Noté como me mentía.
Tenía una sonrisa falsa y observaba por encima de mi cabeza, evitando mi mirada triste y preocupada.
- Es enserio, Stan –Suspiré-. ¿Dónde demonios esta Diego?
Los labios de Stan, se curvaron en una sonrisa preocupada, y esquivó de nuevo mi mirada.
Torcí la cara. En realidad, quería saber dos cosas; la primera, era si estaba vivo, y gracias a Dios, así era, no podía estar más agradecida, no podía; y la segunda, era donde se encontraba Diego, lo necesitaba cerca.
- Si otro neófito está vivo, no podemos permitir que los Vulturis regresen antes de la boda.
Sonreí y clavé mi mirada en Stan, que sonreía divertido.
'Traposa' Dijo bajo su aliento. Yo solté una risita.
Estaba tan feliz. ¡Por fin vería de nuevo a Diego! ¡Vivía, él vivía! Supuse que en mi cara había una sonrisa muy tonta, porque Bella me miro curiosa. Oh, oh.
- ¿Quién es Diego? –Preguntó como quien no quiere la cosa.
Desvié mi mirada. ¿Y si también se enamoraba de él?
Edward gruñó. El pensamiento no era de su agrado, pero había una posibilidad de que eso sucediera. Stan era muy guapo, pero era muy salvaje e impulsivo que a veces asustaba. En cambio, Diego, era tan tranquilo que casi no notabas que estaba ahí, hasta que lo escuchabas suspirar de exasperación. Sonreí.
- Eh, Diego es un amigo –Aclaré-. Un amigo al que creía muerto…
Ella suspiró. Apostaba mi próxima caza a que se preguntaba cuantos neófitos más andarían sueltos por allí, y ella ni en cuenta de su existencia.
- ¿Dónde? –Stan me miro confundido-. ¿A dónde se fue?
Él lo pensó un rato. Fruncí el ceño. La memoria de los vampiros era perfecta; yo recordaba cada encabezado de los periódicos en Seattle desde que me crearon.
- Iba a… -Hizo una pausa y frunció el ceño-. ¡Vaya! Me sorprende que no lo hayas visto –Susurró sorprendido-. Esta aquí, en Forks.
Abrí los ojos desmesuradamente, al igual que todos los presentes, hasta Fred los tenía un poco más abiertos de lo normal.
- ¿Q-qué?
Stan sonrió.
- Vive a la otra orilla del pueblo. ¿No sentiste su olor cuando regresamos?
Negué con la cabeza, aún no me recuperaba de la impresión. ¿Cómo no pude reconocer el aroma de Diego? Era tan obvio. Pensaba que en cuento estuviera cerca reconocería de inmediato su olor y así lo encontraría. Pero, ¿de verdad pasamos cerca de donde vivía?
Edward, Bella y Fred estaban hechos un manojo de nervios. Me veían a mí y a Stan. Turnando su mirar en cada uno. Me sentí incomoda, y podría decir lo mismo de Stan.
- Afirmativamente –Asintió y me dio una mirada tranquilizadora-. ¿Quieres que vayamos ahora?
Dudé. No sentía que fuera correcto obligarlos a salir de nuevo, cuando recién regresábamos de un viaje.
- No te preocupes –Dijo, Edward, divertido-. Los vampiros nunca nos cansamos.
Stan rió a carcajadas; Fred, Bella y yo, reímos disimuladamente.
- Esta bien –Acepté-. Pero –Me giré a Fred-. Tú te quedas aquí.
Él frunció el ceño. No estaba de acuerdo, pero no discutiría conmigo.
Bella lo miro y le sonrió.
- A mí tampoco me dejan salir –Se encogió de hombros, mientras se señalaba con un aire dramático.
Me reí entre dientes. Esta familia era todo un caso.
- Ok, partimos en cuanto regrese la familia –Volteé a ver a Stan y Edward, para saber si estaban de acuerdo. Asintieron-. Bien, ¿Bella te molestaría ir conmigo allá con Alice?
Ella asintió y se levantó de inmediato. Hice lo mismo en seguida y la alcance en las escaleras. Bella se sujetaba con fuerza de las paredes.
- ¿Por qué haces eso?
Me regaló una sonrisita.
- Suelo caerme muy seguido, Bree –Dijo, incomoda.
Lo deje pasar por su tono de voz, pero ya le preguntaría después a alguien.
Segundos más tarde de que avanzáramos por el pasillo se oyó un golpe atrás de mí. Inmediatamente sentí la presencia de Edward, que sujetaba a una Bella en el suelo.
- ¿Estás bien, amor? –Preguntó, preocupado, mientras tocaba sus piernas para ver si no había fracturas.
- Tranquilo, Edward. Alcancé a poner las manos enfrente, pero si me duelen las rodillas.
El joven puso una mano en la rodilla, presionando levemente, la pequeña humana aulló de dolor.
De verdad, que ellos, eran todo un caso.
- ¿Puedo ayudar en algo? –Pregunté. No me gustaba estar sola de espectadora.
Me equivoqué. Edward y Bella se estaban viendo a los ojos, y en cuanto hablé, ella desvió la mirada, sonrojada como siempre.
- No, gracias –Respondió, Bella.
Su prometido la ayudó a ponerse de pie. Ella le dio una sonrisa tranquilizadora y él desapareció en el pasillo.
- ¿Lista?
Bella asintió y caminamos hasta la puerta de Alice. Tenía muchas dudas respecto a Stan, y estaba segura de que Bella también. Tocamos la puerta y una sonriente Alice nos abrió la puerta. Nunca había entrado a la habitación de Alice y Jasper, pero se notaba en cada cosa que pertenecían ellos. Sonreí. Me encargaría que mi habitación más o menos permanente fuera como yo, rara.
- ¿Qué las trae por acá chicas?
La humana puso los ojos en blanco.
- Como si no lo supieras ya, duende.

Reí por la forma en que la llamó y por la lógica de su respuesta. ¿Para qué nos pregunta a que venimos cuando ella es vidente?
Alice, rió al igual que Bella.
- Lo siento. Es… Interesante preguntar –Se encogió de hombros.
Bella se acercó a mí con ademán confidente y me susurró:
- A Alice nada la sorprende, todo lo ve venir –Seguida de una pequeña risita.
Fue el turno de Alice en poner los ojos en blanco. Entramos a la habitación y nos sentamos en la cama estilo indio, luego de que la dueña cerrara la puerta. La pequeña vampiro soltó un pesado suspiro.
- ¿Y…? –Preguntó, Bella, esperando que ella continuara.
- Bella, entre Stan y yo no hay nada; yo tengo a Jasper y él tiene que esperar a Caroline.
La mire con la misma chispa de curiosidad, que la de Bella. Alice se cubrió la boca, como si hubiera hablado de más. Genial, soltó la sopa y era todo lo que obtendríamos.
Suspiré con frustración.
- Bree –Me llamó, Alice. Me giré a verla-. Diego es muy guapo.
Si hubiera sido humana, estaría más sonrojada de lo que Bella se ponía usualmente. Bajé mi mirada hacia mis piernas. Supongo que con ese comentario, la perspicacia de la inteligente humana saldría a frote.
- ¿No era tú amigo? –Preguntó enarcando una ceja, Bella-. Me mentiste.
- No fue así –Repliqué-. Sólo nos besamos un par de veces… Yo…
Un gritito agudo por parte de Bella y Alice me sobresaltó. Había hablado de más.
- ¡Cuéntanos todo!
Comencé con la cacería donde fue el inicio de que conversáramos y descubriéramos que teníamos muchas cosas en común. Les platique varias teorías que desarrollamos en conjunto, y como mi mente parecía maquilar a más velocidad con él dándome su punto de vista. Suspiré un par de veces que no pasaron desapercibidas por las dos amigas que se lanzaban miradas conspiradoras. Pero, eran mis sentimientos. Lo que pensaba de Diego y como me sentía con él.
- Te gusta –Afirmó, Bella, sonriéndome ampliamente.
Le sonreí, tímida. No me acostumbraba a la idea de convivir con una humana muy perspicaz.
- Sí, algo así.
Alice escogió y mi ropa. La miré interrogante, pero no repliqué. Una blusa de mangas de tres cuartos, color crema, que hacía un gracioso contraste con mi piel; y unas bermudas negras, estilo militar, en conjunto con unos tenis blancos.
- ¿Por qué tengo que ir tan arreglada? –Pregunté, cuando comenzó a maquillarme.
- Uno nunca sabe, Bree –Rió-. Bueno, en mi caso, sí.
Bella soltó una risita y me dio una mirada avergonzada.
- Hace lo mismo conmigo –Se encogió de hombros. Si seguía haciendo eso, quedaría jorobada-. Te acostumbraras.
Alice le dio una radiante sonrisa.
- Estás lista.
Me prepare psicológicamente para cuando viera mi reflejo; no quería ilusionarme. Ahí, frente a mí, estaba una muchachita idéntica a mí, y me devolvía la tensa mirada. Sus largas pestañas estaban enchinadas, y finamente sus ojos delineados. Los labios, coloreados de un tenue rosa brillante. Maquillaje discreto, me gustaba. Sonreí ampliamente y la muchacha copió mi gesto de inmediato.
- Gracias –Dije, con una infinita gratitud-. Eres como la hermana que nunca tuve.
Si Alice fuera humana, estaría llorando. Me abrazo fuertemente. Era un poco más grande que ella por unos cuantos centímetros. Sus brazos, fideos larguiruchos, me estrangularon, pero se sentía bien. Le correspondí el abrazo.
- No sabes lo feliz que me haces.
Le sonreí, pero mi mente estaba en otro lugar.
Diego estaba en Forks. Diego estaba cerca de mí. Pronto estaría con él.
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